Besos amargos
La Dinámica de los Fluidos y el Ritmo del Corazón
La facultad de medicina siempre tenía ese aroma particular: una mezcla de café cargado, desinfectante de hospital y el sudor frío de cientos de estudiantes que sentían que su vida dependía de un examen de opción múltiple. Jenni Ackerman caminaba por el pasillo principal con la espalda tan recta que parecía haber sido diseñada con una regla. Su falda de cuadros roja y negra se agitaba con cada paso decidido de sus botas cortas, y sus gafas de lectura, perfectamente ajustadas, le daban ese aire de autoridad que intimidaba incluso a los residentes de último año.
A su lado, Luke caminaba con esa parsimonia de quien no tiene nada que perder, aunque Jenni sabía que ahora le importaba, y mucho. El contraste entre ellos seguía siendo la comidilla de los pasillos: ella, la pequeña genio de 1.50 metros con rizos rubios impecables; él, el gigante de 1.90 metros, con el cabello castaño desordenado y esa mirada de "chico malo" que parecía derretir el hielo de los laboratorios.
—Ackerman, si sigues caminando así de rápido, vas a entrar en combustión espontánea antes de llegar a la clase de Fisiología —dijo Luke, con su voz ronca y divertida.
—La puntualidad es una forma de respeto hacia el conocimiento, Luke —respondió ella sin disminuir la velocidad—. Además, hoy el Dr. Harrison va a explicar la hemodinámica y el sistema de conducción eléctrica del corazón. Si te pierdes el inicio, no entenderás cómo el nodo sinusal controla el ritmo.
Luke soltó una carcajada seca y le rodeó los hombros con su brazo tatuado, atrayéndola hacia él con una facilidad que siempre dejaba a Jenni sin aliento por un segundo.
—Nena, mi ritmo cardíaco se descontrola cada vez que te pones ese brillo labial de cereza. No necesito un nodo sinusal para eso, solo te necesito a ti.
Jenni sintió que el calor subía por su cuello, pero mantuvo su expresión seria.
—Eso es una respuesta adrenérgica, no una lección de anatomía. Camina, que vamos tarde.
Al entrar en el aula magna, el ambiente cambió. Sasha ya estaba allí, sentada en la tercera fila, con su cabello plateado recogido en un moño alto y su piercing en la lengua brillando mientras masticaba un chicle. Al verlos entrar, Sasha les dedicó una sonrisa cómplice y golpeó los asientos vacíos a su lado.
—Vaya, los amantes de la morgue finalmente llegan —dijo Sasha cuando se sentaron—. ¿Han oído los rumores? Jonathan ha estado diciendo en la cafetería que Luke solo está contigo para que le pases las respuestas del examen final.
Jenni ni siquiera parpadeó. Sacó su tableta y sus lápices ópticos con una calma quirúrgica.
—Jonathan puede decir lo que quiera, Sasha. Su opinión tiene la misma relevancia para mí que una uña encarnada. Además, Luke está estudiando más que él, aunque le cueste admitirlo.
Luke se recostó en su asiento, cruzando sus largos brazos sobre el pecho.
—El pelirrojo solo está resentido porque ahora tiene que estudiar solo y porque Jina no sabe distinguir un fémur de una flauta —comentó Luke con desdén—. Que siga hablando. La próxima vez que lo vea en la cancha, le enseñaré un poco de "fisiología del impacto".
—Nada de peleas, Luke —advirtió Jenni, ajustándose los lentes—. Si te suspenden, nuestra tutoría se acaba. Y no creo que quieras eso.
Luke la miró de reojo, con una chispa de deseo bailando en sus ojos castaños.
—No, definitivamente no quiero eso.
El Dr. Harrison entró en la sala y el murmullo cesó de inmediato. Era un hombre mayor, de mirada afilada, que no toleraba la mediocridad.
—Hoy vamos a hablar del corazón, pero no de la forma poética y ridícula que ven en las películas —comenzó Harrison, proyectando una imagen tridimensional de un miocardio latiendo—. Vamos a hablar de fluidos, de presiones, de la ley de Frank-Starling y de cómo este músculo es capaz de bombear sangre sin descanso durante ochenta años.
Jenni empezó a tomar notas a una velocidad asombrosa. Luke, por su parte, intentaba seguir el ritmo, dibujando esquemas de las válvulas cardíacas con una precisión sorprendente. A pesar de su apariencia de chico desinteresado, Luke tenía una habilidad innata para entender los sistemas mecánicos, y el cuerpo humano, después de todo, era la máquina más compleja del mundo.
—¿Ves esto, Luke? —susurró Jenni, señalando la pantalla—. La sístole y la diástole. Es un equilibrio perfecto de presión. Si la presión auricular no supera a la ventricular, la válvula no se abre.
—Es como una puerta de seguridad —respondió Luke en voz baja, acercándose a ella—. Necesitas la presión adecuada para entrar.
Jenni sintió el roce de la rodilla de Luke contra la suya bajo la mesa. El contacto era eléctrico, una distracción constante que ponía a prueba su legendaria concentración.
—Exacto —dijo ella, tratando de que su voz no temblara—. Y cuando la presión cae, la válvula se cierra para evitar el reflujo. En la vida, Luke, hay que evitar el reflujo de personas tóxicas.
Él sonrió, sabiendo que se refería a Jonathan.
—Entendido, profesora. Solo flujo hacia adelante. Sangre oxigenada y nueva.
La clase duró dos horas que para Jenni pasaron volando, pero para Luke fueron una eternidad de contener las ganas de sacar a Jenni de allí y demostrarle su propia teoría sobre el aumento del gasto cardíaco.
Cuando finalmente sonó el timbre, Sasha se estiró con un bostezo sonoro.
—Necesito azúcar y necesito chismes. ¿Vamos a la cafetería?
—Vayan ustedes —dijo Luke, tomando el bolso de Jenni—. Ackerman y yo tenemos una "sesión de estudio intensiva" en la biblioteca. O en mi apartamento.
Sasha soltó una risita y les guiñó un ojo.
—Claro, "estudio". No se olviden de repasar el sistema respiratorio, porque van a necesitar mucho aire.
Jenni se sonrojó furiosamente y golpeó el brazo de Luke.
—¡Luke! Habíamos quedado en repasar el ciclo cardíaco en serio.
—Y lo haremos, nena. Te juro que después de hoy, sabrás exactamente cómo late mi corazón —dijo él, guiándola hacia la salida con una mano posesiva en su cintura.
Mientras caminaban por el campus, se cruzaron con Jonathan y su grupo de amigos deportistas. Jina, la porrista, estaba colgada de su brazo, luciendo una falda ridículamente corta y una sonrisa forzada. Jonathan se detuvo en seco al ver a Jenni, su mirada llena de una mezcla de odio y arrepentimiento que ella ya no se molestaba en descifrar.
—Vaya, la nerd y el vándalo —escupió Jonathan, tratando de sonar superior—. Disfruta de tus clases de regularización, Luke. Todos sabemos que sin Jenni no sabrías ni cómo atarte los cordones.
Luke dio un paso adelante, su estatura haciendo que Jonathan tuviera que inclinar la cabeza hacia atrás, pero Jenni le puso una mano en el pecho, deteniéndolo. No iba a rebajarse.
—Jonathan —dijo Jenni con una voz tan fría que los presentes sintieron un escalofrío—. La diferencia entre Luke y tú es que él está aprendiendo a entender el cuerpo humano, mientras que tú solo aprendiste a usarlo para engañar a la gente. Sigue caminando. Tu presencia está alterando mi homeostasis y no tengo tiempo para lidiar con desechos biológicos.
Los amigos de Jonathan soltaron un "¡Uh!" colectivo, y Jina miró a Jenni con una mezcla de envidia y desconcierto. Jonathan se puso rojo de la rabia, pero al ver la expresión letal en los ojos de Luke, decidió que no valía la pena terminar con la nariz rota otra vez.
—Vámonos, Jina. Esta gente no está a nuestro nivel —dijo Jonathan, alejándose a zancadas.
Luke miró a Jenni con una admiración renovada.
—"Desechos biológicos". Eso dolió hasta a mí, Ackerman. Eres aterradora.
—Solo soy honesta, Luke. Ahora, muévete. Tenemos una lección sobre el gasto cardíaco que atender.
Llegaron al apartamento de Luke media hora después. El lugar era un caos organizado: libros de medicina mezclados con revistas de motos, una canasta de básquet colgada tras la puerta y ese olor a Luke que Jenni ya consideraba su aroma favorito.
Ella dejó su bolso en la mesa y se quitó las gafas, limpiándolas con el dobladillo de su blusa.
—Bien, empecemos —dijo ella, abriendo el atlas de anatomía—. El gasto cardíaco es el volumen de sangre bombeado por minuto. Se calcula multiplicando la frecuencia cardíaca por el volumen sistólico.
Luke se acercó a ella, pero no miró el libro. Se colocó detrás de ella, rodeando su cintura con sus manos grandes y apoyando la barbilla en su hombro.
—¿Y qué pasa con el gasto cardíaco cuando el estímulo es... este? —susurró él, besando el lóbulo de su oreja.
Jenni sintió que sus rodillas flaqueaban. La teoría era una cosa, pero la práctica con Luke era un campo de estudio completamente diferente.
—Luke... la frecuencia cardíaca aumenta... por la liberación de catecolaminas —logró decir, aunque su respiración ya se estaba volviendo errática.
—¿Y la presión arterial? —preguntó él, girándola para que quedara frente a él. La sentó sobre la mesa, apartando los libros con un movimiento brusco.
—Sube... —respondió ella, enredando sus dedos en el cabello ondulado de él—. Debido a la vasoconstricción periférica y al aumento de la fuerza de contracción del miocardio.
Luke sonrió, esa sonrisa de "bad boy" que siempre la desarmaba.
—Me encanta cuando hablas sucio, doctora.
Él la besó con una intensidad que hizo que Jenni olvidara por completo la ley de Poiseuille y la resistencia vascular. Sus manos buscaron la piel bajo la camiseta de Luke, trazando los relieves de sus tatuajes, mientras él la atraía más hacia sí, como si quisiera fusionar sus sistemas circulatorios en uno solo.
—¿Sabes? —dijo Luke entre besos, bajando hacia el cuello de ella—. Creo que estoy empezando a entender perfectamente cómo funciona el corazón. Es un músculo que solo reacciona cuando encuentra el estímulo adecuado. Y tú, Jenni Ackerman, eres mi estímulo favorito.
Jenni echó la cabeza hacia atrás, soltando un suspiro de rendición.
—Eres un tramposo, Luke. Usas la fisiología para distraerme.
—No te distraigo, nena. Te estoy enseñando la parte práctica. ¿No dijiste que la medicina es una ciencia experimental?
Él la levantó de la mesa y la llevó hacia la cama, donde los libros de texto fueron reemplazados por una lección mucho más profunda y personal. En la penumbra del cuarto, entre caricias que conocían cada terminación nerviosa y susurros que aceleraban el pulso, Jenni se dio cuenta de que no había mejor manera de estudiar la vida que viviéndola con él.
Horas más tarde, con la luz de la luna filtrándose por la ventana y bañando sus cuerpos entrelazados, Jenni estaba apoyada en el pecho de Luke. Podía escuchar el latido de su corazón: constante, fuerte, rítmico.
—¿En qué piensas? —preguntó Luke, acariciando sus rizos rubios.
—En que el volumen sistólico de tu corazón es impresionante —bromeó ella, aunque su voz era suave y llena de cariño.
Luke soltó una risita y le besó la frente.
—Y el tuyo es perfecto. ¿Sabes? Mañana tenemos el examen parcial. ¿Crees que estoy listo?
Jenni levantó la vista y lo miró a los ojos. Vio al chico que todos juzgaban por sus tatuajes y su actitud, pero ella veía al hombre que se esforzaba, que la cuidaba y que tenía una mente mucho más brillante de lo que él mismo creía.
—Estás más que listo, Luke. Has aprendido que el corazón no es solo una bomba de sangre. Es el motor de todo. Y mientras mantengas ese motor funcionando con la motivación correcta, nadie podrá detenerte. Ni siquiera Jonathan con sus comentarios estúpidos.
—Gracias, nena. Por no rendirte conmigo.
—Nunca lo haría. Los Ackerman no abandonamos los casos difíciles. Y tú... tú eres mi caso favorito.
Se quedaron en silencio, disfrutando de la paz que solo se encuentra después de la tormenta. Jenni sabía que el camino en la medicina sería largo y difícil, que habría más noches de estudio sin dormir y más enfrentamientos con gente como Jonathan. Pero mientras tuviera a Luke a su lado, desafiando las leyes de la gravedad y de la lógica, sabía que su propio corazón siempre encontraría el ritmo adecuado para seguir adelante.
Al día siguiente, en el salón de exámenes, el silencio era absoluto. El Dr. Harrison caminaba entre las filas entregando las hojas. Cuando llegó al lugar de Luke, le dedicó una mirada inquisitiva. Luke tomó el examen, miró a Jenni, que estaba dos filas más adelante, y le guiñó un ojo.
Jenni sonrió para sí misma y empezó a escribir. La primera pregunta era: "Describa el mecanismo de regulación del gasto cardíaco".
Jenni no pudo evitar pensar en la noche anterior. Con una seguridad absoluta, empezó a redactar, sabiendo que, en algún lugar de ese mismo salón, el chico de los tatuajes estaba escribiendo las mismas respuestas, no porque ella se las hubiera pasado, sino porque juntos habían descubierto que la anatomía humana es mucho más hermosa cuando se estudia con el alma.
Al salir del examen, Sasha los esperaba en la puerta.
—¿Y bien? ¿Cómo les fue, genios?
—Creo que el Dr. Harrison va a tener que inventar una nota nueva para Luke —dijo Jenni, abrazando sus libros contra su pecho.
—Solo digamos que el sistema cardiovascular ya no tiene secretos para mí —añadió Luke, rodeando el cuello de Jenni con su brazo y dándole un beso rápido en la sien—. ¿Qué sigue en el temario, Ackerman?
Jenni consultó su cronograma con una sonrisa traviesa.
—Sistema reproductor, Luke. Empezamos mañana.
Luke se detuvo en seco y una sonrisa depredadora se extendió por su rostro.
—Oh, nena... para esa clase, no necesito ni un solo libro. Prepárate para la tutoría más larga de tu vida.
Sasha estalló en carcajadas mientras los tres se alejaban hacia la cafetería, dejando atrás los pasillos fríos de la facultad para sumergirse en el calor de una vida que, por fin, empezaba a latir con el ritmo correcto.