fanfic 2 B.W
El Eco de las Sombras y el Peso de la Sangre
15 de septiembre de 2009 | 06:30 AM | East Highland, California
El sol apenas comenzaba a lamer las siluetas de las casas idénticas de East Highland, tiñendo el cielo de un naranja anémico que, para Benjamin Winchester, se traducía en una frecuencia vibratoria de 480 terahercios. Sus ojos, fijos en el techo de su habitación, no parpadeaban. Había pasado la noche entera procesando el encuentro del callejón. Su cerebro, operando bajo el flujo constante de su hipermente natural, no necesitaba el sueño de la misma forma que un humano promedio. Mientras el resto de la ciudad roncaba, él había diseccionado cada milisegundo de la pelea, cada microexpresión de Cassie Howard y, sobre todo, la anomalía en su propio sistema nervioso.
— Nueva variable detectada: Desarrollo de facultades sensoriales latentes —susurró Benjamin, su voz rompiendo el silencio sepulcral del cuarto—. Origen: Desconocido. Hipótesis A: Genética Winchester. Hipótesis B: Respuesta adaptativa por estrés.
Se levantó de la cama con una fluidez que rozaba lo antinatural. A sus quince años, su cuerpo estaba en una fase de transición extraña. Su estatura de 1.77 metros se sentía sólida, pero sabía que sus músculos estaban empezando a compactarse, preparándose para una expansión que su instinto le decía que llegaría pronto. Se acercó al espejo y observó su reflejo. La mandíbula de John Winchester estaba allí, pero los ojos... los ojos tenían la profundidad analítica de alguien que había vivido mil vidas.
— Estadísticas actuales —dictó mentalmente, viendo los valores flotar en su campo visual—. Fuerza de levantamiento: 65 kg (Humano Promedio). Velocidad: 6.4 m/s (Humano Promedio). Inteligencia: Supergenio. Inteligencia para combate: Dotado (Progreso hacia Maestro: 14%).
Benjamin se vistió mecánicamente: jeans oscuros, una camiseta gris y su sudadera con capucha, su armadura contra el mundo exterior. Antes de salir, su mirada se posó en una vieja caja de madera bajo su cama. Contenía lo poco que Diana le había dejado antes de morir: recortes de periódicos sobre desapariciones inexplicables y un diario con anotaciones en un latín que Benjamin había aprendido a leer en apenas tres horas tras encontrarlo.
— Tu muerte no fue un error de cálculo, mamá —murmuró, sintiendo una punzada de frialdad en el pecho—. Fue una ejecución.
***
07:50 AM | Escuela Preparatoria East Highland
El bullicio de la escuela era una sinfonía de datos innecesarios. Benjamin caminaba por los pasillos, filtrando el olor a desodorante barato, el sonido de los casilleros golpeándose y las hormonas adolescentes que saturaban el aire. Su absorción sensorial estaba al máximo. Podía escuchar a Nate Jacobs discutiendo con su padre por teléfono a cincuenta metros de distancia, en la oficina del entrenador.
— No me importa lo que digas, Nate. Tienes que ser el mejor. No acepto menos —la voz de Cal Jacobs sonaba como un crujido de hielo seco en los oídos de Benjamin.
Benjamin desvió la mirada. No le interesaba el drama edípico de los Jacobs, al menos no por ahora. Su objetivo estaba unos metros más adelante. Cassie Howard caminaba junto a Lexi, su hermana. El aroma a vainilla de Cassie estaba teñido hoy con un rastro metálico: miedo residual.
— Ayer estuviste rara toda la noche, Cass —decía Lexi, ajustándose las gafas—. ¿Segura que no pasó nada cuando fuiste a la tienda?
— Estoy bien, Lexi. Solo... me asusté con un perro, eso es todo —mintió Cassie.
Benjamin analizó su lenguaje corporal. Sus dedos jugaban con el dobladillo de su falda. Mentira nivel básico. Lexi no lo notó, pero él podía ver la dilatación de sus poros. Se adelantó, acelerando su paso para interceptarlas de forma que pareciera casual, un cálculo de trayectoria perfecto.
— Hola, Cassie. Lexi —dijo Benjamin, su voz modulada para sonar amable pero distante, usando su carisma sobrehumano para suavizar su presencia introvertida.
Cassie se sobresaltó, sus ojos azules encontrándose con los de él. Por un segundo, el tiempo pareció dilatarse. Benjamin vio cómo el pulso de ella se aceleraba en la yugular.
— Hola, Ben —respondió ella, y por primera vez, no hubo esa mirada de lástima que solía dar a los "chicos raros". Había algo más. Respeto. O quizás, una fascinación peligrosa.
— ¿Se conocen? —preguntó Lexi, arqueando una ceja.
— Nos cruzamos ayer —dijo Benjamin rápidamente, cortando cualquier explicación detallada—. Solo quería asegurarme de que... llegaste bien a casa. El vecindario se está volviendo un poco impredecible.
— Sí, gracias a ti —susurró Cassie, bajando la voz para que Lexi no escuchara.
En ese momento, una sombra se proyectó sobre ellos. Nate Jacobs se interpuso en el camino, su presencia física intentando reclamar el espacio como un depredador alfa de secundaria.
— ¿Hay algún problema aquí, Winchester? —preguntó Nate, entornando los ojos.
Benjamin activó su análisis instantáneo.
— Nate Jacobs. Estado: Agresivo/Defensivo. Nivel de amenaza: Bajo (Físico), Moderado (Social).
— Ninguno, Nate —respondió Benjamin con una calma irónica que descolocó al atleta—. Solo practicaba el arte perdido de la conversación civilizada. Deberías intentarlo alguna vez, aunque entiendo que requiere un uso de sinapsis que quizás tengas reservado para el fútbol.
Nate dio un paso adelante, su pecho chocando casi con el de Benjamin. La diferencia de masa era evidente, pero Benjamin no retrocedió. Su mente ya había trazado dieciséis formas de incapacitar a Nate usando solo un bolígrafo y la presión de un pulgar en el nervio vago.
— ¿Te crees muy listo, verdad? —siseó Nate.
— No es una creencia, es un hecho estadístico —replicó Benjamin, sosteniéndole la mirada—. Pero no te preocupes, la ignorancia suele ser una bendición. Disfrútala mientras dure.
Nate apretó los puños, pero la campana sonó, rompiendo la tensión. Cassie miró a Benjamin con una mezcla de terror y admiración antes de ser arrastrada por Lexi hacia su clase de Historia.
***
12:15 PM | Cafetería de la Escuela
Benjamin se sentó en una mesa apartada, ignorando la comida plástica de la escuela. Tenía su computadora portátil abierta, pero su mente estaba en otro lugar. Estaba monitoreando las ondas de radio de la policía local mediante una frecuencia que había interceptado.
— Unidad 4, tenemos un 10-54 en el sector de los muelles. Parece otro... montaje —la voz del oficial sonaba temblorosa.
Benjamin se tensó. "Montaje". Esa era la palabra clave que los foros asociaban con Muse. El asesino no solo mataba; creaba instalaciones artísticas con los restos.
— Si Muse está aquí, en la costa oeste, significa que el sindicato de Fisk está expandiendo sus fronteras —razonó Benjamin—. Pero, ¿por qué East Highland? No hay valor estratégico aquí. A menos que...
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un aroma familiar. No era vainilla. Era algo más pesado, como cuero viejo y tabaco de pipa. Levantó la vista y vio a un hombre sentado en la mesa de enfrente. No era un estudiante. Era un hombre de unos cuarenta años, con una gabardina gastada y ojos que parecían haber visto el fin del mundo.
— Tienes los ojos de tu padre, Benjamin —dijo el hombre. Su voz era un barítono profundo que resonó en los huesos de Ben.
Benjamin cerró su computadora de un golpe. Sus instintos se dispararon al rojo vivo.
— ¿Quién es usted? —preguntó, su mano derecha buscando instintivamente un cuchillo que no tenía, pero sus dedos ya calculaban el ángulo para lanzar una bandeja de metal con precisión quirúrgica.
El hombre sonrió débilmente, revelando una cicatriz que bajaba por su cuello.
— Un viejo amigo de John. Me llamo Bobby Singer. Y si estás rastreando a lo que creo que estás rastreando, vas a necesitar algo más que un coeficiente intelectual alto para sobrevivir.
Benjamin analizó al hombre.
— Bobby Singer. Fuerza de levantamiento: 95 kg (Humano — Superior al promedio). Velocidad: 6.0 m/s (Humano Promedio). Inteligencia: Brillante. Inteligencia para combate: Maestro (Cazador). Raza: Humano.
— ¿Cazador? —preguntó Benjamin, dejando que la palabra flotara entre ellos.
Bobby se inclinó hacia adelante, bajando la voz.
— Tu padre te dejó aquí para protegerte de la "vida", chico. Pero la sangre Winchester atrae a las moscas, y ahora mismo, East Highland está llena de ellas. Lo que viste en el callejón ayer... esos hombres no eran solo mafiosos. Trabajaban para algo que usa trajes caros pero tiene alma de demonio.
— Fisk —dijo Benjamin.
— Fisk es solo la punta del iceberg de carne —respondió Bobby—. Hay cosas en estas sombras que no se resuelven con matemáticas, Benjamin. Tu madre lo sabía. Por eso murió.
El mundo de Benjamin se tambaleó. Su hipermente empezó a conectar los puntos a una velocidad vertiginosa. El azufre, las marcas en las paredes, el abandono de su padre... Todo era una red lógica que finalmente cobraba sentido.
— Dígame qué tengo que hacer —dijo Benjamin, su timidez desapareciendo por completo, reemplazada por una resolución gélida.
— Por ahora, sobrevive a la secundaria —dijo Bobby, levantándose—. Y mantén un ojo en esa chica, la Howard. Hay un rastro sobre ella que no me gusta. Algo la está marcando.
Bobby se alejó antes de que Benjamin pudiera hacer más preguntas. Benjamin se quedó solo, procesando la información. Su habilidad de desarrollo de poderes empezó a zumbar de nuevo. Podía sentir cómo sus sentidos se agudizaban. El color de las paredes se volvía más vívido, los sonidos más nítidos.
***
09:00 PM | Apartamento de Benjamin
La noche había caído y Benjamin estaba sumergido en el entrenamiento. No era un ejercicio físico convencional. Estaba en el centro de su sala, con los ojos vendados, escuchando el goteo de un grifo a tres habitaciones de distancia. Estaba tratando de replicar voluntariamente ese estado de "radar" que había experimentado en el callejón.
— Concéntrate —se ordenó a sí mismo—. Filtra el ruido blanco. Encuentra la frecuencia.
De repente, el mundo cambió. La oscuridad de la venda no importaba. Empezó a "ver" la habitación a través de las ondas sonoras que rebotaban en las paredes. El latido de su propio corazón era el metrónomo. Pudo ver la estructura de las tuberías tras el yeso, la posición de cada libro en la estantería, la vibración de una polilla golpeando la ventana.
— Rango de percepción: 5 metros —calculó—. Resolución: Alta.
Pero entonces, algo rompió su concentración. Un grito. No era un grito físico, sino una perturbación en el flujo de aire que sus nuevos sentidos detectaron desde la calle. Salió al balcón, quitándose la venda.
A dos manzanas de distancia, un coche negro estaba estacionado frente a la casa de los Howard. Benjamin no lo pensó. Su cuerpo se movió por puro instinto, ejecutando saltos y acrobacias sobre los tejados con una destreza sobrehumana que nunca supo que poseía.
Llegó a la propiedad de Cassie en menos de dos minutos. Se agazapó en la rama de un viejo roble, observando la ventana de la habitación de ella.
Dentro, Cassie estaba de pie, paralizada. Frente a ella, un hombre flaco, con la piel tan pálida que parecía translúcida y ojos que brillaban con una luminiscencia amarillenta antinatural. No era humano.
— Estadísticas del objetivo —pensó Benjamin, sus ojos brillando en la oscuridad—. Raza: Cambiante / Ghoul (Variante). Fuerza de levantamiento: Humano Máximo (≈300 kg). Velocidad: Sobrehumano (15 m/s). Inteligencia: Animal/Promedio. Inteligencia para combate: Callejeros.
El ser se acercó a Cassie, su mandíbula desencajándose de una forma grotesca.
— Hueles a miedo, pequeña... —siseó la criatura—. Wilson dice que eres el mensaje perfecto.
Benjamin no esperó más. Rompió el cristal de la ventana con un movimiento fluido, entrando en la habitación como un torbellino de precisión. Antes de que la criatura pudiera reaccionar, Benjamin le propinó una patada giratoria en la sien, aprovechando su control muscular perfecto para maximizar el impacto.
La criatura salió despedida contra el armario, rugiendo de dolor.
— ¿Benjamin? —gritó Cassie, encogiéndose en un rincón.
— Quédate atrás, Cassie —dijo él, sin mirarla. Su voz era ahora la de un cazador, fría y carente de duda—. Esto va a ser desagradable.
La criatura se levantó, sus huesos crujiendo mientras se recolocaban. Sus ojos amarillos se fijaron en Benjamin.
— Un Winchester... —gruñó el ser—. Hace mucho que no probamos esa sangre.
— Entonces hoy te vas a quedar con hambre —replicó Benjamin.
La pelea fue una danza de brutalidad y ciencia. Benjamin esquivaba cada zarpazo por milímetros, calculando los puntos de presión del cuerpo no-humano. Sabía que su fuerza física era inferior, así que usó la inercia del enemigo. Agarró el brazo de la criatura y, usando una técnica de judo perfeccionada por su aprendizaje instantáneo, la lanzó a través de la pared de yeso hacia el pasillo.
Benjamin lo siguió, pero la criatura era rápida. Se lanzó sobre él, clavando sus garras en el hombro de Benjamin. El dolor fue intenso, pero Benjamin lo procesó como simple información sensorial. Con su mano libre, sacó un bolígrafo metálico de su bolsillo y lo clavó con precisión quirúrgica en el canal auditivo del monstruo, llegando al cerebro.
La criatura se convulsionó y cayó al suelo, deshaciéndose en un montón de ceniza negra y viscosa.
Benjamin se quedó de pie, respirando con dificultad. La herida de su hombro sangraba, pero algo extraño estaba ocurriendo. Podía sentir sus células trabajando a una velocidad increíble. El tejido empezaba a cerrarse ante sus ojos.
— Factor de curación acelerado —murmuró—. Otra habilidad despertando.
Se giró hacia la habitación. Cassie estaba en la puerta, temblando, mirando las cenizas en el suelo.
— ¿Qué era eso? —preguntó ella, con las lágrimas corriendo por sus mejillas—. Benjamin, ¿qué está pasando?
Benjamin se acercó a ella. Por un momento, quiso volver a ser el chico tímido del instituto, el que solo quería invitarla a salir. Pero sabía que ese Benjamin Winchester había muerto en el momento en que entró por esa ventana.
— El mundo no es lo que creías, Cassie —dijo suavemente, poniendo una mano en su hombro. Su tacto sobrehumano percibió el terror absoluto en ella, pero también una chispa de resiliencia—. Y lamento decirte que ahora tú también eres parte de esto.
***
16 de septiembre de 2009 | 02:00 AM | Ubicación Desconocida
En una oficina lujosa con vistas al horizonte de la ciudad, un hombre de proporciones masivas permanecía sentado tras un escritorio de caoba. Wilson Fisk, conocido por pocos como Kingpin, observaba una pantalla que mostraba el feed de una cámara oculta en la calle de los Howard.
— El chico Winchester ha despertado —dijo una voz desde las sombras. Era una mujer vestida con seda roja, con una belleza letal—. Ha eliminado al recolector con una eficiencia aterradora.
Fisk entrelazó sus dedos gruesos.
— John Winchester fue un problema que logramos exiliar —dijo Fisk, su voz como un trueno distante—. Pero su hijo... su hijo parece tener un potencial que el padre nunca alcanzó. No lo quiero muerto aún, Elektra. Quiero ver qué tan lejos puede llegar antes de que lo rompamos.
— ¿Y qué hay de Muse? —preguntó ella—. Sus "obras" están empezando a llamar demasiado la atención en la zona.
— Deja que el artista trabaje —respondió Fisk con una sonrisa gélida—. Benjamin necesitará un desafío digno de su intelecto. Y Muse es... una musa muy persistente.
***
Benjamin regresó a su apartamento, cojeando ligeramente mientras su hombro terminaba de sanar. Se sentó frente a su computadora y abrió un archivo nuevo.
— Temporada 1, Episodio 1: Finalizado —escribió, aunque solo él podía leerlo—. Cronología: 16 de septiembre de 2009.
Miró por la ventana hacia la ciudad de East Highland. Ya no veía solo luces y sombras. Veía un tablero de ajedrez donde él era la pieza más inesperada.
— Estadísticas actualizadas —notó Benjamin—. Inteligencia para combate: Maestro (Progreso: 22%). Habilidad desbloqueada: Percepción de Radar (Rango 10m).
Cerró los ojos y dejó que el eco de la ciudad inundara su mente. Podía oír el llanto de Cassie a kilómetros de distancia, el rugido de los motores de la mafia y el susurro de algo antiguo y oscuro que se movía en las alcantarillas.
La guerra de Benjamin Winchester acababa de comenzar, y el 2009 iba a ser un año que el mundo sobrenatural nunca olvidaría.