Si

Harás la continuidad de este La mañana siguió avanzando despacio sobre el río. La luz ya no era tenue; empezaba a dorar los bordes de todo, el agua, las tablas húmedas del muelle, las herramientas desperdigadas alrededor del bote. El calor todavía no se volvía insoportable, pero ya estaba ahí, pegándose a la piel. Bucky intentaba concentrarse. De verdad lo intentaba. Tenía las manos ocupadas ajustando una pieza del motor mientras Sam seguía hablando a su lado, moviéndose de un lado a otro con esa energía tranquila que parecía llenar cualquier espacio donde estuviera. Pero ahora que finalmente había dejado de mentirse, era como si su cerebro hubiera perdido la capacidad de filtrar cosas. Todo era Sam. El olor a aceite mezclado con jabón y sudor limpio. La forma en que su camiseta vieja se tensaba en la espalda cada vez que levantaba algo. El sonido de su voz, grave todavía por la mañana, vibrando cerca de él mientras discutían sobre algo ridículo del bote. —Te estoy diciendo que esa pieza está mal puesta. —Te estoy diciendo que tú no sabes nada de barcos. —Y aun así sigo salvándote de destruirlo. Sam soltó una risa corta, sacudiendo apenas la cabeza. —Dios, eres insoportable. Bucky respondió algo, probablemente otra provocación automática, pero ya no estaba pensando realmente en la conversación. Su atención se iba una y otra vez hacia detalles pequeños, absurdos. La concentración en el rostro de Sam cuando se inclinaba sobre el motor. La línea de su cuello húmeda por el calor. Las manos. Siempre las manos. Seguras, rápidas, llenas de pequeñas marcas y grasa porque llevaba días trabajando ahí sin parar. Y luego estaba esa otra cosa. La sensación constante de hogar. No la casa. No Louisiana. No el bote. Sam. Todo alrededor parecía impregnado de él. Como si el aire entero hubiera aprendido su presencia y ahora Bucky no pudiera escapar de ella aunque quisiera. Lo peor era que no quería. Sam se incorporó con un pequeño gesto de frustración cuando algo volvió a atorarse. —Mierda… pásame la llave inglesa. Bucky se la alcanzó automáticamente, pero sus dedos se quedaron rozando los de Sam un segundo más del necesario. Pequeño. Casi nada. Aun así, Sam levantó la mirada apenas. No dijo nada. Pero Bucky sintió el contacto quedarse bajo su piel incluso después de separarse. Mierda. Volvió a bajar la vista al motor antes de que Sam pudiera notar demasiado. O probablemente ya lo había notado. Porque Sam notaba cosas. Siempre. La conversación siguió, todavía cubierta por esa dinámica habitual entre ellos, las burlas fáciles, los empujones ligeros, las respuestas rápidas. Pero poco a poco empezó a cambiar de ritmo sin que ninguno pareciera decidirlo. Las pausas se hicieron más largas. La voz de Sam bajó un poco. Y entonces empezó a hablar del bote. De verdad hablar. No de motores ni dinero ni trabajo. De lo que significaba. Bucky lo escuchó mientras fingía seguir ocupado con las herramientas. —Mi papá decía que este bote era terquedad flotando sobre agua —murmuró Sam con una sonrisa leve, todavía inclinado sobre el motor—. Creo que tenía razón. Bucky soltó una pequeña risa. —Eso explica mucho sobre ti. —Cállate. Pero estaba sonriendo todavía. Luego esa sonrisa se suavizó apenas. —Cuando éramos niños… Sarah y yo pasábamos más tiempo aquí que en cualquier otro lugar. Mi papá arreglaba cosas, nos gritaba que no estuviéramos estorbando y luego terminábamos ayudándolo igual. La forma en que hablaba cambió. Más tranquila. Más profunda. Bucky levantó la vista lentamente. Sam estaba mirando el bote mientras hablaba, no a él. Como si estuviera viendo algo más allá del presente. —No sé… —continuó—. Supongo que dejarlo ir se sentiría como perder algo más que solo un barco. Hubo una pausa breve. —Y mis sobrinos aman este lugar. Sarah también, aunque finja que no. Es parte de nosotros. Bucky sintió algo apretarse en el pecho. Porque ahí estaba otra vez. Esa lealtad inmensa que parecía vivir dentro de Sam como algo natural. La manera en que cuidaba de las personas que amaba sin siquiera pensar demasiado en ello. Como si protegerlas fuera tan automático como respirar. Y de pronto Bucky entendió por qué estar cerca de él dolía de esa manera extraña. Porque Sam hacía del mundo un lugar más seguro simplemente existiendo dentro de él. Porque era fuerte sin necesidad de endurecerse. Porque incluso después de todo, seguía construyendo cosas en vez de destruirlas. Bucky lo observó mientras la luz de la mañana terminaba de tocarle el rostro. El sudor brillando apenas sobre su piel. La concentración suave en sus ojos. La calma que transmitía incluso cuando estaba cansado. Y algo dentro de él simplemente… cedió. Sam seguía hablando, todavía mirando el motor. —Aunque honestamente, este bote probablemente quiere mor— Bucky lo besó. No lo planeó. Ni siquiera sintió el momento exacto en que decidió moverse. Solo un impulso demasiado lleno, demasiado acumulado, arrastrándolo hacia adelante antes de que pudiera detenerse. Su mano encontró el lado del rostro de Sam casi con cuidado involuntario mientras se inclinaba. El beso fue breve al inicio. Suave. Pero cargado de todo lo que llevaba días, semanas, quizá meses conteniendo. Sam se quedó completamente quieto. Bucky sintió eso de inmediato. No correspondió. Pero tampoco se apartó. Y fue esa inmovilidad lo que hizo que Bucky abriera los ojos unos segundos después, todavía demasiado cerca de él. Entonces la realidad lo golpeó de lleno. Mierda. Mierda. Se separó apenas, respirando más rápido ahora, y el pánico empezó a subirle por el pecho tan fuerte que casi dolía. Sam seguía mirándolo. Impactado. No parecía enojado. Tampoco exactamente confundido. Más bien… aturdido. Sus ojos bajaron un instante hacia otro lado antes de volver, como si estuviera intentando ordenar algo dentro de sí mismo. Bucky retiró la mano de inmediato. —Sam, yo— Las palabras se atoraron. Nunca había sido bueno en esto. Nunca había tenido que serlo. Y ahora mismo sentía que había saltado desde un edificio sin saber si había suelo abajo. Sam seguía sin hablar. Bucky tragó saliva, incapaz de sostenerle la mirada por mucho tiempo ahora. —No tenía pensado hacer eso. Mentira. —O sea, sí, pero no así, yo solo… Dios. Estaba destruyéndolo todo. Y entonces Sam se movió. Rápido. Su mano subió directamente a la nuca de Bucky y lo sujetó con firmeza, obligándolo a mirarlo otra vez. El aire desapareció del pecho de Bucky. Sam lo observó apenas un segundo. Pero en esa mirada había algo intenso. Decidido. Como si hubiera llegado a una conclusión demasiado rápido y necesitara comprobarla inmediatamente. Bucky no tuvo tiempo de entender nada más. Porque Sam tiró de él hacia adelante y lo besó. Fuerte. No violento. Pero sí lleno de algo contenido durante demasiado tiempo. La sorpresa dejó a Bucky inmóvil una fracción de segundo antes de que todo dentro de él reaccionara al mismo tiempo. El beso fue completamente distinto al primero. Más profundo. Más hambriento. Como si Sam hubiera cruzado un límite mental y ahora ya no pudiera fingir que no quería esto también. Bucky sintió el calor de la mano en su nuca, firme, manteniéndolo cerca mientras el beso se volvía más lento, más intenso. Sus labios encajaban con una facilidad devastadora, años enteros de tensión transformándose en algo real entre respiraciones desordenadas y movimientos cada vez menos cuidadosos. El mundo alrededor desapareció. El río. El bote. El calor. Todo. Solo existía Sam. La presión de su boca. La forma en que finalmente estaba besándolo de vuelta como si también hubiera estado esperando. Bucky llevó una mano a su cintura casi sin pensar, sosteniéndolo con una necesidad que ya no sabía ocultar. Y Sam hizo un sonido bajo contra su boca que terminó de destruir cualquier pensamiento coherente que quedara. El beso se profundizó lentamente, no apresurado, pero sí inevitable. Como algo que llevaba demasiado tiempo queriendo suceder.

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