multiverso reacciona multiverso
El Eco de la Creación y el Despertar de los Mundos
Tras el desvanecimiento de la figura de Arceus, la pantalla no se apagó. En su lugar, la silueta estelar del Dios Pokémon permaneció como un recordatorio latente en el firmamento de cada realidad. El multiverso, que hasta hace unos instantes era un conjunto de burbujas aisladas, ahora vibraba bajo una misma frecuencia. La tensión en el aire era tan espesa que podía cortarse con un kunai, una espada de energía o un simple batarang.
En el universo de los Shinobis, la conmoción era total. En la oficina del Hokage, Kakashi Hatake observaba los informes que llegaban de todas las aldeas. No solo Konoha había visto la pantalla; la Arena, la Nube, la Roca y la Niebla estaban en estado de alerta máxima.
—Séptimo... —dijo Shikamaru Nara, entrando con paso apresurado y dejando varios pergaminos sobre la mesa—. Esto no es un ataque. Si lo fuera, ya estaríamos muertos. Lo que vimos fue una lección de historia que trasciende nuestro mundo.
Naruto Uzumaki, sentado tras su escritorio, no tenía la expresión alegre de siempre. Sus ojos azules estaban fijos en el cielo a través del ventanal.
—Ese ser, Arceus... —susurró Naruto—. Sentí algo cuando nos miró. No era como el chakra de los Bijū, era algo más antiguo, como si él fuera el dueño del aire que respiramos. Pero lo que más me preocupa es lo que dijo la voz: "la unidad es la única defensa".
—Significa que algo viene, Naruto —añadió Sasuke Uchiha, quien se materializó en un parpadeo de Shunshin—. Algo que no podemos enfrentar solos. Si ese ser necesitó recordarnos nuestro origen, es porque el futuro es incierto.
Mientras tanto, en la ciudad de Metrópolis, el Hombre de Acero descendía lentamente hacia la azotea del Daily Planet. Lois Lane ya lo esperaba, con su libreta en mano pero con los ojos empañados.
—Clark, ¿qué fue eso? —preguntó ella, señalando hacia arriba—. He visto dioses, alienígenas y viajeros del tiempo, pero esto... esto se sintió real de una manera que me asusta.
—Es el peso de la verdad, Lois —respondió Superman, su capa roja ondeando suavemente—. Batman está analizando los datos, pero no creo que encuentre una respuesta científica. He sentido el poder de Rao, pero este Arceus... es como si él fuera la fuente de todas las luces.
En la Atalaya de la Liga de la Justicia, los monitores mostraban ahora algo distinto. La pantalla multiversal había comenzado a proyectar imágenes rápidas, como un caleidoscopio de existencias.
—¡Miren eso! —exclamó Flash, señalando una de las cuadrículas—. ¡Ese chico tiene el pelo de punta y está volando sobre una nube amarilla! Y en ese otro... ¿eso es un barco pirata volador?
—Son ellos —dijo Wonder Woman, cruzando los brazos sobre su pecho—. Los otros hilos del tapiz. El multiverso se está abriendo ante nosotros.
De repente, la pantalla emitió un nuevo pulso. Las imágenes se detuvieron en un solo punto: un planeta azul, muy similar a la Tierra, pero poblado por criaturas de todas las formas y tamaños. El mundo Pokémon.
—Si queremos entender lo que viene, debemos observar el primer mundo —tronó la voz cósmica de nuevo—. Observen el conflicto que puso a prueba la voluntad de la creación.
La imagen se enfocó en una cima nevada: el Monte Corona. Allí, las realidades parecían rasgarse. Dialga y Palkia, los señores del tiempo y el espacio que habían visto nacer hace unos momentos, estaban encadenados por hilos de luz roja. Un hombre de cabello azul y ojos gélidos, vestido con un uniforme gris, sostenía una cadena carmesí.
—¡Cyrus! —gritó un joven en el mundo de los Shinobis, alguien que de alguna manera reconoció la maldad en los ojos del hombre.
—Ese hombre busca rehacer el universo a su imagen —explicó la voz—. Un mundo sin espíritu, sin emociones. Un vacío perfecto.
En el mundo de Dragon Ball, en el planeta de Beerus, el Dios de la Destrucción dejó de comer su ramen y entrecerró los ojos.
—Interesante —comentó Beerus, limpiándose la boca—. Ese mortal está intentando usar el poder de los pilares de la creación para borrar la existencia. Es una falta de respeto total hacia la destrucción profesional.
—Señor Beerus —dijo Whis con una sonrisa enigmática—, fíjese en la energía que emana de esas cadenas. No es energía de ese universo. Es algo... externo.
En la pantalla, la situación en el Monte Corona se volvía crítica. El espacio se retorcía y el tiempo se fracturaba. Los espectadores vieron cómo el cielo se oscurecía, no por nubes, sino por una mancha de antimateria que emergía del suelo. De las sombras, una figura serpentina de ojos rojos y alas negras surgió con un rugido que hizo temblar los cristales en Nueva York y los árboles en la Aldea de la Hoja.
—¡Giratina! —exclamó la voz—. El guardián del Mundo Distorsión. El equilibrio debe mantenerse.
La batalla que siguió dejó a todos los guerreros del multiverso sin aliento. Vieron a un joven entrenador, apenas un niño, enfrentarse a las deidades junto a sus Pokémon. Vieron la valentía de los humanos que no poseían superpoderes, sino solo vínculos de amistad con sus compañeros.
—¡Mira eso, Zoro! —gritó Luffy desde la cubierta del Thousand Sunny—. ¡Ese pequeño ratón amarillo está lanzando rayos como si fuera Enel! ¡Y ese chico no tiene miedo!
—No es solo poder —observó Zoro, apretando la empuñadura de Shusui—. Es voluntad. Ese chico está dispuesto a morir para que su mundo no desaparezca.
En la pantalla, Arceus reapareció por un breve instante sobre el caos. No intervino directamente, sino que su sola presencia estabilizó las dimensiones. Sin embargo, algo estaba mal. En las esquinas de la visión, unas grietas púrpuras comenzaron a extenderse, ajenas a la historia que se estaba contando.
—¿Qué es eso? —preguntó Tony Stark, ajustándose sus gafas holográficas—. Jarvis, amplía el sector 4-G de la pantalla. Eso no parece parte de la "película".
—Señor, los niveles de energía en esas grietas están fuera de la escala —respondió la IA—. Se asemejan a una firma de energía que no pertenece a ninguna realidad registrada.
La voz cósmica cambió su tono. Ya no era solemne y tranquila, sino urgente.
—El pasado es un espejo, pero el presente es una herida. El enemigo del que Arceus nos advirtió no es un dios de su mundo, ni un villano de los suyos. Es la Corrupción del Vacío, aquello que existía antes de que el Huevo Original eclosionara.
La pantalla mostró entonces una imagen aterradora. En un rincón oscuro del multiverso, una masa de sombras sin forma estaba devorando universos enteros. No los destruía como un Supernova, simplemente los borraba, dejando una nada absoluta en su lugar.
—¡Está borrando las líneas de tiempo! —gritó el Doctor Strange desde el Sanctum Sanctorum—. ¡He visto esto en las profecías olvidadas! Si el origen fue una luz, el final es un silencio absoluto.
En ese momento, la pantalla se dividió en tres grandes secciones. En la primera, se veía a los Vengadores y a la Liga de la Justicia reuniéndose en una Tierra que compartía cielos. En la segunda, los ninjas de las naciones aliadas se posicionaban junto a los piratas del Sombrero de Paja y los guerreros Z. En la tercera, los entrenadores Pokémon alzaban sus pokébolas hacia un cielo lleno de naves espaciales.
—La convergencia ha comenzado —declaró la voz—. Ya no son espectadores. A partir de este momento, las barreras entre sus mundos se han debilitado lo suficiente para que puedan cruzar.
—¿Qué? —exclamó Naruto, justo cuando un portal de luz dorada se abría en medio de la plaza de Konoha.
Del portal, salió volando un hombre con una capa roja y un símbolo de esperanza en el pecho. Superman aterrizó suavemente frente al Séptimo Hokage. Ambos se miraron con asombro.
—¿Tú eres de los que aparecieron en la pantalla? —preguntó Naruto, poniéndose en guardia pero sin soltar su instinto amistoso.
—Soy Clark Kent —respondió el kryptoniano, extendiendo una mano—. Y creo que tenemos mucho de qué hablar. Mi mundo está viendo el tuyo en el cielo, y algo me dice que no somos los únicos que han cruzado.
En el Grand Line, el Thousand Sunny fue envuelto por una niebla azulada. Cuando se disipó, ya no estaban en el mar, sino flotando sobre una ciudad futurista llena de héroes con trajes ajustados.
—¡Oigan! —gritó Luffy, estirando su cuello para ver a los Vengadores que se acercaban en un Quinjet—. ¡Ese tipo de la armadura roja se ve increíble! ¡Quiero que se una a mi tripulación!
—¡Luffy, concéntrate! —le gritó Nami, golpeándolo en la cabeza—. ¡Estamos en otro mundo!
La pantalla multiversal lanzó un último destello antes de quedar en un estado de espera, mostrando un mapa interconectado de todas las realidades.
—Arceus dio el primer paso —susurró la voz, que ahora parecía provenir de todas partes a la vez—. Ahora, los hijos de la creación deben defender su derecho a existir. Busquen los Fragmentos del Juicio. Solo unidos podrán cerrar las grietas.
En un lugar más allá del tiempo, en el Salón del Origen, Arceus observaba cómo los hilos se mezclaban. Sabía que el riesgo era inmenso. Si los mundos colisionaban de forma violenta, se destruirían entre sí antes de que el Vacío llegara. Pero si lograban entender que todos eran parte del mismo eco cósmico, tendrían una oportunidad.
—El conocimiento ha sido entregado —pensó el Dios Pokémon, su rueda dorada brillando con intensidad—. Que la voluntad de los mortales supere la oscuridad de la nada.
De vuelta en la Tierra, Bruce Wayne observaba a través de una ventana de la Atalaya cómo un portal se abría en la Luna. De él salía un guerrero con armadura de saiyajin, mirando a su alrededor con una sonrisa feroz.
—Parece que tenemos visitas, Diana —dijo Batman, activando los protocolos de defensa—. Y no creo que vengan a pedir indicaciones.
—No —respondió la Mujer Maravilla, desenvainando su espada—. Vienen porque el destino así lo ha dictado. El multiverso ya no es un mito. Es nuestro campo de batalla.
La pantalla en el cielo cambió una vez más, mostrando un contador que descendía lentamente. Nadie sabía qué pasaría cuando llegara a cero, pero una cosa era segura: el encuentro entre el Dios de los Pokémon y los héroes del multiverso solo era el prólogo de una guerra que decidiría si la luz de la creación seguiría brillando o si el silencio volvería a reinar por toda la eternidad.
—¡Bien! —gritó Goku, quien acababa de aterrizar cerca de la Atalaya tras sentir los niveles de poder—. ¡No sé quiénes son todos ustedes, pero parecen muy fuertes! ¡Espero que podamos entrenar después de salvar el universo!
La risa de Goku resonó en el vacío, un sonido de pura alegría que, por un momento, desafió la oscuridad que acechaba en las sombras del multiverso. La aventura más grande de la existencia acababa de comenzar.