Crossover
El Mercenario, el Multiverso y un Dolor de Mandíbula Global
El silencio tras el cierre del Nexo no duró mucho. En algún punto indefinido entre la realidad de los Vengadores y el rincón oscuro de la Liga de la Justicia, un pequeño fragmento de realidad quedó flotando como una migaja de pan en una mesa vacía. No era un universo, ni siquiera una dimensión; era más bien un "error de sistema" con forma de callejón sucio.
Wade Wilson, más conocido como Deadpool, estaba sentado sobre un contenedor de basura volcado, balanceando sus piernas y tarareando una canción de George Michael. A su lado, el cuerpo de Homelander comenzaba a convulsionar. El "héroe" de la capa estrellada recuperó la conciencia con un jadeo violento, llevándose las manos a una mandíbula que todavía se sentía como si hubiera sido atropellada por un tren cargado de meteoritos.
—¡Despertó la princesa! —exclamó Wade, saltando del contenedor y aterrizando con una pirueta innecesaria—. Por un momento pensé que el Boy Scout azul te había reiniciado el Windows de forma permanente. ¡Qué derechazo, eh! Hasta a mí me dolió el presupuesto de efectos especiales.
Homelander se incorporó con dificultad, escupiendo un coágulo de sangre espesa. Sus ojos, antes llenos de una arrogancia divina, ahora inyectados en sangre, buscaron desesperadamente a Superman. Pero no había rastro del hombre de acero. Solo estaba ese sujeto de traje rojo y negro que no paraba de parlotear.
—¿Dónde... dónde están? —siseó Homelander, su voz saliendo quebrada—. Lo voy a matar. Voy a quemar todo lo que ama. Voy a...
—Sí, sí, el discurso de "soy un psicópata con complejo de Edipo", ya lo conocemos —lo interrumpió Deadpool, agitando una mano con desdén—. Pero lamento informarte, John —y sí, sé tu nombre porque leí tu wiki—, que el evento crossover se terminó. Los tipos importantes ya se fueron a sus respectivas franquicias a vender figuras de acción y palomitas de maíz. Solo quedamos nosotros. Bueno, y ellos.
Wade señaló con el dedo hacia el frente, a un espacio vacío donde no había absolutamente nada más que el lector de esta historia. Homelander frunció el ceño, mirando hacia donde apuntaba el mercenario.
—¿A quién le hablas? No hay nadie ahí.
—Oh, claro que los hay —respondió Deadpool con una risita maníaca—. Nos están mirando justo ahora. Probablemente juzgando mi gramática o esperando a que saque una chimichanga de mi cinturón. ¡Hola, chicos! ¿Les gustó el puñetazo? ¡Cinco estrellas en Rotten Tomatoes para Clark!
Homelander se puso de pie, su capa hecha jirones. La rabia comenzó a suplantar al dolor. No entendía nada de lo que decía el enmascarado, pero odiaba que alguien se burlara de él.
—No sé quién eres, pero te voy a arrancar la lengua —amenazó Homelander, sus ojos empezando a brillar con ese rojo amenazante.
Deadpool ni siquiera se inmutó. De hecho, sacó un pequeño contador digital de su bolsillo. El aparato mostraba un número cinco en color neón.
—Mira, John, te voy a ser sincero. No me caes bien. Y no es porque seas un asesino masivo, porque, seamos honestos, yo también tengo mis domingos moviditos. Es que eres... aburrido. Eres como un Capitán América que nunca recibió un abrazo y se volvió fan de los reality shows. Además —Wade se acercó, invadiendo el espacio personal de Homelander—, ese coqueteo con Superman fue muy raro. Incluso para mis estándares.
Homelander gritó, un sonido gutural de pura frustración, y lanzó un rayo de calor directamente al pecho de Deadpool. El impacto fue seco y brutal, atravesando el traje y la carne, dejando un agujero humeante en el torso del mercenario.
Wade cayó de espaldas, retorciéndose un poco. El contador en su mano bajó a cuatro.
—¡Ay! ¡Eso quema, maldita sea! —Deadpool se sentó, mirando el agujero en su pecho que ya empezaba a cerrarse con un sonido desagradable de tejido regenerándose—. ¿Ves esto? —Señaló el contador—. Me quedan cuatro rayos de paciencia. O de vida. O de lo que decida el autor para que esta escena avance.
—¿Por qué no te mueres? —preguntó Homelander, retrocediendo un paso, genuinamente desconcertado. Había matado a cientos de personas con ese movimiento.
—Es mi superpoder, genio. Aparte de ser increíblemente guapo bajo esta máscara de aguacate podrido —Wade se puso de pie, sacudiéndose las cenizas—. Pero volviendo al punto: estamos atrapados en un limbo narrativo. Y como no me caes bien, he decidido que voy a ser tu peor pesadilla hasta que encontremos la salida. O hasta que te dé un colapso nervioso, lo que ocurra primero.
Homelander intentó volar, pero sus pies apenas se elevaron unos centímetros antes de caer pesadamente. La física de este lugar no respondía a su voluntad. El puñetazo de Superman no solo había roto su mandíbula, parecía haber fracturado su conexión con su propia invulnerabilidad.
—Este lugar... no tiene reglas —murmuró Homelander, el pánico empezando a asomar por las grietas de su fachada.
—Exacto —dijo Deadpool, apareciendo mágicamente detrás de él con un cubo de palomitas—. Aquí las reglas las pone el que tiene el micrófono. Y ahora mismo, el micrófono lo tengo yo porque soy el único que sabe que estamos en una fanfiction de un universo compartido.
Wade le ofreció una palomita. Homelander, en un ataque de histeria, le dio un manotazo al cubo, esparciendo el maíz por el suelo invisible.
—¡No me toques! ¡Soy un dios! ¡Soy el Homelander! —gritó, lanzando otro rayo de calor que le voló la cabeza a Deadpool por completo.
El cuerpo de Wade se desplomó. El contador bajó a tres.
Diez segundos después, la cabeza de Deadpool volvió a crecer, empezando por una mandíbula pequeña y unos ojos saltones que parpadeaban con gracia.
—¡Esa fue por las palomitas! —dijo Wade con una voz aguda de bebé mientras su cabeza terminaba de recuperar su tamaño normal—. ¡Tres! ¡Te quedan tres intentos de ser un villano genérico antes de que me ponga serio!
Homelander se dejó caer de rodillas. El silencio del vacío, la presencia de este bufón inmortal y el recuerdo humillante de su derrota ante Superman estaban rompiendo lo poco que quedaba de su cordura.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó, casi en un susurro.
—Quiero que entiendas que en este multiverso, no eres el tiburón más grande del tanque —respondió Deadpool, su tono volviéndose inusualmente serio por un segundo—. Allá afuera hay tipos que desayunan soles y tipos que se visten de murciélago y tienen planes para derrotar a Dios con un clip y un chicle. Tú solo eres un matón con buen marketing.
Wade caminó hacia una de las puertas que parpadeaba débilmente en la distancia. Era una puerta gris, sin adornos, que parecía llevar de regreso a ese mundo corporativo y cínico de donde venía Homelander.
—Ahí está tu salida, John. Vuelve a tu mundo. Sigue siendo el rey de tu pequeño hormiguero de Vought. Pero recuerda esto: si alguna vez vuelves a intentar cruzar a los mundos de los "chicos buenos", o si vuelves a intentar ligar con el Gran Azul... —Deadpool sacó una de sus katanas y la hizo girar con una maestría letal—, no será él quien te detenga. Seré yo. Y créeme, mis métodos no son tan "limpios" como los de la Liga de la Justicia.
Homelander miró la puerta y luego al mercenario. Por un instante, pareció que iba a luchar de nuevo. Sus ojos brillaron levemente, pero luego se apagaron. El miedo, un sentimiento que no había experimentado en décadas, se había instalado en su pecho.
Sin decir una palabra, Homelander se levantó y caminó hacia la puerta. Al cruzar el umbral, su figura se desvaneció en un destello de luz blanca, regresando a su realidad donde todavía podía pretender ser un dios.
Deadpool se quedó solo en el vacío. Miró el contador en su mano. Marcaba el número dos.
—Bueno, eso fue anticlimático —le dijo al vacío, es decir, a los lectores—. Esperaban una pelea épica, ¿verdad? Sangre, tripas, tal vez un cameo de Wolverine. Pero hey, el presupuesto de este capítulo ya se gastó en la descripción del Nexo del principio.
Wade guardó su espada y sacó un teléfono móvil que no debería tener señal en esa dimensión.
—¿Hola? ¿Disney? Sí, hablo con el departamento de crossovers imposibles. Escuchen, el tipo de la bandera ya se fue a casa. Sí, el de la mandíbula rota. ¿Podemos traer ahora a los tipos de Mortal Kombat? Siento que Batman contra Scorpion sería un éxito de ventas.
Nadie respondió, por supuesto. Deadpool suspiró y se sentó de nuevo en su contenedor de basura, que seguía ahí por alguna razón narrativa.
—En fin —dijo, mirando directamente a la "cámara"—. Supongo que esto es todo por hoy. Superman dio el golpe, Batman dio las órdenes y yo... bueno, yo rompí la cuarta pared y me aseguré de que el villano más molesto del mes se fuera con el rabo entre las piernas. No es un mal trabajo para un tipo con cáncer terminal y un traje ajustado.
El vacío comenzó a cerrarse definitivamente a su alrededor. Las estrellas lejanas se apagaron y las puertas desaparecieron una a una.
—¡Nos vemos en la próxima crisis multiversal! —gritó Wade mientras la oscuridad lo envolvía—. ¡Y no se olviden de suscribirse y darle a la campanita! Espera, ¿esto es un blog o una plataforma de video? ¡Da igual! ¡Chimichangas para todos!
Con un último destello rojo, Deadpool desapareció, dejando el vacío, por fin, en un silencio absoluto. El experimento de los mundos cruzados había terminado, dejando tras de sí solo el eco de una risa loca y el rastro de un puñetazo que cambió la jerarquía de poder en el multiverso para siempre.