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oc x todoroki

El aroma del papel viejo y la tinta fresca

La mañana en la Academia U.A. comenzó con ese tipo de luz dorada que Dani solía describir como "un prólogo esperanzador". Tras haber sido aceptada oficialmente, su uniforme ya no se sentía como un disfraz prestado, sino como una piel propia. Sin embargo, ser parte de la clase 1-A no significaba que el ritmo disminuyera; al contrario, era como haber saltado a un tren en marcha que no tenía intención de frenar.

Dani caminaba por los pasillos con su habitual energía, aunque sus ojos delataban que se había quedado hasta tarde leyendo. En su mochila, además de los libros de texto de física y entrenamiento táctico, llevaba un pequeño recipiente con alfajores de maicena que había preparado la noche anterior. Su filosofía era simple: si vas a enfrentarte a un entrenamiento de combate con Katsuki Bakugo, mejor tener el azúcar en niveles óptimos.

Al llegar al salón, el bullicio la envolvió de inmediato.

—¡Dani! —exclamó Ochaco Uraraka, acercándose con una sonrisa radiante—. ¡Mina y yo estábamos hablando de organizar una tarde de películas en la sala común! Tienes que venir, eres la experta en historias.

—Solo si prometen que no veremos otra de terror donde los protagonistas toman las peores decisiones posibles —respondió Dani, dejando su mochila sobre el pupitre—. Mi corazón de analista no soporta que la gente baje al sótano cuando escucha un ruido extraño. Es una falta de respeto al instinto de supervivencia.

—¡Pero eso es lo divertido! —intervino Mina Ashido, apareciendo de la nada con sus ojos brillantes—. Ver a Kirishima saltar del susto es el mejor entretenimiento de la semana.

Dani soltó una carcajada, pero su mirada se desvió instintivamente hacia el fondo del salón. Shoto Todoroki estaba sentado en su lugar, observando el libro que ella le había prestado el día anterior. No lo leía de forma casual; lo sostenía con una reverencia casi solemne, pasando las páginas con una lentitud que sugería que estaba procesando cada palabra como si fuera un código secreto.

—Parece que tu primer cliente del "Club de Lectura Paredes" está muy concentrado —susurró Tsuyu Asui, apareciendo al lado de Dani con su habitual franqueza—. Kero.

—Es un lector meticuloso —comentó Dani, sintiendo una calidez inexplicable—. Eso es bueno. Los mejores libros requieren que te detengas a respirar entre párrafos.

Minutos después, Aizawa entró al salón en su saco de dormir amarillo, y el silencio cayó como una guillotina. Tras las instrucciones del día, que incluían un entrenamiento de rescate en zonas urbanas, la clase se dispersó hacia los vestidores.

Durante el trayecto, Dani se encontró caminando al lado de Shoto. Él no dijo nada al principio, pero el libro asomaba por la parte superior de su bolso.

—¿Vas por el capítulo tres? —preguntó ella, rompiendo el hielo con la naturalidad de quien pregunta por el clima.

—Voy por el cinco —corrigió Shoto, mirándola de reojo—. No pude dormir mucho. Hay una frase sobre la memoria de los ríos que me recordó a algo que mi madre solía decirme.

Dani sonrió, ajustándose los guantes de su traje de héroe. Su traje era funcional: una combinación de telas resistentes con tonos tierra y detalles en azul, diseñada para la agilidad y la observación.

—La literatura tiene esa mala costumbre de recordarnos cosas que creíamos haber guardado bajo llave —dijo ella—. Pero no es para lastimarnos, Shoto. Es para que el agua no se estanque. Si el agua se queda quieta, se pudre. Si fluye, limpia.

—Eres muy elocuente para ser alguien que acaba de terminar un examen de ingreso de alto riesgo —comentó él, y aunque su tono era neutro, había una chispa de admiración en sus ojos bicolores.

—Es el café peruano, Shoto. Corre por mis venas y me da superpoderes lingüísticos.

El entrenamiento de rescate fue intenso. La zona de simulación estaba llena de escombros y "civiles" (robots y muñecos de prueba) que debían ser extraídos con cuidado. Dani trabajó en equipo con Shoji y Tsuyu. Su Quirk, que le permitía una percepción sensorial aumentada y una capacidad de análisis de trayectorias casi predictiva —fruto de su entrenamiento de observación con Hawks—, fue vital para localizar a las víctimas bajo las estructuras inestables.

—¡Estructura a las diez en punto! —gritó Dani, señalando un bloque de concreto que crujía—. Tsuyu, usa tu lengua para asegurar el soporte izquierdo. Shoji, necesito que confirmes si hay alguien bajo el pilar central. ¡Yo me encargo de la ruta de salida!

Se movía con una gracia que no buscaba el espectáculo, sino la eficiencia. Cada movimiento era calculado, cada orden era precisa. Al final de la sesión, incluso Bakugo, que rara vez reconocía el talento ajeno sin un insulto de por medio, le lanzó una mirada hosca que ella interpretó como un "no lo hiciste tan mal para ser la nueva".

Al terminar la jornada, mientras el sol comenzaba a esconderse tras las montañas que rodeaban la U.A., Dani se sentó en las escaleras de la entrada principal, quitándose las botas de su traje. Estaba agotada, pero se sentía viva.

—Paredes.

Levantó la vista y vio a Shoto. Ya se había cambiado al uniforme escolar y sostenía el libro de Arguedas en la mano.

—Tengo preguntas —dijo él, sentándose a un par de escalones de distancia, manteniendo esa distancia respetuosa que lo caracterizaba.

—Adoro las preguntas. Dispara.

—El protagonista... Ernesto. Se siente solo incluso cuando está rodeado de gente. Entiende el lenguaje de la naturaleza, pero le cuesta entender el de los hombres. —Shoto bajó la mirada hacia la portada—. ¿Por qué elegiste este libro para mí? ¿Es así como me ves?

Dani suspiró suavemente, dejando que el viento le revolviera el cabello. Se tomó un momento para elegir sus palabras, sabiendo que con Shoto, la honestidad era la única moneda válida.

—No es que te vea como alguien solitario por elección, Shoto —explicó ella—. Te veo como alguien que ha tenido que aprender un lenguaje de supervivencia antes que un lenguaje de afecto. Ernesto, en el libro, usa la música y los ríos para conectarse con un mundo que parece rechazarlo. Yo creo que tú usas tu silencio de la misma manera. Pero el silencio también puede ser una prisión.

Shoto guardó silencio, procesando la analogía.

—A veces —continuó Dani—, me recuerdas a un personaje de Jane Austen, pero con mucho más fuego y traumas familiares. Tienes esa rectitud que asusta, pero cuando hablas de tu hermana o cuando te vi ayudar a Midoriya en el festival deportivo... ahí es cuando el libro se abre.

—¿Jane Austen? —preguntó él, confundido por el nombre.

—Otra autora que te haré leer —sentenció ella con una sonrisa traviesa—. Pero volviendo a "Los ríos profundos"... ¿te gustó la parte del zumbayllu? El trompo que parece tener vida propia.

—Sí —admitió Shoto—. Me hizo pensar que los objetos pueden retener la energía de quienes los usan. Como mi lado izquierdo. Durante mucho tiempo pensé que solo era la herencia de mi padre, algo sucio. Pero el libro dice que incluso lo que parece roto puede tener una voz propia si sabes escuchar.

Dani sintió una punzada de emoción en el pecho. Ver a alguien tan hermético como Todoroki abrirse a través de una historia era la mayor recompensa que podía pedir.

—Exactamente —dijo ella, levantándose y sacudiendo su falda—. Tu Quirk no es tu padre. Tu Quirk es tu propio zumbayllu. Tú decides qué música suena cuando gira.

Shoto se levantó también. Se quedaron un momento ahí, en el umbral entre el colegio y los dormitorios, dos jóvenes que venían de mundos opuestos pero que compartían la carga de las expectativas.

—Gracias, Daniela —dijo él, usando su nombre de pila por primera vez. El sonido de su nombre en la voz de Shoto hizo que Dani sintiera un ligero cosquilleo en la nuca—. Por el libro. Y por... observar.

—No hay de qué, Shoto. Pero no te acostumbres a la melancolía literaria. Mañana quiero que pruebes los alfajores que hice. La literatura alimenta el alma, pero el dulce de leche alimenta el espíritu de lucha.

—¿Alfajores? —repitió él, probando la palabra extranjera en su lengua.

—Un manjar de los dioses peruanos. Te veré en la sala común. No llegues tarde o Kaminari se los comerá todos, y no creo que su estómago esté preparado para tanta gloria.

Dani se alejó tarareando una melodía, dejando a Shoto bajo la luz del atardecer. Él miró la nota que ella había dejado dentro del libro una vez más. "No tengas miedo de fluir".

Al llegar a la sala común de los dormitorios, el caos era el habitual. Iida estaba regañando a alguien por dejar los zapatos en medio del pasillo, y Satō estaba sacando algo del horno que olía delicioso. Dani se dirigió a la cocina, pero antes de empezar a repartir sus dulces, se encontró con Izuku Midoriya, quien parecía haber estado esperando por ella.

—¡Dani! —dijo el peliverde, visiblemente emocionado—. Estaba revisando mis notas sobre el entrenamiento de hoy. Tu capacidad para predecir el colapso de las estructuras fue increíble. ¿Es parte de tu Quirk de percepción o es pura técnica de observación?

—Un poco de ambos, Deku —respondió ella, apoyándose en la encimera—. Hawks me hizo pasar horas mirando el tráfico de la ciudad y tratando de adivinar qué coche cambiaría de carril antes de que pusieran la luz de giro. Decía que la mayoría de la gente anuncia sus intenciones con el cuerpo mucho antes de actuar.

—¡Eso es asombroso! —Izuku empezó a murmurar y a escribir frenéticamente en su libreta—. Si combinamos eso con un análisis de entorno...

—Tranquilo, Sherlock —lo interrumpió Dani con una risa, ofreciéndole un alfajor—. Primero come. No puedes salvar el mundo con el estómago vacío.

—Gracias —dijo Izuku, dándole un mordisco—. ¡Esto está increíble! ¿Qué es?

—Perú en un bocado —respondió ella con orgullo.

Mientras la noche avanzaba, la sala común se llenó de risas y conversaciones. Dani se encontró sentada en uno de los sofás grandes, rodeada de sus nuevos amigos. A su izquierda, Uraraka y Tsuyu hablaban sobre los próximos exámenes prácticos; frente a ella, Kirishima y Bakugo discutían (bueno, Bakugo gritaba) sobre la intensidad de las pesas en el gimnasio.

Y en un rincón, un poco apartado pero no aislado, estaba Shoto. Tenía un alfajor en una mano y el libro en la otra. De vez en cuando, levantaba la vista y observaba al grupo. Cuando sus ojos se encontraban con los de Dani, él asentía levemente, un gesto casi imperceptible que para ella significaba más que cualquier discurso.

Dani se sintió profundamente agradecida. Había dejado atrás su hogar, su academia original y la comodidad de lo conocido para lanzarse a un país donde todo era diferente. Había pasado por la presión de un examen final que decidiría su destino, y lo había logrado.

"Es mejor existir, incluso si eso implica sufrir", recordó de nuevo.

Miró a su alrededor. Sí, habría sufrimiento; habría villanos, heridas y días en los que el peso de ser un héroe se sentiría insoportable. Pero mientras hubiera historias que compartir, amigos que proteger y personas que estuvieran dispuestas a leer entre líneas, la existencia valía la pena.

—¡Oye, Dani! —gritó Kaminari desde el otro lado de la sala—. ¡Bakugo dice que el final de esa serie que recomendaste fue basura! ¡Ven a defender tu honor!

Dani se puso de pie, ajustándose las gafas imaginarias con un gesto de suficiencia.

—¡Katsuki Bakugo! —exclamó con tono dramático, ganándose la atención de todos—. Prepárate, porque voy a darte una lección sobre estructura narrativa y desarrollo de personajes que te hará desear haber nacido sin oídos.

—¡Cállate, extra! ¡Solo fueron conveniencias de guion! —rugió Bakugo, aunque no se movió de su sitio, esperando el debate.

Shoto, desde su rincón, cerró el libro y permitió que una sonrisa genuina apareciera en su rostro. La clase 1-A era ruidosa, caótica y a veces agotadora. Pero con la llegada de Daniela Paredes, se sentía como si alguien hubiera encendido una luz en una habitación que antes solo se iluminaba con destellos de fuego y explosiones.

La historia de Dani en la U.A. apenas estaba comenzando, y por primera vez en mucho tiempo, Shoto Todoroki estaba ansioso por leer el siguiente capítulo.