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"La Escama del Destino: Mi vida como la Reina Dragón que no quiere morir".

El Despertar de un Deseo Prohibido

El silencio que siguió a mis palabras fue tan denso que casi podía saborearlo. Los otros aventureros, petrificados por la tensión o por mi pura presencia, no se atrevieron a mover un músculo. Sus ojos se alternaban entre mi figura imponente y la de Marnie, que seguía de pie, inmóvil, como si estuviera anclada al suelo. El rubor en sus mejillas había subido de tono, y su respiración, aunque intentaba controlarla, era visiblemente más rápida.

–¿Qué… qué quieres de mí? –repitió Marnie, su voz apenas un susurro, esta vez cargada de una vulnerabilidad que me resultó extrañamente atractiva.

Una sonrisa lenta y depredadora se dibujó en mis labios. Mis cuernos emitieron un pulso de luz rosada/púrpura, y mi cola se movió con una languidez que invitaba al peligro.

–Ya te lo dije, clériga –respondí, mi voz era un ronroneo que prometía tanto éxtasis como perdición–. Quiero que veas. Que sientas. Que entiendas que el mundo no es tan blanco y negro como te han enseñado. Y quizás, solo quizás, que descubras que la villana no es tan malvada como la pintan. Y que la heroína… tiene sus propios secretos y deseos que esperan ser desvelados.

Di un paso más, acortando la distancia entre nosotras. La luz de sus antorchas bailaba sobre mi vestido translúcido, revelando sutilmente las curvas de mi cuerpo. Pude ver sus ojos azules, grandes y expresivos, fijos en los míos, una mezcla de miedo, fascinación y, me atrevería a decir, un incipiente deseo prohibido. Podía sentir la fuerza de su fe, sí, pero también la corriente subterránea de una curiosidad que había sido reprimida durante demasiado tiempo.

–Tus compañeros te ven como una salvadora, una portadora de luz –continué, mi voz bajando a un susurro casi inaudible para los demás, una invitación íntima solo para ella–. Pero dime, Marnie, ¿qué ve la salvadora cuando se mira al espejo? ¿Ve solo deber? ¿O hay algo más? ¿Una chispa de curiosidad por lo que yace más allá de las fronteras de tu "bien" y "mal"?

Marnie tragó saliva, sus ojos deambularon por mi rostro, deteniéndose en mis labios, luego en mis cuernos flamígeros, y finalmente regresando a mis ojos. Los otros aventureros comenzaron a murmurar, el guerrero empuñaba su espada con más fuerza, pero nadie se atrevía a intervenir. Era un duelo de voluntades, un juego de seducción que se jugaba en un plano diferente al de las espadas y los hechizos.

–Mi deber es proteger a los inocentes –respondió ella, su voz un poco más firme esta vez, como si intentara reafirmar su propósito–. Y tú… tú eres una amenaza.

Una risa suave y gutural escapó de mis labios.

–¿Amenaza? –arqueé una ceja, mis alas se desplegaron un poco más, creando una sombra imponente detrás de mí–. ¿O una oportunidad? Dime, clériga, ¿cuántas veces has sentido el poder de la curación, el alivio que brindas a los demás? ¿Y cuántas veces te has preguntado cómo sería sentir ese mismo poder, no para sanar, sino para… encender? Para despertar algo dentro de ti que nunca supiste que existía.

Extendí mi mano una vez más, mis dedos largos y pálidos, con uñas afiladas que brillaban. No era una amenaza, sino una invitación.

–Ven, Marnie. Déjame mostrarte un mundo que tus escrituras nunca te han revelado. Un mundo de sensaciones, de deseos, de verdades que te harán cuestionar todo lo que crees saber.

Los ojos de Marnie se ensancharon. Pude ver la lucha interna reflejada en su mirada. Su mano, casi por instinto, comenzó a subir, como si quisiera alcanzar la mía. Pero se detuvo a medio camino, su resolución chocando con la tentación.

–¡Marnie, no la escuches! –gritó el guerrero, rompiendo el hechizo del momento–. ¡Es una bruja! ¡Una criatura de la oscuridad!

Mi mirada se volvió glacial, un destello de ira dracónica en mis ojos.

–¡Silencio, insignificante mortal! –mi voz retumbó en la caverna, haciendo que el guerrero retrocediera un paso–. Nadie interrumpe una conversación con la Reina Dragón sin sufrir las consecuencias.

Volví mi atención a Marnie, suavizando mi expresión.

–Ellos no entienden, ¿verdad? –dije, mi voz volvió a su tono seductor–. No entienden la complejidad, la belleza de la oscuridad entrelazada con la luz. No entienden que a veces, para encontrar la verdadera luz, hay que aventurarse en las profundidades de la sombra.

Di otro paso, mis caderas se movieron con una gracia felina, y el vestido se deslizó aún más, revelando la liga enjoyada en mi muslo. Pude ver los ojos de Marnie seguir el movimiento, una chispa de algo más que simple curiosidad.

–Imagínate, Marnie –continué, mi voz era un hilo de seda que la envolvía–. Imagínate liberar ese poder que llevas dentro, no para curar las heridas del mundo, sino para sanar las tuyas propias. Para explorar esos deseos ocultos, esas fantasías que quizás ni siquiera te atreves a nombrar.

Acerqué mi mano lentamente, rozando el aire entre nosotras. Sus ojos se fijaron en la mía con una intensidad casi dolorosa.

–¿Y si te dijera que la "corrupción" de la que te advierten tus libros sagrados es en realidad la liberación? ¿La verdadera expresión de tu ser? ¿Qué pasaría si te dijera que la Reina Dragón puede ofrecerte más placer y conocimiento que todos tus dioses juntos?

Un temblor recorrió el cuerpo de Marnie. Sus labios se abrieron ligeramente, como si quisiera hablar, pero ninguna palabra salía. Estaba atrapada, justo donde quería que estuviera.

–Tus compañeros te ven como un símbolo de pureza –dije, mi voz era un susurro íntimo–. Pero la pureza, a veces, es solo la ausencia de experiencia. ¿No sientes curiosidad por lo que se siente al ser… impura? ¿Al sucumbir a la tentación, a explorar los límites de tu propio placer?

Mis dedos, largos y pálidos, finalmente tocaron su barbilla, levantándola suavemente para que sus ojos se encontraran plenamente con los míos. Pude sentir el calor de su piel, el temblor que la recorría. Sus ojos azules estaban nublados, llenos de una mezcla de conflicto y un deseo incipiente.

–No… no sé de qué hablas –murmuró ella, su voz era apenas un hilo.

Una sonrisa se extendió por mis labios, una sonrisa que prometía un mundo de sensaciones.

–Oh, sí que lo sabes, clériga. Lo sientes. Esa pequeña chispa de curiosidad que se ha encendido en tu corazón. Esa atracción por lo prohibido, por lo desconocido. Por mí.

Acerqué mi rostro al suyo, lo suficiente para que pudiera sentir mi aliento cálido en sus labios. El aroma de mi perfume, una mezcla de incienso y algo salvaje, la envolvió.

–La Reina Dragón no es solo destrucción –susurré, mis ojos fijos en los suyos–. También soy creación. Placer. Y para aquellos lo suficientemente valientes como para abrazar mi oscuridad, ofrezco un éxtasis que ningún dios puede igualar.

Pude ver el conflicto en sus ojos, la lucha entre su deber y esa atracción innegable. Las teorías de los fans no estaban equivocadas. Marnie tenía una fascinación por la Reina Dragón, una que iba más allá de la admiración por una villana. Era una atracción profunda, casi inherente.

Mis dedos se deslizaron de su barbilla a su cuello, acariciando suavemente la piel sensible. Ella cerró los ojos por un instante, un pequeño gemido escapó de sus labios.

–¿Te atreverás, Marnie? –susurré, mi voz era un encantamiento–. ¿Te atreverás a dejar atrás las cadenas de tu fe y explorar la verdadera naturaleza de tu deseo? ¿Te atreverás a ser… mía?

Los otros aventureros, al ver la escena, finalmente reaccionaron. El guerrero gritó, intentando atacar, pero un simple movimiento de mi mano lo lanzó contra la pared de la caverna, dejándolo inconsciente. Los demás quedaron paralizados por el miedo.

Mi atención volvió a Marnie. Sus ojos estaban abiertos de nuevo, mirándome con una intensidad que me hizo sonreír. Había una nueva determinación en ellos, pero no era la determinación de una heroína que se prepara para la batalla. Era la determinación de alguien que está a punto de dar un salto al vacío.

–Yo… –comenzó ella, su voz temblaba–. Yo… quiero entender.

Una sonrisa victoriosa se dibujó en mis labios. Sus palabras eran la música más dulce que mis oídos de dragón habían escuchado.

–Y entenderás, pequeña clériga –dije, mi voz era un ronroneo satisfecho–. Oh, sí que entenderás.

Mis dedos se deslizaron por su cuello, por su hombro, hasta llegar a su brazo. La tiré suavemente hacia mí. Ella no se resistió. Sus ojos seguían fijos en los míos, una mezcla de miedo, excitación y una rendición incipiente.

Su cuerpo, vestido con la túnica blanca de la clériga, se apretó contra el mío. Pude sentir su calor, el latido acelerado de su corazón contra mi pecho. Mi vestido translúcido se movía entre nosotras, un velo que invitaba a la exploración.

–Déjame mostrarte el verdadero poder, Marnie –susurré, mis labios rozando su oreja–. El poder de la conexión, de la pasión, de la entrega. El poder que te hará cuestionar todo lo que crees saber sobre ti misma.

Mis alas se extendieron por completo, envolviéndonos en una sombra estrellada. La luz de la caverna se atenuó, sumergiéndonos en una intimidad casi palpable. Mis cuernos brillaron con más intensidad, y la energía de mi cola crepitó suavemente.

Pude sentir su aliento entrecortado contra mi cuello. Su mano, que había estado a medio camino, finalmente se levantó y se posó tímidamente en mi cintura, un gesto de sumisión y curiosidad.

–Tus dioses te han enseñado a temer la oscuridad –dije, mi voz era un susurro seductor que vibraba a través de su cuerpo–. Pero yo te enseñaré a abrazarla. A encontrar la belleza en sus profundidades, el placer en sus secretos.

Acerqué mis labios a los suyos, mis ojos fijos en los suyos. Pude ver el momento en que su resistencia se rompió, el instante en que la curiosidad y el deseo vencieron al deber. Sus ojos se cerraron lentamente, sus labios se entreabrieron, invitándome.

Y entonces, la besé.

Fue un beso lento, exploratorio, un choque de mundos. La pureza de su alma contra la oscuridad de la mía. El sabor de su inocencia se mezclaba con el regusto de mi poder. Pude sentir un temblor recorrer todo su cuerpo mientras nuestros labios se unían.

Mis brazos la rodearon, atrayéndola aún más cerca, hasta que no hubo espacio entre nosotras. Sus manos se aferraron a mi vestido, arrugando la tela translúcida. El beso se hizo más profundo, más urgente, una danza de lenguas que exploraban cada rincón.

Marnie, la heroína, la clériga pura, estaba sucumbiendo. Y yo, Ethria, la Reina Dragón, estaba disfrutando cada segundo. La sensación de su cuerpo tembloroso contra el mío, la forma en que respondía a mi toque, el gemido ahogado que escapó de sus labios. Todo era una sinfonía de placer.

Sus dedos se deslizaron de mi vestido a mi espalda, sus uñas rasgando suavemente la tela. Pude sentir la electricidad de su toque, el incipiente despertar de su propio deseo. La heroína no solo había sido derrotada, sino que estaba siendo reescrita, su propósito transformado.

Nos separamos, solo por un instante, ambas sin aliento. Sus ojos azules estaban nublados por la pasión, sus labios hinchados y húmedos. El rubor en sus mejillas era ahora un fuego que consumía su rostro.

–¿Lo sientes, Marnie? –pregunté, mi voz era ronca de deseo–. ¿Sientes el despertar? La verdad que tus dioses te negaron.

Ella asintió, incapaz de hablar, sus ojos fijos en los míos con una mezcla de asombro y una adoración incipiente.

–Esto es solo el comienzo –dije, una sonrisa satisfecha se extendió por mis labios. Mis alas se cerraron suavemente a nuestro alrededor, creando un capullo de oscuridad y estrellas–. El verdadero juego, pequeña clériga, acaba de empezar. Y tú… tú eres mi premio.

Mis labios encontraron los suyos de nuevo, esta vez con más urgencia, más posesión. El sonido de los otros aventureros, los murmullos de miedo y los gemidos del guerrero inconsciente, se desvanecieron en un segundo plano. Solo existíamos nosotras dos, la Reina Dragón y la clériga heroína, en un momento de éxtasis prohibido que redefiniría el destino de Aethelgard. La historia había cambiado, y los deseos de la villana estaban a punto de ser cumplidos, de la manera más deliciosa e inesperada posible.