Volver al resumen

Pokémon tengo cuatro sistemas y soy un entrenador muy fuerte

Cimientos de Acero y Sueños de Diamante

La brisa marina de la ciudad de Malíe era muy diferente a la de Po Town. Aquí, el aire no apestaba a desesperación, sino a incienso de los jardines de estilo Johto y al aroma dulce de las Malasadas recién hechas. Desde el balcón de la suite real del Hotel de Lujo, Yuta Asami observaba el puerto. Su mirada, con esas estrellas azules brillando con una intensidad sobrenatural, recorría los barcos de carga que entraban y salían.

A su lado, Beldum flotaba en un silencio magnético. El Pokémon variocolor, de un metal plateado que reflejaba la luz de la luna, parecía una extensión de la voluntad de Yuta. Gracias a la plantilla de Steven Stone, Yuta no solo veía un Pokémon; veía una estructura molecular perfecta, un aliado de tipo acero cuya densidad ósea y potencia de procesamiento mental estaban muy por encima de la media.

—El mundo se mueve por la información y los recursos, Beldum —susurró Yuta, acariciando la fría superficie metálica de su compañero—. Pero para controlar ambos, necesitamos una fachada que nadie se atreva a cuestionar.

Una notificación del sistema parpadeó ante sus ojos, interrumpiendo sus pensamientos.

[Misión de Fundación Empresarial: Registro Legal y Sede Central.] [Objetivo: Adquirir un terreno estratégico en la Isla Ula-Ula para la sede de "Corporación Asami".] [Recompensa: Planta de Procesamiento de Minerales Automatizada y 500,000 Puntos de Sistema.]

Yuta sonrió. El sistema no solo le daba el dinero, sino las herramientas para industrializar sus conocimientos. Gracias a la memoria muscular y técnica de Steven Stone, Yuta sabía exactamente dónde buscar los minerales más raros de Alola.

La puerta de la suite se abrió suavemente. Cecilia entró llevando una tableta electrónica que habían comprado esa misma tarde. Su transformación era asombrosa; vestía un conjunto elegante de color azul marino que resaltaba su figura incipiente y su porte refinado. El Sistema de Familia ya estaba haciendo efecto, mejorando no solo su salud, sino su carisma natural.

—Yuta, he terminado de revisar los registros de propiedad que me pediste —dijo ella, acercándose con una sonrisa que denotaba una confianza que antes no poseía—. Hay un terreno en la costa este, cerca del Observatorio de Hokulani. Es terreno escarpado, difícil de construir para empresas normales, pero perfecto para lo que mencionaste sobre la minería profunda.

—Excelente trabajo, Cecilia —respondió Yuta, volviéndose hacia ella. Al notar su mirada, las mejillas de la niña se tiñeron de un leve carmesí.

[Notificación: Afinidad con Cecilia aumentada (Nivel: Devoción). El Sistema de Harem ha desbloqueado la habilidad pasiva: "Sincronía de Pensamiento" con el primer miembro del círculo.]

—¿Estás bien? —preguntó ella, notando que él se quedaba callado un segundo—. Pareces... más maduro cada hora que pasa.

—Solo estoy calculando nuestro próximo movimiento —dijo Yuta, dándole un suave apretón en el hombro—. Mañana iremos a la oficina del registro. Quiero que tú y Grecia me acompañéis. Sakura y Luna se quedarán aquí para empezar a investigar a nuestros posibles competidores: la Fundación Æther y las sucursales de Silph Co. en la región.

—¿De verdad vamos a enfrentarnos a gigantes así? —preguntó Cecilia, aunque su voz no temblaba.

—No vamos a enfrentarnos a ellos, Cecilia —corrigió Yuta con una frialdad calculadora—. Vamos a hacer que se vuelvan irrelevantes.

A la mañana siguiente, el grupo se movilizó con una eficiencia que ningún niño de ocho años debería poseer. Yuta vestía un traje a medida, pequeño pero imponente, de color gris ceniza. Su cabello blanco con puntas negras estaba perfectamente peinado, y sus ojos de estrella parecían hipnotizar a cualquiera que los mirara directamente.

En la oficina de urbanismo de Malíe, el funcionario a cargo, un hombre de mediana edad llamado Sr. Tanaka, miró por encima de sus gafas al grupo de niños.

—Escucha, pequeño, esto no es un juego. No puedes comprar terrenos estatales con dinero de monopoly —dijo el hombre con un suspiro de aburrimiento.

Yuta no se inmutó. Colocó la tarjeta negra y dorada sobre el mostrador y, con un gesto elegante, activó una pequeña proyección holográfica desde su dispositivo personal.

—No estoy jugando, Sr. Tanaka —dijo Yuta, y su voz tenía una resonancia de autoridad que hizo que el hombre se enderezara en su silla—. Mi nombre es Yuta Asami, CEO de la recién formada Corporación Asami. Aquí tiene las credenciales de crédito garantizadas por el Banco Internacional de Johto. Deseo adquirir el lote 402 del sector norte de Ula-Ula. Al contado.

El funcionario palideció al ver el saldo que aparecía en su pantalla tras pasar la tarjeta. Era una cifra con tantos ceros que sus manos empezaron a temblar.

—Yo... yo... por supuesto, Sr. Asami. Procederé con el registro de inmediato. ¿Alguna especificación para el uso de suelo?

—Investigación tecnológica y desarrollo de infraestructura —respondió Grecia, interviniendo con una carpeta llena de documentos que había preparado bajo la tutela del Sistema de Fundación Empresarial—. Aquí están los permisos preliminares de impacto ambiental. Como verá, todo está en orden.

El Sr. Tanaka apenas podía procesar la situación. Aquellos niños hablaban como ejecutivos veteranos. Mientras sellaba los documentos, no pudo evitar preguntar:

—¿De dónde han salido ustedes? Nunca había oído hablar de una familia Asami en Alola.

Yuta se dio la vuelta, con su capa ligera ondeando tras él.

—Somos los que construirán el futuro que ustedes se olvidaron de soñar —sentenció antes de salir de la oficina.

Una vez fuera, en la plaza principal de Malíe, el grupo se detuvo. El aire vibraba con la energía del éxito inicial.

—¡Lo logramos! —exclamó Sakura, lanzando un puñetazo al aire—. ¡Ese viejo casi se desmaya!

—Es solo el principio —advirtió Luna, aunque sus ojos brillaban de emoción—. Yuta, el sistema... quiero decir, la información que me diste sobre la logística de Galar es fascinante. Dicen que allí las empresas de energía controlan todo.

—Galar será nuestro segundo objetivo —dijo Yuta, mirando al cielo—. Pero primero, debemos asegurar nuestro poder aquí. Alola es rica en minerales raros y energía de Ultraumbrales. Si controlamos la tecnología de captura, controlaremos a los entrenadores.

De repente, una presencia extraña hizo que Beldum saliera de su Pokéball por voluntad propia, emitiendo un zumbido de advertencia. Yuta sintió un escalofrío. Sus ojos de estrella brillaron con un tono azul eléctrico.

A unos metros de ellos, un hombre alto, con una bata de laboratorio y un peinado rubio extravagante, los observaba con curiosidad. Su sonrisa era amable, pero sus ojos ocultaban una ambición gélida.

—Vaya, vaya... Qué grupo tan interesante —dijo el hombre, acercándose—. No es común ver a un Beldum variocolor en manos de alguien tan joven. Y mucho menos uno con una firma de energía tan... pura.

Yuta reconoció al hombre de inmediato. Era Fabio, uno de los directivos de alto rango de la Fundación Æther. En la línea temporal original, este hombre era una serpiente ambiciosa.

—¿Se le ofrece algo, señor? —preguntó Yuta, colocándose frente a sus amigas protectoramente.

—Solo curiosidad científica —respondió Fabio, ajustándose las gafas—. Soy Fabio, de la Fundación Æther. Nos dedicamos a la protección y cuidado de los Pokémon. Ese Beldum parece necesitar un chequeo profesional. ¿Por qué no vienen con nosotros? Estarían mucho más seguros en el Paraíso Æther que deambulando por las calles.

Yuta sintió cómo el Sistema de Soberanía emitía una alerta roja.

[Detección de Amenaza: Intento de manipulación.] [Sugerencia: Demostrar superioridad técnica o retirarse estratégicamente.]

—Agradezco su oferta, Sr. Fabio —dijo Yuta con una sonrisa que no llegó a sus ojos—, pero mi Pokémon está en perfectas condiciones. De hecho, su tasa de crecimiento es un 200% superior a los estándares registrados en la base de datos de Æther. Si desea datos sobre su rendimiento, tal vez en unos meses mi empresa pueda venderle un informe detallado. Por ahora, somos nosotros los que estamos ocupados comprando Alola.

Fabio parpadeó, desconcertado por la arrogancia y la precisión del niño.

—¿Venderle datos a la Fundación? —Fabio soltó una carcajada nerviosa—. Niño, no sabes con quién estás hablando. Somos la organización más poderosa de la región.

—Eso es lo que dicen las empresas que están a punto de ser adquiridas —replicó Yuta.

Hizo una señal a las chicas y el grupo comenzó a caminar, dejando a Fabio plantado en medio de la plaza con una expresión de pura incredulidad.

—Ese hombre es peligroso, Yuta —susurró Grecia una vez que estuvieron a una distancia segura.

—Lo es —asintió Yuta—. Pero él representa el viejo mundo. Nosotros somos el nuevo. Beldum, usa Confusión para bloquear cualquier dispositivo de escucha que pueda habernos plantado.

El Pokémon emitió una onda psíquica sutil que deshabilitó un pequeño micro-dron que Fabio había intentado enviar tras ellos. Yuta suspiró. Sabía que la Fundación Æther no los dejaría en paz por mucho tiempo, pero para cuando decidieran actuar con fuerza, él ya tendría su propio ejército.

Al regresar al hotel, Yuta decidió que era hora de usar el Sistema del Sorteo Más Fuerte. Necesitaba más poder inmediato.

"Sistema, realiza un sorteo de diez tiradas en la categoría de 'Recursos Globales'", ordenó mentalmente.

[Procesando Sorteo...] [1. Poción Máxima x50] [2. Piedra Hoja de Calidad Superior] [3. Plano de Construcción: Generador de Energía Limpia de Galar] [4. Contrato de Lealtad: 10 Guardias de Seguridad de Élite (Nivel Experto)] [5. Habilidad de Plantilla: Negociación de Hierro (Nivel Steven Stone)] [6. Fragmento de Megapiedra: Metagrossita] [... ] [10. Premio Mayor: Derechos de Explotación Minera en la Cueva Electrorroca (Unova/Teselia).]

Yuta apretó los puños con fuerza. Los resultados eran mejores de lo que esperaba. Con los planos del generador de Galar, podría ofrecer una alternativa energética a las islas de Alola, rompiendo la dependencia de los servicios públicos tradicionales. Y los guardias de seguridad eran esenciales; no podía dejar que sus amigas estuvieran desprotegidas mientras él entrenaba.

—Chicas, venid aquí —llamó Yuta.

Las cuatro se reunieron alrededor de la mesa principal. Yuta activó el sistema de Fundación de Familia y comenzó a asignar roles formales.

—Cecilia, serás la Directora de Operaciones. Tu palabra será la mía cuando yo no esté. Grecia, serás la Directora Financiera; el sistema te otorgará una mejora en procesamiento matemático. Sakura, estarás al mando de la seguridad y el entrenamiento de los nuevos reclutas que llegarán mañana. Y Luna... tú serás nuestra jefa de inteligencia. Necesito ojos en cada rincón de Alola.

—¿Y tú, Yuta? —preguntó Sakura, con los ojos brillando ante la mención de la seguridad.

—Yo voy a entrenar —respondió él, mirando a Beldum—. En tres días se celebra el festival de Ciudad Malíe. Habrá un torneo de exhibición para entrenadores jóvenes. El Kahuna de la isla, Denio, estará observando. Es hora de que el nombre de la Corporación Asami sea respaldado por una fuerza abrumadora.

Esa noche, Yuta no durmió mucho. Utilizó la Plantilla de Steven Stone para meditar. En su mente, visualizaba batallas, estrategias y la evolución de su imperio. Sabía que en algún lugar de Kanto, Ash Ketchum probablemente estaba jugando con un juguete de Pikachu, sin saber que el mundo que conocería en cinco años ya estaría bajo el control de una sola sombra.

Yuta se miró la palma de la mano. Las marcas de los Sistemas de Soberanía brillaban débilmente. No era solo ambición lo que lo movía; era la promesa que les hizo a sus padres. Ellos murieron por errores de otros, por la negligencia de organizaciones que jugaban a ser dioses con los Ultraumbrales.

—Yo no jugaré a ser un dios —susurró Yuta, mientras Beldum flotaba sobre él, emitiendo un brillo plateado—. Yo seré el que decida qué dioses pueden existir.

Al amanecer, el primer grupo de guardias de élite llegó al hotel. Eran hombres y mujeres vestidos de negro, con una disciplina militar absoluta. Se arrodillaron ante el niño de ocho años sin dudarlo.

—Reportándose para el servicio, Señor Asami —dijo el líder del grupo.

Yuta los miró con sus ojos de estrella, sintiendo cómo el Sistema de Soberanía consolidaba su autoridad.

—Bienvenidos a la Corporación Asami —dijo con calma—. Preparen el transporte. Vamos a la sede en la montaña. Es hora de construir nuestro castillo.

Mientras el convoy de vehículos negros salía de Malíe, los ciudadanos se detenían a mirar. No sabían qué estaba pasando, pero sentían que el equilibrio de poder en Alola acababa de cambiar. El heredero de las sombras había despertado, y el acero de su voluntad estaba a punto de forjar un nuevo imperio que el mundo Pokémon jamás olvidaría.

—Próximo objetivo: Evolución —pensó Yuta, mirando a Beldum—. Y después, el mundo.