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Slime x Rp Samuraí

El Eco de la Calma y el Acero

La mañana en la Finca Shiba comenzó con el sonido rítmico de la madera chocando contra la madera. Jayden, fiel a su rutina inquebrantable, ya estaba en el patio central practicando sus formas con el *bokken*. Sus movimientos eran precisos, nacidos de años de disciplina y del peso de un linaje que no permitía errores. Sin embargo, esta vez, sentía una mirada clavada en su nuca que no pertenecía al Mentor Ji.

Rimuru estaba sentada en el borde del porche, con las piernas colgando y una brocheta de dango en la mano que, sospechosamente, no parecía haber salido de la cocina de la finca. Observaba a Jayden con una expresión de curiosidad analítica, sus ojos dorados siguiendo cada giro de la espada de madera.

—Tu técnica es perfecta —dijo Rimuru de repente, rompiendo el silencio—. Pero estás peleando contra tu propia sombra, Jayden. Y parece que tu sombra te va ganando.

Jayden se detuvo a mitad de una estocada, dejando que el sudor resbalara por su frente. Se giró hacia ella, bajando el arma.

—La perfección es lo único que mantiene a raya a los Nighloks —respondió él con voz plana—. Si mi mente divaga, el sello falla. Y si el sello falla, el mundo arde.

Rimuru saltó del porche con una gracia que desafiaba la gravedad y caminó hacia él sobre la grava.

—Entiendo lo del deber, de verdad. Pero estás tan tenso que si un pájaro se posara en tu hombro, probablemente lo cortarías por reflejo —Rimuru sonrió y extendió su mano, materializando un *bokken* idéntico al de Jayden a partir de partículas de energía azul—. ¿Qué tal un combate de práctica? Sin símbolos, sin magia compleja. Solo lectura de movimientos.

Jayden arqueó una ceja. Había visto a Rimuru devorar a un Nighlok ayer, pero verla sostener una espada era diferente. Su postura era relajada, casi descuidada, pero Raphael estaba trabajando en segundo plano, procesando cada ángulo de ataque posible.

—No quiero lastimarte —dijo Jayden, aunque sabía que era una mentira piadosa dada la naturaleza de la joven.

—Inténtalo —desafió ella con un brillo juguetón en los ojos.

El enfrentamiento comenzó sin previo aviso. Jayden atacó con la velocidad de un rayo, un tajo descendente que habría derribado a cualquier oponente humano. Rimuru no bloqueó; simplemente se deslizó hacia un lado, dejando que el aire del impacto le despeinara el flequillo azulado.

—*Informe: El sujeto Jayden Shiba utiliza un estilo de combate basado en la economía de movimiento. Probabilidad de contraataque exitoso: 98%* —resonó la voz de Raphael en su mente.

Rimuru lanzó un ataque lateral suave. Jayden lo bloqueó con facilidad, pero se sorprendió al sentir la fuerza detrás del golpe. No era fuerza bruta, sino una inercia perfecta. Durante varios minutos, el patio fue un borrón de madera y movimiento. Los demás Rangers, que acababan de despertar, se asomaron por las puertas corredizas, observando la escena con la boca abierta.

—¿Está Jayden... sudando? —susurró Mike, frotándose los ojos—. Nadie hace sudar a Jayden en un entrenamiento matutino.

—Ella no se está esforzando —observó Kevin con una mezcla de envidia y admiración—. Mira sus pies. Apenas está tocando el suelo.

En el centro del patio, Jayden se sentía cada vez más frustrado y, a la vez, extrañamente liberado. Cada vez que intentaba acorralar a Rimuru, ella fluía como el agua. Era como intentar atrapar el humo con las manos.

—Te enfocas en el final del movimiento —dijo Rimuru mientras bloqueaba un golpe alto—, pero te olvidas del camino. Disfruta un poco, Jayden. La espada no es solo una herramienta de muerte, es una extensión de tu alma. Y tu alma parece que quiere irse a dormir un mes seguido.

Con un movimiento fluido, Rimuru giró sobre sus talones y golpeó suavemente el costado de Jayden con la punta de su espada de madera. Fue un toque ligero, casi una caricia, pero marcó el fin del duelo.

Jayden se quedó quieto, respirando con dificultad. Miró a Rimuru, quien hizo desaparecer su arma con un chasquido de dedos y le ofreció una toalla que sacó de su "estómago" dimensional.

—Tienes talento —admitió Jayden, aceptando la toalla—. Pero tu estilo es... anárquico. No sigues ninguna escuela.

—Sigo la escuela de "sobrevivir a monstruos gigantes" —rio ella—. Deberías probarla alguna vez. Es menos estresante que el Bushido estricto.

—Amo Shiba, Rimuru-san —la voz del Mentor Ji los interrumpió desde el umbral—. Siento arruinar este momento de instrucción, pero el sensor de brechas se ha activado. Hay actividad en el distrito portuario.

La atmósfera cambió instantáneamente. La calidez del sol matutino pareció enfriarse mientras Jayden recuperaba su máscara de líder.

—Rangers, ¡en marcha! —ordenó Jayden.

—¿Puedo ir? —preguntó Rimuru, ajustándose su túnica—. Me vendría bien ver cómo trabajáis en equipo. Además, Raphael dice que la energía del río Sanzu está empezando a filtrarse con más intensidad en esa zona.

Jayden dudó un segundo. Miró a la chica, que parecía más una turista curiosa que una entidad capaz de alterar la realidad, y luego asintió.

—Mantente cerca. No conocemos el alcance de tus poderes en un entorno urbano, Rimuru.

—Tranquilo, Capi. Seré una buena chica.

El grupo llegó al puerto justo cuando los Moogers empezaban a aterrorizar a los trabajadores. Entre las grúas y los contenedores, un Nighlok de aspecto viscoso, cubierto de algas y con una mandíbula que goteaba un líquido negro, se reía mientras lanzaba ráfagas de agua ácida.

—¡Soy Yamiror! —rugió la criatura—. ¡Y hoy el puerto olerá a desesperación!

—¡Samuraizer! ¡Vamos! —gritó Jayden.

Rimuru observó con fascinación renovada la transformación de los cinco jóvenes. Las luces de colores, los kanjis flotantes y las armaduras que se materializaban eran un espectáculo visual que incluso en su mundo sería considerado de alto nivel.

—*Análisis: La energía de los símbolos está actuando como un filtro para la atmósfera hostil del Nighlok. Sin la armadura, el veneno de Yamiror afectaría el sistema respiratorio humano en 30 segundos* —informó Raphael.

—Interesante —murmuró Rimuru—. Así que no es solo para verse bien, es una protección vital.

Los Rangers se lanzaron al combate. Jayden lideraba con su Spin Sword, coordinando ataques con Kevin y Mike. Mia y Emily cubrían los flancos con sus abanicos y flautas. Sin embargo, Yamiror era astuto. Emitió una densa niebla tóxica que empezó a corroer incluso el metal de los contenedores.

—¡No puedo ver nada! —gritó Mike, tropezando con una caja.

—¡Mantengan la formación! —ordenó Jayden, aunque él mismo estaba tosiendo dentro de su casco.

Rimuru, que permanecía en el borde del muelle sin haberse transformado, suspiró. Se llevó dos dedos a los labios y silbó suavemente.

—*Turbulencia de Viento* —pronunció con calma.

Una ráfaga de aire purificado surgió de la nada, barriendo la niebla tóxica en cuestión de segundos. Los Rangers recuperaron la visión justo a tiempo para ver a Rimuru caminando tranquilamente hacia el Nighlok, ignorando los proyectiles de ácido que se disolvían al entrar en contacto con su aura.

—Oye, alga con patas —dijo Rimuru, ladeando la cabeza—. Estás ensuciando el agua. Y a mí me gusta mucho nadar. ¿Qué tal si te retiras voluntariamente?

Yamiror soltó una carcajada estridente.

—¿Una humana sin armadura me da órdenes? ¡Te derretiré los huesos!

El Nighlok lanzó un chorro masivo de veneno. Jayden gritó su nombre, intentando correr hacia ella, pero Rimuru simplemente extendió la mano.

—*Gula* —dijo ella.

Un vacío oscuro apareció frente a su palma, succionando el veneno como si fuera una aspiradora. El ataque de Yamiror desapareció por completo, dejando al monstruo y a los Rangers en un silencio sepulcral.

—Sabe a pescado podrido y odio —Rimuru hizo una mueca de asco—. No lo recomiendo.

—¡¿Qué demonios eres?! —chilló Yamiror, retrocediendo hacia el borde del muelle.

—Soy Rimuru Tempest. Y creo que es hora de que los profesionales terminen esto. ¡Jayden, ahora!

Jayden, saliendo de su asombro, aprovechó la apertura.

—¡Disco de Fuego! ¡Cuchilla de Fénix!

El ataque combinado de los Rangers impactó de lleno en Yamiror, haciéndolo explotar en una lluvia de chispas. Como era de esperar, la criatura regresó segundos después, creciendo hasta alcanzar el tamaño de un rascacielos.

—¡Es hora de los Megazords! —exclamó Mike, entusiasmado.

Rimuru miró hacia arriba, viendo cómo las máquinas gigantes se ensamblaban. Sus ojos brillaron con una luz dorada mientras Raphael escaneaba la estructura.

—*Informe: La combinación de los Folding Zords crea una anomalía geométrica que multiplica la potencia de fuego por diez. Sin embargo, hay una fuga de energía en la articulación de la pierna izquierda*.

—Jayden —la voz de Rimuru resonó directamente en el casco del Red Ranger mediante telepatía—, la pierna izquierda del Megazord está perdiendo potencia de símbolo. Dile a Blue Ranger que refuerce la conexión.

Jayden se sorprendió por la voz en su cabeza, pero ya había aprendido a confiar en los instintos de la slime.

—¡Kevin, refuerza la pierna izquierda! ¡Ahora!

—¡Entendido!

Gracias a la advertencia de Rimuru, el Megazord Samurai evitó un colapso cuando Yamiror intentó derribarlo. Con un tajo final de la espada gigante, el Nighlok fue finalmente destruido, esta vez de forma permanente.

Más tarde, de vuelta en la Finca Shiba, los Rangers estaban agotados pero eufóricos. Rimuru estaba sentada en el tejado, mirando el atardecer, cuando Jayden subió para unirse a ella. Se sentó a su lado, manteniendo una distancia respetuosa, pero sus hombros ya no estaban tan tensos como por la mañana.

—Hoy nos has vuelto a salvar —dijo Jayden, mirando al horizonte—. Y lo hiciste parecer fácil.

—No fue nada —respondió Rimuru, balanceando sus pies—. Vuestro mundo es fascinante, Jayden. La forma en que usáis los símbolos es casi como la magia de caligrafía de mi mundo, pero más... emocional.

—A veces siento que las emociones son una debilidad —admitió Jayden en un susurro, algo que nunca le diría a nadie más—. Si siento demasiado, el fuego se vuelve incontrolable. Por eso tengo que ser de piedra.

Rimuru se giró hacia él. En la luz dorada del atardecer, su piel parecía brillar y sus ojos tenían una calidez que Jayden encontró hipnótica.

—La piedra se rompe con el tiempo, Jayden. El agua, en cambio, se adapta a cualquier recipiente y puede desgastar hasta la montaña más alta. No intentes ser de piedra. Intenta fluir.

Ella extendió su mano y, por un momento, Jayden pensó que iba a tocar su rostro. En su lugar, Rimuru hizo aparecer una pequeña esfera de luz azul que flotó entre los dos.

—Esto es un fragmento de mi energía —explicó ella—. Si alguna vez te sientes demasiado pesado, solo toca esta luz. Te recordará que no estás solo en esta lucha. Que hay un slime muy poderoso que te guarda las espaldas.

Jayden miró la esfera y luego a Rimuru. Por primera vez en años, el Red Ranger sintió que el peso de su destino no era una condena, sino una parte de algo más grande.

—Gracias, Rimuru —dijo él, y su voz era suave, casi tierna.

—De nada, Samurái —ella le guiñó un ojo, rompiendo la tensión con su habitual tono juguetón—. Pero no te acostumbres a que te limpie el patio de monstruos. ¡Mañana quiero que me enseñes a usar ese Samuraizer! Raphael dice que si analizo el código lo suficiente, puedo crear mi propio símbolo.

Jayden soltó una carcajada auténtica, un sonido que sorprendió incluso a los pájaros en los árboles cercanos.

—Eso me gustaría verlo.

Mientras ambos compartían el silencio de la tarde, lejos de allí, en el fondo del río Sanzu, una figura delgada y siniestra emergía de las aguas. Dayu, la mujer Nighlok del laúd, observaba la Finca Shiba con odio.

—Esa intrusa está ablandando el corazón del León —siseó Dayu—. Pero el Maestro Xandred tiene planes para ella. Si no podemos destruirla, la convertiremos en la llave que secará el mundo.

Rimuru sintió un escalofrío y miró hacia el río a lo lejos. Raphael no emitió ninguna advertencia, pero ella sabía que la paz no duraría. Sin embargo, mientras miraba a Jayden, quien finalmente parecía haber encontrado un momento de calma, decidió que proteger este mundo valdría la pena. Después de todo, un slime siempre cuida de sus amigos.