Daddy
El gran escape de la mini Kim
El edificio de HYBE solía ser un lugar de eficiencia coreográfica, reuniones de alta tensión y creatividad desbordante. Sin embargo, esa tarde de jueves, el ambiente en la planta de los estudios de ensayo se parecía más a una guardería de lujo que a la sede de una potencia mundial del entretenimiento.
Hana, con sus siete meses recién cumplidos y un vestido de algodón color crema que la hacía parecer una pequeña nube, estaba sentada sobre una manta de juegos en el centro de la sala. A su alrededor, seis hombres que llenaban estadios estaban completamente subordinados a sus deseos.
— Muy bien, el plan es el siguiente —anunció Jin, ajustándose las gafas imaginarias con una seriedad cómica—. Namjoon y Hye Rin tienen esa reunión con el equipo de producción y el curador del museo. Es nuestra oportunidad de demostrar que somos tíos competentes. Jungkook, tú eres el encargado de suministros. Jimin, tú eres el oficial de entretenimiento. Yoongi... tú puedes dormir si ella duerme, pero si abre un ojo, eres el refuerzo.
Hye Rin, que estaba terminando de preparar la bolsa de pañales, observó la escena con una ceja levantada y una sonrisa divertida. Namjoon estaba a su lado, ajustándose la chaqueta, mirando a su hija con una mezcla de adoración y ligera preocupación.
— ¿Están seguros de esto? —preguntó Namjoon por quinta vez—. Hana es tranquila, pero cuando tiene hambre, su capacidad pulmonar es... bueno, es mi hija.
— Joon, por favor —intervino Taehyung, que ya estaba en el suelo tratando de enseñarle a Hana cómo chocar los cinco—. Hemos sobrevivido a giras mundiales, dietas extremas y a tus ronquidos. Una bebé de siete meses es pan comido.
Hye Rin soltó una risita y se acercó a Namjoon, arreglándole el cuello de la camisa.
— Déjalos, amor. Necesitan esto para bajarles el ego —susurró ella, antes de dirigirse a los chicos—. Hay biberones preparados en la nevera pequeña. Si se ensucia, los pañales están en el compartimento lateral. Y por favor, si ven que se pone roja y empieza a gruñir, no es que esté invocando a un demonio, es que necesita un cambio de pañal inmediato.
— ¡Entendido, jefa! —exclamó J-Hope, haciendo un saludo militar mientras cargaba a Hana, quien respondió con un balbuceo alegre y un tirón de oreja.
Con un último beso en la frente de la bebé y una mirada de "confío en ustedes pero no tanto" de parte de Hye Rin, los padres abandonaron la sala.
La primera hora fue un éxito rotundo. Hana estaba fascinada con los colores de los vídeos musicales que proyectaban en la pantalla gigante. Jimin bailó una versión simplificada de "Filter" solo para ella, mientras Jungkook hacía sonidos de animales que hacían que la bebé soltara carcajadas agudas que resonaban por todo el pasillo.
Sin embargo, la confianza es un arma de doble filo.
— Creo que... huelo algo —dijo Yoongi, arrugando la nariz desde su esquina del sofá.
El silencio cayó sobre el grupo. Todos miraron a Hana, que en ese momento mantenía una expresión de concentración absoluta, con las mejillas ligeramente infladas.
— No, no, no. Todavía no —suplicó Jin—. ¡Jungkook, el kit de emergencia!
Lo que siguió fue una operación táctica que habría avergonzado a cualquier unidad de élite. Cuatro hombres rodeando un cambiador portátil, discutiendo sobre la dirección correcta de las pestañas adhesivas del pañal.
— ¡Sujeta sus piernas, Tae! ¡Se está escapando! —gritaba Jimin.
— ¡No me grites a mí, grítale al pañal! —respondía Taehyung, tratando de esquivar una patadita.
— ¡Cuidado con el sensor de movimiento! —advirtió Jungkook, refiriéndose a la propensión de Hana a girarse en el momento menos oportuno.
Finalmente, tras diez minutos de caos, sudor y el uso excesivo de toallitas húmedas, Hana estaba limpia. Los chicos suspiraron, victoriosos. Se sentían invencibles.
— Somos unos genios —declaró Jin, desplomándose en una silla—. Deberíamos dar seminarios sobre paternidad.
Fue entonces cuando el deber llamó. Un coreógrafo entró para pedirle a Hobi y Jimin que revisaran unos pasos en la sala contigua. Jin y Yoongi se enredaron en una discusión técnica sobre una pista de audio que acababa de llegar, y Taehyung y Jungkook se distrajeron intentando montar un nuevo juguete electrónico que supuestamente estimulaba el cerebro de los bebés, pero que parecía requerir un doctorado en ingeniería.
Hana, mientras tanto, fue colocada en su carruaje de última generación, un modelo negro y elegante que Namjoon había elegido por su "estética minimalista y seguridad estructural".
— Se va a quedar dormida —susurró Jungkook—. Mira, tiene los ojos entrecerrados.
Pusieron el freno del carruaje cerca de la puerta de la sala de descanso, donde podían verla desde la mesa de mezclas, y se sumergieron en sus asuntos. Pasaron quince minutos. Luego veinte.
— Oigan —dijo de pronto Jimin, dejando de mirar su teléfono—, Hana está muy callada, ¿verdad?
— Es que es una Kim —respondió Jin sin levantar la vista de su libreta—. Es reflexiva. Estará pensando en la existencia del ser o en por qué sus tíos son tan guapos.
Jimin caminó hacia la esquina del carruaje para darle un beso de "buen descanso", pero se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron de par en par.
— Chicos...
— ¿Qué pasa, Jimin? No la despiertes —murmuró Yoongi.
— No puedo despertarla —dijo Jimin con la voz temblorosa— porque no está.
El caos que siguió fue instantáneo. Los seis miembros se abalanzaron sobre el carruaje. Estaba vacío. La manta de seguridad seguía allí, pero la pequeña ocupante de siete meses había desaparecido. Y lo que era más aterrador: el carruaje no estaba donde lo habían dejado. Se había desplazado unos metros hacia el pasillo abierto.
— ¡¿Cómo que no está?! —gritó J-Hope, palideciendo—. ¡Una bebé no se desabrocha sola y se va a caminar! ¡Ni siquiera camina todavía!
— ¡Alguien se la llevó! —exclamó Taehyung, entrando en pánico—. ¡Un secuestro! ¡En HYBE! ¡Dios mío, Namjoon me va a matar, y luego Hye Rin me va a resucitar solo para matarme otra vez!
— ¡Cállense y busquen! —ordenó Jin, aunque sus manos temblaban—. No puede estar lejos. Revisen debajo de los sofás, en los armarios, ¡en todas partes!
Los siguientes quince minutos fueron una pesadilla de comedia y terror. Seis ídolos mundiales corrían por los pasillos del piso de artistas como pollos sin cabeza. Jungkook revisaba dentro de las papeleras (por si acaso, según él), mientras Yoongi intentaba mantener la calma mientras marcaba frenéticamente al equipo de seguridad por el intercomunicador interno.
— ¡Seguridad! —gritó Yoongi—. Necesito ver las cámaras del sector 4C. Ahora. ¡Es una emergencia nacional!
Mientras tanto, en el pasillo principal, Taehyung y Jimin estaban al borde de las lágrimas.
— Si le pasa algo, nunca me lo perdonaré —sollozaba Jimin—. Le prometí que le compraría un poni.
— ¡Yo le prometí que le enseñaría a modelar! —añadió Taehyung—. ¡Hye Rin nos va a cocinar en un guiso!
Se encontraron todos de nuevo en el centro del pasillo, jadeando, con las caras rojas por el esfuerzo y el miedo. Estaban a punto de llamar a la policía, o de huir del país, lo que ocurriera primero.
— Tenemos que decirles —dijo Jin con voz fúnebre—. Namjoon y Hye Rin deben estar por salir de la reunión. No podemos ocultar que perdimos a su única hija en un edificio de alta seguridad.
— Yo no puedo —susurró Jungkook—. Namjoon es mi hermano, pero Hye Rin... ella da miedo cuando se enoja de esa forma silenciosa. ¿Recuerdan cuando Jin hyung se comió su postre especial? No le habló por tres días y le mandó artículos sobre el respeto a la propiedad privada.
En ese preciso momento, el ascensor al final del pasillo se abrió con un "ding" alegre que sonó como una campana fúnebre para los chicos.
Hye Rin salió primero. Se veía radiante, con su bolso al hombro y una sonrisa relajada.
— ¡Hola, chicos! —saludó ella con naturalidad—. ¿Cómo fue la tarde? ¿Hana se portó bien o ya los convenció de que le compren una casa propia?
Los seis se quedaron petrificados, formando una barrera humana frente a la sala de ensayo vacía. Sus expresiones eran una mezcla de culpabilidad, terror y estreñimiento emocional.
— Hye Rin... hola... —dijo Jin, con una risa nerviosa que sonó más como un graznido—. Qué... qué sorpresa. Terminaron temprano. Qué bien. Qué... qué clima tan bonito hace dentro del edificio, ¿no?
Hye Rin se detuvo, entrecerrando los ojos. Su instinto de madre y su naturaleza observadora se encendieron al instante.
— ¿Por qué están sudando? —preguntó ella, cruzándose de brazos—. Y ¿por qué Jimin parece que acaba de ver un fantasma?
— Es que... la coreografía... era muy intensa —balbuceó Jimin, escondiéndose detrás de Namjoon, que acababa de salir del ascensor segundos después.
Namjoon frunció el ceño, mirando a sus amigos. Conocía cada uno de sus gestos. Sabía que cuando Jungkook no podía sostener la mirada y Taehyung miraba al techo como si buscara una salida de emergencia, algo andaba muy mal.
— ¿Dónde está Hana? —preguntó Namjoon, su voz bajando un octavo, adoptando ese tono de líder que solía reservar para las crisis internacionales.
— Bueno... verás, Joonie... —empezó J-Hope, moviendo las manos rítmicamente por puro nerviosismo—. La pusimos a dormir. En su carruaje. Estaba ahí. Lo juramos por nuestras carreras.
— ¿Estaba? —repitió Hye Rin, dando un paso adelante. Su voz era tranquila, pero había un filo en ella que hizo que los chicos retrocedieran—. ¿Qué significa "estaba"?
— ¡Desapareció! —soltó Taehyung de repente, incapaz de aguantar más la presión—. ¡Hye Rin, lo sentimos mucho! ¡Fue un segundo! ¡Creemos que el carruaje cobró vida o que hay un agujero de gusano en el piso cuatro! ¡Por favor, no nos odies!
Hye Rin se quedó en silencio un segundo, mirando la sala vacía y luego a los chicos, que estaban a punto de colapsar. Namjoon, por su parte, se llevó una mano a la sien, pero extrañamente no parecía tan alterado como ellos.
— ¿Un agujero de gusano? —preguntó Hye Rin, subiendo una ceja.
— ¡Sí! O un secuestro ninja —añadió Jungkook desesperado—. Estábamos por llamar a las autoridades, a la Interpol, al ejército...
Hye Rin soltó un suspiro largo y luego, para sorpresa de todos, empezó a reírse. No era una risa histérica, sino su carcajada natural, esa que Namjoon tanto amaba.
— Chicos, de verdad... son increíbles —dijo ella, negando con la cabeza.
— ¿Te estás riendo? —preguntó Jin, estupefacto—. ¡Hye Rin, tu hija no está! ¡Es una crisis!
— Mi hija sí está —respondió ella con calma, señalando hacia el final del pasillo opuesto al ascensor.
Todos giraron la cabeza. Por el pasillo venía caminando una de las estilistas del staff, empujando el carruaje negro. Y dentro del carruaje, Namjoon venía caminando al lado de ella, cargando a Hana en brazos.
Los chicos se quedaron mudos. Miraron al Namjoon que estaba frente a ellos (que resultó ser un miembro del staff de espaldas con una chaqueta similar) y luego al Namjoon real que se acercaba con la bebé.
— ¿Qué pasa? —preguntó el verdadero Namjoon, llegando hasta el grupo—. Me encontré a Hana y a la estilista en el pasillo de vestuario. Al parecer, el freno del carruaje no estaba bien puesto y ella empezó a rodar despacio hacia la rampa. La estilista la vio, la detuvo y, como Hana estaba despierta y sonriendo, se la llevó un momento para enseñarle las telas nuevas de la gira.
Hana, al ver a sus tíos, soltó un balbuceo feliz y estiró sus manitas hacia ellos, ajena al hecho de que casi provoca seis infartos simultáneos.
Hye Rin se acercó a los chicos, que seguían en estado de shock, y le dio una palmadita en el hombro a Jin.
— Les dije que el carruaje tenía un truco en las ruedas —dijo ella con un tono sarcástico—. Y también les dije que estuvieran pendientes. Menos mal que este edificio está lleno de gente que la conoce. Si llega a salir a la calle, probablemente terminaría siendo la nueva CEO de alguna empresa antes de que ustedes se dieran cuenta de que no está.
— Yo... yo casi lloro —susurró Jimin, dejándose caer al suelo, sentado sobre sus talones—. Vi mi vida pasar ante mis ojos.
— Yo ya estaba redactando mi carta de retiro —añadió Yoongi, exhalando un suspiro que pareció vaciarle los pulmones—. Namjoon, tu hija es un peligro para mi salud cardiovascular.
Namjoon se rió, acomodando a Hana contra su pecho. La pequeña agarró un mechón de su cabello y tiró con fuerza, haciéndolo sisear de dolor.
— Creo que lo que Hana está tratando de decir es que sus tíos necesitan más práctica —dijo Namjoon, mirando a Hye Rin con complicidad.
— O que necesitan un curso de seguridad básica —añadió Hye Rin, quitándole a Hana de los brazos a su esposo para darle un beso en la mejilla—. ¿Tienen hambre? He traído comida de verdad para compensar el trauma.
— Te amo, Hye Rin —dijo Jungkook, levantándose del suelo—. Eres la única persona cuerda en esta familia.
— Lo sé, Kook. Lo sé —respondió ella con un guiño—. Ahora vamos, antes de que Taehyung intente buscar el "agujero de gusano" otra vez.
Mientras caminaban hacia la sala de descanso, Namjoon observó a su esposa. Ella caminaba con Hana en brazos, bromeando con los chicos, logrando que el ambiente de tensión se disipara en segundos. Una vez más, ella había tomado el caos y lo había convertido en una anécdota divertida.
Namjoon se acercó a ella y le pasó un brazo por los hombros mientras caminaban.
— Sabías que estaba con la estilista, ¿verdad? —susurró él al oído.
Hye Rin le devolvió una mirada traviesa.
— La vi pasar por el pasillo de cristal mientras salíamos de la reunión. Pero verlos entrar en pánico era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Además, así aprenderán a no quitarle el ojo de encima la próxima vez.
Namjoon soltó una carcajada baja, besando la sien de su esposa.
— Eres malvada, Kim Hye Rin.
— Soy una madre eficiente, Joon. Hay una diferencia —respondió ella, apoyando su cabeza en su hombro mientras Hana soltaba un gritito de alegría al ver las cajas de comida—. Y ahora, vamos a comer. Que el "agujero de gusano" me ha abierto el apetito.
Esa noche, mientras cenaban entre risas y relatos exagerados de la "gran desaparición", Namjoon se sintió, como siempre, el hombre más afortunado del mundo. Tenía a sus hermanos, tenía a su hija y, sobre todo, tenía a la mujer que mantenía su mundo girando, incluso cuando las ruedas de un carruaje decidían tomar su propio camino.