reencarne como asia argento en dxd
El Caos se Viste de Seda y la Inutilidad del Dragón
Asia caminaba por los pasillos de la Academia Kuoh con la confianza de quien sabe que posee el código de trucos de la realidad activado. A su paso, el murmullo de los estudiantes era constante. No era solo por su belleza extranjera o por ese hábito gótico que había diseñado mentalmente —una mezcla audaz de encaje negro, seda y una actitud que gritaba "no me toques si valoras tu existencia"—, sino por el aura de absoluta indiferencia que desprendía.
—Es ella, ¿verdad? —susurró una chica de segundo año—. La nueva transferencia de la que todos hablan. Dicen que asustó a los del consejo estudiantil solo con la mirada.
Asia esbozó una sonrisa interna. No los había asustado con la mirada; simplemente había "editado" la percepción de autoridad de Sona Sitri durante unos segundos para que la dejaran pasear por donde quisiera sin pedirle documentos. Ser un error en la trama tenía sus ventajas logísticas.
Se detuvo frente a la puerta del Club de Investigación de lo Oculto. No necesitaba llamar. Sabía que Rias, Akeno y el resto estaban allí, probablemente discutiendo sobre el "monstruo rubio" que acababan de conocer en la fuente.
—Bueno, es hora de hacer una entrada —murmuró Asia.
En lugar de girar el pomo, simplemente caminó hacia la madera sólida. Un milisegundo antes del impacto, utilizó su capacidad de creación para generar un concepto de "espacio no euclidiano" en la puerta. Simplemente la atravesó como si fuera aire, apareciendo en medio de la sala del club.
Rias Gremory casi derrama su té. Akeno Himejima, siempre alerta, ya tenía chispas de electricidad bailando entre sus dedos. Koneko Toujou dejó de masticar su dulce y entrecerró los ojos, detectando un peligro que su instinto felino no lograba clasificar.
—¿Cómo has entrado aquí? —preguntó Rias, levantándose con elegancia, aunque sus manos temblaban ligeramente sobre el escritorio—. Este lugar está protegido por múltiples barreras mágicas.
Asia se encogió de hombros y se dejó caer en uno de los sofás de cuero, estirando sus piernas cubiertas por medias de encaje negro.
—Tus barreras son como papel mojado frente a alguien que decide qué es sólido y qué no —respondió Asia con un bostezo—. Por cierto, el té huele fatal. ¿Akeno, verdad? ¿Podrías hacerme un favor y servirme algo que no sepa a desesperación demoníaca?
Akeno entrecerró los ojos, manteniendo su sonrisa sádica, aunque por dentro estaba desconcertada.
—Vaya, vaya... una monjita con mucha lengua —dijo Akeno, acercándose con un aura amenazante—. ¿No sabes que es de mala educación entrar en la casa de un demonio y exigir servicios?
Asia ni siquiera la miró. Chasqueó los dedos.
En la mesa, frente a ella, apareció de la nada una tetera de cristal que contenía un líquido dorado brillante que emitía un aroma a flores de otro mundo y energía pura. Dos tazas de porcelana fina, que parecían hechas de luz sólida, se materializaron a su lado.
—No te molestes, ya lo hice yo —dijo Asia, sirviéndose una taza—. Es té de las Tierras Altas de un plano dimensional que acabo de inventar. Sabe a victoria y tiene cero calorías. Pruébenlo si quieren, no está envenenado. O bueno, lo está, pero solo si yo decido que el veneno es un concepto que aplica hoy.
Rias se acercó lentamente, observando a la chica rubia. La presencia de Asia era un rompecabezas. No sentía el sistema de las Sacred Gears operando en ella, al menos no de la forma convencional. Era como si el mundo mismo se inclinara ante su voluntad.
—Asia Argento... —comenzó Rias, sentándose frente a ella—. Issei me contó lo que pasó en el parque. Raynare es una caída peligrosa, y tú la despachaste como si fuera un insecto. ¿Quién eres? ¿De dónde viene ese poder de creación?
Asia tomó un sorbo de su té y suspiró de placer.
—Mira, Rias, seré honesta porque me caes bien. Eres pelirroja, tienes carácter y tu destino de "damisela en apuros" por un compromiso arreglado es tan cliché que me da ganas de vomitar. Yo soy Damián... bueno, era Damián. Ahora soy Asia, gracias a un dios que necesita urgentemente un audífono.
Rias parpadeó, confundida.
—¿Damián? ¿Un dios sordo? No entiendo de qué hablas.
—No tienes que entenderlo —respondió Asia, dejando la taza sobre la mesa con un golpe seco—. Lo único que necesitas saber es que las reglas de este mundo ya no se aplican a mí. El poder de la destrucción, el sistema de piezas de ajedrez, el Dragón Galés... todo eso son juguetes comparado con lo que puedo hacer. Y he decidido que me voy a quedar por aquí para ver cómo arde el guion original.
En ese momento, la puerta se abrió de golpe e Issei Hyoudou entró corriendo, seguido por Kiba Yuuto. Issei se detuvo al ver a Asia, sus ojos yendo directamente a su atuendo gótico.
—¡Tú! ¡La monja de la fuente! —gritó Issei, señalándola—. ¡Rias, ella sabe lo de Ddraig! ¡Sabe cosas que no debería saber!
Asia puso los ojos en blanco.
—Issei, por favor, gritas demasiado. Tu dragón está teniendo un ataque de ansiedad en tu brazo porque no puede medir mi nivel de poder. ¿Verdad, Ddraig?
Un silencio sepulcral inundó la sala. El guantelete rojo se materializó en el brazo de Issei, y la gema verde brilló con una intensidad inusual.
—[Compañero... aléjate de esa mujer] —la voz profunda del Dragón Galés resonó en la habitación, pero esta vez no sonaba arrogante. Sonaba cautelosa, casi temerosa—. [No es un ángel, ni un demonio, ni un dios. Lo que sea que esté frente a nosotros... no debería existir en este tejido de la realidad].
—¡Vaya! El lagarto tiene buen instinto —rio Asia, levantándose—. Tranquilo, Ddraig. No voy a borrarte de la existencia hoy. Me resultas útil para medir qué tan aburrido se vuelve el mundo.
Kiba, siempre el caballero, dio un paso adelante con su mano en la empuñadura de su espada.
—No sé cuáles son tus intenciones, Asia Argento, pero si eres una amenaza para la Presidenta...
—¿Amenaza? —Asia caminó hacia Kiba con una lentitud depredadora. Kiba intentó desenvainar, pero descubrió con horror que su espada no se movía. No estaba atascada; era como si el concepto de "desenvainar" hubiera sido eliminado de su mente por un segundo—. Kiba, lindo, no lo intentes. Puedo crear una versión de tu espada que devore almas solo con pensar en ella. De hecho...
Asia extendió la mano hacia el aire vacío.
—Creación: *Frostmourne*.
Un viento gélido sopló dentro de la sala del club. Una espada rúnica, rodeada de un aura de escarcha y lamentos de almas perdidas, apareció en la mano de la pequeña monja rubia. El suelo bajo sus pies se congeló instantáneamente.
—Esta belleza puede esclavizar a los muertos —dijo Asia, balanceando la pesada espada con una sola mano como si fuera una pluma—. ¿Quieres ver si tus espadas demoníacas pueden competir con el Rey Exánime?
Rias se puso de pie, su aura roja estallando.
—¡Basta! —ordenó—. Asia, no sé qué buscas, pero este es mi territorio. Si quieres pelear, pelearemos.
Asia hizo desaparecer la espada en un destello de luz y soltó una carcajada genuina.
—¡Eso es! ¡Esa es la energía que quería ver! —dijo, aplaudiendo—. No quiero pelear contigo, Rias. Quiero entretenimiento. Y tu situación con Riser Phenex es un entretenimiento de primera categoría.
Rias se tensó al escuchar el nombre de su prometido.
—¿Cómo sabes lo de Riser?
—Sé todo. Sé que va a venir aquí con su actitud de pollo frito arrogante a reclamarte como su trofeo. Sé que planeas un Rating Game que vas a perder porque tu equipo es, sinceramente, un desastre táctico en este momento, salvo por Koneko y Akeno. Y sé que Issei va a intentar un power-up milagroso basado en su perversión para salvarte.
Issei se sonrojó, pero no pudo negar que eso sonaba exactamente a algo que él intentaría.
—Bueno —continuó Asia, sentándose de nuevo y cruzando las piernas—, he decidido que voy a intervenir. No porque me importe el honor de los Gremory, sino porque odio a los tipos que no aceptan un "no" por respuesta. Y porque quiero ver la cara de los Maous cuando una "simple monja" humille al heredero de los Phenex.
—¿Qué quieres a cambio? —preguntó Rias, tratando de recuperar la compostura. Sabía que en el mundo sobrenatural nada era gratis.
Asia sonrió. Era una sonrisa que no tenía nada de santa y mucho de traviesa.
—Quiero una habitación en tu casa. Y quiero que me dejes moverme por la academia sin que tus "caballeros" o el consejo estudiantil me sigan. Ah, y quiero que Issei me compre crepes todos los viernes. Es una tradición que quiero empezar.
Issei parpadeó, confundido.
—¿Crepes? ¿Eso es todo?
—Por ahora —dijo Asia, levantándose y caminando hacia la salida—. Mañana es el día en que llega el pollo frito, ¿no? Estaré aquí. No se molesten en invitarme formalmente, apareceré cuando me apetezca.
Antes de salir, se detuvo y miró a Koneko.
—Por cierto, gatita, deja de esconder tu poder de Senjutsu. Es desperdiciar un buen potencial. Si quieres, luego te enseño a crear una energía que no te dé miedo usar.
Koneko se quedó helada mientras Asia atravesaba la puerta (esta vez de forma física, solo por el efecto dramático) y se alejaba tarareando una canción de un anime que aún no se había inventado en ese mundo.
—Presidenta... —susurró Kiba, recuperando el control de su espada—. Esa chica es... un monstruo.
—No —respondió Rias, mirando la tetera de cristal que aún permanecía en la mesa como prueba de que nada de eso había sido una alucinación—. Es algo mucho más peligroso. Es una variable desconocida. Ddraig, ¿alguna vez habías visto algo así?
—[Nunca] —respondió el dragón, con voz sombría—. [Incluso en la Gran Guerra entre las tres facciones, nunca sentí a nadie capaz de reescribir la realidad con esa ligereza. Issei, ten cuidado. Ella dice que es inmune a la trama... y me temo que tiene razón. Si ella decide que el sol no saldrá mañana, me temo que el cielo se quedará oscuro].
Mientras tanto, Asia caminaba por el patio de la escuela, disfrutando del sol de la tarde. En su mente, ya estaba diseñando su siguiente creación.
—Veamos... para humillar a Riser necesito algo especial. ¿Quizás el poder de un Matadragones de fuego pero que consuma su propia inmortalidad? O mejor... —Asia sonrió para sí misma—. Crear el concepto de "Agua Eterna" en un radio de cien metros. Vamos a ver cómo vuela ese fénix cuando sus alas pesen tres toneladas de humedad.
Se detuvo frente a una tienda de conveniencia y miró su reflejo en el cristal. El rostro de Asia Argento seguía siendo angelical, pero sus ojos verdes ahora tenían un brillo de pura malicia juguetona.
—Lo siento, Asia original —pensó Damián—. Sé que eras una santa que perdonaba a todo el mundo, pero yo soy más de los que devuelven el golpe con un martillo interdimensional. Este mundo necesitaba un poco de caos, y yo tengo suministros infinitos.
De repente, una presencia se materializó a su lado. Era un hombre de cabello negro con un flequillo rubio, vestido con una gabardina y una expresión de curiosidad infinita. Azazel, el líder de los ángeles caídos.
—Vaya, vaya —dijo Azazel, metiendo las manos en sus bolsillos—. Raynare regresó a la base llorando y diciendo que una monja le borró las alas de la existencia conceptual. No pude evitar venir a echar un vistazo.
Asia no se inmutó. Ni siquiera giró la cabeza.
—Hola, Azazel. Llegas tarde. Ya le di mi advertencia a tu subordinada.
Azazel soltó una carcajada silbante.
—Eres directa, me gusta. Pero dime, ¿qué eres? No hay registros de ti en el sistema del Cielo, y ciertamente no eres un demonio. ¿Una entidad de otra dimensión? ¿Un error en el sistema de Dios?
Asia finalmente lo miró. Sus ojos brillaron con una intensidad que hizo que Azazel diera un paso atrás por puro instinto de supervivencia.
—Soy el deseo de un dios que no sabe usar un audífono —dijo ella, acercándose a él—. Y si fuera tú, Azazel, dejaría de investigar. Porque si miro demasiado profundo en tus recuerdos, podría decidir que el concepto de "ángeles caídos" es redundante y borrarlos a todos para ahorrar espacio en el disco duro del universo.
Azazel sintió un sudor frío bajar por su espalda. Él, que había vivido milenios y enfrentado a seres de poder incalculable, sintió por primera vez que estaba frente a algo que no podía comprender ni medir.
—Solo estoy de paso —dijo Azazel, levantando las manos en señal de rendición, aunque con una sonrisa nerviosa—. No busco pelea con alguien que puede borrar conceptos. Solo... curiosidad científica.
—La curiosidad mató al gato, Azazel. Pero en este caso, podría matar a toda tu especie —Asia le dio una palmadita en el hombro, la cual se sintió como si una montaña se apoyara sobre él—. Ve a jugar con tus Sacred Gears y deja que la trama siga su curso... o lo que queda de ella. Tengo una cita con un crepe el viernes y no quiero interrupciones.
Asia siguió su camino, dejando al líder de los Grigori petrificado en la acera.
—Esa chica... —murmuró Azazel, mirando sus manos, que aún temblaban—. El equilibrio del mundo no acaba de romperse. Acaba de ser borrado y redibujado con crayones por un niño caprichoso.
Asia llegó a su pequeño apartamento improvisado (que había creado en una dimensión de bolsillo conectada a un callejón cualquiera) y se lanzó sobre su cama de nubes.
—Mañana viene Riser —dijo para sí misma, cerrando los ojos—. Creo que voy a crear una habilidad llamada "Ironía Poética". Cada vez que intente presumir de su fuego, se quemará a sí mismo. Sí, eso suena perfecto.
Con una risita que habría horrorizado a cualquier ser celestial, la monja que no era monja se quedó dormida, soñando con todas las formas en las que iba a poner el mundo de cabeza. Después de todo, cuando tienes creación infinita y el guion no puede tocarte, el universo entero no es más que un patio de recreo.