Star park's police
Autopsias, algoritmos y el arte de no vomitar aceite
La sala de vigilancia de Starr Park no estaba diseñada para ser una morgue, pero como decía el manual del empleado en la sección de "Gestión de Crisis": *Cualquier superficie plana es una mesa de operaciones si tienes la suficiente imaginación y falta de ética*. Larry había empujado varios monitores hacia las esquinas para hacer espacio, mientras que Lawrie había "tomado prestada" una mesa de acero inoxidable del restaurante de comida rápida más cercano, ignorando las manchas de ketchup que bien podrían haber sido sangre de hace una semana.
Sobre la mesa, los tres cuerpos Legendarios formaban un bodegón macabro. Spike, ahora un montón de fibras vegetales marchitas; Leon, todavía atrapado en su disfraz de peluche; y Sandy, que seguía soltando arena por cada orificio disponible.
— Bien, Lawrie —dijo Larry, ajustándose unos guantes de látex amarillos que le quedaban ridículamente grandes sobre sus manos metálicas—. El protocolo de seguridad 404-B dice que antes de proceder al entierro definitivo en el vertedero de la felicidad, debemos determinar la causa de la "interrupción del servicio biológico".
Lawrie sostenía una tablet con la pantalla agrietada, conectada directamente al Wi-Fi inestable del parque. Sus ojos rojos parpadeaban con impaciencia.
— Larry, somos robots de seguridad. Mi base de datos de anatomía se resume en: "si le disparas en la rodilla, deja de correr" y "si le quitas la cabeza, deja de quejarse" —gruñó Lawrie, tecleando con fuerza en el buscador—. Estoy entrando en Google. ¿Cómo se escribe "muerte por ser un cactus relleno"?
— ¡Oh, deja que yo ayude! —Larry se asomó a la pantalla—. Busca "Tutorial de autopsia paso a paso para dummies". ¡Mira! Este video tiene cinco estrellas y un anuncio de detergente al principio. ¡Es una señal!
Lawrie le dio al "play" mientras Larry sacaba un cortapizzas que había encontrado en la cocina. Era lo más parecido a un bisturí que tenían a mano.
— Primer paso —leyó Lawrie con voz monótona—: Identificar los órganos vitales. Larry, según este diagrama de un foro de medicina de dudosa reputación, los humanos tienen algo llamado "corazón" que bombea líquido rojo.
Larry miró a Spike. El cactus no tenía líquido rojo, solo una savia espesa y pegajosa que olía a desinfectante barato.
— Spike no tiene corazón, Lawrie. Solo tiene semillas y... ¿un calcetín? —Larry tiró de un objeto que asomaba por una de las grietas del cuerpo—. ¡Vaya! Es un calcetín de la tienda de regalos. ¡Qué buen marketing! Incluso en la muerte, promocionaba el merchandising.
— ¡Concéntrate, pedazo de chatarra! —rugió Lawrie, dándole un golpe en el hombro—. Spike fue "redecorado". El asesino lo abrió y lo rellenó con algodón de azúcar. La causa de muerte es obvia: exceso de glucosa estructural. O simplemente que alguien decidió que funcionaba mejor como mueble.
Pasaron a Leon. El pequeño asesino invisible seguía dentro del peluche de Sally Leon. Larry intentó abrir la cremallera, pero estaba atascada con hilos de seda de alta resistencia.
— Google dice que si el sujeto está dentro de un objeto, podría ser un caso de "asfixia por embalaje inadecuado" —comentó Larry, moviendo la cabeza de lado a lado—. Lawrie, ¿crees que Leon intentó esconderse de sus responsabilidades laborales y el disfraz se vengó?
— No seas idiota. Mira las costuras —Lawrie señaló con su porra eléctrica—. Son perfectas. Quien hizo esto tiene una precisión de grado industrial. Leon no murió por asfixia. Murió porque alguien lo cosió a la estructura interna del peluche mientras seguía... bueno, mientras seguía siendo funcional.
Larry soltó una risita nerviosa, un sonido que recordaba a un microondas terminando su ciclo.
— ¡Qué divertido! ¡Es como una manualidad extrema! Starr Park siempre fomentando la creatividad.
— Es un asesinato, Larry. Un asesinato de categoría Legendaria —Lawrie pasó a la siguiente pestaña de búsqueda—. Ahora, el plato principal: Sandy. El durmiente que se pasó de rosca.
Se acercaron al cuerpo del joven de la arena. Sandy parecía casi pacífico, si ignorabas el hecho de que su piel tenía un tono azulado y que estaba literalmente lleno de escombros.
— Google dice: "Síntomas de enterrado vivo" —leyó Lawrie—. "Pánico, falta de oxígeno, intentos desesperados de excavar con las uñas". Larry, mírale las manos.
Larry levantó una de las manos de Sandy. Las uñas estaban rotas, y entre la carne y el metal de sus propios sensores, Larry pudo ver restos de tierra y pintura dorada.
— ¡Oh, cielos! —exclamó Larry—. ¡Intentó salir! ¡Es como esa película donde el protagonista escapa de la prisión, pero sin el final feliz y con mucho más polvo en los pulmones!
— No escapó —dijo Lawrie, entrecerrando los ojos—. Alguien se sentó sobre la tumba mientras él gritaba. Mira la compresión del tórax. La arena no lo mató solo por falta de aire; el peso lo aplastó. Alguien con mucha fuerza, o alguien que sabe usar la gravedad a su favor.
De repente, una ventana emergente apareció en la tablet de Lawrie: *"¿Quieres saber si tu pareja te engaña? ¡Haz clic aquí!"*.
— ¡No ahora, algoritmo de publicidad! —gritó Lawrie, cerrando la ventana—. Larry, busca en el cadáver de Sandy. Si el asesino dejó una moneda de oro con una "X" antes, debe haber algo más aquí.
Larry, con el entusiasmo de quien busca un premio en una caja de cereales, comenzó a hurgar en los bolsillos de la túnica de Sandy. Sacó un paquete de caramelos energéticos caducados, una foto arrugada de Gene y Tara, y finalmente, algo que no encajaba.
— ¡He encontrado algo! —Larry levantó un pequeño trozo de tela púrpura—. ¡Es seda! ¡Seda de alta calidad!
Lawrie tomó la tela y la analizó con su escáner interno.
— Esta seda no se vende en el parque. Es importada. Y tiene restos de... ¿pólvora? ¿Y purpurina?
— ¡Purpurina! —Larry aplaudió—. ¡Mi rastro favorito! ¡Es como el polvo de estrellas, pero más difícil de limpiar de la alfombra!
Lawrie se quedó pensativo, su procesador trabajando a máxima potencia. El calor que emanaba de su cabeza robótica era suficiente para freír un huevo.
— Spike (Cactus), Leon (Camaleón), Sandy (Arena). Todos son Legendarios. Todos tienen una temática de "naturaleza" o "elementos". Y ahora tenemos una nota para Amber. Amber es fuego.
— ¡Y Amber es Legendaria! —añadió Larry, saltando sobre un pie—. ¡Es una progresión lógica! ¡Es como un pase de batalla, pero con ataúdes!
— Si el asesino sigue el orden, Amber es la siguiente —Lawrie miró los monitores de vigilancia. La mayoría mostraban estática o a turistas tropezando con cables sueltos—. Pero hay algo que no cuadra. ¿Por qué dejar la moneda? ¿Por qué la seda?
— ¡Porque quiere que lo atrapemos! —dijo Larry con una sonrisa radiante—. ¡Es un juego de integración de empleados! El asesino quiere que mejoremos nuestras habilidades de deducción. ¡Es tan considerado!
Lawrie suspiró, un sonido que salió como un escape de vapor de una tubería vieja.
— Larry, si vuelves a decir algo positivo sobre el psicópata que está convirtiendo a nuestros compañeros en decoraciones de Halloween, te juro que te desinstalo el módulo de optimismo.
— ¡Entendido, hermano! —Larry se puso firme—. ¡Seré un policía malo como tú! ¡Maldita sea la eficiencia! ¡Abajo el sistema! ¿Lo hice bien?
— Horrible. Sigamos. Google dice que para encontrar a un asesino serial, hay que "pensar como el asesino".
Lawrie se cruzó de brazos y miró el cuerpo de Sandy.
— Si yo fuera un maníaco con complejo de superioridad y mucho tiempo libre... ¿dónde escondería a una chica que puede escupir fuego?
— ¡En el congelador! —sugirió Larry—. ¡Contraste térmico! Es física básica, Lawrie. Lo aprendí en el folleto de "Cómo evitar que tu helado te explote en la cara".
Lawrie se detuvo. Miró a Larry, luego a la pantalla de la tablet, y finalmente a un mapa de Starr Park colgado en la pared.
— El Mundo de Hielo —susurró Lawrie—. La atracción de Lou. Está justo al lado de la zona de la jungla donde encontramos la nota. Si Amber va allí a investigar, estará en desventaja. Su fuego no sirve de nada si el combustible se congela.
— ¡Y Lou siempre está buscando clientes nuevos! —Larry ya estaba corriendo hacia la puerta—. ¡Vamos, Lawrie! ¡Si llegamos a tiempo, quizás podamos salvarla y obtener esa pegatina de "Empleado del Mes"!
— ¡Olvida la pegatina! —gritó Lawrie, desenfundando su escopeta y siguiendo a su hermano—. ¡Si Amber muere, el informe de daños será de trescientas páginas y no pienso escribirlo yo solo!
Salieron de la sala de vigilancia, dejando atrás los cuerpos de los brawlers legendarios. En la mesa, la moneda de oro con la "X" brilló bajo la luz fluorescente parpadeante. Si Larry hubiera mirado atrás, habría visto que en la pantalla de la tablet, Google había terminado de cargar una búsqueda que Lawrie no había hecho: *"Cómo desmantelar dos robots de seguridad sin que se den cuenta"*.
El camino hacia el Mundo de Hielo estaba extrañamente silencioso. Los altavoces del parque, que normalmente emitían música alegre y mensajes subliminales sobre gastar dinero, solo emitían un zumbido de baja frecuencia.
— ¿Sabes, Lawrie? —dijo Larry mientras esquivaban un carrito de palomitas abandonado—. A veces pienso que este parque es un poco peligroso para los humanos. Quizás deberíamos sugerir que todos se conviertan en robots. ¡Los robots no mueren, solo entran en modo de espera prolongado!
— Los humanos son frágiles, Larry. Se rompen con nada. Un poco de arena, un poco de costura, y ¡pum!, fin de la historia —Lawrie pateó una papelera con forma de oso—. Pero nosotros no. Nosotros somos la ley. Y la ley no se rompe, aunque el parque se esté cayendo a pedazos.
Llegaron a la entrada de la zona gélida. El aire era tan frío que el vapor salía de las articulaciones de Larry. Frente a ellos, la enorme figura de un castillo de hielo se alzaba como una tumba de cristal.
En la puerta principal, colgada de los pies, estaba Amber. Estaba inconsciente, envuelta en esa misma seda púrpura que habían encontrado antes. Debajo de ella, un charco de su propio líquido inflamable se extendía por el suelo, y una pequeña vela encendida flotaba en un soporte de hielo, derritiéndose lentamente hacia el combustible.
— ¡Mira, Lawrie! ¡Un espectáculo de luces! —Larry comenzó a aplaudir, pero Lawrie lo agarró de la antena.
— ¡No es un espectáculo, idiota! ¡Es una trampa de ignición retardada! —Lawrie señaló la vela—. En cuanto la llama toque el líquido, Amber se convertirá en la antorcha humana más grande del parque.
— ¡Oh, no! ¡Eso arruinaría el presupuesto de efectos especiales!
De las sombras del castillo, una risa distorsionada comenzó a sonar. No era una risa humana, ni tampoco totalmente robótica. Era algo intermedio, cargado de una estática maliciosa.
— Vaya, vaya... —dijo una voz que parecía venir de todas partes—. Los gemelos de hojalata han aprendido a usar Google. Estoy impresionado. Casi me dan ganas de no convertirlos en piezas de repuesto.
Lawrie apuntó con su arma a la oscuridad.
— ¡Sal de ahí! —rugió—. ¡Estás bajo arresto por asesinato, vandalismo y por hacerme trabajar en mi hora de descanso!
— El arresto es una noción tan... común —la voz se acercó—. Yo busco la rareza. La exclusividad. Y ustedes, aunque son solo "Especiales", tienen un potencial de destrucción muy divertido.
Larry, buscando en su base de datos de "Cómo negociar con un criminal", dio un paso adelante con los pulgares arriba.
— ¡Hola, señor Asesino! —gritó Larry con alegría—. ¿Podría decirnos su nombre para el informe? También necesitamos saber si prefiere que su celda tenga vistas al carrusel o a la zona de eliminación de residuos. ¡Queremos que su estancia en prisión sea de cinco estrellas!
Un proyectil salió disparado desde la oscuridad, pasando a escasos milímetros de la cabeza de Larry y golpeando la pared de hielo detrás de él. Era una carta de metal, afilada como una cuchilla.
— ¿Cartas? —Lawrie gruñó—. ¿En serio? ¿Un mago?
— No un mago, Lawrie —dijo Larry, analizando la carta clavada en el hielo—. ¡Es un experto en entretenimiento temático!
De las sombras emergió una figura que Larry y Lawrie conocían bien, pero que se veía diferente. Sus ojos brillaban con una intensidad maníaca y su capa de seda púrpura ondeaba sin necesidad de viento.
— Starr Park necesita una purga —dijo el sospechoso, barajando un mazo de cartas metálicas—. Los Legendarios son aburridos. Siempre con su brillo, siempre con su importancia. La verdadera magia ocurre cuando la luz se apaga.
Lawrie no esperó a que terminara el discurso. Disparó su bengala, iluminando toda la estancia. La luz reveló al culpable, pero antes de que pudieran reaccionar, el suelo bajo sus pies comenzó a temblar.
— ¡Larry, muévete! —gritó Lawrie, empujando a su hermano justo antes de que una trampilla se abriera bajo ellos.
Cayeron por un tobogán de hielo, deslizándose hacia las profundidades de la atracción mientras la risa del asesino se desvanecía arriba.
— ¡Esto es genial! —gritaba Larry mientras bajaba a toda velocidad—. ¡Hacía mucho que no usaba las atracciones del parque! ¡Gracias, señor Asesino!
— ¡Cállate, Larry! —rugió Lawrie, intentando clavar su porra en el hielo para frenar—. ¡Cuando salgamos de aquí, voy a usar su capa para limpiar mi chasis!
Mientras caían hacia lo desconocido, Larry activó su linterna interna.
— Lawrie, he estado pensando... Si el asesino es quien creemos que es, ¿eso significa que ya no nos hará trucos de magia en las fiestas de Navidad? Porque eso sería una verdadera tragedia para la moral del equipo.
Lawrie no respondió. Estaba demasiado ocupado calculando la trayectoria de su caída y la cantidad de fuerza necesaria para propinarle una paliza épica a un brawler que, hasta ese día, solo consideraban un "Mítico" con ínfulas de grandeza.
Abajo, en la oscuridad del sótano del Mundo de Hielo, algo más los esperaba. Algo que no estaba en Google. Algo que olía a palomitas quemadas y a venganza.
— ¡Mantén la sonrisa, hermano! —dijo Larry mientras aterrizaban en un montón de nieve artificial—. ¡La investigación apenas está empezando!
— Y mi paciencia apenas se ha terminado —respondió Lawrie, levantándose y cargando su arma con un clic amenazador.
En Starr Park, el misterio era solo otra forma de entretenimiento, pero para Larry y Lawrie, el espectáculo estaba a punto de volverse muy, muy sangriento.