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Qué pasaría si yo reencarnaba como Dante de Devil May Cry 2001 en el universo relatos de arcadia.

Estilo, Clase y un Poco de Caos Escolar

La campana de la Escuela Secundaria de Arcadia sonó con ese tono monótono que suele enviar a los adolescentes a un estado de trance. Para mí, era simplemente la señal de que el intermedio entre una siesta y otra había terminado. Caminaba por los pasillos con la gabardina roja abierta, dejando ver una camiseta negra que se ajustaba a mi físico de forma que hacía que los chicos del equipo de gimnasia parecieran fideos mal cocidos.

No llevaba mochila. ¿Para qué? Todo lo que necesitaba era mi ingenio, mi carisma y, por supuesto, a Ebony e Ivory ocultas bajo el cuero rojo, junto con Force Edge reducida mágicamente o simplemente ignorada por la percepción de los normales. En este lugar, las reglas parecían ser sugerencias opcionales. "No usar abrigos largos", "No portar accesorios peligrosos", "No comer pizza en clase". Yo había roto las tres antes de la segunda hora.

—¡Eh, Dante! —Escuché una voz familiar y un poco chillona.

Me detuve y giré sobre mis talones con una elegancia que hizo que un grupo de chicas de primer año soltara un suspiro colectivo. Era Toby Domzalski, que venía corriendo —o rodando, dependiendo de cómo lo miraras— junto a un Jim Lake Jr. que parecía cargar con el peso del mundo en su mochila.

—Vaya, si son los cazadores de sombras —dije con una sonrisa ladeada—. ¿Listos para otra emocionante sesión de álgebra o prefieren ir a cazar algo que realmente muerda?

—Dante, en serio, ¿cómo lo haces? —preguntó Toby, ignorando mi sarcasmo y señalando mi ropa—. El director Strickler te ha visto tres veces hoy y ni siquiera te ha mandado a detención. ¡A mí me castigó ayer solo por tener un sándwich de tres pisos en el casillero!

—Es el estilo, Toby —respondí, dándole un toque juguetón a mi cabello plateado—. Algunos nacemos con él, otros... bueno, otros tienen sándwiches.

Jim soltó una risa nerviosa. Se veía cansado. Sabía que Blinky lo estaba haciendo entrenar hasta tarde en el Mercado de Trolls.

—Gracias por lo de anoche, de nuevo —susurró Jim, mirando a los lados para asegurarse de que nadie escuchara—. Pero, Dante, actúas como si este lugar fuera un club de vacaciones. La gente está empezando a hablar. Mucho.

—Que hablen —dije, encogiéndome de hombros—. Mientras no me pidan que haga la tarea, no tengo problemas con la fama.

En ese momento, el ambiente en el pasillo cambió. Sentí tres presencias acercándose. No eran demonios, ni trolls, pero en el ecosistema de una secundaria humana, eran igual de peligrosas. Claire Nuñez caminaba hacia nosotros, flanqueada por sus dos inseparables amigas: Mary Wang y Darcy Scott.

Mary ya tenía su teléfono en la mano, probablemente transmitiendo en vivo o tomando fotos, mientras que Darcy observaba con una curiosidad analítica. Claire, sin embargo, tenía esa mirada decidida que solo tienen las personas que están acostumbradas a obtener respuestas.

—Hola, Jim. Hola, Toby —dijo Claire, antes de clavar sus ojos castaños en mí—. Y hola a ti... Dante, ¿verdad?

—En carne, hueso y un poco de cuero —respondí, apoyándome contra los casilleros con una pose que sabía que era devastadora—. ¿Puedo ayudarte en algo, preciosa? ¿O solo vienes a admirar el paisaje?

Mary soltó una risita ahogada detrás de su teléfono.

—¡Oh, por Dios, es tan directo! —exclamó Mary, tecleando furiosamente—. Chicas, el contador de seguidores va a explotar. "El chico misterioso de rojo es un flirt nivel leyenda". #DanteArcadia #RedHot.

Darcy se ajustó las gafas, mirando mi gabardina con ojo crítico.

—Ese cuero es de alta calidad —comentó—. Y ese color... no es exactamente el estándar del código de vestimenta. ¿Cómo es que sigues aquí sin que te escolten a la salida?

—Tengo un permiso especial de la gerencia —mentí con una confianza absoluta—. Digamos que soy un consultor de seguridad externo.

Claire cruzó los brazos, sin dejarse intimidar por mi sonrisa. Había algo en ella, una chispa de valentía que me recordaba vagamente a Lady, aunque sin el lanzacohetes... por ahora.

—He oído historias extrañas —dijo Claire, dando un paso hacia mi espacio personal—. Que te vieron en el canal anoche. Y que no eres exactamente un estudiante de intercambio de Italia, como dicen los registros de la oficina.

—Los rumores son como los demonios, Claire —dije, bajando un poco el tono de voz para que solo ella pudiera sentir la vibración—. Si les das demasiada importancia, terminan consumiéndote. Pero si quieres saber la verdad, quizás podrías invitarme a un helado de fresa y te contaría un par de cuentos.

Claire se sonrojó ligeramente, un detalle que no pasó desapercibido para sus amigas.

—¡Lo invitó a una cita! —chilló Mary, casi dejando caer su móvil—. ¡Claire, si no vas tú, voy yo! ¡Dante, dime que tienes un hermano gemelo!

—Tengo uno —respondí, y por un breve segundo, mi sonrisa se volvió un poco más melancólica—, pero digamos que no es muy divertido en las fiestas. Le gusta demasiado el azul y las espadas japonesas.

Jim miraba la escena con una mezcla de asombro y terror. Él estaba enamorado de Claire desde hacía años, y verla interactuar conmigo de esa manera era probablemente su peor pesadilla escolar.

—Eh... Dante, tenemos que ir a clase de gimnasia —intervino Jim, tratando de salvar la situación—. El entrenador Lawrence es... estricto con la puntualidad.

—¿Gimnasia? —Hice una mueca de disgusto—. ¿Eso implica sudar y correr en círculos? Qué aburrido.

—¡Oh, no te preocupes! —Mary se interpuso, moviendo sus cejas de forma sugerente—. Hoy toca escalada en cuerda y obstáculos. Es la oportunidad perfecta para que nos muestres de qué estás hecho, "consultor de seguridad".

—Bueno —dije, despegándome del casillero con un movimiento fluido—, si hay una audiencia tan encantadora, supongo que puedo dar un pequeño espectáculo. Pero no prometo seguir las reglas del entrenador.

Caminamos hacia el gimnasio. El rumor de mi presencia se había extendido como pólvora. No era solo por mi apariencia; era la actitud. En un pueblo donde todos intentaban encajar, yo destacaba como un pulgar ensangrentado, pero con mucho más estilo.

En el vestuario, los chicos me miraban con envidia o recelo. Steve Palchuk, el matón residente, se acercó a mí con su habitual aire de superioridad, rodeado de sus secuaces.

—Oye, "Don Juan" de pacotilla —dijo Steve, intentando parecer más alto de lo que era—. No sé de dónde saliste, pero este es mi territorio. Llevas esa ropa ridícula para ocultar que eres un debilucho, ¿verdad?

Me terminé de ajustar las botas, ni siquiera me molesté en cambiarme por el uniforme de gimnasia. Me puse en pie, superándolo por casi una cabeza.

—Steve, ¿cierto? —dije, mirándolo con aburrimiento—. Tienes mucha energía. Deberías canalizarla en algo útil, como aprender a no ser un cliché de película de los ochenta.

—¿Qué dijiste? —Steve me empujó el hombro. O al menos lo intentó. Fue como intentar mover una montaña de granito. Ni siquiera me tambaleé.

—Dije —repetí, agarrando su mano con una fuerza que hizo que sus ojos se abrieran de par en par— que si vas a buscar pelea, asegúrate de que el otro tipo no desayune cosas más grandes que tú.

Lo solté y pasé por su lado, dándole una palmadita en la mejilla.

—Nos vemos en la pista, campeón.

El gimnasio estaba lleno. Las chicas estaban sentadas en las gradas laterales. Mary ya tenía su trípode instalado. Claire intentaba actuar como si no le importara, pero sus ojos me seguían a cada paso. Jim y Toby estaban en una esquina, pareciendo querer volverse invisibles.

El entrenador Lawrence sopló su silbato, un sonido que me dio ganas de dispararle al objeto metálico.

—¡Muy bien, señoritas! —gritó Lawrence—. ¡Hoy tenemos el circuito de obstáculos! ¡Quiero ver sudor, quiero ver esfuerzo! ¡Y tú! —Señaló mi gabardina roja—. ¡Quítate eso ahora mismo! ¡Es un peligro para la seguridad!

—Lo siento, entrenador —dije, cruzándome de brazos—. Es parte de mi piel. Si me la quito, pierdo mis poderes.

Hubo una risa generalizada. Lawrence se puso rojo como un tomate.

—¡Ah, un payaso! ¡Bien, payaso, vas primero! ¡Si no completas el circuito en menos de un minuto, te vas directo a la oficina del director por insubordinación!

—Un minuto es mucho tiempo —respondí con una chispa de malicia en los ojos—. ¿Qué tal si lo hacemos en diez segundos?

—¡Imposible! —rugió el entrenador.

—Observa.

Me coloqué en la línea de salida. El circuito consistía en una pared de escalada, una serie de barras de equilibrio, cuerdas suspendidas y una red de carga. Para un humano normal, era un reto. Para mí, era un insulto a mi herencia.

Lawrence sopló el silbato.

No corrí. Me impulsé. Con un solo salto imbuido de una fracción de mi poder, volé por encima de la pared de escalada, aterrizando en la barra de equilibrio con la punta de un pie. Antes de que el entrenador pudiera parpadear, utilicé el impulso para girar en el aire, pasando las cuerdas como si fuera un rayo rojo. Realicé una pirueta final sobre la red de carga y aterricé justo delante de él, sin un solo cabello fuera de lugar.

—Siete segundos —dije, consultando un reloj inexistente en mi muñeca—. Me distraje un momento pensando en qué cenar.

El gimnasio se quedó en un silencio absoluto. Luego, estalló. Los vítores fueron ensordecedores. Mary estaba gritando algo sobre "hacerse viral", mientras que Darcy anotaba frenéticamente en su libreta. Claire simplemente me miraba con una sonrisa de incredulidad y algo más... reconocimiento. Ella sabía que no era normal.

—Eso fue... —Lawrence tartamudeó—... eso fue una falta de respeto a la gravedad. ¡Vete a las gradas!

Caminé hacia donde estaban las chicas, ignorando las miradas de odio de Steve. Me senté justo al lado de Claire, lo que provocó un pequeño "¡Eek!" de Mary.

—¿Ves algo que te guste? —le pregunté a Claire, guiñándole un ojo.

—Eres un presumido —respondió ella, aunque no pudo evitar reír—. Pero tengo que admitir que fue impresionante. ¿Cómo hiciste eso? Ningún humano puede saltar así.

—Tengo buenos genes —dije, estirando las piernas—. Y mucha práctica huyendo de acreedores... y de cosas peores.

—Dante —dijo Darcy, asomándose por encima del hombro de Claire—, mi análisis dice que tu densidad muscular y tu tiempo de reacción están fuera de las gráficas. ¿Eres algún tipo de atleta olímpico encubierto?

—Algo así —respondí—. Solo que mis medallas suelen ser cabezas de demonios y facturas sin pagar.

Mary se acercó con su teléfono, prácticamente poniéndolo en mi cara.

—¡Dante! Mis seguidores quieren saber: ¿estás soltero? ¿Qué buscas en una chica? ¿Y es cierto que tu pelo es natural?

Tomé el teléfono de Mary con suavidad y miré directamente a la cámara.

—Hola a todos los fans de Mary —dije con mi voz más seductora—. Soy Dante. Para responder a sus preguntas: sí, es natural. Busco a alguien que pueda seguirme el ritmo y que no se asuste cuando las cosas se ponen feas. Y sobre estar soltero... digamos que mi corazón es como mi oficina: siempre hay espacio para un nuevo caso.

Le devolví el teléfono a una Mary que parecía estar a punto de desmayarse. Claire puso los ojos en blanco, pero noté que jugaba con un mechón de su cabello, un signo clásico de nerviosismo.

—Eres increíble —susurró Claire—. Jim me dijo que eras... diferente. Pero no esperaba esto.

—Jim es un buen chico —dije, mirando hacia donde el joven Trollhunter intentaba desesperadamente subir la cuerda sin caerse—. Tiene un gran peso sobre él. A veces necesita recordar que todavía es un chico de secundaria. Y tú, Claire... tú pareces el tipo de persona que no se queda atrás cuando las cosas se complican.

Claire se quedó pensativa. Había una conexión ahí, algo que iba más allá de la simple atracción escolar. Ella sentía que yo pertenecía a ese mundo de sombras que ella apenas empezaba a vislumbrar a través de los secretos de Jim.

La clase terminó y el resto del día fue un torbellino. Mi popularidad había alcanzado niveles absurdos. En la cafetería, tuve que rechazar tres invitaciones a almorzar y dos notas de amor que aparecieron mágicamente en mi bolsillo. Pero mi mente no estaba en la popularidad.

Sentía algo. Un cambio en el aire. El olor a piedra y magia oscura que había sentido en el canal se estaba filtrando en la escuela. No era Bular, era algo más sutil.

Mientras salía del edificio al final de la jornada, me encontré con Jim y Toby cerca de las bicicletas.

—Dante, eso fue... una locura —dijo Toby, todavía asombrado—. ¡Eres el rey de la escuela! ¡Incluso las animadoras están preguntando por ti!

—Disfrútenlo mientras dure, chicos —dije, recuperando mi seriedad—. Pero mantengan los ojos abiertos. Algo no está bien en este lugar.

—¿A qué te refieres? —preguntó Jim, poniéndose alerta.

—La escuela es un terreno de caza perfecto —expliqué, mirando hacia las ventanas del segundo piso—. Muchos adolescentes, muchas emociones... y un director que huele demasiado a magia para mi gusto.

Jim palideció.

—¿Strickler? ¿Crees que él...?

—No lo creo, lo sé —respondí—. No es un demonio, pero tampoco es un humano. Es un Cambiante. He tratado con su clase antes. Son astutos, pero les falta estilo.

En ese momento, Claire, Mary y Darcy salieron por las puertas principales. Mary se despidió con la mano, gritando algo sobre enviarme un mensaje por redes sociales (aunque no tenía teléfono en este mundo, ella parecía convencida de que lo encontraría). Darcy simplemente asintió con respeto. Claire, sin embargo, se detuvo un momento frente a mí.

—Dante —dijo ella, con una mirada seria—. Mañana hay un ensayo para la obra de teatro, "Romeo y Julieta". Me falta un... bueno, estamos cortos de personal para la escenografía y algunos roles secundarios. Si tienes tiempo...

—¿Romeo y Julieta? —Solté una carcajada—. ¿Me ves cara de Romeo, Claire? Yo soy más de los que entran, matan al dragón y se llevan a la chica sin recitar poemas aburridos.

—Piénsalo —dijo ella con una sonrisa desafiante—. Podría ser divertido verte intentar seguir un guion por una vez.

Se dio la vuelta y se fue, dejándome con un pensamiento recurrente.

—Esa chica tiene fuego —murmuré para mí mismo.

—Estás en problemas, Dante —dijo Toby, dándome un codazo—. Claire nunca invita a nadie a los ensayos a menos que le interese de verdad.

—El problema es mi segundo nombre, Toby —respondí, comenzando a caminar hacia mi motocicleta—. El primero es "Peligro" y el tercero es "Pizza".

Mientras me alejaba de la escuela, sentí la mirada de Strickler desde su oficina. Sabía que él me estaba observando, evaluando la amenaza que yo representaba para sus planes y para el Puente Killahead. Él tenía sus sombras, pero yo tenía mi acero.

La secundaria de Arcadia Oaks acababa de volverse mucho más interesante. Entre las miradas de Claire, las transmisiones de Mary y los monstruos ocultos en el personal docente, mi "retiro" en este universo estaba resultando ser cualquier cosa menos tranquilo.

—Bueno —dije, acelerando el motor y dejando una estela de humo rojo—, parece que tendré que aprender mis líneas. Pero a mi manera.

La noche caía sobre Arcadia, y mientras las luces de la ciudad se encendían, yo sabía que la verdadera función estaba por comenzar. Y en esta obra, yo no era un extra. Yo era el que iba a bajar el telón, con estilo.

—¡Jackpot! —exclamé, desapareciendo en la carretera mientras el sol se ocultaba, dejando que el rojo de mi gabardina fuera lo último que se viera en la penumbra.