OUR

—Supongo que ahora tendré que unirme —dijo Seonghyeon, deteniéndose justo frente a ellos con una parsimonia que helaba la sangre—. Mi erección no se va a bajar sola después de ver este espectáculo. Juhoon, aún vibrando por el orgasmo que acababa de sacudir sus cimientos, giró la cabeza con lentitud, sin atreverse a soltar el cuello de Keonho. Sus ojos, empañados por una neblina de lascivia y agotamiento, se clavaron en la figura de Seonghyeon. Al bajar la vista y encontrarse con la mano del recién llegado apretando aquel bulto obsceno y rígido bajo la tela de su pantalón, un escalofrío eléctrico le recorrió la columna. La imagen de Seonghyeon, usualmente el epítome de la elegancia y el orden, tocándose de forma tan desvergonzada, fue el detonante que su cuerpo necesitaba para reactivarse. Juhoon entrecerró los ojos, sus labios entreabiertos dejando escapar un vaho caliente mientras el juicio se le escapaba entre los dedos. Sintió cómo su sexo, lejos de calmarse, volvía a latir con una fuerza renovada, derramando un nuevo flujo de deseo que humedeció sus muslos internos. En un acto reflejo, apretó las piernas alrededor de la cintura de Keonho, intentando inútilmente retener el líquido que se deslizaba por su piel. —Ah... —un sonido gutural, a medio camino entre un sollozo y un reclamo, escapó de su garganta. Su rostro era una máscara de perdición; las mejillas encendidas en un carmín profundo, las pestañas húmedas y esa boca entreabierta que invitaba a cualquier pecado. Keonho, que hasta ese momento disfrutaba de su victoria, frunció el ceño al notar la reacción inmediata de Juhoon ante la presencia del otro. Sus manos grandes apretaron la cintura del mayor con una fuerza que rozaba el dolor, marcando su posesividad. —¿En serio, hyung? —gruñó Keonho, su voz cargada de un celo juvenil y amargo—. ¿Basta con que él se toque para que vuelvas a chorrear así? ¿No te fue suficiente conmigo? El maknae se separó del abrazo, rompiendo la unión física para llevarse las manos a su propio miembro, que palpitaba dolorosamente bajo la tela. Obligó a Juhoon a mirarlo, sujetándole la mandíbula con una mano mientras con la otra comenzaba a masturbarse con movimientos rápidos y desesperados. —Mírame bien —le ordenó Keonho con los ojos encendidos—. Mira lo que me haces. Estás tan necesitado que cualquier mano te sirve, ¿verdad, pequeña princesa sucia? Juhoon se mordió el labio inferior con tal fuerza que casi se saca sangre, atrapando un gemido que amenazaba con romper el silencio de la cocina. Ver la mano de Keonho moviéndose con esa urgencia, mientras Seonghyeon los acechaba como un depredador hambriento, lo sumergió en una espiral de placer prohibido. Seonghyeon soltó una risa seca, un sonido que carecía de su habitual dulzura. Se acercó más, invadiendo el espacio personal de ambos hasta que pudo atrapar el mentón de Juhoon entre sus dedos largos y finos. Obligó al mayor a clavar sus ojos en los suyos, ignorando por un momento la rabieta de Keonho. —Keonho tiene razón en algo —murmuró Seonghyeon, su voz limpia ahora teñida de una oscuridad densa—. Juhoon es tan insaciable que un solo hombre nunca será suficiente para llenarlo. Necesitas que dos penes te follen al mismo tiempo para que tu cabecita deje de dar vueltas, ¿verdad? Seonghyeon ladeó la cabeza, observando cómo la pupila de Juhoon se dilataba hasta casi borrar el iris castaño. —Dime, ¿estoy en lo cierto? ¿Quieres que ambos te usemos hasta que no puedas ni recordar cómo te llamas? Juhoon, incapaz de articular una sola palabra coherente, simplemente asintió con la cabeza, dejando que una lágrima de pura sobreestimulación rodara por su mejilla. Keonho, perdiendo la paciencia y el humor, agarró a Juhoon por las axilas y lo bajó del mostrador con un movimiento brusco. Lo giró sin ceremonias, obligándolo a inclinarse hacia adelante contra el mueble de granito. Juhoon soltó una mueca de sorpresa, sus manos buscando apoyo en la superficie fría mientras giraba el cuello para mirar a los dos menores por encima del hombro. La posición era humillante y perfecta: su espalda arqueada ofrecía una vista impecable de su trasero blanco y firme, y de su sexo aún goteante. —Si vamos a hacer esto —dijo Keonho, deslizando una mano por la curva de las nalgas de Juhoon—, tendremos que preparar tu otro agujero. No quiero que te rompas cuando intentemos entrar los dos. Juhoon tembló, un gemido agudo escapando de sus labios ante la perspectiva de ser invadido por partida doble. La idea de ser llenado en su vagina y en su ano simultáneamente le provocó una punzada de placer tan intensa que sus rodillas casi cedieron. —Es mi turno de prepararlo —intervino Seonghyeon, apartando la mano de Keonho con un gesto autoritario—. Tú ya te divertiste bastante mientras yo miraba desde la sombra. Déjamelo a mí. Keonho soltó un suspiro de descontento, pero asintió, dando un paso atrás. En un silencio sepulcral, solo roto por el sonido de las telas rozando contra la piel, ambos menores se despojaron de su ropa. Seonghyeon se deshizo de su elegancia con una eficiencia fría, revelando un cuerpo de músculos largos y fuertes, mientras Keonho exhibía su complexión atlética y pulida, su piel aún brillante por el sudor de la excitación previa. Ya desnudos, Seonghyeon se pegó a la espalda de Juhoon, mientras Keonho se posicionaba frente a él, obligándolo a mantener el torso erguido para que sus pechos chocaran. El contacto de piel con piel fue como una explosión térmica. Seonghyeon comenzó a depositar besos hambrientos en el hombro de Juhoon, sus labios succionando la carne tierna mientras sus manos amasaban las nalgas del mayor con una fuerza posesiva. —Estás temblando, princesa —susurró Seonghyeon al oído de Juhoon, su aliento enviando una descarga de estática por todo el cuerpo del mayor—. ¿Tanto miedo tienes de lo que te vamos a hacer? Seonghyeon bajó una mano, deslizando los dedos por la raja del sexo de Juhoon. Recogió el lubricante excesivo que se acumulaba allí, una mezcla viscosa y caliente que se deslizaba por los muslos del mayor como hilos de seda. Al sentir el tacto invasivo, Juhoon soltó un sonido quebrado, una mezcla de placer y vergüenza. —Dios... —suspiró Seonghyeon al notar la cantidad de fluido que empapaba su mano—. Pareces una fuente, Juhoon. Tu coño no para de soltar esta mierda por nosotros. Estás tan jodidamente sucio por dentro, ¿verdad? Seonghyeon lamió la zona de su boca, sus ojos fijos en cómo Keonho observaba la escena con la mandíbula apretada. El menor de los tres, al notar que los dedos de Seonghyeon ya estaban cubiertos por la esencia de Juhoon, bajó sus propias manos hasta las nalgas de su hyung. Las separó con firmeza, revelando el pequeño anillo rosado de su ano, que se contraía rítmicamente ante la exposición. —Qué servicial eres, Keonho —se burló Seonghyeon, aunque su voz carecía de verdadera malicia, concentrado como estaba en la tarea de lubricar la entrada trasera de Juhoon con sus propios fluidos. Keonho le lanzó una mirada asesina, pero no soltó el agarre. (Sobreescrube esto, el capítulo está completo. Yo después te diré como continuar el siguiente capitulo).

Personajes

Juhoon Seonghyeon Keonho