Naruto el relampago.rojo
El Crepúsculo de los Dioses y la Voluntad del Hombre
El Valle del Fin, antaño un monumento a la rivalidad más grande de la historia ninja, se había convertido en un cementerio de mitos. El rugido de la cascada, que durante décadas había servido de música de fondo para los duelos de los elegidos, ahora era un silencio sepulcral, suprimido por la presión gravitatoria que emanaba de la torre dorada.
Naruto aterrizó sobre lo que quedaba de la cabeza de mármol de Hashirama Senju. El Colmillo del Vacío vibraba en su mano derecha, emitiendo un zumbido que parecía devorar el sonido a su alrededor. A su lado, Sasuke desenvainó su espada, cuya hoja ahora estaba envuelta en un aura plateada, un residuo de la energía del Templo del Vacío que su Rinnegan había absorbido y procesado.
—Es extraño —dijo el Arquitecto, flotando en el epicentro del vórtice de luz—. Puedo sentir cómo ese bastón intenta borrar mi presencia. Es un objeto que no debería existir en este plano. Es una cicatriz en mi diseño.
—Tu diseño no cuenta con nosotros —respondió Naruto, apretando el agarre en el bastón negro—. No somos solo energía que puedes reclamar. Somos personas con sueños, con familias... ¡con un camino ninja que no vas a pisotear!
Sin previo aviso, Naruto se lanzó al ataque. No hubo explosiones de humo ni señales de manos. El Colmillo del Vacío le permitía moverse a través de los pliegues del espacio. Apareció instantáneamente sobre el Arquitecto, descargando un golpe vertical. El ser de luz levantó un brazo, interceptando el bastón con una palma desnuda. El choque no produjo ruido, sino una onda de choque visual que distorsionó los colores de la realidad por un segundo.
—Lento —susurró el Arquitecto.
Una ráfaga de energía dorada brotó de su mano, pero Naruto no retrocedió. Giró el bastón, y la vara negra simplemente absorbió el ataque, convirtiéndolo en nada.
—¡Ahora, Sasuke! —gritó el rubio.
Sasuke apareció tras el Arquitecto, con su Susanoo manifestado solo en un brazo gigante que sostenía una hoja de rayos negros. El corte fue horizontal, buscando dividir al ser en dos. El Arquitecto se desvaneció y reapareció a diez metros de distancia, pero para su sorpresa, una pequeña herida sangraba en su mejilla. El líquido no era rojo, sino un oro líquido y brillante.
—¿Sangre? —El Arquitecto tocó la herida con incredulidad—. Han logrado herir la esencia de la creación.
—Esa vara no solo anula el chakra —dijo Sasuke, cuyos ojos sangraban por el esfuerzo de mantener el ritmo—, anula la divinidad. En este valle, ya no eres un dios. Eres solo un enemigo más al que tenemos que derrotar.
El Arquitecto soltó una carcajada que sacudió los cimientos de la tierra. Su forma comenzó a expandirse, perdiendo su silueta humana para convertirse en una entidad de mil alas de luz y sombras. El tercer ojo en su frente se abrió por completo, proyectando una luz roja que tiñó la luna de un color carmesí nefasto.
—Si desean ser tratados como mortales, entonces morirán como tales —sentenció la entidad—. ¡Juicio Final: La Caída del Fruto!
Del cielo empezaron a caer meteoros de energía pura, cada uno con el tamaño de una aldea pequeña. Naruto clavó el Colmillo del Vacío en el suelo y se concentró.
—¡Kurama, dame todo lo que tengas! ¡No importa si duele!
—¡No tienes que pedírmelo, idiota! —rugió la voz del Nueve Colas en su mente—. ¡Hagamos que este tipo se arrepienta de habernos creado!
Un avatar de chakra gigantesco, el zorro de nueve colas pero con tres cabezas y seis brazos, se materializó alrededor de Naruto. En cada una de sus manos, Naruto formó un Rasenshuriken infundido con el poder del vacío. Sasuke, por su parte, fusionó su Susanoo perfecto con el avatar de Naruto, creando una armadura de armamento ancestral que brillaba con una luz violeta y negra.
La combinación de sus poderes creó un escudo que interceptó los meteoros. Cada impacto generaba una explosión que habría borrado un país del mapa, pero Naruto y Sasuke se mantuvieron firmes, avanzando paso a paso hacia la torre dorada.
—¡No podemos seguir así por mucho tiempo! —advirtió Sasuke a través del enlace mental—. El bastón está consumiendo tu fuerza vital, Naruto. ¡Si no terminamos esto en los próximos tres minutos, tu corazón se detendrá!
—¡Entonces lo haremos en dos! —respondió Naruto con una sonrisa feroz—. ¡Prepárate para el ataque final!
El Arquitecto, viendo que sus proyectiles no eran suficientes, descendió al suelo con la fuerza de un cometa. El choque creó un cráter de kilómetros de ancho. En el centro, el ser de luz extendió sus manos, creando una esfera de antimateria que comenzó a succionar todo lo que existía: rocas, agua, aire y chakra.
—Todo vuelve al vacío —dijo el Arquitecto—. Incluso su voluntad.
Naruto sintió que el Colmillo del Vacío tiraba de él, queriendo unirse a la esfera del enemigo. Sus pies se deslizaban por el suelo de piedra. Sasuke clavó su espada en el suelo para anclarse, pero la fuerza de succión era irresistible.
—¡Sasuke, lánzame! —ordenó Naruto de repente.
—¿Estás loco? ¡Te desintegrará antes de que te acerques!
—¡Confía en mí! ¡Usa el Amenotejikara para ponerme justo en el centro de su guardia cuando yo te dé la señal!
Sasuke dudó solo un milisegundo. Sabía que Naruto tenía un plan, uno de esos planes absurdos que solo a él se le ocurrirían.
—Más vale que funcione, Naruto —murmuró el Uchiha.
Sasuke cargó su ojo izquierdo al límite. Naruto se envolvió en una esfera de energía pura, sosteniendo el Colmillo del Vacío con ambas manos por encima de su cabeza. En un parpadeo, Sasuke intercambió la posición de una piedra que volaba hacia el Arquitecto con el cuerpo de Naruto.
Naruto apareció a centímetros del rostro de la deidad. El Arquitecto sonrió, preparando un golpe que borraría la existencia del Uzumaki. Pero Naruto no atacó con el bastón. Lo soltó.
—¿Qué? —exclamó el Arquitecto.
Al soltar el bastón en el epicentro de la succión, el Colmillo del Vacío reaccionó con la esfera de antimateria. Las dos fuerzas opuestas —el vacío absoluto y la creación distorsionada— crearon un punto de singularidad. El tiempo se detuvo.
—¡Ahora, Sasuke! —rugió Naruto, que ahora estaba libre de la carga del bastón.
Naruto formó un Rasengan simple en su mano derecha. No era un Rasenshuriken, no tenía elementos, no tenía el poder de los Seis Caminos. Era el Rasengan que Jiraiya le había enseñado, cargado solo con sus recuerdos y su voluntad humana.
Sasuke apareció a su lado, con un Chidori en su mano izquierda, cargado con la misma simplicidad. Sus manos se tocaron por un instante, uniendo sus técnicas como habían hecho tantas veces en el pasado.
—¡ESTO ES POR EL MUNDO QUE NOSOTROS CONSTRUIMOS! —gritaron ambos.
El ataque combinado impactó en el pecho del Arquitecto justo cuando la singularidad del bastón colapsaba. La explosión no fue de luz, sino de color. Vieron fragmentos de sus vidas: la academia, el equipo 7, la guerra, sus familias. Todo ese "desorden" humano que el Arquitecto despreciaba se convirtió en el arma definitiva.
El Arquitecto emitió un grito que no era de dolor, sino de comprensión. Su forma de luz comenzó a agrietarse, revelando un vacío oscuro en su interior que se llenaba de las emociones de los ninjas.
—Entiendo... —susurró el Arquitecto mientras se desintegraba—. No es el chakra lo que los hace fuertes... es la forma en que lo atan a su propia fragilidad.
Con un último destello blanco, el Arquitecto se desvaneció. La torre dorada se derrumbó como si fuera de cristal, convirtiéndose en una lluvia de chispas que cayeron sobre las Naciones Ninja, devolviendo el chakra que había sido robado a cada ser vivo.
El Valle del Fin quedó en silencio. Naruto y Sasuke cayeron al suelo, exhaustos, sobre los restos de la estatua de Madara. Naruto miró al cielo, donde la luna volvía a su color plateado normal.
—Lo... lo hicimos —jadeó Naruto, tratando de recuperar el aliento—. ¿Sigues vivo, Sasuke?
—A duras penas —respondió el Uchiha, tendido de espaldas, mirando las estrellas—. Has perdido el brazo de nuevo, idiota.
Naruto miró su costado derecho. El Colmillo del Vacío se había desintegrado junto con el brazo protésico que le había dado Tsunade, llevándose consigo la conexión con el arma definitiva.
—Bah, es un precio justo —dijo Naruto con una risa débil—. Al menos todavía tengo el izquierdo para darte un puñetazo si te pones pesado.
Sasuke soltó una risa corta, algo que rara vez hacía. Se quedaron allí, bajo el cielo estrellado, mientras el sol comenzaba a asomar por el horizonte, iluminando un mundo que ya no pertenecía a los dioses ni a los arquitectos, sino a ellos mismos.
—¿Crees que volverá? —preguntó Naruto después de un rato.
—No lo sé —dijo Sasuke—. Pero si lo hace, ya sabe lo que le espera. El mundo ninja no es un jardín que se pueda podar. Es un bosque salvaje.
Unas horas más tarde, las figuras de Kakashi, Sakura y los otros Kages aparecieron en el borde del cráter. Sakura corrió hacia ellos con lágrimas en los ojos, gritando sus nombres. Naruto levantó su única mano sana en señal de victoria, con una sonrisa que iluminaba más que el propio amanecer.
La guerra contra lo divino había terminado. El chakra seguía fluyendo, pero ahora tenía un nuevo significado. No era una herramienta de guerra, ni un error de la creación; era el hilo que los mantenía unidos a todos. Y mientras Naruto caminaba de regreso a casa, apoyado en los hombros de sus amigos, supo que, sin importar qué sombras surgieran en el futuro, la voluntad de fuego brillaría siempre con más fuerza que cualquier luz celestial.
Konoha los recibió no como héroes de una leyenda, sino como hombres que habían regresado de la oscuridad. Y en la oficina del Hokage, Tsunade guardó el mapa de los Uzumaki, sabiendo que, por ahora, el mundo estaba a salvo en las manos de la generación que se atrevió a desafiar al cielo.