Volver al resumen

Multiverso reacciona multiverso

Llamas de Soberanía y el Vacío de Tinta

El silencio que siguió a la derrota del "borrador" no duró mucho. La biblioteca, ese nexo infinito de madera y papel, parecía tener vida propia, y como cualquier organismo herido, estaba reaccionando. El aire, anteriormente gélido y estático, comenzó a calentarse de forma alarmante. No era el calor acogedor de una chimenea en el complejo de los Vengadores, ni el sol abrasador de los desiertos que Ciri había cruzado. Era un calor furioso, palpitante, que olía a azufre y a ozono.

—¿Soy yo, o alguien subió el termostato a nivel "supernova"? —preguntó Tony, abanicándose con la mano mientras se desabrochaba los primeros botones de su camisa.

Geralt de Rivia, cuyos sentidos mutados eran diez veces más agudos que los de un humano normal, gruñó y llevó la mano al pomo de su espada de plata. Sus ojos amarillos se contrajeron, buscando en la penumbra dorada de los estantes superiores.

—Viene de arriba —advirtió el brujo, su voz vibrando con una tensión animal—. Y no es una criatura de sombras esta vez. Esto es fuego puro.

De repente, una sección de la estantería dedicada a los "Reinos Cardinales" estalló en llamas. Pero no eran llamas normales; eran de un color naranja tan intenso que rozaba el blanco, y en el centro de la deflagración, una silueta femenina descendió lentamente. Sus pies no tocaban el suelo; flotaba sobre una columna de fuego que consumía el aire a su paso. Su piel era de un tono rojizo brillante, y su cabello era una melena de llamas vivas que bailaban con una furia contenida.

—¡Intrusos! —La voz de la recién llegada resonó como el rugido de un incendio forestal—. ¿Quiénes son ustedes y por qué han profanado este santuario con su presencia? ¿Es esto otra trampa de mi padre? ¿O del Rey Helado?

—¡Tranquila, antorcha humana! —gritó Tony, dando un paso atrás mientras el calor empezaba a chamuscar los bordes de la alfombra de terciopelo—. No conocemos a ningún Rey Helado, y a menos que tu padre sea un bibliotecario cósmico con problemas de gestión de ira, dudo que tengamos algo que ver con él.

La joven, que no parecía tener más de dieciséis o diecisiete años en apariencia humana, descendió hasta quedar a la altura de sus ojos. Sus ojos eran cuencas de luz incandescente que analizaban al grupo con desconfianza.

—Señorita, por favor —intervino el Doctor Strange, dando un paso adelante con las manos en alto, mostrando las palmas vacías—. Soy el Doctor Stephen Strange. Estamos aquí por la misma razón que tú, presumo. Hemos sido arrancados de nuestros mundos. Este lugar es un nexo, una biblioteca que contiene todo el Multiverso.

La Reina Flama frunció el ceño, y una pequeña explosión de chispas saltó de sus hombros.

—¿Multiverso? —repitió ella, su tono suavizándose apenas un poco, aunque el calor no disminuía—. Yo estaba en el Reino del Fuego... estaba tratando de gobernar con honestidad, de ser una líder diferente. De pronto, una grieta de color violeta se abrió en mi trono y me succionó.

—A todos nos pasó lo mismo, majestad —dijo Loki, observándola con una mezcla de cautela y una curiosidad casi científica—. Aunque debo decir que su entrada ha sido mucho más... iluminadora que la nuestra.

Peter Parker, que había estado observando desde detrás de una pila de libros, se asomó con timidez.

—Hola... soy Peter. Peter Parker. Eres... eres literalmente fuego, ¿verdad? Eso es asombroso desde un punto de vista termodinámico, aunque probablemente muy difícil para comprar ropa.

La Reina Flama miró al chico, y por un momento, la intensidad de sus llamas disminuyó, tornándose de un naranja más suave.

—Soy Phoebe —respondió ella, aunque luego se corrigió con orgullo—. Soy la Reina Flama. Y si este lugar es una biblioteca, ¿por qué siento que algo está tratando de devorarlo todo?

—Porque así es —respondió Ciri, acercándose a la joven monarca. La protegida de Geralt no parecía intimidada por el calor; había visto cosas peores en sus viajes por el tiempo y el espacio—. Hay una fuerza, una entropía, que está borrando las historias. Acabamos de luchar contra una de esas cosas.

Phoebe miró a su alrededor, notando por primera vez las manchas de tinta negra que aún decoraban algunos de los estantes dañados. Su expresión cambió de la defensiva a una de resolución real.

—Si este lugar contiene la historia de mi pueblo, de Finn, de mis amigos... entonces no permitiré que se convierta en cenizas —declaró la Reina Flama.

—Irónico, viniendo de alguien que está quemando la alfombra —murmuró Tony en voz baja, ganándose una mirada fulminante de Strange.

—Escuchen —dijo el Hechicero Supremo, volviendo al pedestal central donde el gran libro seguía abierto—. La llegada de la Reina Flama no es casualidad. La biblioteca está convocando elementos de poder para defenderse. El fuego es un elemento de purificación y transformación. Phoebe, necesitamos tu ayuda.

—¿Mi ayuda para qué? —preguntó ella, aterrizando finalmente, aunque el suelo bajo sus pies comenzó a humear de inmediato.

—Para sellar las grietas —explicó Strange, señalando hacia el fondo de la sala, donde otra fisura de luz violeta comenzaba a ensancharse—. Mis artes místicas pueden contener la estructura, pero necesitamos una fuente de energía pura para "soldar" los bordes de la realidad. El fuego de tu reino no es fuego ordinario, es esencia vital.

Geralt se acercó a Phoebe, observándola con sus ojos de gato. El brujo siempre había tenido un instinto especial para detectar la naturaleza de los seres mágicos.

—No eres un monstruo —dijo Geralt con su habitual tono seco—. Pero eres inestable. Si pierdes el control, este lugar arderá antes de que las sombras puedan tocarlo.

—Sé controlar mi fuego —replicó Phoebe, desafiante—. He aprendido a no dejarme llevar por la rabia. Al menos, la mayor parte del tiempo.

—Bien —asintió el brujo—. Porque lo que viene ahora va a necesitar toda la disciplina que tengas.

Como si sus palabras hubieran sido una señal, el estruendo regresó. Pero esta vez no fue una sola criatura. De la grieta que Strange había señalado, empezaron a surgir decenas de "borradores". Eran como manchas de aceite que caminaban sobre dos o cuatro patas, sin rostros definidos, solo vacíos hambrientos que avanzaban hacia los estantes, haciendo que los libros se desvanecieran al contacto.

—¡A sus posiciones! —ordenó Tony, buscando desesperadamente algo en los estantes—. ¡Peter, búscame algo que pueda usar como escudo o arma! ¡Cualquier cosa tecnológica!

—¡Señor Stark, aquí hay un libro que dice "Planos de la Civilización Xandariana"! —gritó Peter, lanzándole un pesado tomo con cubiertas de metal líquido.

Tony atrapó el libro y, al tocarlo, el metal comenzó a reaccionar con su nanotecnología residual. En segundos, su brazo derecho estaba cubierto por un guantelete improvisado que brillaba con una luz azul pálida.

—No es una Mark 85, pero servirá —dijo Tony con una sonrisa de suficiencia.

Loki se desvaneció, reapareciendo en lo alto de una escalera de caracol, lanzando dagas de energía verde que inmovilizaban a las sombras. Ciri y Geralt se movieron como un solo ser, un torbellino de acero y plata que cortaba la oscuridad.

Pero eran demasiados. Los borradores se multiplicaban, alimentándose del conocimiento contenido en la biblioteca.

—¡Phoebe, ahora! —gritó Strange, mientras sostenía un escudo de energía que protegía el pedestal central.

La Reina Flama cerró los ojos y respiró hondo. El calor en la habitación aumentó drásticamente. Sus llamas pasaron del naranja al azul, y luego a un blanco cegador.

—¡Aléjense de los libros! —rugió ella.

Extendió sus manos y una ola de fuego purificador barrió el pasillo central. No era un fuego destructor de materia, sino una llamarada de voluntad. Los borradores, al ser tocados por la luz de la Reina Flama, emitieron un chillido sordo y se evaporaron instantáneamente. El fuego de Phoebe no consumía el papel ni la madera de la biblioteca; parecía reconocer lo que pertenecía a la realidad y lo que era una intrusión.

—¡Eso es! —exclamó Peter, saltando de un estante a otro y pateando a una de las sombras hacia la corriente de fuego—. ¡Es como un antivirus gigante!

Sin embargo, el esfuerzo estaba pasando factura a la joven reina. Sus llamas empezaron a parpadear y su expresión mostraba dolor.

—Es... es demasiado —jadeó Phoebe—. La grieta... está succionando mi calor.

Strange se dio cuenta de inmediato. La fisura violeta no solo dejaba entrar a los borradores, sino que actuaba como un sumidero de energía.

—¡Necesita un ancla! —gritó el hechicero—. ¡Alguien que pueda canalizar su energía sin quemarse!

—Yo lo haré —dijo Ciri, teletransportándose al lado de la Reina Flama.

—Ciri, no —advirtió Geralt, decapitando a una sombra que intentaba acercarse—. Es demasiado peligroso.

—Tengo la Sangre Antigua, Geralt —respondió ella con firmeza—. Puedo manejar el poder de los mundos. Phoebe, mírame. Dame tu mano.

La Reina Flama dudó.

—Te quemaré hasta los huesos.

—No lo harás —dijo Ciri con una sonrisa de confianza—. He caminado por el fuego antes.

Cuando sus manos se unieron, una explosión de luz esmeralda y naranja envolvió a ambas mujeres. El poder de Ciri, su capacidad para abrir y cerrar portales, se fusionó con la energía térmica de Phoebe. Juntas, crearon un pilar de energía que se dirigió directamente al corazón de la grieta violeta.

El espacio mismo pareció sollozar. Los bordes de la fisura comenzaron a cerrarse, sellándose con una costura de cristal ardiente. Los borradores restantes, privados de su fuente de energía, se desintegraron en polvo inerte.

Cuando la luz finalmente se apagó, el silencio regresó a la biblioteca. Phoebe y Ciri cayeron de rodillas, agotadas. Geralt fue el primero en llegar a su lado, ayudando a Ciri a levantarse, mientras Peter y Tony se acercaban a la Reina Flama.

—Eso fue... —Peter buscó la palabra adecuada— ...lo más asombroso que he visto en toda la semana. Y vivo con un tipo que se encoge al tamaño de una hormiga.

Phoebe levantó la vista, sus llamas ahora eran apenas un resplandor suave y cálido. Miró a Ciri y asintió con respeto.

—Tu espíritu es fuerte, viajera. No muchos pueden sostener mi mano sin convertirse en humo.

—Tú tampoco lo haces nada mal, Reina —respondió Ciri, recuperando el aliento—. Tienes un fuego muy... honesto.

Tony Stark se acercó al pedestal, donde el gran libro parecía haber pasado a una nueva página.

—Bueno, parece que el equipo de limpieza ha terminado —dijo Tony, mirando los estantes dañados que empezaban a repararse solos—. Pero esto nos confirma una cosa: no estamos solo aquí para mirar diapositivas de nuestras vidas pasadas. Este lugar es un objetivo.

Strange asintió, su rostro sombrío.

—La Reina Flama es un refuerzo necesario, pero la entropía no se detendrá. Alguien, en algún lugar del multiverso, está intentando borrar la existencia misma. Y parece que ha empezado por las historias que nos definen.

—Entonces busquemos a ese alguien —dijo Geralt, envainando su espada—. No me gusta que me utilicen como cebo en una trampa de ratas.

Loki, que había estado inusualmente callado, se acercó a un estante cercano y tomó un libro pequeño de color azul. El título decía: *El Héroe del Tiempo*.

—Quizás —sugirió el dios del engaño con una sonrisa enigmática— debamos dejar de esperar a que ellos vengan a nosotros. Si esta biblioteca es el mapa de todo lo que existe, debe haber una forma de usarla para contraatacar.

Phoebe se puso en pie, sus llamas recuperando su brillo habitual.

—Si hay una batalla por delante, el Reino del Fuego no se quedará atrás. Díganme qué tengo que hacer.

El Doctor Strange miró al grupo. Un vengador, un hechicero, un dios, dos cazadores de monstruos, un adolescente con poderes de araña y una reina de fuego. Era el ejército más extraño y menos probable de la historia de la creación.

—Por ahora —dijo Strange—, descansen. La biblioteca nos ha dado un respiro, pero presiento que el próximo capítulo no será tan fácil de leer.

Tony se sentó en una de las butacas de cuero y suspiró.

—Peter, ¿viste si había algún libro de cocina por aquí? Tengo un hambre que solo un shawarma de otra dimensión podría calmar.

—Creo que vi algo sobre "Gastronomía Intergaláctica" en el pasillo cuatro, señor Stark —respondió el chico con una sonrisa.

Mientras el grupo se acomodaba en la inmensidad de la Biblioteca Infinita, Phoebe se quedó mirando hacia arriba, hacia la neblina dorada que hacía de cielo. Por primera vez en su vida, se sentía parte de algo mucho más grande que su propio reino. Y aunque el miedo a lo desconocido estaba presente, el calor de sus nuevos aliados le daba una esperanza que nunca había sentido.

En el pedestal, el gran libro brilló con una intensidad suave. Las letras de estrellas se reorganizaron, formando una sola frase antes de que las luces se atenuaran:

"El fuego forja la espada, pero es la mano la que define el destino."

La historia del multiverso continuaba, y los nudos de la red estaban empezando a apretarse.