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Mareas de Incertidumbre y el Brillo del Yate
El sol de la mañana sobre el muelle de Ocean Marina en Pattaya era una presencia física, un calor que envolvía a Pete y Reeonn mientras caminaban hacia el lujoso yate blanco que los esperaba. El equipo de producción, cargado con cámaras estabilizadas y drones que ya zumbaban sobre sus cabezas, se movía con una eficiencia frenética. Para el público, era el premio soñado; para ellos, se sentía como caminar sobre una cuerda floja entre la realidad y el espectáculo.
Pete vestía una camisa de lino abierta sobre una camiseta blanca, su figura alta y delgada recortándose contra el azul intenso del Golfo de Tailandia. A su lado, Reeonn parecía un poco más pequeño de lo habitual, con un sombrero de paja y una sonrisa que no terminaba de llegar a sus ojos. La advertencia de Phupha de la noche anterior seguía resonando en su mente como un eco persistente.
—¿Estás bien? —le susurró Pete, aprovechando que el técnico de sonido estaba ajustando las baterías de sus micrófonos de solapa—. Estás muy callado.
—Es solo... —Reeonn miró la cámara que los enfocaba a pocos metros—. Es extraño estar aquí así. Siento que cada vez que te miro, hay diez personas analizando si mi pupila se dilata o si me sudan las manos.
Pete soltó una risa suave y, desafiando la mirada del director, le revolvió el cabello con cariño.
—Olvídalos. Hoy solo somos Pete y Reeonn. El yate es grande, encontraremos un rincón donde los drones no lleguen.
Subieron a bordo y el motor rugió suavemente, alejándolos de la costa. Mientras tanto, en la Casa de los Sueños, el ambiente era radicalmente distinto. Sin la pareja principal, el resto de los chicos se agrupaba en la zona de la piscina, donde la tensión empezaba a burbujear bajo la superficie del agua clorada.
—¿De verdad creen que Pete siente algo? —preguntó Phupha, recostado en una tumbona con una rodilla flexionada, mostrando su físico trabajado—. Pete es un estratega. Conoce la industria mejor que nadie. Sabe que "Petereeonn" es el nombre que está vendiendo más en las redes sociales.
Teddy, que estaba sentado al borde de la piscina mojándose los pies, levantó la vista. Su piel clara contrastaba con el azul del agua, dándole ese aire etéreo que tanto gustaba a los fans.
—No creo que sea justo juzgar así —dijo Teddy con su voz pausada—. La química que mostraron en el reto de lluvia no se puede fingir del todo. Hay microexpresiones que la técnica no alcanza a cubrir.
—Oh, Teddy, qué académico eres —se burló Pung, que estaba sentado cerca junto a Nick—. Aquí todos queremos el contrato para la serie. Mira a Thee y Wave.
A unos metros, Thee intentaba enseñarle a Wave a jugar con una pelota inflable. Wave reía, su cara adorable iluminada por el sol, mientras Thee lo miraba con una devoción que rozaba lo cómico.
—Thee no está actuando —comentó Nick, ajustándose las gafas de sol—. Ese chico está perdido por Wave desde el primer día. Pero Pete... Pete es diferente. Pete compite para ganar.
—Exacto —asintió Phupha, poniéndose de pie y dejando que el agua resbalara por sus músculos—. Y Reeonn es demasiado sensible para este juego. Si Pete lo rompe, yo estaré allí para recoger los pedazos. Al fin y al cabo, a Reeonn siempre le han gustado los chicos altos, ¿no?
En el yate, la comida estaba servida en la cubierta superior: mariscos frescos, frutas tropicales y copas de zumo espumoso. Pete y Reeonn intentaban mantener una conversación fluida para las cámaras, hablando de sus sueños y de lo mucho que significaba para ellos estar en ese proyecto.
—Cuando empecé a bailar —decía Reeonn, pelando un langostino con cuidado—, nunca pensé que terminaría en un reality. Solo quería expresarme. A veces siento que las palabras me fallan, pero el movimiento no.
—A mí me pasa lo mismo con la actuación —respondió Pete, mirándolo fijamente—. Pero contigo, Reeonn, siento que no necesito actuar. Es como si... como si el guion ya estuviera escrito y yo solo tuviera que seguirte.
El director hizo una señal desde detrás de las cámaras para que se acercaran más. Reeonn sintió un pinchazo de irritación. Quería que ese momento fuera suyo, no una instrucción de producción.
—Pete —dijo Reeonn en voz baja, dejando los cubiertos—, ¿podemos ir abajo un momento? Necesito un descanso del sol.
Pete entendió de inmediato. Sabía que "descanso del sol" era el código para "necesito aire de verdad".
—Claro, vamos.
Bajaron a la cabina principal, un espacio lujoso con acabados de madera oscura y sofás de cuero blanco. Solo una cámara fija en la esquina los observaba, pero al menos no tenían al equipo de producción respirándoles en el cuello.
Reeonn se dejó caer en el sofá y suspiró profundamente.
—Phupha dijo algo anoche —soltó de repente, sin preámbulos.
Pete, que se estaba sirviendo un vaso de agua, se tensó.
—Phupha dice muchas cosas, la mayoría de ellas basura para ganar tiempo de pantalla.
—Dijo que tal vez solo estás asegurándote el papel principal —continuó Reeonn, mirando sus propias manos—. Que eres un gran actor y que sabes lo que el público quiere ver.
Pete dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco. Se acercó a Reeonn y se sentó frente a él, obligándolo a levantar la vista.
—¿Tú crees eso? ¿Crees que después de todas las horas de ensayo, de todas las veces que nos hemos quedado despiertos hablando hasta las tres de la mañana, todo ha sido un papel?
—No lo sé, Pete. En este lugar, la línea entre lo que es real y lo que es para el show es muy delgada. A veces me despierto y no sé si te gusto yo o si te gusta la idea de nosotros ganando.
Pete tomó las manos de Reeonn entre las suyas. Sus dedos eran largos y cálidos, y su tacto siempre lograba calmar el caos en el pecho de Reeonn.
—Escúchame bien. Ganar la serie sería increíble, no voy a mentir. Es mi sueño profesional. Pero no vale nada si no es contigo. Si mañana me dijeran que tengo que renunciar al papel para estar contigo de verdad, fuera de estas cámaras, lo haría sin pensarlo.
Reeonn sintió que los ojos se le humedecían.
—¿Lo dices en serio?
—Lo digo tan en serio como que estoy harto de que Phupha intente meterse en tu cabeza. Él sabe que somos la pareja más fuerte, y quiere debilitarnos. No dejes que gane, Reeonn. No nos dejes ganar a nosotros.
Reeonn se inclinó hacia adelante, apoyando su frente contra la de Pete. El espacio entre ellos desapareció, y por un momento, el zumbido de la cámara en la esquina fue solo ruido de fondo.
—Tengo miedo, Pete. Miedo de que cuando esto termine y las luces se apaguen, nos miremos y no sepamos quiénes somos sin el reality.
—Entonces descubrámoslo ahora —susurró Pete.
Se acercó un poco más, sus labios rozando los de Reeonn en un beso que empezó con una duda y terminó con una certeza absoluta. Fue un beso lento, cargado de la sal del mar y de una urgencia que llevaban conteniendo semanas. No era un beso para los fans, ni para el director, ni para ganar puntos. Era un beso de dos chicos que se estaban encontrando en medio de una tormenta de ambición.
Cuando se separaron, Reeonn tenía las mejillas encendidas y una pequeña sonrisa, esta vez real, iluminándole el rostro.
—Creo que eso no estaba en el guion —bromeó Reeonn.
—Al diablo el guion —respondió Pete, abrazándolo con fuerza.
Mientras tanto, de vuelta en la casa, la producción había preparado un giro inesperado para la tarde. Nam y Fifa habían sido llamados al confesionario, y cuando salieron, sus caras eran de pura confusión.
—Chicos, atención —anunció Nam al grupo que seguía en la piscina—. Mañana hay un cambio de dinámica. El director dice que para "probar nuestra versatilidad", las parejas del próximo reto de canto no serán las habituales.
Thee se puso de pie de un salto, soltando la mano de Wave.
—¿Qué? ¿Cómo que no serán las habituales?
—Van a sortear los nombres —explicó Fifa, rascándose la nuca—. Quieren ver cómo funcionamos con otras personas. Dicen que en una serie de televisión, la química debe ser posible con cualquiera del elenco.
Phupha sonrió de una manera que hizo que Wave se estremeciera.
—Vaya, vaya... parece que mi oportunidad ha llegado antes de lo esperado. ¿Te imaginas, Teddy? Tú y yo cantando una balada romántica. O mejor aún... yo y Reeonn.
Wave miró hacia la entrada de la casa, esperando ver regresar el yate. Sabía que esa noticia iba a caer como una bomba. Él se sentía seguro con Thee; Thee era su ancla. La idea de estar con alguien como Phupha o incluso con el reservado Teddy lo aterraba.
—No es justo —murmuró Wave—. Se supone que debemos encontrar a nuestra pareja ideal.
—Precisamente —dijo Nick, que siempre parecía saber más de lo que contaba—. El programa quiere saber si lo que tienen es amor verdadero o solo conveniencia de convivencia. Si puedes cantar una canción de amor mirando a los ojos de alguien más y seguir pensando en tu pareja... entonces es real.
El sol empezó a ponerse, tiñendo el cielo de naranja y violeta. El yate regresó al muelle y Pete y Reeonn caminaron de regreso a la furgoneta que los llevaría a la casa. Iban de la mano, sintiéndose más unidos que nunca, sin saber que la paz les duraría apenas unos minutos.
Al llegar a la Casa de los Sueños, el ambiente era pesado. Los chicos estaban sentados en el salón principal, rodeados de sobres cerrados con sus nombres.
—¡Bienvenidos los viajeros! —exclamó Phupha con una energía falsa—. Espero que hayan disfrutado su cita, porque mañana las cosas van a cambiar drásticamente.
Reeonn miró a Pete, confundido. Nam se acercó y les explicó la nueva regla del intercambio de parejas para el reto de canto.
—¿Un intercambio? —preguntó Pete, su voz subiendo de tono—. Pero Reeonn y yo somos un equipo de canto y baile. Hemos practicado semanas.
—Órdenes de arriba, Pete —dijo Fifa con una mueca de disculpa—. Quieren drama, y nosotros somos los actores.
El director entró en la sala, seguido por dos camarógrafos. En su mano llevaba una urna de cristal.
—Muy bien, chicos. Vamos a hacer el sorteo para el reto de "Voces Cruzadas". El primer nombre decidirá quién elige pareja de entre los que queden.
La sala quedó en un silencio sepulcral. El director metió la mano y sacó un papel.
—Phupha. Tú eliges primero.
Phupha se levantó con una lentitud calculada. Paseó la mirada por la habitación, deteniéndose un segundo en Teddy, luego en Wave, y finalmente clavándola en Reeonn. Pete dio un paso inconsciente hacia adelante, protegiendo el espacio de su compañero.
—Elijo a Reeonn —dijo Phupha con una sonrisa depredadora—. Siempre he querido saber si su voz es tan dulce de cerca como parece desde lejos.
Reeonn sintió que se le helaba la sangre. Miró a Pete, cuyos puños estaban apretados a los costados, los nudillos blancos por la tensión.
—No puedes hacer eso —masculló Pete.
—Son las reglas, Pete —intervino el director—. Reeonn, colócate al lado de Phupha. Pete, tú serás el siguiente en elegir cuando saquemos otro nombre, pero no puedes elegir a Reeonn.
El resto del sorteo fue un borrón para Reeonn. Teddy terminó con Matthis, Thee con Wave (para alivio de ambos, ya que Thee fue el segundo en elegir y no dudó ni un segundo), y Pete terminó con Nick.
Esa noche, la casa no estaba llena de risas. En la habitación que compartían, Pete caminaba de un lado a otro como un león enjaulado.
—Es una trampa —decía Pete—. Phupha va a intentar algo, lo sé. Va a usar el reto de canto para acercarse a ti, para que las cámaras capten algo que no existe.
Reeonn estaba sentado en la cama, todavía procesando el cambio.
—Es solo una canción, Pete. Solo tenemos que ensayar y cantar. No significa nada.
—Significa todo en este programa —replicó Pete, deteniéndose frente a él—. La narrativa que van a editar será "el tercero en discordia". Van a poner música de tensión, van a cortar nuestras reacciones. Reeonn, prométeme que no dejarás que te manipule.
—Pete, mírame —Reeonn se puso de pie y le tomó la cara con ambas manos—. Después de lo que pasó hoy en el yate... ¿realmente crees que Phupha tiene alguna oportunidad? Mi voz es para ti. Aunque se la cante a él, las palabras son tuyas.
Pete suspiró, dejando caer la cabeza sobre el hombro de Reeonn.
—Lo sé. Es solo que odio este juego. Odio que nos usen como piezas de ajedrez.
—Entonces juguemos mejor que ellos —dijo Reeonn con una determinación que sorprendió a Pete—. Si quieren química, les daremos una actuación profesional. Pero cuando las luces se apaguen, tú y yo seguiremos siendo nosotros.
En el pasillo, fuera de la habitación, Phupha pasaba caminando con una toalla al hombro. Se detuvo un momento frente a la puerta cerrada, escuchando el murmullo de sus voces. No necesitaba oír las palabras para saber que Pete estaba furioso. Y eso era exactamente lo que quería.
—Que gane el mejor actor, Pete —susurró Phupha para sí mismo antes de seguir hacia las duchas.
El reto de canto prometía ser el más difícil hasta la fecha. No solo por la técnica vocal, sino por la resistencia emocional de mantener la lealtad en un entorno diseñado para la traición. Mientras Reeonn se dormía esa noche, sentía el peso de la mano de Pete sobre la suya, un ancla en medio de la marea que amenazaba con arrastrarlos.
La Casa de los Sueños se sumió en la oscuridad, pero en las salas de edición, los productores ya estaban frotándose las manos. El capítulo del yate sería el romance perfecto, pero el capítulo del intercambio de parejas sería el que rompería todos los récords de audiencia. El juego de la química estaba a punto de volverse peligroso.