RYERS AU
Detrás de la lente: Filtros, Retweets y Confesiones
La tensión en la sala de los Wheeler se podía cortar con un cuchillo, aunque solo Richie y Will eran conscientes de la magnitud del incendio que acababan de desatar en la cocina. Mike, ajeno a que su primo y su mejor amigo acababan de intercambiar fluidos y secretos digitales, fruncía el ceño mientras barajaba las cartas de "Hitos de la Humanidad".
—Estás muy raro, Tozier —soltó Mike, lanzando una mirada sospechosa a Richie—. Tienes esa cara de cuando ganaste el jackpot en el arcade de Derry y luego vomitaste por comer demasiados regalices. Una mezcla de triunfo y enfermedad.
Richie soltó una carcajada estridente, apretando un poco más el hombro de Will. Sus dedos, los mismos que Will había visto en primer plano a través de una pantalla de retina hacía menos de una hora, ahora trazaban círculos invisibles sobre la tela de la camiseta del castaño.
—Es el aura del éxito, Wheeler. Deberías intentar canalizarla, tal vez así Jane deje de ganarte en todos los juegos de estrategia —respondió Richie con su habitual tono burlón.
Will, por su parte, sentía que su sistema nervioso estaba a punto de colapsar. La cercanía de Richie era embriagadora. Siempre lo había sido, pero ahora, con el conocimiento de que Richie era "R-Rated_Toz", cada roce se sentía como una descarga eléctrica. Sacó su teléfono por debajo de la mesa, tratando de ser discreto. Tenía que ver su cuenta privada. Tenía que procesar que el hombre al que le dedicaba sus pensamientos más impuros era el mismo idiota que estaba a su lado haciendo chistes de flatulencias.
Abrió Twitter. Su último retweet citado seguía ahí, brillando con la luz de la verdad.
@ClericWill_9: *"¿Cómo es posible que alguien tenga unas manos tan perfectas? Sigo pensando en lo que harían si fueran reales. Este hombre me va a matar un día de estos"*.
Sintió un codazo suave. Richie lo miraba de reojo, con un brillo de malicia tras los cristales de sus gafas.
—¿No vas a responder a mis menciones, Cleric? —susurró Richie al oído de Will, tan bajo que solo él pudo escucharlo.
Will se puso rígido.
—Cállate —susurró de vuelta, aunque su sonrisa lo delataba.
—¡Basta de cuchicheos! —exclamó Max, cruzándose de brazos—. O juegan o se van a un hotel, pero dejen de actuar como si tuvieran un secreto nacional. Dustin, tu turno.
Dustin, que estaba más interesado en la última porción de pizza, tragó rápido.
—Bien, bien. Pregunta para... Richie. Ya que estamos en confianza y que Will parece haber perdido el habla, Richie, cuéntanos: ¿cuál es la mayor mentira que has dicho en redes sociales este mes?
Richie se acomodó los lentes. El corazón le dio un vuelco. Podía decir cualquier tontería, pero miró a Will y luego a sus amigos. La adrenalina de haber sido descubierto por la única persona que realmente le importaba lo hacía sentir invencible.
—Bueno —comenzó Richie, estirando las piernas—, he estado fingiendo que soy un soltero codiciado y misterioso en una cuenta secundaria cuando, en realidad, soy un perdedor que pasa las noches editando videos y suspirando por un chico que dibuja como los dioses y tiene ojos de bosque.
Hubo un silencio sepulcral. Lucas dejó caer su lata de refresco, que por suerte estaba vacía. Jane parpadeó, procesando las palabras. Mike miró a Richie y luego a Will, con la boca abierta.
—Espera... —balbuceó Mike—. ¿Estás hablando de...?
—¡Oh, por Dios! —gritó Robin, que acababa de entrar con más cervezas—. ¡Finalmente! Llevo dos años diciendo que la tensión sexual entre ustedes dos es tan densa que se podría usar para tapar grietas en el Upside Down.
—¿Dos años? —preguntó Will, abrumado—. ¿Tanto se nota?
—Will, cariño —dijo Max con una sonrisa de suficiencia—, pintas a Richie en los márgenes de todos tus cuadernos. Y Richie... Richie deja de respirar cada vez que entras en una habitación. No son sutiles.
Richie se encogió de hombros, aunque sus mejillas estaban salpicadas de un rojo que competía con sus pecas.
—Bueno, el gato está fuera de la bolsa. O el Cleric fuera de la mazmorra. Como quieran llamarlo.
La noche continuó, pero la dinámica había cambiado por completo. Ya no había timidez. Richie no soltaba la mano de Will, y Will, por primera vez, se sentía lo suficientemente valiente como para apoyarse en el pecho de Richie mientras veían una película de terror que nadie estaba viendo realmente.
Cerca de la medianoche, los invitados empezaron a retirarse. Lucas y Max se fueron discutiendo sobre quién conduciría, y Dustin se fue con Robin para que ella lo dejara en su casa. Mike y Jane se despidieron con una mirada cómplice, dejando a Richie y Will solos en el sofá.
—Así que... —dijo Will, rompiendo el silencio—. ¿"R-Rated_Toz"? ¿En serio, Richie? Es el nombre más egocéntrico que podrías haber elegido.
Richie soltó una carcajada y se quitó los lentes, frotándose el puente de la nariz. Sin el cristal de por medio, sus ojos oscuros se veían más profundos y honestos.
—Oye, el marketing es importante. Además, suena mejor que "Richie_El_Primo_De_Mike_Haciendo_Cosas". No tiene el mismo gancho.
Will se giró para quedar frente a él, doblando una pierna sobre el sofá.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó en voz baja—. ¿Por qué ocultarlo tanto tiempo?
—Porque me aterraba, Will —confesó Richie, perdiendo su máscara de bufón—. Eres... eres Will Byers. Eres puro, eres un artista, eres sensible. Yo soy un bocazas que hace bromas de mal gusto y que se graba en la oscuridad porque le gusta la atención de extraños. Pensé que si veías quién era realmente el tipo de los videos, te daría asco. O peor, que te reirías de mí.
Will le tomó la cara con ambas manos. Sus dedos rozaron las pecas de Richie con una delicadeza que hizo que el pelinegro cerrara los ojos.
—Nunca me darías asco —susurró Will—. Richie, me encantan esos videos porque siempre sentí que había algo familiar en ellos. La forma en que te mueves, la energía... ahora todo tiene sentido. Pero me gustas tú, el de verdad. El que me hace reír hasta que me duele el estómago y el que me trae pizza cuando sabe que tuve un mal día en la facultad.
Richie abrió los ojos y sonrió con tristeza.
—Entonces... ¿no me vas a cancelar en Twitter?
—No —dijo Will con una chispa de picardía—. Pero voy a necesitar que me des acceso exclusivo a la configuración de privacidad. Y tal vez... tal vez pueda ayudarte con la dirección de arte. Tus encuadres son un poco repetitivos.
Richie soltó una carcajada genuina y atrajo a Will hacia él, envolviéndolo en un abrazo protector.
—Tenemos un trato, Byers.
Pasaron unos minutos en silencio, disfrutando de la paz del departamento vacío. Pero Richie, siendo Richie, no podía quedarse callado por mucho tiempo. Sacó su teléfono y abrió la aplicación de la cámara.
—¿Qué haces? —preguntó Will, mirando la pantalla.
—Documentando el momento histórico —dijo Richie, poniendo el teléfono en modo video—. El momento en que el fan más devoto de R-Rated_Toz descubrió que su ídolo es en realidad su novio.
—¿Novio? —repitó Will, con el corazón saltando—. ¿Ya somos novios?
—Bueno, si no quieres, puedo seguir siendo solo tu "crush" de internet —bromeó Richie—. Pero creo que el contrato de exclusividad ya se firmó en la cocina.
Will sonrió y se acercó a la cámara. Richie grabó solo sus manos entrelazadas, con el fondo desenfocado de la sala de estar. Era un video corto, de apenas diez segundos, pero cargado de significado.
—¿Vas a subir eso? —preguntó Will.
—Tal vez —respondió Richie—. Con un pie de foto que diga: *"He encontrado a mi Cleric. La cuenta se retira por vacaciones indefinidas... o tal vez solo cambie de formato"*.
Richie bloqueó el teléfono y lo dejó sobre la mesa de centro. Se giró hacia Will y lo miró con una intensidad que hizo que al castaño se le olvidara cómo respirar.
—Pero antes de cualquier publicación... —dijo Richie, bajando la voz—. Quiero comprobar si lo que escribiste en ese retweet es verdad.
—¿Qué parte? —preguntó Will, aunque sabía perfectamente a qué se refería.
—La parte de lo que estas manos harían si fueran reales —susurró Richie, acercándose a su cuello—. Porque te aseguro, Will, que la realidad supera por mucho a la ficción de 240 píxeles.
Will soltó un suspiro entrecortado cuando sintió los labios de Richie en su piel. Era cálido, era real, y era mil veces mejor que cualquier video que hubiera visto en su vida.
A la mañana siguiente, los seguidores de @R-Rated_Toz se despertaron con una sorpresa. No era un video explícito, ni una foto sugerente. Era una imagen de dos manos entrelazadas sobre una sábana blanca, bañadas por la luz del sol de la mañana.
El pie de foto era simple: *"Fuera de servicio. He encontrado algo mucho mejor que los likes de desconocidos"*.
En su cuenta privada, @ClericWill_9 hizo su último retweet:
*"Doy fe de que es mucho mejor en persona. El mundo no está listo para este hombre"*.
Mientras tanto, en el departamento, Richie y Will compartían un tazón de cereales, riendo de los mensajes de odio de los fans decepcionados y de los mensajes de texto histéricos de Mike, que todavía no podía creer que su primo se hubiera quedado a dormir en el sofá (o eso creía él).
—¿Sabes qué es lo más gracioso de todo esto? —dijo Richie, limpiándose una gota de leche de la comisura de la boca.
—¿Qué? —preguntó Will, dibujando perezosamente en su tableta digital.
—Que ahora tengo que borrar todas las fotos de tus dibujos que tenía guardadas en mi carpeta secreta de "Inspiración" para que no pienses que soy un acosador.
Will levantó la vista, sorprendido.
—¿Tenías fotos de mis dibujos?
—Will, por favor —dijo Richie, volviendo a su tono dramático—. Soy tu fan número uno desde 1985. Solo que yo no necesitaba una cuenta con candado para saber que eras perfecto.
Will se sonrojó, pero esta vez no apartó la mirada. Se acercó a Richie y le dio un beso suave, un beso que sabía a hogar y a nuevos comienzos.
—Te quiero, Richie. Aunque seas un exhibicionista con un ego del tamaño de Texas.
—Y yo a ti, Byers. Aunque seas un stalker con gustos muy refinados en hombres con lentes.
La pantalla del teléfono de Richie se iluminó con una nueva notificación de Twitter, pero ninguno de los dos se molestó en mirar. Ya no necesitaban píxeles para sentirse vivos. Tenían la realidad, y la realidad, por una vez, no necesitaba filtros.