Marvel DC Boys reacciona veno diferente poderes de multiverso
El Legado del Átomo y la Sangre Azul
La pantalla, que hasta hacía unos instantes mostraba la frialdad corporativa de Vought International, comenzó a emitir una estática violenta, un zumbido que parecía vibrar en los huesos de los presentes. Tony Stark, siempre el analista, notó que la frecuencia del sonido no era mecánica, sino biológica.
—Esto es diferente —comentó Tony, frotándose las sienes—. El Compuesto V era una firma química constante, pero esto... esto se siente como una mutación en tiempo real.
—Es el sonido del cambio —respondió la voz incorpórea de la sala—. Han visto el poder creado en un laboratorio por la codicia humana. Ahora verán el poder que nace de la propia evolución. Bienvenidos a la era de los Hombres X.
La imagen se aclaró para mostrar una mansión majestuosa en Westchester, Nueva York. Pero a diferencia de la Torre de los Vengadores o el Salón de la Justicia, este lugar no era un monumento al heroísmo, sino un refugio. La cámara se adentró en los pasillos, revelando a jóvenes que no necesitaban jeringas ni sueros. Una chica atravesaba las paredes como si fueran humo; un joven emitía un brillo dorado por la piel; otro, en un rincón, intentaba controlar el fuego que brotaba de sus dedos.
—Mutantes —susurró Steve Rogers, reconociendo el término de algunos informes marginales de su propio mundo, aunque nunca los había visto a tal escala—. No son experimentos. Nacieron así.
—Exacto, Capitán —dijo la voz—. En este universo, el genoma humano dio un salto. No hubo contratos de marketing, solo el azar de la genética. Pero observen la reacción del mundo.
La pantalla mostró entonces una serie de titulares de periódicos y noticieros. "La Amenaza Mutante", "Ley de Registro de Superhumanos", "Centinelas: Los Guardianes de la Humanidad". La multitud en la pantalla no vitoreaba como lo hacían con Homelander; gritaban insultos, lanzaban piedras y portaban carteles que decían "Dios odia a los mutantes".
—¿Por qué? —preguntó Clark Kent, genuinamente dolido por las imágenes—. Ayudan a la gente. Tienen el poder de hacer el bien. ¿Por qué el mundo les teme más que a ese psicópata rubio de los Siete?
—Porque no pueden controlarlos, Superman —intervino Bruce Wayne, con su voz grave resonando en la sala—. Homelander es un producto. Vought tiene el interruptor de su suministro de V, tiene su imagen, tiene su dinero. Pero estos mutantes... son libres. Y para el sistema, un poder que no se puede comprar ni vender es una amenaza existencial.
Billy Butcher soltó una carcajada amarga, aunque sus ojos no se apartaron de la pantalla.
—Mira eso, Hughie. Es el mismo chiste, solo que con diferente disfraz. Si eres un producto de Vought, eres el "héroe de América". Si naces con el poder de forma gratuita, eres un bicho raro al que hay que encerrar en una jaula o meterle un tiro entre los ojos. El mundo odia lo que no puede facturar.
La escena cambió a un laboratorio oscuro, pero no era de Vought. Era una instalación militar. Un hombre estaba sumergido en un tanque de agua, con cables conectados a su cráneo. Sus garras de metal salían de sus nudillos en un estallido de dolor y sangre.
—Logan —dijo Logan (Wolverine), que había aparecido en una esquina de la sala de cine sin que muchos lo notaran hasta ese momento. Estaba fumando un puro que, milagrosamente, no se consumía—. Ese soy yo. O una versión de mí.
—¿Te hicieron eso? —preguntó Peter Parker, con los ojos muy abiertos por el horror—. ¿Te convirtieron en un arma?
—Lo intentaron, chico —gruñó Logan, exhalando una nube de humo—. La diferencia entre nosotros y los tipos de Butcher es que nosotros no pedimos esto. No hubo un contrato, no hubo un "sí, quiero ser una estrella de cine". Solo hubo dolor y supervivencia.
La pantalla mostró entonces el contraste definitivo. A un lado, los Siete en una rueda de prensa, sonriendo, con maquillaje y luces perfectas. Al otro, los X-Men luchando en las alcantarillas contra robots gigantes diseñados para exterminarlos.
—Aquí está la ventaja de la que hablábamos —dijo la voz—. El Compuesto V da un poder superior en términos brutos, pero es frágil. Si cortas el suministro, el héroe cae. El mutante, sin embargo, es el dueño de su propio destino. Su ventaja no es la fuerza, es la resiliencia.
—Pero están solos —observó Diana Prince—. No tienen el apoyo del gobierno, ni de la policía. Están en guerra con su propia especie.
—Y esa es la parte divertida —dijo Butcher, inclinándose hacia adelante—. Verás, Capitán, tú eres el ideal. Superman es el faro. Pero estos tipos... estos tipos son como nosotros. Marginados. La diferencia es que ellos tienen el poder en la sangre y nosotros tenemos que robárselo a Vought para tener una oportunidad.
La imagen se centró en un hombre en una silla de ruedas, Charles Xavier, y frente a él, un hombre con un casco de metal, Magneto.
—Dos filosofías —explicó la voz—. Uno cree en la coexistencia. El otro cree que la guerra es inevitable. Magneto ha visto lo que los humanos hacen con los que son diferentes. Él sabe que el Compuesto V es solo el siguiente paso en la carrera armamentista de la humanidad contra la naturaleza.
—Magneto tiene razón en algo —dijo Bruce Wayne—. Si el Compuesto V se volviera común, la humanidad no buscaría la paz. Buscaría armas más grandes. Los Centinelas que vemos en pantalla son la respuesta lógica al miedo.
—¿Y qué pasa cuando los mundos se cruzan? —preguntó Tony Stark, su mente trabajando a mil por hora—. Si Vought pusiera sus manos en el gen mutante...
—Eso es lo que verán a continuación —dijo la voz.
La pantalla mostró un experimento secreto. Un científico de Vought, bajo las órdenes de Stan Edgar, analizaba una muestra de sangre de Logan. El líquido azul del Compuesto V se mezclaba con las células mutantes en un microscopio. El resultado fue una reacción violenta, una explosión de energía que destruyó el laboratorio en la pantalla.
—El Compuesto V intenta "estandarizar" el poder —explicó la voz—. El gen mutante es un caos evolutivo. Juntos, son inestables. Pero si alguien lograra estabilizarlos...
—Tendrías a un dios que no necesita una jeringa —concluyó Steve Rogers, con una expresión de profunda preocupación—. Tendrías a alguien con el narcisismo de Homelander y la inmortalidad de un mutante.
—Eso es lo que intentan evitar los X-Men —dijo Logan, apagando su puro en el suelo de la sala—. No luchamos solo por la supervivencia. Luchamos para que tipos como Vought no conviertan nuestra sangre en una puta línea de montaje.
—Es irónico —comentó Butcher, mirando a Logan con un respeto reticente—. Nosotros nos inyectamos esa mierda para matar a los "supers", y ustedes nacen siendo "supers" y lo único que quieren es que los dejen en paz. El mundo está al revés.
—El mundo es lo que nosotros hacemos de él, Butcher —dijo Clark Kent, levantándose—. He visto suficiente. El Compuesto V es una perversión, pero lo que les hacen a los mutantes es una injusticia. Ambos son síntomas de lo mismo: el miedo al poder que no se puede controlar.
—¿Miedo? —Butcher se rió—. No es miedo, Kent. Es envidia. Todo el mundo quiere ser especial hasta que se dan cuenta de lo que cuesta.
La pantalla mostró un último montaje. Los X-Men, heridos y cansados, pero todavía en pie, protegiendo a una humanidad que los odiaba. Y en el otro extremo, Homelander, solo en su torre, mirándose al espejo con una expresión de vacío absoluto, rodeado de frascos vacíos de Compuesto V.
—La ventaja del héroe de verdad —dijo la voz finalizando la sesión— no es el origen de su poder, sino lo que está dispuesto a sacrificar por él. Los mutantes sacrifican su vida normal. Los Vengadores sacrifican su seguridad. La Liga de la Justicia sacrifica su privacidad.
—¿Y los Siete? —preguntó Hughie en voz baja.
—Los Siete sacrificaron su humanidad antes de recibir la primera dosis —sentenció la voz.
Las luces de la sala se encendieron ligeramente, dejando a los héroes y a los cazadores en un silencio sepulcral. Peter Parker miró sus manos, pensando en la picadura de la araña. ¿Había sido el azar, como los mutantes, o un diseño, como el Compuesto V? Al final, se dio cuenta de que no importaba.
—Señor Stark —dijo Peter—, si alguna vez nos encontramos con esos tipos... con los mutantes... creo que deberíamos ayudarlos.
Tony Stark asintió, aunque sus ojos seguían fijos en la pantalla apagada.
—No solo ayudarlos, chico. Tenemos que asegurarnos de que Vought nunca, jamás, encuentre una manera de patentar la evolución. Porque si lo hacen, el multiverso no será más que una tienda de regalos dirigida por psicópatas.
—Bueno —dijo Butcher, rompiendo la tensión mientras se ponía su gabardina—, ha sido una charla encantadora sobre genética. ¿Qué sigue en la cartelera? Porque si no hay explosiones pronto, voy a empezar a cobrar por mi tiempo.
—Sigue la verdad —respondió la voz—. Sigue el momento en que el producto se rebela contra el fabricante. Prepárense para ver la caída de Vought.
Bruce Wayne se reclinó en su asiento, cruzando los brazos. Sabía que lo que vendría sería sangriento. Pero también sabía que, en cualquier universo, el poder sin responsabilidad siempre terminaba de la misma manera: en una pira de su propia creación.
—Que empiece —dijo Batman, y la pantalla volvió a brillar, esta vez con el color de la sangre y el fuego.