RM
Luces de neón y promesas de medianoche
El cielo de Las Vegas no era negro, sino de un azul eléctrico saturado por el resplandor de los millones de vatios que emanaban del Strip. Para Namjoon, el aire del desierto de Nevada siempre tenía un sabor metálico, una mezcla de adrenalina, lujo y esa sensación de que, en esta ciudad, las reglas de la realidad se doblaban un poco.
El Dolby Live estaba a reventar. Los American Music Awards eran una marea de gritos, flashes y cámaras que seguían cada movimiento de los siete hombres sentados en la primera fila. Namjoon ajustó el cuello de su traje de diseñador, sintiendo el peso de la expectativa sobre sus hombros. BTS estaba de vuelta, y el mundo parecía querer devorarlos con la misma intensidad de siempre.
Sin embargo, sus ojos, entrenados para la discreción, se desviaron por un milisegundo hacia el sector lateral derecho. Allí, entre las integrantes de AERIS, estaba Navi. Llevaba un vestido de seda color esmeralda que contrastaba de forma salvaje con su piel y su cabello oscuro. Se veía poderosa, una reina de la industria por derecho propio. No se miraron directamente —el riesgo de que una cámara captara ese brillo especial era demasiado alto—, pero Namjoon sintió su presencia como un ancla térmica en medio del caos.
— ¿Estás bien, Nam-joonie? —le susurró Jimin al oído, con esa sonrisa que delataba que sabía perfectamente a quién estaba buscando su líder.
— Sí —respondió Namjoon, recuperando su compostura profesional—. Solo... es una noche larga.
La noche resultó ser no solo larga, sino gloriosa. Cuando anunciaron a BTS como ganadores de "Song of the Summer" y, más tarde, el codiciado "Artist of the Year", el estadio pareció venirse abajo. Namjoon subió al escenario liderando al grupo, con el corazón martilleando contra sus costillas. Al tomar el micrófono para dar el discurso de agradecimiento, su mirada barrió la multitud hasta encontrarla a ella.
Navi estaba de pie, aplaudiendo con una energía que destacaba incluso entre la élite de la música. Tenía una sonrisa radiante, una expresión de orgullo tan puro que Namjoon sintió que sus palabras fluían con más fuerza.
— Este premio pertenece a ARMY —dijo él en inglés, con su voz profunda resonando en todo el recinto—, pero también a aquellos que nos mantienen cuerdos cuando las luces se apagan. Gracias por creer en nosotros cuando ni siquiera nosotros podíamos hacerlo.
Desde su asiento, Navi sintió un escalofrío. Sabía que ese mensaje tenía un destinatario privado. Verlo allí arriba, bajo los focos, luciendo increíblemente atractivo y elocuente, le recordaba por qué se había enamorado de él. No era solo el ídolo; era el hombre que, a pesar de tener el mundo a sus pies, seguía buscando su aprobación silenciosa en medio de una multitud de miles.
Tras bastidores, el staff de HYBE les entregó el tercer premio de la noche, "Mejor Artista Masculino de K-Pop", una categoría que se anunció en privado debido a los tiempos de televisión. Los chicos celebraron, saltando y abrazándose, pero Namjoon ya tenía la mente en otro lugar. Llevaban semanas sin verse en persona debido a las giras cruzadas, y la necesidad de afecto físico empezaba a ser una tortura silenciosa.
— ¡Vámonos al hotel! —exclamó Jin, agitando su trofeo—. ¡ARMY nos espera en el Live y yo espero a mi servicio de habitaciones!
El protocolo era estricto. Primero, el Live de agradecimiento desde la suite presidencial. Los siete integrantes se sentaron frente a la cámara, compartiendo anécdotas de la gala, riendo y agradeciendo a los fans con una sinceridad que nunca flaqueaba. Namjoon participó, bromeó y tradujo, pero sus dedos jugueteaban con su teléfono bajo la mesa.
"Suite 4402. En diez minutos", decía el mensaje de Navi.
Cuando finalmente terminaron la transmisión y los miembros se dispersaron hacia sus propias habitaciones, Namjoon apenas pudo contener las ganas de correr por el pasillo. Se cambió el traje por algo más informal —una camisa de seda negra entreabierta y pantalones oscuros— y se escabulló hacia el piso superior.
Al entrar en la suite de Navi, el silencio lo recibió como un bálsamo. Ella estaba de espaldas, quitándose los pesados pendientes de diamantes frente al espejo.
— No sabía si lograrías escapar de tus hermanos —dijo ella a través del reflejo, con una sonrisa traviesa.
Namjoon no respondió con palabras. Caminó hacia ella y la rodeó con sus brazos desde atrás, hundiendo el rostro en el hueco de su cuello. El aroma a jazmín y sándalo lo golpeó de inmediato, borrando el cansancio de los AMA y el jet lag de las últimas semanas.
— Te extrañé tanto que duele, Nawinda —susurró él, apretándola contra su pecho.
— Yo también, Nam —ella se giró en sus brazos, rodeándole el cuello y obligándolo a bajar la cabeza para besarlo—. Felicidades, Artista del Año. Estabas jodiadamente guapo ahí arriba.
El beso fue hambriento, cargado de la frustración de semanas de videollamadas y mensajes de texto. En Las Vegas, la discreción seguía siendo necesaria, pero la ciudad ofrecía un anonimato diferente, una atmósfera de "todo vale" que les permitía relajarse un poco más.
— Los chicos trajeron champán —dijo Namjoon después de un rato, separándose apenas unos centímetros—. Creo que bebí un par de copas demasiado rápido en el Live. Me siento... ligero.
Navi se rió, acariciando su mandíbula.
— Se nota. Tienes los ojos brillantes y esa sonrisa de hoyuelos que solo sacas cuando estás un poco alegre.
— Es la victoria —insistió él, aunque su paso era ligeramente vacilante mientras se dirigían al sofá—. Y la adrenalina. Y tú. Estás tan hermosa con ese vestido que me dan ganas de escribir un álbum entero solo sobre esta noche.
Se sentaron juntos, compartiendo una botella de vino que Navi había pedido previamente. La conversación fluyó con la madurez de siempre, pero teñida por la euforia del éxito reciente. Hablaron de la gala, de los nervios de las chicas de AERIS y de los planes para el resto del año. Sin embargo, a medida que la botella se vaciaba, el alcohol empezó a hacer efecto en el sistema de Namjoon, quien no solía beber mucho durante las promociones.
— ¿Sabes qué es lo mejor de Las Vegas? —preguntó él de repente, recostando la cabeza en el hombro de Navi y mirando el techo artesonado.
— ¿Los buffets de medianoche? —bromeó ella.
— No —Namjoon se incorporó, mirándola con una seriedad cómica y los ojos un poco vidriosos—. Lo mejor es que aquí las cosas son sencillas. Si quieres algo, lo haces. Sin contratos de diez años, sin reuniones de relaciones públicas... solo tú y yo.
— Namjoon, estás borracho —dijo Navi con una sonrisa cariñosa, apartándole un mechón de pelo de la frente.
— No estoy borracho, estoy... iluminado —declaró él, tomando las manos de Navi entre las suyas—. Escúchame, Nawinda. Te amo. Te amo tanto que mi pecho se siente pequeño para todo lo que siento. Y he estado pensando... ¿por qué esperar?
Navi arqueó una ceja, sospechando hacia dónde iba la conversación.
— ¿Esperar a qué?
— ¡A casarnos! —exclamó él, levantando las manos—. Estamos en Las Vegas. Hay capillas abiertas las veinticuatro horas. Podemos ir ahora mismo. Yo puedo ser un Elvis muy decente si me lo propongo, o podemos buscar una capilla de esas con flores de plástico. ¡Casémonos esta noche!
Navi soltó una carcajada que resonó en toda la suite.
— ¿Estás hablando en serio? Namjoon, mañana tienes una entrevista a las ocho de la mañana. No puedes aparecer casado con una idol de otra empresa solo porque ganaste un AMA y bebiste tres copas de champán.
— ¡Sí puedo! —insistió él, poniéndose de pie con un entusiasmo tambaleante—. Es perfecto. Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, ¿no? Sería nuestro secreto supremo. El mundo no tendría que saberlo, pero yo sabría que eres mi esposa. ¡Va, Navi! Di que sí.
— No —dijo ella firmemente, aunque sus ojos bailaban de diversión—. No me voy a casar con un hombre que no puede mantener el equilibrio sobre una alfombra.
Namjoon se detuvo en seco, y su expresión cambió de la euforia a una tristeza exagerada en un segundo. Se dejó caer de rodillas frente a ella, apoyando las manos en sus muslos.
— ¿Es porque no tengo un anillo? —preguntó, con la voz casi quebrada—. Puedo hacer uno con el papel de aluminio de los chocolates del minibar. Navi, no me digas que no. No me digas que no quieres casarte conmigo.
— Namjoon, por favor, levántate —pidió ella, tratando de no reírse ante la imagen del rapero más respetado de Corea haciendo un berrinche romántico en el suelo—. No es que no quiera casarme contigo algún día. Es que quiero que lo recuerdes cuando pase.
— ¡Lo recordaré! —insistió él, con los ojos empezando a humedecerse—. Recordaré que me rechazaste en Las Vegas. Mi corazón está roto. Mañana escribiré la canción más triste de la historia de BTS y será tu culpa.
Navi suspiró, dándose cuenta de que Namjoon había entrado en esa fase del alcohol donde las emociones se magnifican hasta el infinito. Se inclinó hacia adelante y tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a mirarla.
— Escúchame, Kim Namjoon. Te amo. Me casaría contigo en una choza o en la luna. Pero no esta noche, y no así. Mañana, cuando te levantes y te duela la cabeza, me darás las gracias.
— ¿Entonces no me amas? —preguntó él, con un labio inferior tembloroso que Navi encontró peligrosamente adorable.
— Te amo más de lo que puedo expresar —respondió ella, dándole un beso tierno en los labios—. Ahora, vamos a la cama. Necesitas dormir antes de que intentes convencer al servicio de habitaciones de que sean nuestros testigos.
— Podrían haberlo sido —murmuró él, dejándose guiar hacia el dormitorio—. El camarero de antes parecía un tipo legal.
Fue una odisea lograr que Namjoon se quitara los zapatos y se metiera bajo las sábanas. Durante todo el proceso, él siguió murmurando sobre las ventajas de las bodas exprés y cómo su amor era "trascendental y cósmico".
— Navi... —susurró él cuando ella finalmente se acostó a su lado, abrazándolo para calmar su inquietud.
— Dime, Nam.
— Si no nos casamos hoy... ¿me prometes que me darás un beso de buenos días mañana?
— Te daré todos los besos que quieras —prometió ella, acariciándole la espalda—. Pero ahora duerme.
— Eres la mejor jefa de AERIS del mundo —murmuró él, cerrando los ojos finalmente—. Y tu verso en la última canción... fue fuego. Puro fuego.
Navi se quedó despierta un rato más, escuchando la respiración profunda y rítmica de Namjoon. En la oscuridad de la habitación, con las luces de Las Vegas filtrándose por las rendijas de las cortinas, se sintió increíblemente afortunada. El mundo los veía como gigantes, como figuras inalcanzables envueltas en trofeos y récords, pero allí, en la intimidad de la noche, eran solo dos personas tratando de navegar por la complejidad de sus sentimientos.
A pesar de la propuesta disparatada y la borrachera, Navi sabía que el deseo de Namjoon era real. En su estado de embriaguez, él había soltado la verdad que ambos guardaban en lo más profundo: el deseo de pertenecerse el uno al otro sin condiciones ni secretos.
A la mañana siguiente, la luz del desierto inundó la habitación con una crueldad innecesaria. Namjoon se despertó con un gemido, cubriéndose los ojos con el brazo.
— ¿Navi? —preguntó con la voz ronca.
— Aquí estoy —dijo ella, apareciendo desde el baño con un vaso de agua y una aspirina—. Buenos días, "Elvis".
Namjoon se sentó lentamente, frotándose las sienes. Los recuerdos de la noche anterior empezaron a volver en ráfagas: los premios, el hotel, el vino... y la propuesta. Se quedó congelado, mirando a Navi con una mezcla de horror y vergüenza.
— Oh, no —susurró él, escondiendo el rostro entre las manos—. Dime que no hice lo que creo que hice.
— Si te refieres a intentar arrastrarme a una capilla a las tres de la mañana mientras llorabas porque no quería casarme con un anillo de papel de aluminio... sí, lo hiciste —respondió ella, sentándose en el borde de la cama con una sonrisa burlona.
Namjoon se hundió más en las almohadas, emitiendo un sonido de agonía.
— Por favor, dime que no hay vídeos de esto.
— Solo en mi memoria —rio ella, entregándole el agua—. Y no te preocupes, no acepté. Así que técnicamente sigues siendo un soltero muy codiciado.
Namjoon tomó el agua y la bebió de un trago. Luego, miró a Navi con una expresión mucho más suave y seria, a pesar del dolor de cabeza.
— Navi... lo que dije... aunque estaba ebrio... lo sentía de verdad. Excepto lo de Elvis. Eso fue el champán hablando. Pero el resto... es lo que quiero.
Navi suavizó su expresión y le tomó la mano.
— Lo sé, Nam. Y yo también lo quiero. Pero lo haremos bien. Algún día, cuando podamos invitar a nuestras familias y no tengamos que escondernos en una suite de hotel.
— Algún día —asintió él, atrayéndola para un beso que, esta vez, sabía a café y a promesas reales—. Pero por ahora, creo que tengo una entrevista en treinta minutos y me siento como si un camión me hubiera pasado por encima.
— Bienvenido a Las Vegas, Artista del Año —bromeó ella, ayudándolo a levantarse—. Ahora vete a tu habitación antes de que Jin venga a buscarte con una cámara.
Namjoon se vistió rápidamente, recuperando su aura de líder de BTS, pero antes de salir, se detuvo en la puerta y miró a Navi una vez más.
— Oye, Navi.
— ¿Sí?
— Gracias por decir que no. Habría sido un desastre logístico impresionante.
— De nada, Namjoon. Para eso están las novias, para evitar que sus novios borrachos cambien la historia del K-Pop en una capilla de diez dólares.
Namjoon salió de la habitación con una sonrisa, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo. Las Vegas les había dado una noche de locura, risas y una honestidad que solo el alcohol y la confianza profunda podían desatar. Mientras caminaba hacia su propia suite para prepararse para el día, supo que, aunque no hubiera habido boda esa noche, el compromiso entre ellos era más fuerte que cualquier papel firmado.
Lo que pasó en Las Vegas se quedaría en Las Vegas, pero el amor que compartían... ese se iba con ellos a cualquier rincón del mundo al que la música los llamara. Y algún día, el anillo no sería de papel de aluminio, y la propuesta no sería un susurro ebrio, sino una verdad gritada al viento bajo la luz del sol.