1

La atmósfera en la cocina de CORTIS se había vuelto tan espesa que el aire parecía vibrar con cada exhalación. Seonghyeon, con una calma que contrastaba con la tormenta de deseo que emanaba de su cuerpo, deslizó su dedo índice hacia el pequeño y rosado anillo del ano de Juhoon. Comenzó con un toque superficial, apenas un roce circular que distribuía los fluidos vaginales y el lubricante natural que ya empapaba la piel del mayor. Juhoon soltó un jadeo agudo, sus dedos enterrándose en los hombros de Keonho mientras sentía la invasión inminente. —Relájate, princesa —susurró Seonghyeon, su voz era una caricia de terciopelo oscuro contra la nuca de Juhoon—. Solo estoy preparando el camino. Lentamente, Seonghyeon hundió la primera falange. Juhoon soltó un sonido quebrado, una mezcla de sorpresa y placer punzante que lo hizo temblar de pies a cabeza. Keonho, que permanecía frente a él como un ancla, no apartaba los ojos de su rostro. Al ver el desamparo en las facciones de su hyung, Keonho comenzó a repartir besos suaves por sus mejillas, su frente y la punta de su nariz, tratando de suavizar la tensión de sus músculos. —Mírame, Juhoon-ah —murmuró Keonho entre besos—. Respira conmigo. Estás bien, estamos aquí contigo. Cuando Seonghyeon hundió el dedo por completo, Juhoon se arqueó violentamente, soltando un grito ahogado que murió en el cuello de Keonho. Sus uñas marcaron la piel de los hombros del maknae, buscando un punto de apoyo en medio del abismo sensorial. Seonghyeon aprovechó la cercanía para lamer la piel sensible detrás de su oreja, dejando un rastro de humedad antes de morder suavemente el lóbulo. —Tan estrecho... —jadeó Seonghyeon, sintiendo cómo las paredes internas de Juhoon lo succionaban de forma rítmica—. Te gusta esto, ¿verdad? Siente cómo te abres para nosotros. Tras dejar el dedo inmóvil por unos segundos para que el cuerpo de Juhoon se acostumbrara, Seonghyeon notó cómo las caderas del mayor empezaban a balancearse de forma instintiva, buscando más fricción. Una sonrisa ladeada y triunfal apareció en el rostro de Seonghyeon. Comenzó a mover el dedo hacia adentro y hacia afuera, con un ritmo lento pero implacable. Con su mano libre, rodeó el torso de Juhoon, subiendo hasta su pecho desnudo para jugar con uno de sus pezones endurecidos, apretándolo entre el pulgar y el índice. —Más... por favor, necesito más —suplicó Juhoon, su voz era un hilo roto de necesidad pura. —¿Más? —preguntó Seonghyeon con una chispa de malicia en los ojos—. Qué codiciosa es nuestra princesa hoy. Concedido. Sin retirar el primero, Seonghyeon introdujo un segundo dedo. El estiramiento repentino hizo que Juhoon echara la cabeza hacia atrás, sus ojos poniéndose en blanco mientras un gemido largo y gutural escapaba de su garganta. Keonho, al ver la expresión de éxtasis absoluto de su hyung, no pudo contenerse más. Atrapó los labios de Juhoon en un beso desesperado, una colisión de lenguas y aliento compartido que sonaba húmeda y urgente en el silencio de la cocina. Mientras devoraba la boca de Juhoon, Keonho separó una mano de las nalgas del mayor y bajó hacia su propia entrepierna. Su pene, rígido y palpitante, reclamaba atención inmediata. Comenzó a masajearse con movimientos rápidos, su respiración volviéndose errática y pesada contra los labios de Juhoon. Los sonidos de la succión del beso se mezclaban con el chapoteo de los dedos de Seonghyeon trabajando en la retaguardia de Juhoon. Seonghyeon estaba sudando, el calor de los tres cuerpos creando un microclima sofocante. Se pegó aún más a la espalda de Juhoon, repartiendo besos voraces por sus hombros y marcando la piel pálida con succión. Gimió bajo cuando sintió que sus dedos eran succionados con fuerza por el esfínter de Juhoon, una sensación tan intensa que hizo que su propia erección rozara la parte trasera del muslo del mayor. Juhoon sintió la dureza de Seonghyeon contra su piel y soltó un gemido que vibró en el pecho de Keonho. Las caderas de Seonghyeon comenzaron a moverse rítmicamente, imitando el vaivén de sus dedos. Keonho se separó del beso, jadeando por aire, con un hilo de saliva conectando sus labios con los de Juhoon. Observó el desastre hermoso que tenían frente a ellos: Juhoon estaba deshecho, con la piel brillante por el sudor, los ojos nublados y el cuerpo entregado por completo. —Está listo —declaró Seonghyeon, retirando sus dedos con un movimiento fluido. Juhoon soltó un quejido de protesta ante el vacío repentino, sus caderas buscando recuperar el contacto. Antes de que pudiera procesarlo, Seonghyeon lo tomó por la cintura y lo giró para que quedara frente a él. —¡Oye! —protestó Keonho, frunciendo el ceño—. Estaba disfrutando de su cara. —Es mi turno de ver cómo se rompe —respondió Seonghyeon con una frialdad que no admitía réplica—. Tú disfruta de la vista trasera, Keonho. Sé que te mueres por entrar. Keonho se quedó sin palabras por un segundo, pero al ver la espalda arqueada de Juhoon y el despliegue de sus nalgas blancas frente a él, se relamió los labios. Su pene palpitaba entre sus dedos. Sin pensarlo dos veces, escupió directamente en su palma y lubricó su miembro con rapidez. Guió su punta hacia la entrada anal de Juhoon, que todavía palpitaba por la preparación de Seonghyeon. —Ya esperé suficiente —sentenció Keonho. —Ve despacio —advirtió Seonghyeon de reojo, aunque su atención ya estaba fija en el rostro de Juhoon. Keonho solo sonrió de lado y, con un empuje firme y decidido, se introdujo por completo. El maknae tiró la cabeza hacia atrás, soltando un gemido ronco y una serie de maldiciones al sentir cómo las paredes calientes y apretadas de Juhoon lo rodeaban como un guante. Sus manos se cerraron sobre las caderas de Juhoon, clavando los dedos con tanta fuerza que seguramente dejaría marcas. —Dios, Juhoon... estás tan apretado —maldijo Keonho, comenzando a moverse con estocadas cortas y potentes. Juhoon se arqueó, apoyando su cabeza en el hombro de Keonho mientras intentaba procesar la invasión. Pero no tuvo tiempo de descansar. Seonghyeon, viendo que Keonho ya estaba dentro, tomó su propio pene y lo frotó contra la vulva empapada de Juhoon. El roce del glande contra el clítoris hipersensible hizo que Juhoon soltara un grito que se convirtió en un sollozo de placer. —Mira qué mojado estás —susurró Seonghyeon, usando su pulgar para abrir los labios vaginales y revelar el coño hinchado—. Voy a entrar, princesa. No me cierres el paso. —Está listo —declaró Seonghyeon, retirando sus dedos con un movimiento fluido. Juhoon soltó un quejido de protesta ante el vacío repentino, sus caderas buscando recuperar el contacto. Antes de que pudiera procesarlo, Seonghyeon lo tomó por la cintura y lo giró para que quedara frente a él. —¡Oye! —protestó Keonho, frunciendo el ceño—. Estaba disfrutando de su cara. —Es mi turno de ver cómo se rompe —respondió Seonghyeon con una frialdad que no admitía réplica—. Tú disfruta de la vista trasera, Keonho. Sé que te mueres por entrar. Keonho se quedó sin palabras por un segundo, pero al ver la espalda arqueada de Juhoon y el despliegue de sus nalgas blancas frente a él, se relamió los labios. Su pene palpitaba entre sus dedos. Sin pensarlo dos veces, escupió directamente en su palma y lubricó su miembro con rapidez. Guió su punta hacia la entrada anal de Juhoon, que todavía palpitaba por la preparación de Seonghyeon. —Ya esperé suficiente —sentenció Keonho. —Ve despacio —advirtió Seonghyeon de reojo, aunque su atención ya estaba fija en el rostro de Juhoon. Keonho solo sonrió de lado y, con un empuje firme y decidido, se introdujo por completo. El maknae tiró la cabeza hacia atrás, soltando un gemido ronco y una serie de maldiciones al sentir cómo las paredes calientes y apretadas de Juhoon lo rodeaban como un guante. Sus manos se cerraron sobre las caderas de Juhoon, clavando los dedos con tanta fuerza que seguramente dejaría marcas. —Dios, Juhoon... estás tan apretado —maldijo Keonho, comenzando a moverse con estocadas cortas y potentes. Juhoon se arqueó, apoyando su cabeza en el hombro de Keonho mientras intentaba procesar la invasión. Pero no tuvo tiempo de descansar. Seonghyeon, viendo que Keonho ya estaba dentro, tomó su propio pene y lo frotó contra la vulva empapada de Juhoon. El roce del glande contra el clítoris hipersensible hizo que Juhoon soltara un grito que se convirtió en un sollozo de placer. —Mira qué mojado estás —susurró Seonghyeon, usando su pulgar para abrir los labios vaginales y revelar el coño hinchado—. Voy a entrar, princesa. No me cierres el paso. Seonghyeon se hundió en la vagina de Juhoon con un gemido de pura satisfacción. Se mordió el labio, sonriendo al sentir la doble penetración reclamando el cuerpo de su hyung. Juhoon se sentía estirado al límite, lleno en cada rincón de su ser por los dos hombres que más lo adoraban y lo atormentaban. La escena en la cocina se convirtió en una sinfonía de sonidos carnales: el rítmico choque de las pelvis, el chapoteo de los fluidos y los gemidos que retumbaban contra las paredes. Juhoon se aferraba a los brazos de Keonho, que rodeaban su torso para mantenerlo erguido, mientras Seonghyeon se aferraba a sus caderas desde el frente, empujando con una urgencia animal. —Bésame —ordenó Seonghyeon. Juhoon obedeció, sellando sus labios con los de Seonghyeon mientras Keonho embestía desde atrás con una cadencia implacable. El mayor terminó rodeando el cuello de Seonghyeon con sus brazos, perdiéndose en el torbellino de sensaciones. El orgasmo no tardó en llegar para los tres. Juhoon fue el primero, su cuerpo tensándose en una última convulsión mientras su interior empapaba los dedos y los miembros de sus compañeros. Segundos después, Keonho y Seonghyeon soltaron gruñidos de triunfo, vaciándose profundamente dentro de Juhoon. Se quedaron así por unos momentos, exhaustos, con las respiraciones erráticas chocando entre sí. El silencio regresó a la cocina, pero era un silencio pesado, cargado del olor a sexo y... algo más. De repente, el sonido de una llave girando en la cerradura los hizo saltar. La puerta principal se abrió de golpe. —¡Ya llegué! Traje la ropa de la tintorería y algunas cosas para la ce... —La voz de James se cortó en seco. El líder de CORTIS se quedó petrificado en el umbral. En sus manos sostenía varias bolsas de papel y perchas con trajes. Sus ojos se abrieron desproporcionadamente al ver la escena: tres cuerpos sudorosos, desnudos y entrelazados sobre la encimera de la cocina. Juhoon, exhausto y con la mirada perdida, estaba recostado contra el pecho de Seonghyeon, mientras Keonho aún mantenía una mano posesiva sobre su muslo. —¿Qué... qué diablos creen que están haciendo? —James soltó las bolsas de comida, que cayeron al suelo con un golpe sordo—. ¡Juhoon! ¿Qué le han hecho a Juhoon? ¡Está medio muerto! Seonghyeon y Keonho intentaron cubrirse torpemente, pero James no parecía estar mirando solo sus cuerpos. Su nariz se arrugó y su mirada se desvió hacia la estufa. —¿Es que están locos? —gritó James, señalando la olla de ramen que habían dejado encendida hacía una eternidad—. ¡Dejaron la olla prendida! ¡Hay un olor a quemado que se siente desde el pasillo! ¿Cuánto tiempo llevan aquí metidos que ni siquiera se dieron cuenta de que casi incendian el apartamento? Keonho, recuperando un poco de su desparpajo habitual a pesar de su desnudez, se encogió de hombros con una sonrisa culpable. —Ups... creo que nos distrajimos un poco, hyung. Seonghyeon, tratando de recuperar su dignidad mientras buscaba sus pantalones, señaló a Keonho con el dedo. —Fue culpa de Keonho. Él empezó masturbando a Juhoon sobre la encimera y perdimos la noción del tiempo. James cerró los ojos y se pasó una mano por la cara con un gesto de cansancio infinito. El agotamiento de las compras y la responsabilidad de liderar a un grupo de adolescentes hormonales pareció caerle encima de golpe. —Fuera de aquí. Los tres —ordenó James con voz monótona—. Báñense, vístanse y ni una palabra de esto a Martin cuando salga de su estudio. Y por el amor de Dios... alguien limpie esa olla antes de que el olor a ramen quemado se quede pegado a las cortinas para siempre. Juhoon, aún en un estado de estupor placentero, solo pudo soltar un pequeño suspiro mientras James se daba la vuelta, murmurando sobre cómo su vida se había convertido en un caos ingobernable. La burbuja de intimidad se había roto, pero el sabor del pecado compartido permanecería en el aire mucho después de que el humo se disipara. Sobreescribi todo

Personajes

Juhoon Seonghyeon Keonho