Volver al resumen

ragnarok mutversa

El Símbolo de la Paz frente al Rey del Cosmos

El eco del rugido de la bestia verde aún vibraba en las columnas resquebrajadas del Valhalla, pero el ambiente ya no era de simple conmoción: era de pánico generalizado. Los dioses, seres que durante eones se habían considerado la cúspide incontestable de la existencia, miraban el foso ensangrentado donde la esencia de Thor terminaba de disiparse. La primera ronda había sido una masacre unilateral. Una humillación grabada a fuego en el orgullo celestial.

En el palco supremo, Odín apretaba los reposabrazos de su trono con tal intensidad que la madera divina crujió hasta astillarse. Sus cuervos, Huginn y Muninn, estaban mudos, acurrucados contra sus hombros. Ares, temblando de pies a cabeza, no lograba cerrar la boca, mientras Hermes mantenía una expresión severa, desprovista de su habitual sonrisa burlona.

Fue entonces cuando un paso lento, arrastrado y huesudo resonó en el pasillo central.

—Vaya, vaya... —La voz sonó como cuero reseco frotándose contra la piedra—. Parece que las cosas se han puesto un poco picantes, ¿eh?

Zeus caminaba encorvado, rascándose la barba rala, con su túnica ondeando sobre un cuerpo esquelético y decrépito. Sin embargo, detrás de esa apariencia frágil, sus ojos centelleaban con una locura homicida que heló la sangre de los dioses menores a su paso.

—¡Padre! —exclamó Ares, levantándose de golpe—. ¿Qué estás haciendo? ¡Le toca a Shiva en la segunda ronda!

—Shiva puede esperar —respondió el anciano dios supremo del Olimpo, tronándose los dedos nudosos con un chasquido que sonó como truenos distantes—. No permitiré que esos bichos insolentes crean que tienen una oportunidad. Si ellos enviaron a un monstruo... yo debo ser quien aplaste su esperanza con mis propias manos. Yo descenderé ahora mismo.

Al otro lado del coliseo, en el balcón de la humanidad, Göll aún intentaba recuperar la compostura.

—¡Hermana Brunilde! —gritó la pequeña valquiria, mirando a través del panel táctil que su hermana mayor sostenía—. ¡Zeus... Zeus bajará personalmente! ¡El mismísimo Rey de los Dioses! ¡¿A quién vas a enviar contra él?! Si es otro monstruo de destrucción masiva...

—No, Göll —la interrumpió Brunilde, cuyos ojos brillaban con una determinación feroz—. Zeus es el pináculo de la autoridad y la arrogancia divina. Cree que el orden del cosmos le pertenece únicamente a él. Para destruir a un dios que rige por el miedo y el poder absoluto, no necesitamos a una bestia descontrolada... Necesitamos a un pilar. Necesitamos la luz más brillante que la humanidad jamás haya forjado en ningún rincón del multiverso.

Brunilde deslizó su dedo sobre la pantalla, seleccionando una ordenanza especial para el campo de batalla.

—Y además —sonrió la valquiria—, le daremos el terreno que se merece.

En el centro del estadio, Heimdall recuperó con dificultad su Gjallarhorn. Con las manos todavía trémulas, se elevó de nuevo en su plataforma flotante sobre el polvo aún tibio de la primera contienda.

—¡A-Atención a todos los presentes! —anunció el heraldo, tragando saliva para recuperar la entonación—. ¡Por petición especial del bando de la valquiria Brunilde, y bajo las cláusulas del artículo supremo del Ragnarok, el escenario será modificado para la segunda ronda!

El suelo de la arena divina comenzó a retumbar. Los bloques de piedra pulida se hundieron en la tierra para dar paso a un mecanismo colosal. Desde las profundidades emergieron edificios de hormigón reforzado, torres de cristal moderno con formas curvilíneas que imitaban la letra "H", avenidas asfaltadas, cruces peatonales y enormes vallas de contención. En cuestión de minutos, el Valhalla quedó eclipsado por una réplica perfecta y gigantesca del campus de la Academia U.A.

En las gradas del bando humano, el cambio no fue menos impresionante. Las multitudes convencionales de mortales históricos se vieron rodeadas por una marea de rostros completamente nuevos. Héroes profesionales con trajes llamativos, villanos encadenados pero expectantes, y una multitud de adolescentes con uniformes escolares ocuparon las tribunas.

—¡¿E-Esa es la U.A.?! —exclamó Izuku Midoriya, aferrándose al barandal con sus ojos verdes desorbitados y su cuaderno de notas apretado contra el pecho—. ¡Es exactamente igual a nuestra academia! ¡Pero las dimensiones son descomunales!

—¡Cállate, Deku de mierda! —bramó Katsuki Bakugo a su lado, con chispas brotando de sus palmas cerradas—. ¡Mira quién viene caminando hacia la entrada principal!

—¡Es él! —chilló Ochaco Uraraka, llevándose las manos a las mejillas—. ¡No puede ser otro más que él!

Detrás de ellos, Endeavor permanecía de brazos cruzados, con las llamas de su rostro ardiendo con una intensidad sombría. Aizawa miraba fijamente hacia el túnel sur, con sus cintas de captura listas, mientras All For One, sentado en una sección apartada custodiada por sombras, sonreía con una mueca fría y espectral.

—¡Y aquí llega el retador! —rugió Heimdall con fervor renovado—. ¡En un mundo donde el noventa por ciento de la población poseía dones extraordinarios, él se alzó sobre todos no por vanidad, sino por vocación! ¡Aquel que cargó sobre sus espaldas el peso de una era entera! ¡El faro inquebrantable de la justicia! ¡El héroe número uno! ¡¡EL SÍMBOLO DE LA PAZ... ALL MIIIIGHT!!

Las puertas principales de la réplica de la U.A. se abrieron de par en par.

Avanzando a paso firme sobre el asfalto, una figura colosal de más de dos metros de altura emergió con los brazos en jarra. Su capa ondeaba al viento, sus mechones dorados se alzaban hacia el cielo como dos antenas gloriosas, y sus músculos titánicos, enfundados en el traje azul, rojo y blanco, irradiaban una presencia tan abrumadora que el ruido de las gradas se transformó en un clamor ensordecedor.

Pero lo más imponente no era su musculatura. Era su rostro.

Una sonrisa inmensa, blanca e indestructible, desafiaba el cielo celestial.

—¡Ya no hay nada que temer! —La voz de Toshinori Yagi resonó a través de los mundos, vibrando con un optimismo tan puro que miles de dioses retrocedieron por puro desconcierto—. ¿Saben por qué? ¡¡PORQUE YO ESTOY AQUÍ!!

—¡¡ALL MIGHT!! —rugieron al unísono los héroes, los estudiantes de la Clase 1-A y millones de almas en las gradas humanas, haciendo que las banderas con su emblema ondearan con violencia en el aire.

En el lado opuesto, desde las sombras del pasillo norte, una figura patética y tambaleante se arrastraba hacia el asfalto de la avenida principal de la escuela.

—¡Y su oponente! —gritó Heimdall, recuperando la devoción teológica—. ¡Aquel que vio nacer el cosmos y presidió la Titanomaquia! ¡El padre del Olimpo! ¡El rey absoluto de todos los dioses! ¡¡ZEEEEEUUUUS!!

Zeus caminó hasta quedar a escasos diez metros de All Might. Miró los rascacielos de la academia ficticia, luego miró la reluciente sonrisa del rubio y dejó escapar una risita entrecortada mientras rascaba su cuello.

—Vaya, qué lugar tan curioso para morir, muchacho —dijo Zeus con tono burlón—. Tienes una presencia agradable, lo admito. Pero después de lo que ese gigante verde le hizo a Thor... no puedo permitirme jugar con delicadeza.

All Might no borró su sonrisa, aunque sus ojos celestes evaluaron minuciosamente cada articulación del anciano frente a él. Sentía la presión aplastante del One For All corriendo por sus venas a su máxima capacidad histórica.

—Anciano... o debería decir, dios de dioses —respondió All Might, ensanchando aún más su sonrisa—. La arrogancia suele ser el primer paso hacia la caída de un villano. Si lo que pretendes es destruir la esperanza de aquellos que creen en un mañana mejor, tendrás que pasar por encima de mi cadáver primero.

—¡Que empiece la segunda ronda! —bramó Heimdall, tocando el Gjallarhorn con toda su fuerza.

En el milisegundo exacto en que sonó el cuerno, el espacio alrededor de Zeus colapsó.

El anciano no se movió de forma perceptible para el ojo común. Sus brazos comenzaron a golpear a una velocidad que desafió la noción del tiempo terrenal.

—¡Golpes meteóricos! —anunció Hermes en el palco.

Cientos de miles de puños divinos cayeron sobre All Might a velocidades que partieron de Mach diez y escalaron rápidamente hasta una fracción de la velocidad de la luz. El viento generado cortó los árboles del campus y pulverizó los ventanales de los edificios cercanos.

—¡Maldición! —gritó Midoriya, levantándose desesperado—. ¡Ni siquiera puedo ver sus movimientos!

Pero All Might no retrocedió.

Con un grito que desgarró el aire, el Símbolo de la Paz plantó ambos pies en el asfalto, desgarrando la calzada, y comenzó a responder golpe por golpe. Sus puños crearon un muro impenetrable de presión sónica.

—¡¡Texas... SMASH!!

La colisión de puños generó una serie interminable de estampidos supersónicos que hicieron temblar las gradas enteras. Los escombros volaban en todas direcciones, vaporizándose antes de tocar el suelo debido a la fricción térmica extrema.

Zeus amplió su sonrisa demencial. Sus músculos se expandieron ligeramente, sus pupilas se dilataron y su cuerpo adoptó una postura aún más baja.

—¡No está mal, mortal! ¡Veamos si puedes sonreír ante esto!

El tiempo se detuvo.

Para todos los espectadores en el Valhalla, el universo entero pareció congelarse en un fotograma estático. Era la técnica definitiva heredada de su padre Cronos: *El Puño que Superó al Tiempo*. Un ataque ejecutado en un lapso de 0.00000000000000000001 segundos.

Sin embargo, All Might, canalizando la totalidad del One For All en una sincronía instintiva jamás vista, no intentó esquivar lo inesquivable. Impulsó su propia masa muscular más allá de los límites biológicos, endureciendo su torso y cargando su hombro izquierdo hacia adelante en un choque suicida guiado por la pura intuición marcial.

¡¡BOOOOM!!

El golpe de Zeus conectó brutalmente en el rostro de All Might. La fuerza del impacto fue tan colosal que la mitad del campus de la U.A. detrás del héroe fue barrida instantáneamente, dejando una trinchera desolada de kilómetros de longitud. La sangre brotó de la nariz y la boca del campeón humano, y su cabeza fue forzada hacia atrás con violencia aterradora.

—¡¡ALL MIGHT!! —el grito desgarrador de la Clase 1-A resonó al unísono.

Pero el cuerpo del Símbolo de la Paz no cayó.

Apretando los dientes ensangrentados, forzó a sus vértebras a mantenerse rígidas. En lugar de retroceder, All Might aprovechó la cercanía absoluta del anciano para descargar un codazo descendente que impactó en la coronilla de Zeus, estampando la cabeza del dios supremo contra el concreto reforzado.

—¡¡DETROIT... SMASH!! —rugió All Might con la sangre goteando por su mentón.

El choque levantó una columna de polvo de trescientos metros de altura.

Zeus rodó por el asfalto, recomponiéndose en el aire antes de caer de pie, con un hilo de sangre divina dorada deslizándose por su frente. El dios miró el líquido en sus dedos y soltó una carcajada estridente, casi eufórica.

—¡Magnífico! ¡Sencillamente magnífico! —exclamó Zeus, con sus huesos comenzando a crujir de manera perturbadora—. Hace millones de años que nadie lograba hacer que mi sangre tocara el suelo. ¡Mortal, te has ganado el derecho a contemplar la forma final de este viejo!

El cuerpo de Zeus comenzó a convulsionar. Sus músculos descomunales no se expandieron: se comprimieron. Con sonidos nauseabundos de carne y hueso siendo triturados por su propia fuerza de gravedad interna, el coloso se redujo hasta convertirse en una masa compacta de músculo denso, oscuro como el hierro forjado, con una silueta demoníaca e impenetrable.

—La forma final... —susurró Ares, retrocediendo aterrado en su palco—. ¡La forma Adamás!

La presión que emanaba de Zeus ahora era tan espesa que varios de los héroes novatos en las gradas cayeron de rodillas, asfixiados por el peso de la divinidad concentrada.

All Might respiró hondo. Su pecho ardía, la vieja herida en su costado izquierdo palpitaba con un dolor lacerante que amenazaba con desgarrarlo en dos, y el humo comenzaba a emanar débilmente de sus hombros. Sabía que su tiempo era extremadamente limitado. La forma muscular estaba al borde del colapso, pero la mirada de esos niños en las tribunas, los ojos anhelantes de Midoriya y la esperanza de una existencia entera no le permitían flaquear.

Volvió a sonreír. Una sonrisa bañada en su propia sangre, pero más luminosa que cualquier estrella.

—Ven con todo lo que tengas, Rey de los Dioses —dijo All Might, levantando ambos puños—. ¡Te demostraré que la justicia jamás se extingue!

Lo que siguió a partir de ese momento no fue un simple intercambio de técnicas; fue un asedio infernal de resistencia pura y dura.

Zeus en su estado Adamás se convirtió en un huracán de destrucción implacable. Cada uno de sus puños, bautizados como la Verdadera Derecha de Dios, poseía la capacidad de destruir montañas con la mera onda de choque. All Might contraatacaba con cada técnica de su repertorio: Carolina Smash, Oklahoma Smash, Missouri Smash, utilizando la arquitectura colapsada de la U.A. para impulsarse, maniobrar y absorber el castigo divino.

El combate se prolongó más allá de lo humanamente concebible.

Los minutos se transformaron en horas. El sol artificial del Valhalla parecía desgastarse ante el choque interminable de voluntades titánicas. Las gradas observaban en un silencio sepulcral, con los corazones en un puño, mientras la estructura de la prestigiosa academia quedaba reducida a cenizas y grava pulverizada.

La respiración de All Might era un silbido asmático; sus músculos estaban desgarrados, varios huesos de sus brazos se habían astillado bajo la presión de Adamás, pero sus pies permanecían anclados a la tierra.

Zeus tampoco estaba ileso. Su respiración era entrecortada, y el estado Adamás comenzaba a desestabilizarse; pequeñas grietas luminosas se abrían en su piel hipercomprimida debido a la tensión extrema de mantener la forma divina durante tanto tiempo.

—Ciento... ciento ochenta minutos... —balbuceó Heimdall, aferrándose al borde de su plataforma mientras el cronómetro mágico del Valhalla giraba sin descanso—. ¡Han superado las tres horas de combate directo! ¡Ningún mortal en la historia ha resistido el castigo continuo de Adamás por tanto tiempo!

—¡Resiste, All Might! —gritó Bakugo con lágrimas de furia quemándole los ojos—. ¡No te atrevas a perder contra ese viejo decrépito!

—¡Tú eres el Símbolo de la Paz! —clamó Midoriya con la voz completamente rota, golpeando el muro de contención—. ¡Tú eres quien siempre gana al final!

En la arena destrozada, el tiempo parecía marcar un límite fatídico. Al cumplirse exactamente los doscientos veintidós minutos de lucha ininterrumpida, ambos combatientes se detuvieron a tres pasos de distancia. El silencio que cayó sobre el estadio fue absoluto.

All Might apenas podía mantener los ojos abiertos; su cuerpo humeaba violentamente, luchando por no revertir a su forma frágil frente a todos.

Zeus dejó escapar un bufido ronco, y la masa muscular de su torso crujió en una advertencia final: Adamás estaba colapsando.

—Este será el último, mortal —dijo Zeus, cuya voz sonaba como dos placas tectónicas chocando—. Admito tu fuerza. Eres un verdadero monstruo entre los hombres.

—No soy un monstruo —respondió All Might, reuniendo cada remanente de energía, cada brizna de las llamas del One For All que ardían en lo más profundo de su alma, comprimiéndolas en su puño derecho—. Soy un héroe. Y los héroes... ¡¡SIEMPRE PROTEGEN EL FUTURO!!

El brazo derecho de All Might se hinchó de manera descomunal, las venas brillando con una luz dorada y rojiza que superaba en intensidad al propio sol. Los espíritus de los portadores pasados parecieron alinearse a su espalda en una ráfaga espectral que encendió el aire.

Zeus cargó todo el peso restante de su divinidad en su puño derecho, comprimiendo la energía de la creación en un vértice de luz carmesí pura.

—¡¡VERDADERA DERECHA DE DIOS!! —bramó el Padre del Olimpo, lanzándose hacia adelante en una línea recta que rompió el tejido mismo del espacio.

All Might dio un paso al frente, girando todo su torso con la inercia acumulada de una vida entera dedicada a la protección de los débiles.

—¡¡UNITED STATES OF... SMAAAAAAAAASH!!

Los dos ataques definitivos no chocaron entre sí; se cruzaron en una fracción de segundo de trayectoria paralela perfecta.

El puño de Zeus impactó de lleno en el costado izquierdo de All Might, atravesando la carne y destrozando los últimos vestigios de su resistencia física en una explosión que partió la arena en dos.

Simultáneamente, el United States of Smash de All Might conectó directamente en el rostro comprimido de Zeus con la potencia concentrada de un impacto continental.

Un vórtice de viento colosal se desató desde el punto de contacto. La onda expansiva barrió las tribunas inferiores, obligando a los dioses y a los héroes por igual a cubrirse el rostro mientras un pilar de luz dorada y carmesí se elevaba hacia la cúpula del cielo celestial, desintegrando las nubes y resquebrajando la bóveda del Valhalla.

La explosión duró lo que pareció una eternidad.

Cuando el viento finalmente cesó y la densa polvareda comenzó a disiparse lentamente sobre el lecho de roca calcinada de lo que alguna vez fue la U.A., la escena que se reveló dejó al estadio entero petrificado.

En el centro del gigantesco cráter, los dos contendientes permanecían inmóviles.

All Might seguía de pie, pero su puño derecho permanecía incrustado en el suelo, su cabeza colgaba hacia abajo y el vapor que emanaba de su cuerpo se desvanecía. La luz en sus ojos se había extinguido por completo; su corazón había dado su último latido mientras ejecutaba el impacto. La mitad de su cuerpo comenzaba a desintegrarse suavemente en finas motas de polvo esmeralda y blanco, regresando a la nada del descanso eterno.

Frente a él, la forma Adamás de Zeus había colapsado por completo. El anciano dios yacía en el fondo de la fosa, con el cráneo fracturado, la caja torácica hundida y la esencia divina emanando de su cuerpo como una niebla dorada incontrolable. A pesar de sus espasmos involuntarios, sus ojos estaban en blanco, completamente privado de conciencia, con su cuerpo divino disolviéndose en motas de luz dorada a la misma velocidad que su adversario.

Ambos habían alcanzado el límite absoluto de la aniquilación mutua.

Heimdall cayó de rodillas sobre los escombros de su plataforma, mirando el cronómetro mágico y luego los dos cuerpos que se desvanecían al mismo tiempo ante los ojos del cosmos.

Con una voz quebrada, el heraldo levantó su cuerno hacia el cielo.

—¡A-Ambos guerreros... han caído simultáneamente! —anunció Heimdall, y sus palabras cayeron como un martillazo sobre el destino de los mundos—. ¡Ni el dios ni el humano pueden continuar el combate!

El silencio de las gradas fue interrumpido únicamente por el llanto ahogado de Midoriya, quien cayó de rodillas cubriéndose el rostro con las manos, mientras Bakugo golpeaba el concreto con los puños ensangrentados y la Clase 1-A guardaba un luto solemne e imborrable por su mentor.

—¡Duración del combate: doscientos veintidós minutos exactos! —gritó Heimdall al borde del colapso—. ¡El resultado de la segunda ronda del Ragnarok... es un EMPATE!

En el palco de las valquirias, Brunilde apretó los labios con una mezcla de profundo respeto y amargura contenida. Göll lloraba desconsolada, pero la mayor de las hermanas levantó la mirada hacia los tronos desiertos de los líderes del Olimpo y Asgard.

—Diste tu vida con una sonrisa hasta el último segundo, Toshinori Yagi —susurró Brunilde con reverencia—. Le has arrancado al Rey del Olimpo su corona de invencibilidad.

El marcador sagrado del Valhalla brilló en el cielo, actualizando los números que sellarían el destino de la creación:

Humanidad: 1 victoria. Dioses: 0 victorias. Empates: 1.

Y sobre la arena en ruinas, las últimas partículas de polvo dorado del Símbolo de la Paz se elevaron hacia el firmamento, dejando tras de sí un legado que ni los propios dioses podrían borrar jamás.

Entrar con Telegram

Confirma el acceso en el bot.