Naruto el relampago.rojo
Las Cicatrices del Nuevo Mundo
El eco de los martillos hidráulicos resonaba en el Gran Puente Naruto, una estructura que ahora simbolizaba algo más que la unión de dos tierras; era el nexo entre la era del chakra y la era del vapor. Naruto Uzumaki observaba el horizonte desde la barandilla, sintiendo el viento salado golpear su rostro. Ya no había una capa de energía protegiéndolo de los elementos, ni el susurro cálido de una bestia con cola en su nuca. Solo era él, su brazo mecánico chirriando levemente y el peso de una paz que se sentía más frágil que el cristal.
—Te ves pensativo, Séptimo —dijo una voz a sus espaldas.
Naruto no necesitó girarse para saber quién era. El sonido de la capa de viaje y ese paso ligero, casi imperceptible, solo podían pertenecer a Sasuke Uchiha.
—Solo pensaba en lo silencioso que está todo, Sasuke —respondió Naruto, soltando un suspiro que se perdió en la brisa—. A veces olvido que ya no puedo sentir a la gente a kilómetros de distancia. El mundo se ha vuelto... grande de nuevo.
Sasuke se colocó a su lado, apoyando su única mano en el metal frío del puente. Su Rinnegan permanecía oculto tras el flequillo, pero su Sharingan estaba activo, analizando las nuevas máquinas que transportaban materiales hacia el País de las Olas.
—El silencio no es malo, Naruto. Significa que no hay intenciones asesinas gritando en el aire —comentó Sasuke con su habitual tono seco—. Pero tienes razón. La tecnología está avanzando más rápido de lo que nuestras leyes pueden manejar. He visto cosas en las fronteras... armas que no necesitan sellos de manos, solo pólvora y odio.
—Lo sé. Kakashi me lo advirtió —dijo Naruto, endureciendo la mirada—. El Sindicato del Hierro no fue un incidente aislado. Hay grupos que creen que, sin ninjas poderosos, el mundo les pertenece. Creen que somos reliquias.
—¿Y no lo somos? —preguntó Sasuke, mirándolo de reojo—. Míranos. Tú has perdido tu conexión con el origen y yo apenas puedo mantener mis técnicas oculares por más de unos minutos sin colapsar. El Arquitecto no nos mató, Naruto. Nos hizo irrelevantes.
Naruto apretó el puño de su brazo mecánico. El metal crujió bajo la presión.
—No somos irrelevantes mientras sigamos dispuestos a proteger a los que no pueden hacerlo —replicó Naruto—. No necesito el chakra de Kurama para saber qué es lo correcto.
Antes de que Sasuke pudiera responder, un estruendo sacudió la base del puente. Una explosión de vapor y fuego brotó de uno de los pilares principales, enviando fragmentos de piedra al mar. El puente vibró violentamente, y los trabajadores gritaron de terror mientras las grúas comenzaban a tambalearse.
—¡Naruto, abajo! —gritó Sasuke, empujándolo justo cuando una ráfaga de proyectiles de metal impactaba en la barandilla donde estaban parados.
Desde el agua, tres barcos acorazados de casco negro emergieron de la niebla. No llevaban banderas de ninguna nación conocida, solo un emblema de un engranaje roto. En sus cubiertas, hombres con armaduras pesadas operaban cañones rotativos que escupían fuego y plomo.
—¡Son ellos! —exclamó Naruto, levantándose con dificultad—. ¡El Sindicato ha vuelto por el puente!
—No vienen a conquistarlo, vienen a destruirlo —observó Sasuke, desenvainando su espada—. Quieren cortar las rutas de comercio. Si las naciones no pueden comunicarse, el orden de la Unión Shinobi se desmoronará.
—¡Tenemos que sacar a los trabajadores de aquí! —Naruto corrió hacia un grupo de civiles atrapados bajo una viga caída—. ¡Sasuke, encárgate de esos barcos!
Sasuke frunció el ceño. Sabía que su reserva de energía era limitada. Sin la capacidad de Naruto para recargarlo o la abundancia de energía natural de antaño, cada técnica era un riesgo.
—No me des órdenes, dobe —masmurró Sasuke, pero ya estaba saltando hacia el vacío.
En el aire, Sasuke activó su Susanoo de forma parcial. El brazo esquelético de color púrpura se manifestó solo por un instante, lo suficiente para desviar una bala de cañón que iba directa hacia él. Aterrizó en la cubierta del primer barco con una elegancia letal. Los guardias dispararon sus rifles, pero Sasuke se movía como un borrón, usando su espada para cortar los cañones de las armas antes de que pudieran disparar.
Mientras tanto, en el puente, Naruto luchaba con la viga de acero. Sus músculos humanos protestaban, y el sudor empapaba su frente. Sin el refuerzo del chakra, el peso era casi insoportable.
—¡Vamos... muévete! —rugió Naruto, hundiendo sus pies en el hormigón.
—¡Señor Naruto, déjenos ayudarle! —Konohamaru y un par de ninjas de la nueva generación aparecieron a su lado.
Incluso ellos se veían agotados; sus reservas de chakra habían sido mermadas permanentemente tras la batalla contra el Arquitecto. Juntos, coordinando su fuerza física, lograron levantar la viga lo suficiente para que los trabajadores escaparan.
—¡Llévenlos al final del puente! —ordenó Naruto—. ¡Yo me encargo de cubrir la retaguardia!
—Pero, Séptimo... ¡usted no tiene...! —Konohamaru se calló al ver la determinación en los ojos de su maestro.
—Todavía tengo mis manos, Konohamaru. ¡Vayan!
Naruto se giró hacia el borde del puente. Un grupo de asalto del Sindicato había subido usando ganchos de anclaje. Vestían trajes reforzados que los hacían parecer tanques humanos. El líder, un hombre con una máscara de gas y un martillo neumático acoplado al brazo, se rió al ver a Naruto.
—Miren al gran héroe —se mofó el hombre, su voz distorsionada por el metal—. El hombre que mató a dioses ahora no es más que un lisiado que apenas puede respirar. ¡Ríndete, Uzumaki! Tu era ha terminado. El hierro es más fuerte que la voluntad.
Naruto se puso en posición de combate. Sus pies estaban firmes, su centro de gravedad bajo. Era la postura básica de la Academia, la que le enseñó Iruka antes de que supiera lo que era un Rasengan.
—El hierro se oxida —dijo Naruto con una calma gélida—. La voluntad no.
El hombre cargó con su martillo, lanzando un golpe que habría pulverizado una roca. Naruto no intentó bloquearlo; se deslizó hacia un lado, sintiendo el aire del impacto rozar su oreja. Usando la inercia del enemigo, Naruto lanzó un golpe con su brazo mecánico directamente a la articulación del martillo. El metal chocó contra el metal con un estruendo de chispas.
—¡Maldito! —el líder intentó agarrarlo, pero Naruto era más rápido.
A pesar de no tener chakra, Naruto conservaba años de experiencia en combate. Sabía leer los movimientos, predecir el peso y encontrar los puntos débiles. Con una serie de golpes precisos de taijutsu, Naruto deshabilitó los mecanismos de la armadura del enemigo, dejándolo vulnerable.
Abajo, en el mar, Sasuke estaba en problemas. El tercer barco había lanzado una red de cables electrificados que anulaban la conducción de energía. Sasuke sentía que su Sharingan parpadeaba.
—Insolentes —siseó Sasuke, sintiendo el sabor de la sangre en su boca.
Cerró el ojo derecho y concentró todo lo que le quedaba en el izquierdo. El espacio alrededor del barco principal comenzó a distorsionarse.
—¡Amaterasu!
Las llamas negras brotaron no sobre el barco, sino sobre el agua misma, creando una barrera de fuego eterno que consumió los motores de las naves. El calor era tan intenso que el metal empezó a retorcerse. Sasuke cayó de rodillas en la cubierta, jadeando, con su ojo izquierdo sangrando profusamente.
—Se acabó —susurró Sasuke, viendo cómo los barcos comenzaban a hundirse.
En el puente, Naruto había derribado al último de los invasores. Estaba exhausto, con la ropa rasgada y varios cortes sangrando en su rostro, pero se mantenía en pie. El líder del Sindicato, despojado de su armadura, lo miraba con puro odio desde el suelo.
—¿Por qué? —escupió el hombre—. ¿Por qué sigues luchando? Ya no eres nada. Podrías haber vivido como un rey en tu aldea, pero eliges sangrar por un puente de mierda.
Naruto se limpió la sangre del labio y lo miró con una tristeza profunda.
—Porque este puente es el camino hacia el mañana. Y si tengo que sangrar para que los niños de mañana no tengan que hacerlo, entonces es un buen trato.
Sasuke regresó al puente usando lo último de su energía para saltar. Se tambaleó, y Naruto lo sostuvo antes de que cayera.
—Estamos hechos un desastre, Sasuke —dijo Naruto con una risa ronca.
—Habla por ti —respondió Sasuke, aunque se apoyó con fuerza en el hombro de su amigo—. Ese último ataque... casi me deja seco. El mundo realmente está cambiando, Naruto. Estas máquinas... no se rinden como los ninjas. No tienen miedo a la muerte porque no tienen alma.
—Por eso tenemos que ser mejores que ellas —dijo Naruto, mirando hacia el horizonte donde el sol empezaba a ponerse—. La tecnología no es el enemigo, Sasuke. Lo es el corazón de quienes la usan para destruir.
Unas horas después, con los refuerzos de Konoha y la Niebla asegurando la zona, Naruto y Sasuke se sentaron en el borde del puente dañado. Sakura llegó poco después, regañándolos mientras usaba lo poco que le quedaba de chakra médico para cerrar sus heridas más graves.
—Son unos irresponsables —decía Sakura con lágrimas en los ojos—. Saben que ya no pueden recuperarse como antes. ¡Podrían haber muerto!
—Pero no lo hicimos, Sakura-chan —dijo Naruto, dándole una palmadita en la mano—. Además, alguien tenía que salvar el puente que lleva mi nombre, ¿no?
Sakura suspiró, terminando de vendar el brazo de Sasuke.
—Kakashi ha enviado un mensaje. El Sindicato del Hierro tiene bases por todo el continente. Esto solo fue una distracción. Están buscando algo, Naruto. Algo que el Arquitecto dejó atrás.
Sasuke levantó la vista, su mirada volviéndose afilada.
—¿El qué?
—Dicen que existe un "Núcleo de Origen" —explicó Sakura—. Una fuente de energía que no es chakra ni vapor. Algo que podría devolver el poder a los antiguos... o dárselo por completo a los que no tienen nada.
Naruto y Sasuke se miraron. La camaradería de mil batallas brilló en sus ojos. Sabían que su descanso había terminado.
—Parece que el mundo no nos dejará ser jubilados todavía —comentó Sasuke, levantándose con dificultad.
—Mejor así —dijo Naruto, poniéndose en pie y ajustándose su protector de frente, que ahora tenía una muesca nueva—. Estaba empezando a aburrirme de tanto silencio.
Mientras caminaban de regreso a la aldea, el sol terminó de ocultarse, dejando paso a una noche estrellada. El mundo era diferente, sí. Ya no había rugidos de bestias ni explosiones de energía que iluminaran el cielo. Pero mientras Naruto caminaba al lado de sus amigos, sintió algo que ninguna técnica de detección podría igualar.
Sintió esperanza. Una esperanza humana, terrenal y pesada, pero más resistente que el acero más fuerte.
—Oye, Sasuke —dijo Naruto mientras cruzaban la frontera del País del Fuego.
—¿Qué quieres ahora, dobe?
—Cuando todo esto termine de verdad... ¿crees que todavía podremos tener esa revancha que me debes?
Sasuke guardó silencio por un momento, observando las luces de Konoha a lo lejos.
—Sin chakra, solo sería una pelea de bar, Naruto. Sería vergonzoso.
—¡Venga ya! ¡Sería legendario! —insistió Naruto con su risa característica.
—Tal vez —concedió Sasuke con una pequeña sonrisa—. Pero solo si tú pagas el ramen después.
Los tres amigos se adentraron en el bosque, sus sombras alargándose bajo la luna. El camino por delante era incierto, lleno de máquinas de guerra y secretos ancestrales, pero mientras estuvieran juntos, el legado del fuego seguiría ardiendo, no en sus manos, sino en sus corazones. Y eso, en este nuevo mundo de hierro y vapor, era el arma más poderosa de todas.