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Owen recarnando en Game Shakers

El Bebé-Equipo de Rescate

La despedida de Double G y Bunny fue emotiva. Owen, en su forma de bebé, se aferraba a Lindsay, quien lo mecía con cariño. Los demás se sentían aliviados de haberlo encontrado, pero la incertidumbre del regreso flotaba en el aire. Sabían que Chris era impredecible, y su "máquina rejuvenecedora" había demostrado ser más un portal interdimensional con efectos secundarios extraños.

– Bueno, Owen, hora de volver a casa –dijo Gwen, con una sonrisa forzada.

– ¡Goo-goo-ga-ga! –balbuceó Owen, que en su mente significaba: "¡Sí, por favor! ¡Quiero mis papas fritas gigantes y mi cuerpo de adolescente!"

Harold sacó su medidor de energía mística.

– La señal residual del portal de Chris sigue activa. Si nos apresuramos, podríamos regresar por donde vinimos.

– ¡Pues vamos! –exclamó Duncan, impaciente. – No quiero pasar otro minuto en esta ciudad apestosa.

El grupo se dirigió al callejón donde habían aterrizado, un lugar oscuro y solitario, perfecto para una escapada interdimensional. Gwen sostuvo a Owen en sus brazos mientras Harold ajustaba su medidor, intentando sintonizar las coordenadas de la isla Wawanakwa. Noah revisaba sus cálculos mentales, Lindsay tarareaba una canción infantil a Owen, y Duncan impaciente daba golpecitos con el pie.

– ¡Listo! –anunció Harold, con un brillo en los ojos. – El portal debería abrirse en… ¡ahora!

Un haz de luz multicolor comenzó a materializarse en el centro del callejón, vibrando y zumbando. Era similar al portal que había traído a Owen, pero con una intensidad mayor, como si la máquina de Chris estuviera funcionando a toda máquina.

– ¡Rápido, antes de que se cierre! –gritó Gwen.

Uno a uno, el grupo saltó hacia el portal. Harold fue el primero, seguido por Noah. Luego, Gwen, quien aún sostenía a Owen. Duncan se preparaba para saltar cuando una ráfaga de energía inesperada emanó del portal, envolviéndolo por completo.

– ¡Rayos! –exclamó Duncan, antes de desaparecer en el haz de luz.

Lindsay, que iba última, se detuvo un momento, asustada por el estallido de energía.

– ¡Lindsay, vamos! –gritó Gwen desde el otro lado del portal.

Con un pequeño grito, Lindsay saltó, desapareciendo también en la luz.

La sensación fue indescriptible. Una mezcla de vértigo, hormigueo y una extraña sensación de estiramiento. Cuando la luz se disipó y abrieron los ojos, se encontraron de nuevo en la isla Wawanakwa, en el mismo lugar donde Owen había desaparecido.

Chris estaba allí, frotándose las manos con una sonrisa maliciosa.

– ¡Vaya, vaya! ¡Miren quién regresó! ¡Y con el bebé Owen! ¡Sabía que no me defraudarían!

Pero algo andaba mal. Gwen sintió un extraño peso en sus brazos, más ligero de lo que esperaba. Miró hacia abajo y sus ojos se abrieron de par en par. En lugar de Owen, sostenía un pequeño bulto rosado envuelto en una manta.

– ¡Chris! –exclamó, su voz sonando extrañamente aguda y pequeña. – ¡¿Qué demonios hiciste?!

Chris parpadeó, confundido por la voz. Luego, miró al grupo.

Lo que vio lo dejó boquiabierto.

Frente a él, donde antes había cinco adolescentes, ahora había cinco bebés.

Gwen, con su cabello azul ahora en mechones finos y su cuerpo diminuto, balbuceaba con furia.

Noah, con sus gafas ahora demasiado grandes para su pequeña cara, intentaba ajustarlas con sus diminutos dedos, con una expresión de pura incredulidad.

Harold, con su pañal sobresaliendo por debajo de su ropa de bebé, intentaba leer su medidor de energía, que era casi tan grande como él.

Lindsay, con sus ojos grandes y azules, miraba a su alrededor con una sonrisa de pura confusión, sus pequeños dedos jugando con un mechón de su cabello rubio.

Y Duncan… Duncan era un bebé gruñón. Su pequeño rostro estaba arrugado en una mueca de enfado, y sus balbuceos sonaban más a quejidos.

– ¡Rayos! –exclamó Duncan, su voz una versión infantil de su gruñido habitual.

Chris se echó a reír a carcajadas.

– ¡Esto es oro puro! ¡El equipo de rescate se convirtió en el equipo de... ¡bebés! ¡Mi programa va a tener los ratings más altos de la historia!

Gwen intentó levantarse, pero sus pequeñas piernas no le respondieron. Cayó hacia adelante, soltando un pequeño grito de frustración.

– ¡Chris, reviértelo ahora mismo! –exigió, su voz sonando como un chirrido.

– ¡Goo-goo-ga-ga! –balbuceó Owen, que ahora era el único adolescente en el grupo, y que miraba a sus amigos con una mezcla de sorpresa y diversión. En su mente, pensaba: "¡Vaya! ¡Ahora soy el más grande! ¡Esto es genial! ¡Pero me pregunto si los bebés pueden comer papas fritas!"

Noah, con un suspiro infantil, se recostó en el suelo, sus pequeños brazos cruzados.

– Mi hipótesis es que la sobrecarga de energía del portal, combinada con la inestabilidad inherente de la máquina de Chris, causó una reversión de edad en cascada. Un efecto dominó cuántico, si se quiere.

– ¡¿Eh?! –balbuceó Lindsay, que estaba intentando meterse el pie en la boca.

– ¡Significa que Chris nos hizo bebés también! –explicó Gwen, con un tono exasperado.

Duncan intentó golpear a Chris con su pequeño puño, pero solo logró balancearse y casi caerse.

– ¡Te juro que te voy a patear el trasero, McLean! –gruñó, su voz de bebé haciendo que la amenaza sonara más adorable que intimidante.

Chris, que apenas podía contener la risa, se secó una lágrima.

– ¡Lo siento, pequeños! Parece que la máquina tiene algunos... efectos secundarios no deseados. Pero no se preocupen, ¡lo arreglaré! ¡Eventualmente! Mientras tanto, ¡tendrán que acostumbrarse a la vida de bebés! ¡Y no se preocupen por Owen! ¡Él es el único que regresó a la normalidad!

Todos miraron a Owen, quien ahora era el adolescente más grande y ruidoso de la isla. Owen sonrió, un poco avergonzado.

– ¡Hola, chicos! ¡Vaya, se ven... pequeños!

Gwen lo fulminó con la mirada.

– ¡Owen, ayuda!

Owen, fiel a su naturaleza, se acercó a Gwen y la levantó con delicadeza.

– ¡No te preocupes, Gwen! ¡Haré que Chris nos devuelva a la normalidad! ¡Y mientras tanto, puedo cuidarlos! ¡Siempre quise ser una niñera!

Harold, con su mente aguda, se dio cuenta de algo.

– ¡Esperen un momento! Lindsay, ¿puedes entender a Owen?

Lindsay, que ahora estaba sentada en el regazo de Owen, asintió.

– ¡Sí! ¡Owen dice que tiene hambre! ¡Y que quiere un pañal limpio! ¡Y que extraña a Bunny!

Todos se quedaron boquiabiertos.

– ¡¿Puedes entenderlo?! –exclamó Noah, sorprendido.

– ¡Claro! –dijo Lindsay, con una sonrisa inocente. – Es como si mi mente todavía fuera grande, pero mi cuerpo es pequeño. Y Owen también tiene una mente grande, pero su cuerpo es gigante. ¡Así que podemos hablar!

Owen asintió vigorosamente.

– ¡Sí, Lindsay es la mejor! ¡Puede entenderme! ¡Y dice que todos ustedes se ven muy lindos como bebés!

Duncan gruñó.

– ¡No somos lindos, Owen! ¡Somos... bebés! ¡Necesitamos volver a la normalidad!

Gwen se dio cuenta de la implicación.

– Entonces, Lindsay, ¿puedes hablar con Owen, y él puede hablar con Chris, y así podemos decirle a Chris cómo revertir esto?

– ¡Claro! –dijo Lindsay. – Owen dice que Chris necesita presionar el botón rojo y luego el botón azul, y luego decir "¡Wawanakwa!" al revés.

Chris, que había estado escuchando con interés, se rascó la cabeza.

– ¿El botón rojo y el azul y "Wawanakwa" al revés? ¿Estás seguro? Eso suena como una receta para un desastre aún mayor.

– ¡Owen dice que sí! –insistió Lindsay. – ¡Dice que es la única forma de deshacer el hechizo!

Mientras Chris dudaba, Owen, con su gran corazón, se acercó a sus pequeños amigos.

– ¡No se preocupen, chicos! ¡Los voy a cuidar! ¡Y haremos que Chris nos devuelva a la normalidad! ¡Pero mientras tanto, vamos a divertirnos! ¡Podemos jugar a las escondidas de bebés! ¡O a la pelota! ¡O puedo darles paseos en mi espalda!

Duncan, a pesar de su enfado, no pudo evitar sentirse un poco conmovido por la lealtad de Owen.

– Bueno, al menos no estamos solos.

Gwen suspiró.

– Esto va a ser una pesadilla. Una pesadilla adorable, pero una pesadilla al fin y al cabo.

Harold, con una pequeña sonrisa, miró su medidor de energía.

– Científicamente fascinante, no obstante. Una oportunidad única para estudiar la reversión de edad en sujetos vivos.

Noah solo puso los ojos en blanco, o al menos lo intentó con sus pequeños músculos faciales.

– Solo espero que Chris no intente monetizar nuestra condición de bebés.

Chris, que había estado escuchando, se rió entre dientes.

– ¡Demasiado tarde, Noah! ¡Ya estoy pensando en un nuevo reality show: "Bebés en la Isla Wawanakwa"! ¡Con Owen como la niñera gigante! ¡Será épico!

Los bebés suspiraron al unísono. Su aventura apenas comenzaba. Y con Owen como su "niñera" y Lindsay como su traductora, sabían que sería una aventura llena de risas, caos y, probablemente, muchas papas fritas.