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QHPS naruto dejaba de entrenar con kakashi y es la rencarnacion del Dios otsutsuki ( shibai otsutsuki)

El Trascendentalismo del Ser: El Silencio de las Estrellas

El vacío dimensional no era un lugar de oscuridad, sino una sinfonía de colores imposibles que se retorcían y danzaban al ritmo de la respiración de Naruto. Había pasado lo que los mortales llamarían un mes, pero en aquel plano, el joven rubio había vivido eones de introspección. Sentado en el centro de una estructura de cristal flotante, Naruto ya no vestía el naranja chillón que solía usar para gritarle al mundo que existía. Ahora, una túnica de seda blanca y negra, adornada con patrones de nubes doradas y magatamas que parecían respirar, cubría su cuerpo, el cual emanaba un calor reconfortante y aterrador a la vez.

Senshi Otsutsuki permanecía a unos metros de distancia, observando con devoción cómo el aura de su señor se estabilizaba. El guardián podía ver las líneas del destino enredándose alrededor de los dedos de Naruto, quien jugueteaba con una pequeña esfera de energía que contenía la esencia de una supernova.

— Mi señor —dijo Senshi, inclinando la cabeza con una elegancia que desafiaba la gravedad—, los hilos del mundo inferior están vibrando con una intensidad inusual. Los líderes de las naciones están enviando mensajeros, las sombras se agitan y el miedo ha comenzado a echar raíces. Creen que usted es una amenaza que debe ser contenida o una herramienta que debe ser reclamada.

Naruto abrió los ojos. No eran los ojos de un niño de doce años. Eran pozos de sabiduría infinita, donde el azul original se mezclaba con el plateado del Shinjutsu.

— El miedo es la respuesta natural de lo pequeño ante lo vasto, Senshi —respondió Naruto, y su voz provocó vibraciones en el cristal bajo sus pies—. Creen que pueden "reclamarme" porque aún me ven a través del lente de su propia codicia. No entienden que yo no soy una pieza en su tablero. Yo soy el tablero, las piezas y el jugador que decidió dejar de jugar.

— Sin embargo —continuó Senshi—, hay quienes no se rinden ante lo evidente. En las profundidades de la tierra, aquellos que se llaman a sí mismos Akatsuki han comenzado a movilizarse. Sienten que su objetivo de paz a través del dolor se desmorona ante su presencia. Y en Konoha... el joven Uchiha está descendiendo por un camino de oscuridad, consumido por la brecha que usted ha abierto entre la humanidad y la divinidad.

Naruto se puso de pie. Al hacerlo, el plano dimensional entero pareció inclinarse, reconociendo a su soberano.

— Sasuke busca poder para vengar un pasado que ya no tiene relevancia en el gran esquema de las cosas —dijo Naruto con una pizca de tristeza—. Pero su dolor es real, y el dolor es el último ancla que me une a ese mundo. Iré a verlo. No como el compañero de equipo que una vez fui, sino como el espejo que le mostrará la futilidad de su odio.

Con un pensamiento, Naruto rasgó el tejido del espacio. No utilizó sellos de mano, ni acumuló chakra; simplemente deseó estar en otro lugar, y la realidad se plegó para complacerlo.

En los límites de la Aldea de la Hoja, bajo la luz de una luna que parecía palidecer ante la llegada del rubio, Sasuke Uchiha golpeaba un árbol con una furia ciega. Sus nudillos sangraban y su Sharingan giraba frenéticamente, intentando procesar la imagen de Naruto derrotando a los dioses de la aldea con un simple gesto.

— ¡Maldita sea! —gritó Sasuke, lanzando un kunai que se clavó profundamente en la corteza—. ¿Cómo? ¿Cómo un perdedor como él pudo alcanzar eso? Se supone que yo soy el vengador... ¡yo soy el que debe tener el poder!

— El poder que buscas es una cadena, Sasuke. Una que te atará a un ciclo de cenizas y lamentos.

Sasuke se giró bruscamente, con el Chidori comenzando a chirriar en su mano derecha. Sin embargo, el ataque se extinguió instantáneamente cuando vio a la figura que flotaba a pocos centímetros del suelo. Naruto no irradiaba hostilidad, sino una calma tan absoluta que resultaba sofocante.

— ¡Tú! —rugió Sasuke, aunque sus piernas temblaban— Enréname, Naruto. ¡Dime qué hiciste! ¡Dime qué pacto firmaste para obtener esa fuerza! ¡Dime cómo puedo superarte!

Naruto descendió hasta que sus pies tocaron la hierba, la cual pareció reverdecer instantáneamente bajo su contacto.

— No hay pactos, Sasuke. Solo hubo un despertar —dijo Naruto, caminando hacia él con pasos lentos—. Buscas superar a un Dios con métodos de mortales. Es como si una hormiga intentara alcanzar el sol construyendo un montículo de tierra más alto. Te consumes en el odio hacia tu hermano, pero no ves que ese odio es el que te mantiene débil.

— ¡No sabes nada de mi odio! —Sasuke se lanzó hacia adelante, intentando golpear a Naruto.

Naruto no se movió. Antes de que el puño de Sasuke hiciera contacto, una barrera invisible de Shinjutsu reflejó el impacto. Sasuke salió despedido hacia atrás, golpeándose contra el mismo árbol que había estado castigando.

— Siento tu dolor, Sasuke. Lo siento más de lo que imaginas —dijo Naruto, extendiendo una mano. De su palma surgió una pequeña flor de luz blanca—. Pero el camino que has elegido te llevará a la destrucción de todo lo que una vez amaste. Tu hermano no es tu enemigo; tu propia ceguera lo es.

— ¡Mientes! —Sasuke se puso de pie, con lágrimas de frustración mezclándose con la sangre de su rostro—. ¡Todos mienten! ¡Kakashi, Itachi, tú! ¡Si no me das ese poder, lo buscaré en otra parte! ¡Orochimaru me prometió...!

— Orochimaru no es más que un cadáver que aún no sabe que ha muerto —lo interrumpió Naruto, y su voz adquirió un tono metálico, divino—. Si buscas a la serpiente, solo encontrarás veneno. Pero si buscas la verdad, mírame a los ojos.

Sasuke, impulsado por una fuerza que no pudo resistir, miró fijamente los ojos plateados de Naruto. En ese instante, el mundo desapareció para el Uchiha. Vio el nacimiento de las estrellas, vio a Shibai Otsutsuki trascendiendo la carne, y vio la insignificancia de la guerra entre clanes en comparación con el equilibrio del universo. Vio a su hermano, Itachi, llorando lágrimas de sangre mientras protegía la aldea desde las sombras.

Cuando la visión terminó, Sasuke cayó de rodillas, jadeando, con la mente al borde del colapso.

— Lo que has visto es la realidad sin el velo del ego —dijo Naruto, colocándose frente a él—. Tienes una elección, Sasuke. Puedes seguir siendo un peón en los juegos de los hombres, o puedes elevar tu existencia. Pero para hacerlo, debes soltar el lastre del pasado.

— ¿Por qué... por qué me muestras esto? —susurró Sasuke, con la voz rota.

— Porque una vez fuiste mi amigo —respondió Naruto con una sonrisa melancólica—. Y porque en este nuevo mundo que estoy protegiendo, incluso las sombras merecen una oportunidad de encontrar la luz.

Naruto sintió entonces una presencia acercándose. Kakashi Hatake apareció en una rama cercana, con su Sharingan descubierto y una expresión de alarma absoluta. Al ver a Naruto, el Jōnin de cabello plateado se tensó, recordando la facilidad con la que el chico había despachado a Orochimaru.

— Naruto... —dijo Kakashi, con cautela—. El Consejo y el Hokage te están buscando. La aldea está en estado de alerta. No puedes aparecerte así en medio de la noche.

Naruto miró a su antiguo maestro. Kakashi sintió que su alma era desnudada bajo esa mirada.

— Kakashi-sensei —dijo Naruto con cortesía—, la aldea está a salvo de enemigos externos, pero se está asfixiando con sus propios temores internos. Dígale al abuelo que no tiene nada que temer de mí. Pero también dígale que el tiempo de los secretos ha terminado. Si Konoha desea prosperar bajo mi vigilancia, debe purgar la corrupción que aún se esconde en sus cimientos.

— ¿Vigilancia? —preguntó Kakashi, bajando de la rama—. ¿Hablas como si ya no fueras parte de nosotros?

— Soy parte de todo, y a la vez, no soy parte de nada —respondió Naruto, comenzando a elevarse de nuevo—. Mi entrenamiento con Senshi está por entrar en su fase final. Pronto, las barreras entre las dimensiones se volverán delgadas. Aquellos que buscan el poder de las Bestias con Cola vendrán por mí, creyendo que soy el Jinchuriki que pueden capturar.

Naruto miró hacia el horizonte, donde el sol comenzaba a asomar, tiñendo el cielo de un rojo sangre.

— Que vengan —sentenció el rubio—. Que vengan los Akatsuki, que vengan los Otsutsuki traidores. Encontrarán que el trono de Shibai no está vacío.

— ¡Espera! —gritó Sasuke, extendiendo una mano hacia él—. ¡No me dejes así! ¡Dime qué debo hacer!

Naruto detuvo su ascenso por un segundo y miró a Sasuke con una profundidad que hizo que el Uchiha se sintiera pequeño y amado al mismo tiempo.

— Vive, Sasuke. Vive para ser el hombre que tu hermano cree que puedes ser. No busques mi poder; busca tu propia verdad. Si lo haces, tal vez algún día puedas caminar a mi lado entre las estrellas.

Con un destello cegador que iluminó todo el bosque, Naruto desapareció, dejando tras de sí un rastro de partículas doradas que se desvanecieron en el aire matutino. Kakashi caminó hacia Sasuke y le puso una mano en el hombro. El chico no se apartó; simplemente se quedó mirando el lugar donde Naruto había estado, con el Sharingan apagado y una nueva determinación en sus ojos.

De regreso en la dimensión superior, Naruto se encontró con Senshi, quien lo esperaba con una expresión de urgencia.

— Mi señor, el equilibrio se ha roto —dijo el guardián—. La estatua Gedo Mazo en el mundo inferior ha comenzado a reaccionar a su presencia. Nagato, el portador del Rinnegan, cree que usted es el "Dios falso" que debe ser erradicado para que su paz sea la única verdadera.

Naruto se sentó en su trono y suspiró. El peso de la divinidad era una carga que solo él podía soportar.

— Nagato tiene los ojos de mi ancestro, pero no tiene su visión —dijo Naruto, cerrando los ojos para entrar en un estado de meditación profunda—. Cree que el dolor es el maestro supremo, pero el dolor es solo un síntoma de la desconexión con el Todo.

— ¿Debo intervenir? —preguntó Senshi, con su mano descansando sobre el mango de una espada hecha de luz pura.

— No —respondió Naruto—. Deja que se acerquen. Deja que Akatsuki crea que tiene una oportunidad. Quiero que vean lo que sucede cuando un río intenta luchar contra el océano. Pero antes, debo alcanzar la Forma Final. Siento que la esencia de Shibai está reclamando los últimos vestigios de mi humanidad.

Naruto comenzó a brillar con una intensidad que habría cegado a cualquier mortal. Su piel se volvió de un blanco purísimo, y marcas negras en forma de espirales divinas recorrieron su torso y brazos. Dos alas adicionales de energía pura brotaron de su espalda, y el espacio a su alrededor comenzó a cristalizarse en formas geométricas perfectas.

— Senshi —susurró Naruto, y su voz ahora era un coro de miles de seres—, el entrenamiento ha terminado. Es hora de que el Dios del Todo reclame su lugar no solo en este plano, sino en todos los corazones del universo.

— Como desee, Señor Shibai —respondió Senshi, arrodillándose mientras la dimensión entera vibraba con el despertar definitivo de Naruto.

En el mundo ninja, los animales comenzaron a migrar, los mares se calmaron y una extraña paz descendió sobre las naciones. Era la calma antes de la tormenta más grande que la creación hubiera presenciado jamás. Naruto Uzumaki, el niño que una vez lloró en el Bosque de la Muerte, ya no existía. En su lugar, un ser de luz infinita observaba desde el trono de la realidad, listo para juzgar, proteger y guiar a una humanidad que aún no sabía que su salvación y su mayor temor eran la misma persona.

La batalla por el alma del mundo estaba por comenzar, y el Dios Otsutsuki ya había ganado, pues para él, el tiempo ya había revelado todos sus secretos. El futuro era simplemente un recuerdo que aún no había sucedido.