Soy una furina de nivel máximo?
Entre pasteles, mentiras y un Mar de Estrellas
La primera mañana en Fontaine no fue como el joven transmigrado esperaba. No hubo una alarma ensordecedora ni el sonido del tráfico; en su lugar, el suave murmullo de las fuentes del Palacio de Mermonia y el aroma a café recién hecho inundaron sus sentidos. Se desperezó, sintiendo el roce de las sábanas de seda contra su piel de porcelana, y por un segundo olvidó que ya no era un estudiante universitario con ojeras, sino la criatura más poderosa de la nación de la justicia.
Se miró las manos. Seguían siendo pequeñas, delicadas, con esas uñas perfectamente cuidadas. Suspiró, una mezcla de resignación y una extraña euforia.
—Bien, "Fufu" —se dijo a sí mismo, probando su voz melodiosa—, hoy empieza el operativo "Salvar a la mejor chica".
Se levantó con la agilidad que le otorgaban sus estadísticas de nivel 90. Cada movimiento se sentía fluido, como si el aire mismo le abriera paso. Tras vestirse con el elaborado atuendo de la Arconte —una tarea que le llevó más tiempo del esperado debido a tantos lazos y botones—, se dirigió a la habitación de la verdadera Furina.
Al entrar, la encontró sentada frente al espejo, tratando de colocarse su sombrero de copa con manos que aún temblaban ligeramente. Al verlo entrar, ella se tensó, pero luego relajó los hombros al reconocer la mirada traviesa que él le había mostrado la noche anterior.
—Has vuelto —susurró ella.
—¡Por supuesto que he vuelto! —exclamó él, haciendo una pirueta innecesaria que terminó en una reverencia—. No pensarías que iba a dejarte sola con toda esa montaña de documentos que Neuvillette suele enviar, ¿verdad? Además, he oído que hoy sirven una tarta de chocolate especial en la cafetería del palacio.
La verdadera Furina lo observó con una mezcla de envidia y fascinación.
—Te mueves como si no tuvieras un solo peso sobre los hombros —comentó ella, bajando la vista—. Yo... yo siento que el techo se va a desplomar sobre mí en cualquier momento.
Él se acercó y, sin pedir permiso, le arrebató el sombrero para colocárselo con una inclinación perfecta.
—Eso es porque a partir de hoy, yo sostendré el techo —dijo con total seriedad, aunque sus ojos brillaban con afecto—. Escúchame, Furina. Sé que tienes que salir ahí fuera y actuar. Sé que tienes que ser la Arconte Hydro frente a la gente, frente a Neuvillette y frente a esos diplomáticos molestos de Snezhnaya. Pero cuando estés cansada, cuando sientas que la máscara se rompe, solo tienes que buscarme. Estaré en las sombras, o tal vez disfrazado de escolta, o simplemente esperándote con un dulce.
Furina asintió, aunque la duda seguía presente en sus ojos heterocromáticos.
—¿Y si alguien nota que hay dos? —preguntó ella—. Si el Oratrice Mecanique d'Analyse Cardinale detecta algo...
—Oh, deja que ese trasto se preocupe por sus propias leyes —le restó importancia él—. Con mi control sobre el Hydro, puedo volverme invisible a los ojos de los demás, o incluso parecer una simple burbuja. Nadie me verá a menos que yo quiera.
De repente, un golpe rítmico sonó en la puerta principal de la suite.
—Lady Furina, es hora de la audiencia matutina con el Juez Supremo —anunció una voz profunda y serena desde el otro lado.
Ambos se congelaron. Era Neuvillette.
—¡Es él! —susurró la verdadera Furina, entrando en pánico—. ¡No estoy lista! ¡No he repasado mis líneas para hoy!
El transmigrado le puso una mano en el hombro. Sintió una punzada de dolor al ver el terror en el rostro de la chica. Neuvillette no era una mala persona, pero para la Furina humana, él era el recordatorio constante de su posible fracaso.
—Respira —le ordenó él en voz baja—. Sal ahí y sé la diva que todos esperan. Yo estaré justo detrás de ti. Literalmente.
Con un pensamiento, el joven activó su habilidad elemental. No invocó a sus amigos del salón esta vez; en su lugar, manipuló las partículas Hydro a su alrededor para refractar la luz. Para cualquier observador, el espacio a la izquierda de la verdadera Furina estaba vacío. Para él, era como estar envuelto en una capa de agua tibia y transparente.
Furina respiró hondo, se enderezó, infló el pecho y cambió su expresión de miedo por una de absoluta arrogancia y confianza.
—¡Adelante! —gritó ella con voz potente—. ¡Que pase el Juez Supremo!
La puerta se abrió y Neuvillette entró con su habitual elegancia estoica. Sus ojos violetas recorrieron la habitación, deteniéndose un segundo más de lo normal en el espacio donde se encontraba el transmigrado invisible. El joven contuvo el aliento. "Maldita sea, los dragones soberanos tienen sentidos muy agudos", pensó.
—Buenos días, Lady Furina —dijo Neuvillette, haciendo una leve inclinación de cabeza—. Espero que haya descansado. Tenemos varios asuntos urgentes respecto a las variaciones del nivel del mar en el sector Poisson.
—¡Detalles, detalles! —exclamó Furina, agitando una mano con desdén mientras caminaba hacia la salida—. ¿No ves que estoy ocupada planificando mi próxima gran función? El mar puede esperar un momento, ¡el arte no!
—Lady Furina —la voz de Neuvillette se volvió un poco más firme—, los informes indican que la profecía está acelerándose. No podemos permitirnos distracciones.
El transmigrado, desde su invisibilidad, vio cómo la mano de Furina se cerraba en un puño tras su espalda. Estaba temblando. No podía permitir que esto siguiera así. Se acercó al oído de Furina y susurró tan bajo que solo ella pudo oírlo:
—Dile que ya has tomado medidas divinas y que vas a inspeccionar las aguas personalmente esta tarde. Eso le dará tiempo y te quitará presión.
Furina dio un pequeño respingo, pero captó la idea de inmediato.
—¡Oh, mi querido Iudex! —dijo ella, dándose la vuelta con una sonrisa radiante—. Siempre tan preocupado. Debes saber que, en mi infinita sabiduría, ya he comenzado a tejer una red de protección elemental que tus ojos mortales no pueden comprender. De hecho, esta tarde realizaré una inspección personal de las corrientes para... para ajustar las frecuencias de la justicia. ¡Así que no me molestes con papeles!
Neuvillette arqueó una ceja.
—¿Una inspección personal? Eso es... inusual en usted.
—¡Lo inusual es lo que me hace extraordinaria! —sentenció ella, saliendo de la habitación a paso rápido.
Una vez en el pasillo, lejos de la vista del Juez Supremo, Furina se apoyó contra una columna, exhalando todo el aire de sus pulmones. El transmigrado se hizo visible a su lado, aunque manteniendo una distancia prudencial por si aparecía algún guardia.
—Lo has hecho genial, Fufu —le dijo, ofreciéndole un pulgar hacia arriba.
—Casi me muero —respondió ella, con el rostro pálido—. ¿Inspeccionar las corrientes? ¡Ni siquiera sé nadar tan bien sin cansarme a los diez minutos!
—No te preocupes por eso. Recuerda quién soy —él hizo un gesto con la mano y una pequeña burbuja de agua pura bailó entre sus dedos—. Yo soy una Furina con el poder de un dios de los videojuegos. Te llevaré por las aguas de Fontaine y verás cosas que ni en tus quinientos años has imaginado. Además, aprovecharemos para buscar rumbos que la Orden del Abismo o los Fatui estén intentando ocultar.
—¿Por qué me ayudas tanto? —preguntó ella de repente, mirándolo fijamente—. No me conoces. Dices que eres mi "guardián", pero... nadie hace nada gratis en este mundo.
El chico se quedó en silencio un momento. ¿Cómo explicarle que había pasado meses ahorrando para obtenerla en el juego? ¿Cómo decirle que había leído su historia una y otra vez, llorando con su sacrificio?
—En mi mundo —comenzó él, con un tono de voz que perdió toda su teatralidad—, hay una historia sobre una reina que fingió ser una diosa para salvar a su pueblo. Sufrió en silencio durante siglos, viendo a sus amigos envejecer y morir mientras ella permanecía atrapada en una mentira eterna. Todos la juzgaron, pero ella fue la humana más valiente que jamás existió.
Furina se quedó petrificada. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Esa historia...
—Esa reina es mi personaje favorito —continuó él, sonriendo con ternura—. Y cuando tuve la oportunidad de venir aquí, me prometí que esa reina no volvería a estar sola. No me importa Celestia, no me importa la profecía. He venido a darte el final feliz que te mereces. Y si para eso tengo que derrotar a una ballena gigante o enfrentarme a los Siete, lo haré.
Furina ocultó su rostro entre sus manos, sollozando silenciosamente. No eran lágrimas de tristeza, sino de un alivio tan profundo que parecía drenar siglos de angustia. Por primera vez, alguien no solo conocía su secreto, sino que la validaba. No la llamaba impostora. La llamaba valiente.
—Venga, no llores —dijo él, dándole palmaditas en la espalda de forma un poco torpe—. Que se nos va a correr el maquillaje y entonces sí que Neuvillette sospechará. ¿Qué tal si vamos a por esos pasteles antes de la "inspección divina"?
Ella soltó una risita entrecortada y se limpió los ojos con el pañuelo.
—Eres muy extraño. Pero... gracias.
—De nada, Fufu. Ahora, ¡en marcha! ¡La justicia tiene hambre!
Pasaron el resto de la mañana en una cafetería apartada de la zona alta de la ciudad. El joven transmigrado usó su poder para crear una ilusión que lo hacía ver como un simple joven de la nobleza, mientras que Furina usaba un velo y un sombrero diferente. Comieron macarons de todos los sabores posibles: lavanda, menta, bayas de la marea y el favorito de ambos, crema de vainilla.
Él le contaba historias de su mundo —historias sobre "cine" y "videojuegos"— que ella escuchaba con los ojos abiertos como platos. A cambio, ella le contaba anécdotas divertidas sobre las meteduras de pata de algunos nobles de Fontaine durante los juicios. Por unas horas, no hubo profecía, no hubo Arconte y no hubo miedo. Solo dos personas compartiendo dulces.
Sin embargo, la paz no duró mucho. Mientras caminaban hacia el puerto para la supuesta inspección, el joven sintió una perturbación en el Hydro. Sus estadísticas de nivel máximo no solo le daban fuerza, sino una percepción sensorial que rozaba lo divino.
—Espera —dijo él, deteniéndose en seco y poniendo un brazo frente a Furina.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, alarmada.
—Hay algo en el agua... algo que no pertenece a este ecosistema —susurró él. Sus ojos heterocromáticos brillaron con una intensidad azulada—. Energía del Vacío. El Abismo está moviéndose cerca de la costa.
—¿El Abismo? —Furina se puso pálida—. Pero los guardias no han informado de nada...
—Porque está oculto a gran profundidad. Pero para mí, es como una mancha de tinta en un vaso de leche.
El joven cerró los ojos y se concentró. En su mente, visualizó el mapa de Fontaine, similar al que veía en su pantalla de ordenador, pero mucho más real y vibrante. Detectó un grupo de Magos del Abismo y algunos Acechadores que estaban manipulando una de las venas de agua que alimentaban las fuentes de la ciudad.
—Fufu, quédate aquí, detrás de esa pila de cajas —ordenó él con un tono que no admitía discusión.
—¡No puedes ir solo! —exclamó ella, agarrándole de la manga—. Si eres mi guardián, ¡no puedes dejarme aquí y arriesgarte!
—No voy a arriesgarme, voy a aplastarlos —respondió él con una sonrisa de confianza absoluta—. Mira y aprende cómo pelea una Furina con C6 y su arma refinada.
Se lanzó al agua sin hacer apenas ruido. En el momento en que sus pies tocaron la superficie, no se hundió. Caminó sobre ella como si fuera suelo firme, una de las habilidades pasivas que más amaba del juego. Con un gesto elegante, invocó el "Esplendor de las Aguas Silentes". La espada apareció en su mano, brillando con una luz turquesa que parecía absorber la luz del sol.
A unos cien metros de la costa, el agua comenzó a burbujear. Cuatro Magos del Abismo —dos Hydro y dos Cryo— emergieron, rodeados por sus escudos elementales.
—¡Una intrusa! —chilló el Mago Cryo—. ¡La Arconte falsa ha venido a morir!
El transmigrado soltó una carcajada melodiosa, pero cargada de peligro.
—¿Falsa? Puede que no sea la Arconte original, pero os aseguro que mi daño por segundo es muy real.
—¡Crabaletta! ¡Gentilhombre Usher! ¡Madame Chevalmarine! ¡A escena!
Con un chasquido de dedos, invocó a sus tres compañeros. Pero a diferencia de las versiones de nivel bajo, estas criaturas eran imponentes. Crabaletta era del tamaño de un carruaje y sus pinzas brillaban con una energía destructiva. Usher y Chevalmarine se movían como relámpagos de agua pura, dejando estelas de vapor a su paso.
La batalla no fue una batalla; fue una ejecución.
El joven se movió con una velocidad que los ojos de los magos no podían seguir. Cada vez que su espada golpeaba, una explosión de daño Hydro masivo consumía los escudos enemigos. Gracias a sus constelaciones, cada ataque normal curaba cualquier rasguño que pudiera recibir y potenciaba el daño de sus invocaciones.
—¡Es imposible! —gritó un mago antes de ser lanzado por los aires por un golpe de Crabaletta—. ¡Ningún Arconte debería tener este tipo de fuerza directa!
—Eso es porque no habéis visto mis artefactos de Cazador de Sombras con sub-stats perfectas —murmuró el joven para sí mismo.
En menos de un minuto, el área estaba despejada. Los restos de las túnicas de los magos se disolvieron en el agua salada. El transmigrado envainó su espada con un giro elegante y regresó a la orilla, donde Furina lo observaba con la boca abierta.
—Tú... tú acabas de... —ella tartaleaba, incapaz de terminar la frase.
—¿Te ha gustado el espectáculo? —preguntó él, volviendo a su actitud juguetona—. Aunque admito que me he contenido un poco. No quería causar un tsunami que inundara el puerto.
Furina se acercó a él y le tocó el brazo, como para asegurarse de que era real.
—Nunca he visto nada igual. Ni siquiera Neuvillette despacha a esos monstruos con tanta... facilidad. ¿De verdad tienes todo ese poder para protegerme?
Él le tomó la mano y la besó suavemente, como un caballero de las historias que ella tanto amaba.
—Te lo dije anoche. Soy tu sombra y tu escudo. Mientras yo esté aquí, ningún peligro del Abismo, ni ninguna profecía, te tocará. Pero ahora, creo que deberíamos volver. He gastado un poco de energía y creo que necesito otra ración de esos macarons de lavanda para recuperarme.
Furina se rió, y esta vez el sonido fue claro y brillante, como el cristal.
—Está bien, mi valiente guardián. Pero esta vez, yo invito. Después de todo, parece que voy a necesitar que me enseñes a caminar sobre el agua si vamos a seguir haciendo estas "inspecciones".
Caminaron de regreso al palacio mientras el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de Fontaine de tonos rosados y violetas. El joven transmigrado sabía que esto era solo el comienzo. Arlecchino llegaría pronto, y los eventos del juicio final se acercaban. Pero mientras miraba a la chica a su lado, que ahora caminaba con un poco más de seguridad y una sonrisa real, supo que no importaba lo que el juego tuviera preparado.
Él no era solo un jugador. Era una variable que el destino no había previsto. Y en el escenario de Fontaine, él se encargaría de que la estrella principal nunca tuviera que sufrir su acto final sola.
—Oye —dijo Furina mientras subían las escaleras del palacio—. ¿Cómo dijiste que se llamaba esa técnica de combate? ¿"Daño por segundo"? Suena muy profesional. ¡Debo incorporarlo a mi vocabulario oficial de Arconte!
El chico se rió, pensando en lo que diría Neuvillette al oír a Furina hablar de "Powercreep" o "Builds de crítico".
—Claro, Fufu. Te enseñaré todos los términos. Pero primero, el postre.
En la distancia, desde lo alto del Teatro de la Epíclesis, una figura envuelta en una capa oscura observaba el palacio. Sus ojos rojos brillaron con curiosidad. Había sentido una liberación de energía Hydro pura, algo que no encajaba con la Arconte que conocía.
—Parece que las aguas de Fontaine se están volviendo más profundas de lo que pensábamos —susurró la voz fría de Arlecchino—. Habrá que observar más de cerca a nuestra querida Furina.
Pero el joven transmigrado ya lo sabía. Y estaba listo para el siguiente acto.