Tn cae de un portal antes de que Reiner y bertol se transformen en Titanes
El Precio de la Intervención
El eco del colosal rugido del Titán Colosal se desvaneció, dejando a Tn sola en el claro, el olor acre a azufre impregnando el aire. El humo del Muro María se elevaba como una columna fúnebre, un recordatorio silencioso de la catástrofe que acababa de evitar… o al menos, de la que había alterado drásticamente. Sus piernas temblaban, no solo por el miedo, sino por la adrenalina que aún bombeaba a través de sus venas. Había intervenido. Había cambiado el curso de la historia. Pero, ¿a qué costo? ¿Y qué significaría su acción para el futuro?
Miró el lugar donde el portal había desaparecido, ahora solo un espacio vacío salpicado por la luz del atardecer. Reiner y Bertolt se habían ido. Habían sido arrebatados. ¿A dónde? ¿Habían regresado a su propio tiempo, a su mundo, o a algún otro lugar desconocido? La incertidumbre la carcomía. ¿Había hecho lo correcto? Había salvado vidas, sí, pero también había arrancado a dos individuos de su destino, de su propósito, por cruel que este fuera.
Un nuevo estruendo, esta vez más cercano y metálico, la devolvió a la realidad. Los sonidos de la batalla. Los gritos. El choque de espadas y el crujido de la madera. La invasión de Shiganshina había comenzado, aunque de una manera diferente. Sin el Titán Colosal abriendo la brecha, ¿cómo habían entrado los demás titanes?
Tn se puso de pie, su tobillo aún adolorido. La lógica le decía que debía huir, esconderse, pero una fuerza irresistible la empujaba hacia el caos. Necesitaba ver. Necesitaba entender. Necesitaba saber qué había provocado su intervención.
Corrió entre los árboles, evadiendo ramas bajas y raíces expuestas. El crepúsculo se estaba volviendo más profundo, tiñendo el bosque de sombras largas y engañosas. El sonido de la destrucción se hacía más fuerte con cada paso, y pronto, los primeros destellos de lo que parecía ser fuego comenzaron a teñir el cielo oscuro.
Al salir del bosque, se encontró en una colina que ofrecía una vista panorámica de Shiganshina. Lo que vio la dejó helada.
El Muro María no estaba derrumbado. No había una brecha colosal. Sin embargo, Shiganshina estaba en llamas. Titanes de diferentes tamaños, algunos de ellos aberrantes, se movían entre los edificios, destruyendo todo a su paso. El pánico se había apoderado de la ciudad. La gente corría por las calles, sus gritos de terror se elevaban por encima del estruendo.
– ¿Pero cómo...? – murmuró Tn, la voz apenas un susurro.
Entonces lo vio. No muy lejos de donde el Muro María se unía con el Muro Rose, había una sección del muro que parecía haber sido… forzada. No derrumbada por un solo golpe, sino como si algo masivo y persistente hubiera presionado contra ella hasta que cedió. Trozos de mampostería estaban esparcidos en el suelo, y el aire alrededor de la brecha brillaba con un tenue resplandor rojizo, como el calor residual de una explosión controlada.
– El Titán Acorazado… – se dio cuenta Tn, el horror invadiéndola. – Sin el Colosal, Reiner usó solo su Titán Acorazado para abrir la brecha. Y es más lento, más brutal.
La ausencia del Titán Colosal había cambiado la dinámica. No hubo un ataque repentino y devastador que dejara a la gente aturdida. En cambio, hubo una lucha prolongada, un asedio brutal en el que Reiner, en su forma de Titán Acorazado, había estado abriendo la brecha centímetro a centímetro, permitiendo que los titanes más pequeños se infiltraran gradualmente. La destrucción no fue instantánea, sino una agonía lenta y prolongada.
El corazón de Tn se encogió. Había salvado a Reiner y Bertolt de su destino, pero había condenado a Shiganshina a una pesadilla diferente. Quizás incluso peor, porque la gente no había sido tomada por sorpresa por la repentina aparición del Colosal, sino que había vivido el terror de ver el muro ceder lentamente, sabiendo que su fin era inminente.
Mientras observaba el caos, un destello de luz y el rugido de la Legión de Reconocimiento la sacaron de su estupor. Los soldados, con sus Equipos de Maniobras Tridimensionales, se lanzaban al ataque, sus cuchillas brillando bajo la luz de la luna que comenzaba a asomarse. Podía ver a Erwin, a Levi, a Hange, luchando con una ferocidad desesperada. Estaban allí, como en la historia original, pero la situación era diferente. Más desesperada.
De repente, un titan anormal, de unos diez metros de altura y con una sonrisa grotesca, se dirigió hacia la colina donde estaba Tn. Sus ojos inyectados en sangre se fijaron en ella. El pánico la invadió. Había estado tan absorta en la escena, tan concentrada en las implicaciones de sus acciones, que había olvidado su propia vulnerabilidad.
– ¡Mierda! – exclamó, dándose la vuelta para correr.
Pero el tobillo adolorido la traicionó. Cayó, rodando por la pendiente, el impacto de su cabeza contra una roca la dejó aturdida. Cuando paró, el mundo giraba a su alrededor. El titan se acercaba, sus pasos resonando como tambores de guerra.
Intentó levantarse, pero su cuerpo no respondía. El titan estaba a solo unos metros, su mano extendida, su sonrisa macabra aún más ancha. El fin. Este era el fin. Había intervenido, había cambiado la historia, y ahora iba a ser devorada por un titan. La ironía era cruel.
Cerró los ojos, preparándose para el impacto, para el dolor.
Pero el dolor nunca llegó.
En su lugar, escuchó un silbido agudo, el sonido de los cables del Equipo de Maniobras Tridimensionales, y luego un grito gutural. Abrió los ojos.
El titan estaba en el suelo, inerte. Y sobre su nuca, con la cuchilla humeante en la mano, estaba Levi Ackerman.
Su corazón dio un vuelco. Levi. El soldado más fuerte de la humanidad. Su héroe.
Levi la miró, sus ojos grises y fríos evaluándola. Su expresión era la de siempre: estoica, ligeramente irritada.
– ¿Qué demonios haces aquí, mocosa? – su voz era áspera, pero había un matiz de preocupación que Tn no esperaba.
Tn intentó hablar, pero las palabras se le atascaron en la garganta. Estaba tumbada en el suelo, con la ropa sucia, el tobillo inflamado, y el soldado más letal del mundo mirándola fijamente.
– No... no soy de aquí – balbuceó, sintiéndose completamente inútil.
Levi resopló, sin inmutarse.
– Eso es obvio. Nadie en su sano juicio se pasea por aquí con esa ropa.
Se agachó, examinando su tobillo con una mirada profesional.
– Tienes un esguince. ¿Puedes andar?
Tn negó con la cabeza, sintiendo lágrimas de frustración y alivio en sus ojos.
– No… no creo.
Levi suspiró, un sonido que denotaba su exasperación habitual.
– Genial. Justo lo que necesitamos. Una civil herida en medio de un ataque.
Se puso en cuclillas completamente, ofreciéndole su espalda.
– Sube. No tenemos tiempo para esto.
Tn dudó por un momento. ¿Estaba realmente a punto de ser llevada por Levi Ackerman? Su cerebro de fanática estaba en un frenesí.
– ¿Qué…? – empezó.
– ¡Sube de una vez! – espetó Levi, su paciencia agotándose. – O te dejo aquí para que te coman los restos de tu amiguito.
Eso fue suficiente para Tn. Con un esfuerzo, se apoyó en él, sintiendo la firmeza de sus músculos incluso a través de la tela de su chaqueta. Él la levantó sin esfuerzo, y antes de que pudiera procesarlo, estaban volando por el aire, los cables del equipo de maniobras silbando a su alrededor.
La sensación era vertiginosa, aterradora y, a la vez, increíblemente emocionante. Podía ver la ciudad ardiendo debajo, los titanes moviéndose como sombras en la oscuridad, y los soldados de la Legión de Reconocimiento luchando valientemente.
Levi era un maestro en su elemento. Se movía con una gracia letal, evadiendo los escombros y los ataques de los titanes cercanos. La llevó hacia la brecha, donde la situación era más caótica.
– ¡Capitán Levi! – gritó Hanji, aterrizando cerca de ellos, su rostro manchado de hollín y sangre. – ¡Hay demasiados! ¡Necesitamos refuerzos en el muro!
Hanji notó a Tn en la espalda de Levi, sus gafas brillando con curiosidad.
– ¿Y esta pequeña? ¿Una nueva adquisición para tus experimentos, Levi?
– Cállate, Cuatro Ojos – respondió Levi, sin siquiera mirarla. – Es una civil que encontré. Está herida. Llévala al campamento de evacuación.
– ¿Un campamento de evacuación? – preguntó Tn, su voz apenas audible.
– Sí. Estamos evacuando a los civiles a la brecha del Muro Rose – explicó Hanji, su tono más suave. – La situación es crítica. Reiner… bueno, el Titán Acorazado está haciendo un buen trabajo destruyendo todo lo que encuentra.
Tn sintió un escalofrío. Reiner. Sin Bertolt, sin el Titán Colosal, su ira y su desesperación lo habían impulsado a una destrucción más indiscriminada. Era una bestia desatada, sin la contención o el propósito táctico que le habría dado su compañero.
Levi la entregó a Hanji con un movimiento brusco, pero cuidadoso.
– Asegúrate de que llegue sana y salva. Y no la dejes escapar. Parece que sabe más de lo que dice.
Los ojos de Hanji se abrieron de par en par.
– Oh, ¿en serio? Esto se pone interesante.
Mientras Hanji la sostenía, Tn miró a Levi.
– Capitán… – empezó.
– No tenemos tiempo para charlas – dijo Levi, ya preparándose para lanzarse de nuevo a la batalla. – Si tienes algo que decir, que sea importante.
– ¡Sé cómo detener a Reiner! – exclamó Tn, las palabras brotando de ella sin pensar.
Levi se detuvo, sus ojos grises fijos en ella. La seriedad en su voz era palpable.
– ¿Cómo?
– Su punto débil… – Tn respiró hondo, el miedo y la determinación mezclándose en su pecho. – Él… él está solo. Y no es invencible. Necesitan atacar sus articulaciones, sus rodillas. Y… y si lo acorralan, si lo inmovilizan, pueden intentar… pueden intentar sacarlo de su nuca. Él es vulnerable cuando está solo.
Levi la escuchó en silencio, su expresión ilegible. Hanji, a su lado, la miraba con una fascinación creciente.
– ¿Cómo sabes esto? – preguntó Levi, su voz un susurro peligroso.
– Lo sé – respondió Tn, mirándolo directamente a los ojos. – Sé muchas cosas. Cosas que les ayudarán. Pero… pero tienen que confiar en mí.
Un rugido lejano del Titán Acorazado los interrumpió. El tiempo se acababa.
Levi la miró una última vez, una mezcla de escepticismo y una chispa de curiosidad en sus ojos.
– Hanji, llévala al campamento. Y no la pierdas de vista. Si lo que dice es verdad, podría ser una ventaja. Si miente… la arrojaremos a los titanes nosotros mismos.
Con esas palabras, Levi se lanzó de nuevo a la refriega, un torbellino de acero y determinación.
Hanji la miró, una sonrisa extraña en su rostro.
– Bueno, pequeña. Parece que acabas de ganarte un puesto en mi lista de "cosas interesantes que debo estudiar". Y quizás, solo quizás, acabas de salvar muchas vidas. Ahora, ¡vamos! ¡Tenemos un Acorazado que inmovilizar!
Mientras Hanji la llevaba hacia el campamento de evacuación, Tn sintió una mezcla de alivio y terror. Había hablado. Había revelado información crucial. Había puesto su vida en las manos de estos héroes. El juego había cambiado. Y ella, una simple fan de otro mundo, ahora estaba en el centro de todo, con el peso de un futuro incierto sobre sus hombros. El eco de sus propias palabras, "Sé cómo detener a Reiner", resonaba en su mente. Solo esperaba que tuviera razón. Y que su intervención, esta vez, no causara una catástrofe aún mayor.