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Isekai en Fnaf

El Eco de las Almas Perdidas

– ¡Yvrir, distracción! –ordenó Michael, mientras el generador púrpura pulsaba con una intensidad alarmante.

– ¡A la orden, Capitán! –respondió Yvrir con su habitual tono juguetón, pero esta vez con un matiz de seriedad.

De repente, una serie de hologramas brillantes y coloridos, que representaban a los animatrónicos de Freddy Fazbear's Pizza bailando y cantando, aparecieron en el sótano. La música alegre y desafinada llenó el espacio, chocando violentamente con la atmósfera sombría y el zumbido ominoso del generador. Los animatrónicos prototipo se detuvieron, sus ojos rojos parpadeando confusamente ante la repentina explosión de luz y sonido.

– ¡Qué diablos...! –exclamó Henry, sorprendido por la distracción. Su atención se desvió por un instante del control remoto y de Michael.

Ese instante fue todo lo que Michael necesitó. Con la velocidad y agilidad de Cat Noir, se lanzó hacia uno de los animatrónicos prototipo. Era una criatura alta y delgada, con garras afiladas y una boca llena de dientes metálicos. Michael no perdió el tiempo en confrontaciones directas. Su objetivo no era destruir, sino deshabilitar.

– ¡Cataclismo! –gritó, tocando la pata del animatrónico con su mano enguantada.

Una energía negra y crepitante se extendió desde su toque. El metal se corroyó y se desintegró en cuestión de segundos, dejando al animatrónico como una pila de chatarra inerte. El olor a metal quemado llenó el aire.

Henry observó con horror. – ¡Imposible! ¡Mis prototipos son indestructibles!

– Nada es indestructible, Henry –respondió Michael, su voz resonando con una frialdad calculada mientras se giraba para enfrentar al segundo animatrónico.

Este segundo prototipo era más robusto, con un blindaje grueso y dos grandes taladros en lugar de manos. Se lanzó hacia Michael, los taladros girando peligrosamente. Michael no se movió. En su mente, una imagen se formó, un patrón de energía, una debilidad.

– ¡Vacío Púrpura! –dijo, extendiendo su mano. El aire a su alrededor se distorsionó, y una esfera de energía púrpura, densa y destructiva, se formó en la palma de su mano.

El animatrónico no tuvo tiempo de reaccionar. El Vacío Púrpura impactó de lleno en su pecho, desintegrándolo por completo en una explosión silenciosa de polvo metálico. Los hologramas de Yvrir parpadearon y se desvanecieron, dejando el sótano en un silencio opresivo, roto solo por el zumbido del generador y la respiración agitada de Henry.

Henry Emily retrocedió, sus ojos llenos de una mezcla de miedo y rabia. – ¡Tú... tú no eres humano! ¡Eres una abominación!

– Soy lo que necesito ser para proteger a los inocentes, Henry –respondió Michael, acercándose lentamente. Su máscara de Foxy parecía más amenazante en la penumbra. – Tus experimentos con almas... esto es depravación.

– ¡No entiendes nada! –gritó Henry, levantando el control remoto. – ¡Este generador no es solo mío! ¡Es una puerta! ¡Una puerta para el poder que me permitirá purificar este mundo de su debilidad! ¡Y nadie, ni siquiera tú, me detendrá!

En ese momento, el generador púrpura emitió un pulso de energía tan fuerte que las luces parpadearon y las jaulas con las almas infantiles temblaron violentamente. Un grito ahogado escapó de una de las jaulas, un sonido de pura agonía que resonó en el corazón de Michael.

– ¡Yvrir, análisis del generador! ¡Rápido! –demandó Michael, ignorando a Henry por un momento.

– ¡La energía está alcanzando niveles críticos! –respondió Yvrir, su voz distorsionada por la urgencia. – ¡Está creando una singularidad, Michael! ¡Una brecha dimensional! ¡Si se abre por completo, la realidad misma podría desgarrarse!

Michael miró a Henry, quien sonreía con una locura fría. – ¡Demasiado tarde, Michael! ¡El proceso ya está en marcha! ¡Pronto, el poder de la oscuridad será mío!

Michael sabía que tenía que actuar. No podía permitirse un enfrentamiento prolongado con Henry. El generador era la prioridad. Con la velocidad de Batman, Michael lanzó una serie de batarangs modificados hacia el generador. Los batarangs, imbuidos con una pequeña carga eléctrica, estaban diseñados para sobrecargar circuitos.

Henry reaccionó. – ¡No lo harás!

Presionó un botón en su control remoto. De las sombras, dos brazos mecánicos gigantes surgieron de las paredes, golpeando el suelo con estruendo. Tenían garras afiladas y ojos rojos que se encendieron. Eran mucho más grandes y resistentes que los prototipos anteriores.

– ¡Mis defensas están activas, Michael! –dijo Henry con una carcajada. – ¡No pasarás!

Michael esquivó el primer golpe de un brazo mecánico, que dejó una abolladura en el suelo de hormigón. El segundo brazo intentó aplastarlo contra la pared. Michael se deslizó por debajo, su mente procesando cada movimiento, cada ángulo, cada debilidad.

– ¡Yvrir, punto débil de los brazos mecánicos!

– ¡Articulaciones hidráulicas en la base del hombro! ¡Blindaje más delgado en la parte interna! –respondió Yvrir al instante.

Michael sacó de su cinturón de herramientas un dispositivo pequeño y esférico. Lo lanzó con precisión milimétrica. El dispositivo se adhirió a la articulación del primer brazo mecánico y explotó con un pulso electromagnético. El brazo se detuvo abruptamente, humeando y chispeando.

El segundo brazo mecánico se lanzó de nuevo. Michael activó su "Técnica Ilimitada", una habilidad de Gojo. El espacio a su alrededor se distorsionó ligeramente, creando una barrera invisible que ralentizó el movimiento del brazo. Aprovechando esa fracción de segundo, Michael lanzó otro dispositivo, que impactó en la articulación del segundo brazo, deshabilitándolo también.

Henry apretó los dientes. – ¡Maldito seas! ¡Siempre tienes un truco!

Michael ignoró a Henry y se dirigió hacia el generador, que ahora brillaba con una intensidad cegadora. Las almas dentro de las jaulas gritaban, sus luces parpadeando débilmente.

– ¡No! –gritó Henry, lanzándose hacia Michael.

Pero Michael fue más rápido. Con un movimiento fluido, sacó su katana de energía, una creación de Yvrir que combinaba la tecnología de Batman con la energía de Cat Noir. La hoja brilló con un resplandor verde esmeralda.

Henry se detuvo en seco, sus ojos fijos en la hoja. – ¿Qué es eso?

– Tu final, Henry –dijo Michael, su voz carente de emoción.

Michael no buscaba matar, pero tampoco podía permitirse que Henry lo detuviera. En un parpadeo, Michael se movió. Henry, a pesar de su intelecto, no era un combatiente. Michael usó el mango de la katana para golpear a Henry en la nuca. Henry cayó al suelo, inconsciente.

Con Henry fuera de combate, Michael se centró en el generador. El zumbido era ensordecedor. La brecha dimensional se estaba abriendo. Podía sentir la presión en el aire, una sensación de desgarro en la realidad.

– ¡Yvrir, ¿cómo lo detengo?! –preguntó Michael, sus ojos azules fijos en la energía púrpura.

– ¡Necesitas canalizar una cantidad masiva de energía inversa en el núcleo! ¡Una fuerza que contraste con la energía de la singularidad! –respondió Yvrir, su voz sonaba aún más urgente. – ¡Piensa en ello como sobreescribir el código!

Michael examinó el generador. Era una maraña de cables y circuitos. El núcleo pulsaba en el centro, rodeado por una jaula Faraday modificada.

– ¡Michael, el tiempo se agota! ¡La brecha está a punto de estabilizarse! –exclamó Yvrir.

Michael sabía lo que tenía que hacer. Era arriesgado, pero no había otra opción. Tenía que usar su poder al máximo, canalizarlo todo en un solo punto.

– ¡Yvrir, prepara una sobrecarga de energía! ¡Voy a usar todo lo que tengo!

– ¡Entendido! ¡Pero ten cuidado, Michael! ¡Una sobrecarga así podría dejarte agotado, o peor!

Michael no dudó. Se acercó al generador, sus manos enguantadas brillando con una energía negra y púrpura, una mezcla de Cataclismo y Vacío Púrpura. Cerró los ojos por un momento, concentrándose. Pensó en Evan, en Elizabeth, en William. En la vida que quería proteger, en el futuro que quería asegurar.

Abrió los ojos. Sus pupilas brillaban con una luz intensa. Colocó ambas manos en el núcleo del generador.

– ¡Liberación de energía inversa! –gritó.

Una oleada de energía, una explosión de luz blanca y negra, surgió de Michael y se canalizó directamente en el generador. El púrpura oscuro del generador chocó con la luz de Michael, creando una batalla de fuerzas. El suelo tembló. Las luces parpadearon y se apagaron por completo, sumiendo el sótano en la oscuridad total, solo iluminado por el conflicto de energías.

Los gritos de las almas infantiles cesaron. Sus luces parpadearon con más intensidad, como si la energía de Michael les estuviera dando un último aliento.

Michael sintió un dolor agudo en su cabeza, como si su cerebro estuviera hirviendo. Su cuerpo temblaba incontrolablemente. La energía era inmensa, casi insoportable. Pero no podía detenerse. No hasta que el generador estuviera deshabilitado.

– ¡Aguanta, Michael! ¡Estás cerca! –la voz de Yvrir era un susurro en su mente, casi ahogada por el estruendo.

Finalmente, con un último y ensordecedor estallido, el generador explotó. No fue una explosión destructiva, sino una implosión de energía. La luz púrpura se contrajo, se encogió sobre sí misma y desapareció por completo, dejando un silencio repentino y absoluto.

Michael cayó de rodillas, jadeando, su cuerpo agotado. La máscara de Foxy se sentía pesada en su rostro. La oscuridad regresó al sótano, solo rota por la tenue luz de las jaulas, que ahora brillaban con menos intensidad, pero con una calma inusual.

– ¡Lo lograste, Michael! –la voz de Yvrir sonaba débil, pero aliviada. – ¡La brecha dimensional se cerró! ¡El generador está deshabilitado!

Michael se quitó la máscara, su rostro pálido y cubierto de sudor. Sus ojos azules estaban cansados, pero había una chispa de determinación en ellos. Se arrastró hacia una de las jaulas.

Las almas infantiles, que antes gritaban de dolor, ahora flotaban en un silencio etéreo. Sus luces eran más suaves, más tranquilas. Una de ellas, la más brillante, se acercó a la jaula.

– Gracias, Michael –una voz suave y etérea resonó en su mente, no audible con los oídos, sino directamente en su conciencia. – Nos liberaste.

Michael sintió una punzada de tristeza. Liberadas, sí, pero aún atrapadas. No podía devolverles la vida, no todavía. Pero podía darles paz.

– No te preocupes –murmuró Michael, levantando la mano hacia la jaula, pero sin tocarla. – Haré todo lo que esté en mi poder para que encuentren su descanso.

Las luces de las almas parpadearon una última vez, como un adiós, y luego comenzaron a desvanecerse lentamente en el aire, elevándose hacia el techo del sótano, como si estuvieran finalmente ascendiendo.

Michael observó, el corazón encogido. Había salvado el mundo de una amenaza dimensional, pero la tragedia de las almas aún pesaba sobre él. Se prometió a sí mismo que Henry Emily pagaría por esto.

Se levantó con dificultad, su cuerpo dolorido. Henry seguía inconsciente en el suelo. Michael sabía que no podía dejarlo allí. Tenía que llevarlo a un lugar seguro, donde pudiera ser interrogado y donde sus planes no pudieran ser retomados.

– Yvrir, activa el protocolo de transporte de emergencia –ordenó Michael.

– ¡Activando! ¡Pero necesito un momento para recuperarme de la sobrecarga! –respondió Yvrir, su voz aún débil.

Michael esperó, apoyándose contra una mesa de laboratorio. Miró las jaulas vacías, el generador destruido. La batalla había terminado, por ahora. Pero la guerra contra Henry Emily y las amenazas multidimensionales estaba lejos de acabar.

Mientras la luz de la luna se filtraba por una pequeña ventana en lo alto del sótano, Michael Afton, el chico que había sido Yasel, el héroe de dos mundos, se preparaba para su próximo movimiento. Sabía que sus hermanos lo esperarían, y que su deber era protegerlos, cueste lo que cueste. La oscuridad siempre acecharía, pero él siempre estaría allí para enfrentarla.