Celos y posesividad +18
Marcas de propiedad
El despertador ni siquiera tuvo oportunidad de sonar. TN ya estaba despierto, con la mandíbula apretada y los ojos fijos en el techo mientras la luz grisácea del amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación de Jenna. A su lado, ella dormía profundamente, con la respiración acompasada y un brazo flácido descansando sobre el abdomen de él. TN sentía el calor de su piel y, aunque la noche anterior había sido una descarga de adrenalina y deseo, la tensión en sus músculos no había desaparecido. Al contrario, se había transformado en una vigilancia silenciosa.
Cada vez que pensaba en el rodaje de ese día, sus dedos se enterraban inconscientemente en las sábanas. No era solo el hecho de que Jenna fuera actriz; era la forma en que el mundo parecía creer que tenía derecho a tocarla, a mirarla y a proyectar fantasías sobre ella. Para TN, cuyas hormonas parecían estar en un estado de ebullición constante desde que su relación de "amistad" se volvió física, la idea de Isaac —un tipo con cara de niño bueno y abdominales de gimnasio de lujo— acercándose a ella era insoportable.
Se levantó con cuidado de no despertarla. Su cuerpo, masivo y definido, proyectaba una sombra imponente en la pared. Caminó hacia el espejo del baño y se observó. Tenía los hombros cargados, las venas de sus brazos todavía dilatadas por el entrenamiento residual y la falta de sueño. Se echó agua fría en la cara, tratando de calmar la bestia posesiva que le rugía en el pecho, pero fue inútil. Al regresar al cuarto, vio a Jenna desperezarse. Ella se sentó en la cama, dejando que la sábana cayera y revelara las marcas violáceas que él había dejado en su clavícula y hombros.
—Buenos días —murmuró ella con voz ronca, estirando los brazos—. Pareces un guardián al pie de la cama.
—Lo soy —respondió TN, acercándose para sentarse en el borde del colchón. Su mano, grande y pesada, se posó en el muslo de Jenna, apretando lo justo para que ella sintiera su fuerza—. ¿A qué hora tienes que estar en el set?
—En una hora. El equipo de maquillaje va a tener mucho trabajo conmigo hoy por tu culpa —dijo ella, señalando con una sonrisa pícara las marcas en su piel.
—Que se esfuercen —gruñó él, inclinándose para darle un beso posesivo que sabía a despedida y a advertencia—. Estaré allí a las dos. No te sorprendas si me ves entre las cámaras.
Jenna suspiró, sintiendo esa mezcla de irritación y excitación que solo TN lograba provocarle.
—TN, no puedes intimidar al director. Ni a Isaac. Es trabajo.
—Yo no intimido a nadie, Jenna —mintió él, levantándose para buscar su camiseta—. Solo voy a observar. Si ellos se sienten intimidados por mi presencia, ese es su problema, no el mío.
El set de rodaje estaba ubicado en una antigua mansión a las afueras de la ciudad. El ajetreo era constante: cables por el suelo, asistentes corriendo con cafés y el murmullo incesante del equipo técnico. Cuando TN llegó, vestido con una camiseta de tirantes que dejaba poco a la imaginación sobre su condición física y unos pantalones tácticos, el ambiente pareció cambiar de presión. No pasó desapercibido. Su estatura y la anchura de sus hombros obligaban a la gente a apartarse de su camino casi por instinto.
Localizó a Jenna de inmediato. Estaba bajo una carpa, mientras una maquilladora intentaba ocultar desesperadamente las huellas de la noche anterior. A su lado, riendo de algo que ella acababa de decir, estaba Isaac. El actor tenía una mano apoyada en el respaldo de la silla de Jenna, una cercanía que hizo que la sangre de TN comenzara a bombear con fuerza en sus sienes.
TN caminó hacia ellos con pasos pesados y deliberados. El sonido de sus botas sobre el suelo de madera atrajo la atención de Isaac, quien dejó de reír al ver la figura de TN cernirse sobre ellos.
—Hola, nena —dijo TN, ignorando por completo al actor. Se colocó detrás de Jenna y puso sus manos sobre sus hombros, apretando con firmeza. Sus dedos cubrieron casi por completo la delicada estructura ósea de la actriz.
—Llegas temprano —dijo Jenna, mirándolo a través del espejo del tocador. Sus ojos brillaban; sabía perfectamente lo que él estaba haciendo.
—No quería perderme el ensayo —respondió él, fijando su mirada gélida en Isaac—. Tú debes de ser el coprotagonista.
Isaac, tratando de mantener la compostura a pesar de que TN le sacaba casi una cabeza de músculo, extendió la mano.
—Isaac. Un placer. ¿Eres el guardaespaldas de Jenna?
TN no aceptó la mano de inmediato. Dejó pasar unos segundos de silencio incómodo, dejando que su presencia física hablara por él. Finalmente, envolvió la mano de Isaac con la suya, apretando con una fuerza que hizo que el actor hiciera una mueca casi imperceptible.
—Soy TN. Y digamos que me encargo de que todo lo que es mío se mantenga a salvo —respondió con una voz profunda que vibró en el aire.
—Vaya... —balbuceó Isaac, retirando su mano en cuanto TN lo soltó—. Jenna no me había dicho que tenías a alguien tan... dedicado esperándote.
—Ahora lo sabes —sentenció TN.
Jenna intervino antes de que la tensión rompiera algo.
—Isaac, creo que el director te busca para revisar el bloqueo de la escena del beso.
Al mencionar la palabra "beso", la mandíbula de TN se tensó tanto que un pequeño músculo empezó a saltar en su mejilla. Sus manos bajaron de los hombros de Jenna hacia su cuello, acariciando con el pulgar la zona donde una de las marcas todavía era visible bajo la base de maquillaje.
—¿Escena de beso? —preguntó TN, su voz bajando a un tono peligroso.
—Es el guion, TN —susurró Jenna, girándose en la silla para quedar frente a él—. Solo son labios rozándose. Trabajo.
—No me gusta —dijo él, ignorando a la maquilladora que retrocedía asustada—. No me gusta que ese idiota ponga sus manos en ti.
—Pues vas a tener que aguantarte, porque las cámaras van a empezar a grabar en diez minutos —respondió ella, aunque su mano subió para acariciar el bíceps de TN, tratando de calmar a la fiera—. Quédate en el fondo. No hagas una escena.
TN no se quedó en el fondo. Se colocó justo detrás del monitor del director, en una posición donde Isaac no podía evitar verlo cada vez que miraba a Jenna. Durante el rodaje de la escena, TN permaneció inmóvil, como una estatua de granito. Sus brazos estaban cruzados sobre su pecho masivo, haciendo que sus músculos se vieran aún más voluminosos. Cada vez que Isaac se acercaba a Jenna para la escena romántica, TN soltaba un gruñido bajo o apretaba los puños, un sonido que llegaba claramente a los oídos del actor.
Isaac estaba visiblemente nervioso. Olvidó sus líneas dos veces y su lenguaje corporal era rígido. Cada vez que intentaba rodear la cintura de Jenna, sus ojos se desviaban hacia TN, quien le devolvía una mirada de pura posesividad animal.
—¡Corten! —gritó el director—. Isaac, hijo, se supone que estás enamorado de ella, no que tienes miedo de que te parta un rayo. Relájate.
—Es que... el ambiente está un poco cargado, ¿no crees? —dijo Isaac, secándose el sudor de la frente y mirando de reojo a TN.
Jenna aprovechó el descanso para caminar hacia TN. Lo arrastró hacia un rincón más privado, detrás de unos decorados.
—Lo estás asustando —le recriminó ella, aunque no parecía realmente molesta.
—Ese es el punto —respondió él, acorralándola contra una pared falsa. Sus hormonas estaban disparadas; ver a otro hombre intentar ser íntimo con ella, incluso por ficción, había despertado un instinto territorial que apenas podía contener—. No aguanto verlo tocarte. Me dan ganas de sacarlo de aquí por el cuello.
—Eres un animal, TN. Un animal celoso y hormonal —murmuró ella, pasando sus manos por el torso de él, sintiendo el calor abrasador que emanaba de su piel.
—Soy tu animal —corrigió él, inclinándose para morderle el lóbulo de la oreja—. Y si ese tipo vuelve a ponerle las manos encima a lo que es mío, no me va a importar que haya cincuenta personas mirando.
—¿Y qué vas a hacer al respecto ahora? —desafió ella, provocándolo—. Todavía nos quedan tres escenas más.
TN no respondió con palabras. La sujetó por la cintura y la levantó, pegándola a su cuerpo. Jenna soltó un jadeo cuando sintió la dureza de los músculos de él contra ella. TN la besó con una furia posesiva, reclamando su territorio en medio del set, sin importarle quién pudiera verlos. Era un beso que decía "ella me pertenece" de una manera más clara que cualquier contrato o palabra.
—Voy a estar aquí cada segundo —susurró él contra sus labios—. Y cada vez que él te toque, quiero que pienses en cómo te voy a tocar yo cuando estemos solos. Quiero que sientas mis manos en ti mientras él dice sus estupideces.
—Lo haré —prometió ella, con la respiración entrecortada—. Créeme que lo haré.
El resto de la jornada fue un suplicio para Isaac y un festín de dominación silenciosa para TN. Cada vez que terminaba una toma, TN se acercaba a Jenna para entregarle una botella de agua, una toalla o simplemente para ponerle una mano en la nuca, marcando su presencia. El mensaje era claro para todo el equipo: Jenna Ortega tenía un dueño, y ese dueño era un hombre que parecía capaz de doblar barras de acero con las manos desnudas si alguien se atrevía a cruzar la línea.
Cuando finalmente terminó el rodaje, TN no esperó a que ella se desmaquillara por completo. La tomó de la mano y la guio hacia el coche. El camino a casa fue silencioso, pero el aire dentro del vehículo estaba cargado de una tensión sexual tan espesa que casi se podía cortar. TN conducía con una mano, mientras la otra descansaba firmemente sobre el cuello de Jenna, sus dedos acariciando la piel que él consideraba su propiedad privada.
Al llegar a la residencia, TN ni siquiera esperó a que ella cerrara la puerta principal. La empujó suavemente contra la madera y empezó a besarla con una urgencia renovada por las horas de contención en el set.
—¿Todavía estás celoso? —preguntó ella entre besos, mientras las manos de TN subían por debajo de su camiseta.
—No son celos, Jenna. Es orden —dijo él, cargándola hacia el sofá—. El mundo necesita saber cuál es su lugar. Y tu lugar es aquí, debajo de mí.
—Me encanta cuando te pones así de posesivo —admitió ella, rodeando su cuello con los brazos—. Aunque seas un bruto.
—Vas a ver lo bruto que puedo ser —gruñó él, sus ojos oscurecidos por el deseo y la testosterona—. Después de lo de hoy, necesito recordarte exactamente de quién eres.
TN la despojó de su ropa con una eficiencia que hablaba de su desesperación acumulada. Cada centímetro de piel que quedaba al descubierto era inspeccionado por sus ojos hambrientos. Se posicionó sobre ella, su cuerpo musculoso cubriéndola por completo, haciéndola sentir pequeña pero protegida, poseída pero adorada.
—Dilo —exigió él, hundiendo su rostro en el hueco de su cuello.
—Soy tuya, TN —respondió ella, cerrando los ojos y entregándose al poder de sus manos—. Solo tuya.
Esa noche, TN no solo descargó su energía, sino que selló una promesa silenciosa. No importaba cuántas películas hiciera, cuántos actores intentaran cortejarla o cuántas cámaras la siguieran. Él siempre estaría allí, en las sombras o bajo los focos, recordándole al mundo —y a ella misma— que el fuego que ardía entre ellos no pertenecía a nadie más. Sus músculos, su fuerza y su carácter posesivo eran el ancla que mantenía a Jenna atada a una realidad que solo ellos dos compartían, una realidad donde el título de "amigos con derechos" se quedaba corto ante la intensidad de una pertenencia absoluta.