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Coqueteo

Entre mallas metálicas y corazones de mercenario

La noche en Nueva York tenía un aroma particular: una mezcla de humo industrial, lluvia reciente y el eco lejano de las sirenas que nunca descansaban. Peter Parker, enfundado en su nuevo traje, observaba la ciudad desde la cornisa de un rascacielos de vidrio y acero. El viento azotaba las placas metálicas de su atuendo, pero él apenas sentía el frío.

El diseño era una maravilla de la ingeniería, cortesía de las Industrias Stark. El "Spidey-Robot", como lo llamaba Tony en tono de broma, brillaba bajo las luces de neón en tonos rojos y amarillos vibrantes. No era solo estética; el blindaje de hierro reforzado lo protegía de impactos que normalmente lo dejarían fuera de combate por semanas. Y lo necesitaba, porque el criminal que rastreaba —algo que definitivamente no pertenecía a este sistema solar— dejaba un rastro de destrucción que no se parecía a nada que hubiera visto antes.

Peter suspiró, ajustando los lentes de su máscara. El silencio era inusual, casi relajante, hasta que una voz demasiado familiar rompió la paz.

—¡Por todos los dioses del Olimpo y los traseros de Asgard! ¡Dime que eso es oro real, Spidey! Porque si lo es, voy a necesitar que me des un abrazo muy, muy apretado para ver si se me pega algo de esa fortuna.

Peter no necesitó girarse para saber quién era. Wade Wilson, alias Deadpool, estaba de pie justo detrás de él. En su forma civil, Wade era un hombre que insultaba a la lógica: rubio, de rasgos afilados y perfectos, con un cuerpo musculoso que incluso la ropa de mercenario apenas lograba contener. No ocultaba su rostro porque, según él, el mundo merecía admirar su belleza mientras él les cobraba por matarlos.

—Wade, ahora no es el momento —dijo Peter, aunque su tono no era tan cortante como meses atrás.

Últimamente, algo había cambiado en él. Los coqueteos constantes de Deadpool, que antes le resultaban simplemente irritantes, ahora provocaban un extraño cosquilleo en su estómago. Se había vuelto más sensible a su presencia, permitiendo que el mercenario se acercara más de lo debido. A veces incluso dejaba que Wade lo rodeara con un brazo sobre los hombros, disfrutando por un segundo del calor humano antes de recordar que debía mantener su imagen de héroe serio.

—Oh, vamos, Baby-boy —continuó Wade, caminando hacia él con esa confianza descarada que lo caracterizaba—. Ese traje... resalta cosas que no sabía que necesitaban ser resaltadas. El amarillo le da un toque de "mírame pero no me toques", aunque todos sabemos que yo siempre quiero tocar.

Wade se acercó más, invadiendo el espacio personal de Peter. Extendió una mano para acariciar el hombro metálico del traje.

—Es tan brillante. Y tan duro. Como yo cuando te veo balancearte por la Quinta Avenida —soltó Wade con una sonrisa de lado, bajando la mano peligrosamente hacia la curva de la espalda de Spider-Man—. ¿Este hierro es a prueba de balas o solo a prueba de mis manos traviesas? Porque ese trasero en rojo y amarillo debería ser considerado una maravilla del mundo moderno.

—¡Wade! —Peter le dio un manotazo en la mano, apartándolo, aunque sus mejillas ardían bajo la máscara—. Estoy trabajando. Hay algo ahí fuera, algo peligroso, y tú solo piensas en... en...

—¿En lo bien que te verías sin esa lata de conservas encima? Culpable de todos los cargos, su señoría —Wade soltó una carcajada, dando un paso más, acorralando a Peter contra el borde del edificio—. Admítelo, Petey, te encanta que te alabe. Te pones todo rígido y adorable.

Antes de que Deadpool pudiera lanzar otro comentario fuera de tono, el aire vibró con el sonido de propulsores. Una luz cegadora iluminó la azotea y, en un parpadeo, una ráfaga de energía repulsora impactó directamente en el pecho de Wade.

El mercenario salió volando hacia atrás, soltando un grito de sorpresa mezclado con una maldición, y terminó estrellándose contra la pared de la estructura de acceso a la azotea.

—¡Aléjate del chico, Wilson! —La voz de Tony Stark resonó a través de los altavoces de la armadura Iron Man mientras descendía con elegancia, sus botas apenas tocando el suelo.

Justo en ese momento, la puerta contra la que Wade había chocado se abrió desde el interior. Steve Rogers, el Capitán América, salió al exterior, deteniéndose en seco al ver al mercenario desparramado a sus pies.

—¡Tony! —exclamó Steve, frunciendo el ceño—. Te dije que no fueras tan agresivo. Solo estábamos patrullando la zona.

—Es Deadpool, Cap —replicó Tony, abriendo la placa frontal de su casco para revelar una expresión de fastidio—. Si no lo golpeas una vez al día, empieza a creer que es parte del equipo. Y estaba molestando a Peter. Otra vez.

Steve suspiró, negando con la cabeza, y se inclinó para ofrecerle una mano a Wade.

—¿Estás bien, Wade? —preguntó con esa voz tranquila y autoritaria que siempre lograba calmar los ánimos.

Deadpool tomó la mano de Steve, levantándose con una mueca de dolor que desapareció casi instantáneamente gracias a su factor de curación. Se sacudió el polvo de su traje rojo y negro, mirando a Tony con fingida indignación.

—¡Oye, Hojalata! Mi columna vertebral tenía planes para esta noche, y tú acabas de convertirlos en un rompecabezas de mil piezas —Wade miró a Steve y le guiñó un ojo—. Gracias, Capi. Siempre supe que eras el único con modales en este grupo de disfuncionales. Por cierto, ¿has visto a Spidey? El traje nuevo le queda tan bien que casi olvido que Tony lo diseñó.

Steve miró a Peter, quien se mantenía a una distancia prudencial, sintiéndose como un adolescente atrapado entre sus padres y el novio problemático que nadie aprobaba.

—Peter, ¿estás bien? —preguntó Steve con preocupación genuina.

—Sí, Steve. Estoy bien —respondió Peter, bajando la cabeza—. Solo intentaba concentrarme en la señal del alienígena. Wade apareció de la nada.

—Aparecí con estilo, querrás decir —corrigió Wade, acercándose de nuevo a Peter, ignorando la mirada asesina de Tony—. Y no es un alienígena, es un recolector de chatarra intergaláctico. Lo vi hace dos cuadras. Pero claro, nadie me pregunta a mí porque soy el "mercenario bocazas".

Tony cruzó los brazos sobre el pecho metálico.

—Si sabías dónde estaba, ¿por qué no lo dijiste en lugar de intentar manosear a mi protegido?

—Prioridades, Stark. Prioridades —Wade sonrió, volviendo su atención a Peter—. Entonces, Spidey... si te ayudo a atrapar al bicho raro, ¿me dejas llevarte a cenar? Conozco un lugar de tacos que no hace preguntas sobre las manchas de sangre en la ropa.

Peter sintió que el corazón le latía con fuerza. Miró a Tony, que parecía a punto de disparar otro rayo, y luego a Steve, que simplemente observaba la escena con una paciencia infinita.

—No habrá cenas, Wilson —sentenció Tony—. Peter tiene clases mañana. Es un chico de universidad, algo que tú pareces olvidar constantemente.

—Oh, lo sé —dijo Wade en voz baja, acercándose a Peter lo suficiente como para que solo él lo escuchara—. Sé perfectamente quién es bajo esa máscara. Un chico castaño con ojos de bambi que me vuelve loco.

Peter se tensó. A pesar de que Wade solía ser un caos andante, esos momentos de honestidad brutal siempre lo desarmaban. En su vida civil, Peter intentaba pasar desapercibido con sus suéteres de lana y su actitud tímida, pero Wade parecía ver a través de todas sus capas, tanto las de tela como las de hierro.

—Tony, Steve... puedo manejarlo —dijo Peter finalmente, dando un paso al frente—. Wade sabe dónde está el objetivo. Si trabajamos juntos, terminaremos más rápido.

Tony soltó un bufido de desaprobación, pero Steve puso una mano sobre el hombro de la armadura de Iron Man.

—Déjalo, Tony. Peter tiene razón. Pero nosotros iremos con ellos. No voy a dejar que Wilson se lleve todo el crédito... ni que se propase.

Wade soltó un vitoreo entusiasta.

—¡Cita doble! ¡Esto es mejor de lo que imaginé! Yo voy con Spidey, y ustedes dos pueden ir tomados de la mano discutiendo sobre el presupuesto de los Vengadores.

—¡Wade! —gritaron Peter y Tony al unísono.

—¡Ya voy, ya voy! —Wade saltó hacia la cornisa, preparándose para bajar—. ¡Sígueme, mi dulce caballero de brillante armadura! ¡El destino y unos tacos mediocres nos esperan!

Peter suspiró, ajustando sus lanzaredes. A pesar del caos, de las bromas fuera de tono y de la presencia sobreprotectora de sus mentores, no pudo evitar sentir una pequeña sonrisa dibujarse en su rostro. La noche en Nueva York siempre era complicada, pero con Deadpool cerca, al menos nunca era aburrida.

—Esto va a ser una noche muy larga —murmuró Peter, lanzándose al vacío tras el rastro rojo de Wade, mientras Iron Man y el Capitán América lo seguían de cerca, vigilando cada movimiento del mercenario que, de alguna manera, se había colado en la vida del trepamuros.

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