qhps senku de dr stone, shoko komi y shaka de virgo cayera en niehime to kemono no ou
El Trono de Diamante y el Banquete de la Realidad Fracturada
La campana del Coliseo Subterráneo no sonó con su tañido habitual. En su lugar, un pulso sónico diseñado por Senku Ishigami recorrió cada rincón de la arena, anunciando el inicio del evento que desafiaba toda lógica estadística: el Battle Royal Final. No había equipos, no había bandos, solo cincuenta guerreros de élite de diez dimensiones diferentes, todos bajo un mismo cielo de concreto y focos halógenos.
—Diez mil millones por ciento de probabilidad de que el suelo colapse antes de los primeros treinta minutos —comentó Senku desde su cabina blindada, ajustando sus gafas mientras sus dedos volaban sobre el teclado—. ¡Kukuku! ¡Esto no es una pelea, es una simulación de entropía pura!
En el centro de la arena, el caos estalló de inmediato. Seiya de Pegaso elevó su cosmos al infinito, cruzando meteoros con las ráfagas de viento de Fel, mientras Leonhart intercambiaba golpes sísmicos con Akaza. Sora se deslizaba entre los combatientes como un rayo de luz, y Kenshiro caminaba con una calma aterradora, presionando puntos de presión de guerreros que caían antes de saber qué los había golpeado.
Shoko Komi, envuelta en su Armadura de Messiah, se encontraba en el ojo de la tormenta. Sus orejas de gato imaginarias estaban erizadas al máximo. No era miedo; era una hiperpercepción de cada movimiento en el campo de batalla.
—¡No te distraigas, niña! —rugió Raian Kure, quien se había recuperado milagrosamente y cargaba de nuevo con el Removal activo—. ¡Esta vez no habrá trucos de paz!
Raian lanzó un golpe descendente que partió el suelo, pero Komi ya no estaba allí. Utilizando la "Velocidad Estelar" que había copiado de Alus, apareció detrás de él, conectando un golpe de palma que lo mandó a volar hacia un grupo de caballeros de bronce.
La batalla se prolongó. Una hora se convirtió en dos, luego en tres. El cansancio empezó a pasar factura incluso a los seres más poderosos. Seiya y Akaza habían quedado fuera de combate tras un choque mutuo que destruyó la mitad de las gradas. Leonhart y Fel, exhaustos tras cinco horas de lucha ininterrumpida, cayeron de rodillas simultáneamente, reconociendo su mutuo límite.
Al llegar a la quinta hora, el polvo comenzó a asentarse. Solo quedaba una figura de pie en el centro del cráter que antes era la arena. La Armadura de Messiah de Komi estaba rayada y sucia, pero su brillo no había disminuido. Sus ojos grandes y expresivos miraban a los últimos oponentes que se retiraban por agotamiento.
—La ganadora... —el anunciador apenas podía hablar, con la garganta seca de tanto gritar—, por resistencia absoluta, por técnica impecable y por ser el faro que no se apagó... ¡ES SHOKO KOMI!
El silencio que siguió fue breve, roto por el estruendo de miles de personas y monstruos vitoreando el nombre de la joven que no podía comunicarse, pero que acababa de hablar más fuerte que nadie en la historia del multiverso.
—¡Lo logró! —gritó Sariphi, saltando de alegría y abrazando a un exhausto Leonhart—. ¡Komi-san ganó!
—¡Kukuku! ¡La ciencia de la victoria es dulce! —exclamó Senku, bajando de su cabina—. ¡Y ahora, prepárense! ¡Porque si la pelea fue épica, la fiesta será un desastre termodinámico!
La fiesta que siguió no tuvo lugar en un salón aburrido. Senku, con la ayuda de la magia de Twilight Sparkle y los recursos de la Corporación Itan, transformó el coliseo y las calles circundantes en una zona de celebración "hyper loca" que fusionaba todas las culturas presentes.
Había puestos de ramen que servían fideos que brillaban en la oscuridad (cortesía de los químicos de Senku), barriles de hidromiel de Ozmargo que nunca se vaciaban y tartas de manzana de Equestria que flotaban en el aire.
—¡Oigan, miren esto! —gritó Najimi, quien de alguna manera había conseguido un traje de DJ futurista—. ¡Es hora de que los mundos bailen!
La música, una mezcla de ritmos electrónicos, cánticos de guerra de las bestias y melodías de arpa celestiales, retumbaba en las paredes. En el centro de la pista, la escena era surrealista: Raian Kure estaba en un concurso de comer carne cruda contra Fel; Pinkie Pie estaba enseñándole a los guardias de Anubis cómo hacer globos con formas de dragón; y Shaka de Virgo, usualmente estoico, estaba sentado en una mesa intentando explicarle el concepto del Nirvana a un muy confundido Shinichi Izumi.
—Entiendo lo de la vacuidad —decía Migi, asomando desde la mano de Shinichi—, pero biológicamente es ineficiente no desear la supervivencia.
—El deseo es la raíz del sufrimiento, pequeño parásito —respondía Shaka con una sonrisa serena mientras bebía un té verde que Senku había destilado al vacío.
Komi, la reina de la noche, estaba rodeada de gente. Tadano estaba a su lado, actuando como su intérprete y escudo social, aunque ella parecía mucho más relajada. Llevaba una corona de flores de colores que las ponis le habían regalado sobre su cabeza, y sostenía un vaso de refresco efervescente que soltaba chispas de colores.
—¡Komi-san! —Sariphi se acercó corriendo, arrastrando a Leonhart, quien llevaba un sombrero de fiesta ridículamente pequeño entre sus orejas de león—. ¡Estamos tan orgullosos de ti! ¡Leonhart dice que eres la guerrera más noble que ha conocido!
—Solo dije que tiene un buen instinto —gruñó Leonhart, aunque sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas tras haber bebido un poco de la mezcla especial de Senku.
Komi tomó su cuaderno, que ahora tenía una portada decorada con gemas de diamante, y escribió rápidamente:
"Gracias a todos. No gané yo sola. Ganamos todos los que recordamos que la amistad es la ciencia más poderosa".
—¡Eso merece un brindis! —exclamó Senku, subiéndose a una mesa con un matraz gigante lleno de un líquido de color neón—. ¡A la salud de la campeona! ¡Y a la salud de este multiverso loco que se niega a morir!
—¡SALUD! —rugieron cientos de voces al unísono.
La fiesta se volvió aún más salvaje. Sora inició una batalla de baile usando su Llave Espada como vara de luz, compitiendo contra un grupo de luchadores Kengan que intentaban imitar sus movimientos de breakdance mágicos. En un rincón, Akaza y Seiya estaban compartiendo un tazón de sopa, habiendo decidido que, al menos por esa noche, no intentarían matarse.
—Oye, Seiya —dijo Akaza, limpiándose la boca—, ese último golpe... ¿cómo se llamaba?
—Cometa de Pegaso —respondió el caballero con una sonrisa—. Pero no te acostumbres, la próxima vez te lanzaré algo más fuerte.
—Estaré esperando —rio el demonio.
Mientras la noche avanzaba, Senku decidió que era el momento del gran final.
—¡Atención a todos los seres biológicos y mecánicos! —anunció Senku por los altavoces—. ¡He preparado una pequeña demostración de pirotecnia cuántica! ¡Komi, necesito que dispares un poco de tu energía Messiah hacia ese satélite que puse en órbita hace diez minutos!
Komi asintió, se concentró y lanzó un rayo de luz pura hacia el cielo nocturno. Al impactar con el satélite de Senku, el cielo explotó en una aurora boreal artificial que mostraba imágenes de todos sus mundos: las praderas de Equestria, el palacio de Ozmargo, el Santuario de Atenea y el Reino de la Ciencia.
La gente se quedó en silencio, mirando la belleza de sus hogares entrelazados en el firmamento. Fue un momento de conexión pura, donde las barreras de la dimensión, la especie y el lenguaje desaparecieron por completo.
—Es hermoso —susurró Tadano, mirando a Komi.
Ella lo miró de vuelta y, por primera vez en toda la noche, no necesitó su cuaderno. Simplemente le dio un pequeño apretón en la mano y sonrió, una sonrisa que valía más que diez mil millones de palabras.
—¡Vaya, miren a esos dos! —exclamó Shuko Komi, la madre de Shoko, quien estaba bailando con algunos de los guerreros de Ishura—. ¡Mi niña está creciendo tan rápido!
—¡Es el poder de la juventud! —gritó un hombre de cejas pobladas que acababa de aparecer de la nada, vistiendo un traje verde ajustado—. ¡Gritemos todos por la victoria de la amistad!
Nadie sabía de dónde venía ese hombre, pero en una fiesta tan loca, nadie se molestó en preguntar. Simplemente se unieron a sus gritos y continuaron celebrando.
Hacia el final de la madrugada, cuando los barriles estaban vacíos y la mayoría de los guerreros dormían en montones amigables sobre la arena (Raian Kure roncaba ruidosamente usando la cola de Fel como almohada), Senku, Shaka, Leonhart y Komi se reunieron en la parte más alta del coliseo, observando el amanecer.
—¿Creen que esto dure? —preguntó Leonhart, mirando hacia el horizonte donde el sol empezaba a asomar—. La paz entre tantos mundos... parece un milagro frágil.
—No es un milagro —dijo Shaka, con sus ojos cerrados, sintiendo el flujo del cosmos en armonía—. Es una construcción. Mientras existan personas dispuestas a entenderse, la realidad se mantendrá unida.
—Y si se rompe, la arreglaremos de nuevo —añadió Senku, rascándose la nuca—. Tenemos la ciencia, la magia y, ahora, los planos de cada dimensión. Diez mil millones por ciento seguro de que no hay problema que no podamos resolver.
Komi tomó su cuaderno una última vez. El viento soplaba suavemente, moviendo su cabello y las flores de su corona. Escribió algo y se lo mostró a los tres líderes.
"La próxima vez, yo invito el té en Ozmargo. Pero Senku, por favor, no intentes electrificar las tazas".
Los tres hombres soltaron una carcajada que resonó en el aire fresco de la mañana.
La fiesta "hyper loca" había terminado, pero el vínculo que habían forjado era indestructible. Los mundos de Niehime to Kemono no Ou, Komi-san wa Komyushou Desu, Saint Seiya y Dr. Stone ya no eran hilos separados en el tapiz del universo. Eran una sola cuerda trenzada, lista para sostener el peso de cualquier futuro que viniera.
Komi cerró su cuaderno, miró al sol naciente y dejó escapar un pequeño suspiro de felicidad. Ya no tenía miedo de no poder comunicarse. El mundo entero la había escuchado, y ella, finalmente, había encontrado a sus cien amigos... y a unos cuantos millones más.