multiverso reacciona multiverso
El Vínculo de Hierro y el Despertar del Aracnoide
—¡Cuidado! —El grito de Tony Stark resonó en la sala, pero fue demasiado tarde para evitar la colisión.
Desde una de las brechas dimensionales que parpadeaban en el techo del cine multiversal, una figura roja y azul salió disparada como un proyectil. No era un aterrizaje heroico; era una caída libre cargada de inercia y confusión. Peter Parker, el asombroso Spider-Man, no tuvo tiempo de lanzar una red ni de adoptar una postura de combate antes de impactar directamente contra el centro de la fila donde se encontraba la Princesa Flama.
El choque fue brutal. Peter cayó con todo su peso sobre Phoebe, derribándola del asiento y arrastrándola hacia el suelo alfombrado. Por un instante, el pánico recorrió a los espectadores. Todos sabían que tocar a la gobernante del Reino del Fuego era, en circunstancias normales, una sentencia de muerte por combustión instantánea.
—¡Peter, apártate! —rugió Steve Rogers, dando un paso adelante con el escudo en alto.
Sin embargo, lo que sucedió a continuación desafió las leyes de la física elemental que todos creían conocer. En el momento del contacto, el cuerpo de la Princesa Flama reaccionó con un estallido de calor blanco, una defensa instintiva que debería haber reducido al joven arácnido a cenizas en un milisegundo. Pero cuando las llamas envolvieron el traje de Spider-Man, algo milagroso ocurrió.
El metal del traje de Iron Spider, la nanotecnología avanzada diseñada por Stark, brilló con una intensidad cegadora. Las llamas no consumieron la tela; fueron absorbidas, canalizadas a través de las fibras de oro y titanio. Peter, aturdido y con el sentido arácnido vibrando como una campana de iglesia, sintió un calor abrasador, pero no el dolor del fuego que devora la carne.
—¡Oh, rayos! ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! —balbuceó Peter, intentando levantarse rápidamente, pero sus manos enguantadas seguían presionadas contra los hombros de Phoebe—. ¡Señorita de fuego, no quería... espera, ¿por qué no estoy gritando de dolor?!
Phoebe, que había cerrado los ojos esperando destruir accidentalmente al intruso, los abrió de par en par. Miró al chico que estaba encima de ella. Vio el reflejo de sus propias llamas bailando en los visores blancos de la máscara de Spider-Man. Sintió la presión de sus manos, una presión física real, no el vacío de algo que se desintegra.
—Tú... —susurró Phoebe, con la voz entrecortada por la sorpresa—. No te estás quemando. Mi fuego... tu armadura lo está sosteniendo.
—¡Tony! —gritó Bruce Banner desde su asiento—. ¡Mira los niveles de absorción térmica del traje de Peter!
Stark estaba boquiabierto, consultando frenéticamente su pantalla holográfica.
—Es el acero... —murmuró Tony, con una mezcla de orgullo científico y puro asombro—. La aleación de metal líquido que le puse a Peter está actuando como un disipador de calor infinito. Está absorbiendo la energía térmica de la Princesa Flama y convirtiéndola en energía cinética de reserva. Peter no solo está sobreviviendo, se está cargando como una batería de sol.
Finn el Humano, que se había quedado paralizado a un lado, soltó un suspiro de alivio tan fuerte que casi se marea.
—¡Tío, eso ha sido matemático! —exclamó Finn, acercándose para ayudar a ambos a levantarse—. Pensé que íbamos a tener que recoger a Spidey con una aspiradora de cenizas.
Peter finalmente logró ponerse de pie, ofreciéndole una mano a Phoebe. La princesa la tomó con cautela. Al contacto, pequeñas chispas saltaron entre el guante metálico y la piel de fuego, pero el vínculo se mantuvo firme. El acero de Stark y el fuego de Ooo habían encontrado un punto de equilibrio.
—Gracias —dijo Phoebe, enderezándose y ajustándose la corona, que brillaba con una intensidad nueva—. Nunca nadie me había tocado con tanta... solidez sin morir. Es una sensación extraña.
—Bueno, suelo tener ese efecto en la gente —bromeó Peter, aunque su voz temblaba un poco por la adrenalina—. Excepto por la parte de no morir, eso suele ser lo habitual. Soy Peter, por cierto. Spider-Man. Y lamento mucho haber caído sobre ti como un meteorito.
—Soy Phoebe —respondió ella, y por primera vez en mucho tiempo, su fuego no parecía una maldición, sino una luz compartida—. Y no te disculpes. Tu traje... es fascinante. Es como si el hierro tuviera alma.
En el otro lado de la sala, los Siete observaban la escena con una envidia mal disimulada. Homelander, que seguía recuperándose de su humillación anterior, apretaba los puños hasta que sus nudillos blanqueaban.
—¿Otro más? —gruñó Homelander—. ¿Cuántos mocosos con disfraces brillantes tiene este multiverso? ¿Y por qué todos parecen tener juguetes que desafían la lógica de Vought?
—Porque ellos no son productos, John —dijo Queen Maeve, mirando con fascinación cómo el traje de Peter brillaba con un tono anaranjado tras la absorción—. Ellos son soluciones. Vought nos dio poderes para vender figuras de acción; esos tipos construyen cosas para sobrevivir a lo imposible.
Billy Butcher se acercó al grupo de héroes jóvenes, observando a Peter con su habitual cinismo, aunque esta vez había un brillo de curiosidad en sus ojos.
—Así que el chico maravilla tiene un traje que no se derrite —dijo Butcher, soltando una nube de humo—. Útil. Muy útil para cuando tengamos que entrar en esa torre de cristal y prenderle fuego a todo.
—Señor, no creo que quemar cosas sea la primera opción —respondió Peter, rascándose la nuca a través de la máscara—. Aunque, viendo lo que esos tipos de Vought le hacen a la gente... entiendo el sentimiento.
La pantalla del cine, que había permanecido oscura durante el incidente, volvió a iluminarse con un estruendo. Esta vez, la imagen no mostraba a los Siete, sino un laboratorio secreto de Vought, uno que incluso Starlight desconocía. En los tanques de clonación, se veían formas humanoides retorcidas, intentos fallidos de replicar habilidades que no pertenecían a ese mundo.
—"El Compuesto V tiene límites" —decía la voz de un científico en la pantalla, un hombre con el rostro oculto por las sombras—. "Necesitamos algo más puro. Algo elemental. Si pudiéramos capturar la esencia de esa entidad de fuego que detectamos en la brecha... podríamos crear el suero definitivo. El Suero Fénix".
Phoebe retrocedió un paso, sus llamas volviéndose azules por el miedo y la indignación.
—Me están buscando —susurró ella—. Quieren convertirme en otra de sus fórmulas.
—No mientras nosotros estemos aquí —dijo Finn, desenvainando su espada con un movimiento decidido.
—Y no mientras yo tenga este traje cargado con tu energía —añadió Peter, cerrando sus puños metálicos. Unos pequeños propulsores en su espalda soltaron un siseo de vapor caliente—. Señor Stark, ¿cuánta carga tengo ahora mismo?
—Peter, estás al cuatrocientos por ciento de tu capacidad normal —respondió Tony, cuyos ojos brillaban con la emoción del combate inminente—. Si lanzas un golpe ahora, podrías mandar a Homelander a dar una vuelta alrededor de la luna sin necesidad de cohetes.
La atmósfera en la sala cambió. La curiosidad inicial y el asombro ante el multiverso se habían transformado en algo más serio: una coalición de resistencia. La caída de Spider-Man sobre la Princesa Flama no había sido solo un accidente cómico; había sido el catalizador de una unión tecnológica y elemental que Vought no podía predecir.
—Escuchad todos —dijo el Capitán América, asumiendo el mando natural de la situación—. Vought ha cruzado una línea. Ya no solo están observando; están intentando cosechar recursos de otros mundos. Peter, Phoebe, Finn... sois el objetivo ahora. Pero también sois nuestra mejor baza.
—¿Qué vamos a hacer, Cap? —preguntó Clint Barton, ajustando su arco.
—Vamos a darles lo que quieren —respondió Steve, con una mirada gélida dirigida a la pantalla—. Quieren ver de qué somos capaces. Pues vamos a darles una demostración que ninguna campaña de marketing podrá ocultar.
De repente, la pantalla mostró una imagen en tiempo real de la sala de cine. Unos drones de Vought, invisibles hasta ese momento, empezaban a materializarse en las esquinas del techo, con sus lentes apuntando directamente a la Princesa Flama y a Spider-Man.
—¡Nos están grabando! —gritó Starlight—. ¡Están extrayendo los datos de la absorción térmica!
—¡Oh, no en mi guardia! —Tony Stark activó su armadura—. ¡Viernes, protocolo de apagado de señal! ¡Nadie transmite desde este cine sin mi permiso!
Peter reaccionó con la velocidad que solo el sentido arácnido y la energía de una princesa elemental podían otorgar. Saltó hacia el techo, sus movimientos eran un borrón de luz naranja. Con una agilidad sobrehumana, disparó redes que no eran de telaraña común, sino de un polímero reforzado con la energía térmica que acababa de absorber.
Las redes impactaron en los drones, fundiendo sus circuitos al instante y pegándolos a las paredes como insectos quemados.
—¡Toma ya! —gritó Finn, saltando sobre una de las butacas—. ¡Eso es lo que yo llamo una limpieza de primavera!
Phoebe, inspirada por la valentía del chico araña, levantó sus manos hacia el techo. No lanzó bolas de fuego, sino que proyectó una onda de calor tan precisa que inutilizó los sensores restantes de los drones sin dañar la estructura de la sala.
—Se acabó el tiempo de mirar —dijo Phoebe, girándose hacia los Siete—. Si queréis ser héroes de verdad, este es el momento. Ayudadnos a cerrar estas brechas o quedaos a un lado mientras nosotros hacemos vuestro trabajo.
Queen Maeve se levantó lentamente, ignorando la mirada de advertencia de Homelander.
—Estoy cansada de ser un anuncio publicitario —dijo Maeve, caminando hacia el grupo de Peter y Phoebe—. Contad conmigo.
—¡Y conmigo! —añadió Starlight, con sus manos brillando con luz blanca—. Vought me quitó la esperanza, pero vosotros me la estáis devolviendo.
Incluso el Joker, desde su rincón oscuro, soltó una carcajada de deleite.
—¡Esto se pone interesante! —exclamó el payaso—. ¡El caos corporativo contra el idealismo adolescente! ¡Hagan sus apuestas, señores! ¡Yo apuesto por el chico de las mallas y la chica cerilla!
La voz del multiverso, profunda y enigmática, resonó una vez más, pero esta vez no era para presentar un universo, sino para dar una advertencia final.
—La convergencia ha comenzado. El acero ha abrazado a la llama, y de esa unión nace una fuerza que ni la ciencia ni la magia pueden contener por separado. Vought International ha despertado a un gigante que no puede comprar.
Peter aterrizó suavemente al lado de Phoebe, con el traje aún emitiendo un suave resplandor dorado. Se quitó la máscara, revelando su rostro joven pero decidido.
—¿Estás bien? —le preguntó a la princesa.
—Mejor que nunca, Peter Parker —respondió ella, y una pequeña sonrisa de complicidad nació en sus labios—. Gracias por caer sobre mí.
—No te acostumbres —bromeó Finn, aunque le dio un pulgar arriba a Peter—. Pero admito que el truco del acero brillante ha sido de lo más "cool".
—Muy bien, equipo —dijo Tony Stark, aterrizando entre ellos con su armadura completa—. Vought cree que tiene el control porque tiene el dinero. Nosotros tenemos el ingenio, el fuego y a un chico que no sabe cuándo rendirse. Yo digo que las acciones de Vought van a caer en picado hoy mismo.
La pantalla mostró un último mensaje antes de dividirse en mil fragmentos de luz: BIENVENIDOS A LA REVOLUCIÓN.
En ese momento, la sala de cine dejó de ser un lugar de observación pasiva. Las paredes empezaron a disolverse, revelando que el nexo multiversal se estaba trasladando directamente al corazón de Nueva York, frente a la Torre Vought. Los héroes de todos los mundos se encontraban ahora en el territorio del enemigo, pero por primera vez, no estaban solos.
—Spider-Man, Princesa Flama —dijo el Capitán América, señalando la cima del edificio—. Ese es vuestro objetivo. Destruid el servidor central. Nosotros os cubriremos desde abajo.
—Entendido, Cap —dijo Peter, poniéndose la máscara de nuevo. Los ojos de la lente se estrecharon con determinación—. Phoebe, ¿me concedes este baile?
—Solo si prometes no pisarme los pies —respondió ella, elevándose en el aire como un fénix de luz pura.
Y así, mientras el multiverso contenía el aliento, el chico de acero y la chica de fuego se lanzaron hacia el cielo, marcando el inicio de una batalla que cambiaría el destino de todos los mundos para siempre. El acero se había quemado, sí, pero de esas cenizas había nacido una aleación inquebrantable: la de la verdadera justicia.