Un abrazo inesperado

Un Abrazo Inesperado El sol de mediodía bañaba la cubierta del Thousand Sunny con un brillo cálido, un día más en la Grand Line para los Piratas del Sombrero de Paja. Luffy, como de costumbre, estaba encaramado en el mástil gritando sobre la carne, mientras Usopp y Chopper intentaban pescar sin éxito. Nami y Robin tomaban el sol tranquilamente, y Franky trabajaba en alguna mejora "SUPER" para el barco. En la cocina, Sanji preparaba el almuerzo con su habitual destreza, silbando una melodía alegre. Zoro, por su parte, roncaba a pierna suelta en su lugar habitual de siesta, apoyado contra el mástil principal. La escena era la quintaesencia de la normalidad en el Sunny. De repente, un destello cegador de luz azul brotó de la nada en el centro de la cubierta, obligando a todos a entrecerrar los ojos y a protegerse con los brazos. La luz se disipó tan rápido como apareció, revelando una figura en su lugar. Un hombre alto y esbelto, vestido con un traje de cocina impecable, pero con un aire de madurez que lo diferenciaba claramente de cualquiera a bordo. Tenía el cabello rubio, pero mucho más largo que el de Sanji, cayéndole en ondas por los hombros, y unos pocos mechones sueltos enmarcaban un rostro cincelado con una cicatriz apenas visible cerca de su ojo derecho. Sus ojos, aunque aún llenos de pasión, tenían una profundidad que sugería mil batallas y aún más platos. Era Sanji, sin duda, pero… casi diez años mayor. Antes de que nadie pudiera articular una pregunta, o incluso reaccionar por completo, el Sanji del futuro, de unos 31 años, clavó su mirada en el Zoro dormido. Una sonrisa tierna se extendió por su rostro. "¡Marimo chiquito!" exclamó con una voz ligeramente más grave, pero inconfundiblemente la de Sanji, llena de una alegría desbordante. En un instante, se abalanzó sobre el espadachín, que apenas tuvo tiempo de abrir un ojo antes de ser aplastado en un abrazo sorprendentemente fuerte. El impacto lo despertó completamente, dejándolo aturdido y sin aliento. "¡El marimo chiquito es aún más tierno de lo que recordaba!" Sanji del futuro murmuró, restregando su mejilla contra la cabeza de Zoro, que ya estaba completamente sonrojada. En la cocina, el Sanji de 22 años, que había salido alertado por el destello, se congeló con una bandeja de comida a medio servir. Su mandíbula cayó al suelo. "¿¡Qué demonios!?" gritó, su voz cargada de incredulidad y furia. "¿¡Quién diablos eres tú y por qué estás abrazando a ese maldito musgo!?" El Sanji del futuro se separó un poco de Zoro, mirándolo con cariño antes de dirigirle una mirada divertida a su yo más joven. "Oh, mi yo del pasado. Todavía tan cascarrabias, ¿eh?" Pero antes de que Sanji (el joven) pudiera lanzar una réplica digna de su temperamento, el Sanji del futuro se inclinó y, para horror del joven cocinero y la absoluta sorpresa de la tripulación, le plantó un casto beso en la mejilla de Zoro. El espadachín, rojo como un tomate, intentó inútilmente forcejear. "¡Suéltame, maldito pervertido! ¿¡Quién demonios eres y por qué me estás besando!?" Sanji del futuro soltó una risa profunda y ronca, su agarre inquebrantable. "Demasiado lindo para soltarlo, marimo. Mucho, mucho más lindo de cerca." Y como un gesto de infinita ternura, dejó un suave beso en la frente del espadachín, que ya parecía al borde del colapso por la vergüenza y la confusión. El Sanji joven, por su parte, estaba en modo "demonios en llamas", sus ojos chispeando con una furia que prometía un baño de sangre, todo mientras Luffy, Nami, Robin, Franky, Usopp y Chopper observaban con una mezcla de diversión, asombro y pura curiosidad. El Sanji del pasado, con sus venas marcadas en la frente y sus puños apretados, parecía a punto de implosionar. "¡Suelta a ese... a ese musgo rancio! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡¿Quién eres tú para tocarlo de esa manera?!" Sanji del futuro, ajeno a la furia de su yo más joven, se deleitaba con la reacción de Zoro. El espadachín, aún en sus brazos, luchaba por recuperar la compostura, su rostro cubierto por un sonrojo tan intenso que casi rivalizaba con el color de su bandana. El cocinero del futuro soltó una risita suave y profunda, un sonido que envió un escalofrío por la espalda del Sanji más joven. "Oh, mi yo del pasado," Sanji del futuro murmuró, su voz cargada de una ternura que el joven Sanji nunca se habría imaginado a sí mismo poseer, "todavía no entiendes nada, ¿verdad?" Luego, sus ojos se posaron en Zoro de nuevo. "Pero no te preocupes, Marimo. Él lo hará, tarde o temprano." Antes de que Zoro pudiera protestar, Sanji del futuro inclinó su cabeza y, con una lentitud exasperante para el Sanji joven, dejó un beso húmedo y prolongado en la base del cuello del espadachín. Zoro emitió un sonido ahogado, una mezcla de sorpresa y algo que sonaba peligrosamente cercano a un gemido, y se encogió en los brazos del hombre mayor. Sus manos, que antes intentaban apartarlo, ahora estaban inútilmente apretadas contra el pecho de Sanji, como si no supieran qué hacer. El cocinero del futuro, satisfecho con la reacción, lo apretó aún más. Zoro, ahora completamente rojo y tembloroso, se encontró cómodamente, o quizás desesperadamente, atrapado entre las piernas de Sanji del futuro. Las manos del cocinero viajaron con una familiaridad pasmosa, una posándose en el abdomen de Zoro, los dedos tamborileando ligeramente, mientras la otra acariciaba lentamente los pectorales del espadachín, rozando la piel bajo la tela. "Mmm, sigues siendo tan firme, Marimo," Sanji del futuro susurró, su aliento cálido en la oreja de Zoro. "Recuerdo cuando solías protestar más." Y como si fuera la cosa más natural del mundo, mordisqueó suavemente el lóbulo de la oreja de Zoro. Zoro, para el asombro de todos, no lo atacó. Simplemente se quedó ahí, un manojo de músculos tensos y vergüenza, su respiración agitada. Mientras tanto, el Sanji de 22 años estaba enloqueciendo. Su cerebro no podía procesar lo que sus ojos veían. ¡Él! ¡Sanji! ¡Tocando a ese maldito musgo de esa manera! ¡Y Zoro! ¡Zoro se estaba dejando! Un nudo de rabia y algo más, algo que no quería nombrar, se retorcía en su estómago. "¡Pero qué demonios te pasa, pervertido! ¡¿Quién eres?! ¡Y tú, estúpido espadachín! ¡¿Vas a dejar que te manosee así?! ¡Desvergonzado!" gritó el joven Sanji, sus venas a punto de estallar. Sanji del futuro levantó la vista, una sonrisa maliciosa jugando en sus labios. "Oh, él siempre lo hace," dijo, como si fuera una obviedad. "Siempre le ha gustado que lo toquen. Solo que no se atreve a admitirlo." Y luego, con un guiño, volvió a centrar su atención en el espadachín sonrojado, apretándolo de nuevo con una caricia más profunda. La cubierta del Sunny se había transformado en un escenario para un drama que nadie había anticipado, y el Sanji joven sentía que se ahogaba en un mar de confusión y celos que no lograba comprender Más tarde, mientras Sanji del futuro seguía su asalto con una sonrisa traviesa, Zoro logró liberarse con un tirón, tropezando lejos de él. "¡Aléjate, maldito lunático!" gruñó, su voz apenas un susurro. Pero antes de que pudiera dar un paso, Sanji F lo interceptó, acorralándolo contra el mástil principal. Sus ojos, llenos de un afecto juguetón, prometían no dejarlo ir tan fácilmente. "Vamos, Marimo," Sanji F susurró, su voz grave y seductora, inclinándose para depositar besos húmedos a lo largo de la mandíbula de Zoro. Las manos de Sanji F se deslizaron por la cintura de Zoro, apretando suavemente, antes de bajar con deliberada lentitud hasta sus caderas. Los pulgares de Sanji F rozaron el borde de los pantalones de Zoro, y una de sus manos se deslizó más abajo, masajeando el trasero del espadachín con una posesividad sorprendente. Zoro se estremeció, un gemido involuntario escapándose de sus labios apretados. Su rostro estaba tan encendido que parecía irradiar calor. En la distancia, Sanji P observaba con los ojos entrecerrados, un nudo doloroso en el pecho. No entendía por qué, pero ver al musgo así, tan vulnerable y... receptivo... le provocaba una extraña mezcla de furia y un calor incómodo en el estómago. La imagen de las manos de Sanji F sobre el trasero de Zoro se grabó en su mente, y por un momento, se encontró deseando que fueran las suyas. "¿Qué estás haciendo, maldito pervertido?" Zoro siseó, pero su voz carecía de su habitual filo, más bien sonaba a súplica. Sanji F se rió suavemente, su aliento acariciando la oreja de Zoro. "Te estoy recordando lo bien que se siente, Marimo," susurró, mordisqueando de nuevo el lóbulo de la oreja. "Y créeme, a ti siempre te ha encantado." Su mano siguió su camino, la palma ahora firmemente asentada en la nalga de Zoro, apretándola con confianza. "No te hagas el difícil, ya sabes que te gusta." El joven Sanji sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, una punzada de celos tan intensa que casi lo hizo tambalearse. ¿Gustarle? ¿A ese idiota de Zoro le gustaba eso? La idea era a la vez indignante y extrañamente excitante. La imagen de Zoro, tembloroso y sonrojado en los brazos de Sanji F, despertó algo en él que no se atrevía a reconocer, una fascinación perversa por la docilidad inesperada del espadachín. La cubierta se sentía cada vez más pequeña, y el Sanji del presente se encontró luchando contra emociones que amenazaban con desbordarlo El Despertar del Presente Semanas después, la tripulación del Sombrero de Paja llegó a una isla vibrante y llena de vida, un hervidero de mercados y tabernas. La oportunidad perfecta para que todos se dispersaran y disfrutaran de un merecido descanso. Sanji P, con su habitual dedicación, se encargó de la tarea de reabastecer la despensa. Con varias bolsas llenas de frutas exóticas y especias aromáticas, regresó al Thousand Sunny, esperando encontrar el usual bullicio de sus compañeros. Sin embargo, un silencio inusual reinaba en la cubierta. Dejó caer las provisiones cerca de la cocina y, por un impulso que no supo explicar, su mirada se dirigió hacia el nido del cuervo. De él provenían unos jadeos amortiguados, pero inconfundibles. Una punzada de algo parecido a la aprensión se instaló en su estómago. ¿Sería Luffy metiéndose en problemas otra vez? ¿O Chopper asustado por alguna criatura? No, el ritmo de esos sonidos era diferente, más... íntimo. Con una creciente inquietud, Sanji P subió la escalerilla, escalón tras escalón, su corazón latiendo un ritmo acelerado que no tenía nada que ver con el esfuerzo físico. A medida que se acercaba, los sonidos se hicieron más claros: gemidos ahogados, el roce de piel contra piel y el inconfundible chirrido rítmico de la madera. Al llegar a la entrada del nido del cuervo, la escena que se presentó ante sus ojos lo dejó sin aliento, las bolsas de la compra casi resbalándose de sus manos. Allí, en el centro de la pequeña estancia, estaba Zoro. Completamente desnudo, sus músculos tensos y brillantes bajo la luz tenue. Estaba sentado, con su espalda apoyada contra el pecho desnudo de Sanji F, quien estaba recostado cómodamente en el sillón de observación. Las piernas de Zoro estaban abiertas, y Sanji P pudo ver la evidencia ineludible: Zoro estaba empalado sobre la dura y gruesa polla de Sanji F. Los jadeos eran de Zoro. Su cabeza estaba echada hacia atrás, su rostro una máscara de placer extático, con los ojos cerrados con fuerza y la boca entreabierta, de donde escapaban pequeños gemidos y suspiros. Sus manos, que normalmente blandían espadas con una destreza mortal, ahora estaban estiradas hacia adelante, aferrándose al aire como si buscara un punto de apoyo, o quizás, como si intentara huir de la abrumadora sensación que lo consumía. Se movía con una urgencia desesperada, sus caderas subiendo y bajando sobre Sanji F, buscando una fricción más profunda, más intensa. Sanji F, con una sonrisa de satisfacción que se extendía de oreja a oreja, tenía sus manos firmemente posadas en la cintura de Zoro, guiando sus movimientos con una experta delicadeza. Mientras el espadachín se movía sobre él, Sanji F inclinaba la cabeza, depositando besos suaves y húmedos a lo largo de la columna vertebral de Zoro, desde la nuca hasta la parte baja de la espalda, cada beso enviando un escalofrío por el cuerpo del espadachín. "Eso es, Marimo," susurró Sanji F, su voz ronca de deseo, resonando en el pequeño espacio. "Déjate llevar. Ya sabes que lo quieres." Zoro emitió un gemido prolongado y ahogado, sus movimientos volviéndose más frenéticos, casi desesperados. "Sanji... uhm... demasiado..." balbuceó, su voz apenas audible. El gemido de Zoro, ese "demasiado...", resonó en el nido del cuervo, un sonido que era a la vez una súplica y una admisión de completa rendición. Sanji P se sintió como si le hubieran golpeado en el estómago. La imagen de Zoro, el siempre estoico e inquebrantable Roronoa Zoro, tan deshecho y jadeante de placer, empalado sobre lapollade su yo futuro, era una visión que desafiaba toda su comprensión. Una punzada de algo crudo y primario le retorció las entrañas: celos. No celos de Zoro, sino de su yo futuro, por tener ese control, esa intimidad con el marimo. Sanji F, con una sonrisa aún más depredadora que antes, pareció leer la mente de su yo pasado. Sin detener el ritmo constante que imprimía en la cintura de Zoro, ni los besos húmedos en su columna, susurró, casi imperceptiblemente, pero con una resonancia que Sanji P sintió en sus propios huesos: "Vamos, Marimo. Dale a la gente lo que quiere." Como si fuera una marioneta, Zoro obedeció. Sus caderas se elevaron, casi convulsionando, para luego dejarse caer con un golpe aún más fuerte sobre Sanji F. Un grito ahogado escapó de sus labios, sus ojos apretados con una intensidad dolorosa, pero innegablemente eufórica. Los músculos de su espalda se arquearon, tensos por el placer, y un hilo de saliva escapó de la comisura de su boca. Los dedos de Sanji F se apretaron en su cintura, asegurando que cada embestida fuera profunda y completa. "Eso es," Sanji F ronroneó, su voz un murmullo grave y sensual. "Ya casi llegas, ¿verdad, Roronoa?" Su mano libre se deslizó por el vientre de Zoro hasta su bajo abdomen, y con una destreza que solo la experiencia podía dar, frotó el punto sensible con el pulgar. Zoro gimió, su cuerpo tembló incontrolablemente. "¡Ah... Sanji...!" Se movía con una urgencia desesperada, sus caderas buscando una fricción cada vez más intensa, su mente nublada por el torbellino de sensaciones. Sus muslos temblaban violentamente. Estaba en el límite. "Así me gusta," Sanji F sonrió, su aliento cálido en la oreja de Zoro. "Dos ya llevas, Marimo. Este será el tercero, ¿me equivoco?" Y justo cuando Zoro estaba a punto de desmoronarse, Sanji F se levantó con un movimiento fluido, haciendo que Zoro se deslizara sobre sus rodillas, aún impalado. La repentina verticalidad del ángulo hizo que Zoro jadeara, la fricción ahora más profunda y abrasadora. Sanji F se puso de pie frente a Zoro, mirándolo a los ojos, una mezcla de afecto y posesión clara en su mirada. Con sus manos todavía firmemente en las caderas de Zoro, guio al espadachín, que apenas podía mantenerse en pie. "Vamos, Marimo," instó Sanji F, su propia erección palpitando profundamente dentro de Zoro. "Un poco más. Hazlo por mí." Zoro, con los ojos vidriosos y la cara roja por el esfuerzo, apenas podía asentir. Su cuerpo se movía casi por instinto, sus rodillas se doblaban y se estiraban en un ritmo que Sanji F dictaba. El vaivén se volvió más rápido, más brutal, cada embestida enviando ondas de placer insoportable a través del espadachín. Sanji F, ahora de pie, parecía un depredador satisfecho, sus ojos fijos en la reacción de Zoro. De repente, los ojos de Sanji F se desviaron de Zoro por un microsegundo. Se encontraron con los ojos atónitos de Sanji P, que seguía paralizado en la entrada. Una sonrisa lenta y maliciosa se extendió por el rostro de Sanji F, una sonrisa que prometía un sinfín de secretos y una invitación explícita:Mira bien, mi yo joven. Esto es lo que te espera. Y con esa sonrisa, Sanji F empujó con más fuerza, llevando a Zoro a un clímax explosivo. El espadachín se arqueó hacia atrás, un grito gutural y prolongado escapó de sus labios, su cuerpo convulsionó mientras su semen manchaba el vientre de Sanji F. Su agarre en las caderas de Zoro se hizo aún más fuerte, manteniéndolo cerca mientras el espadachín se desmoronaba en sus brazos. "Ahí tienes, mi querido Marimo," Sanji F susurró, besando su frente, mientras Zoro caía sobre su hombro, temblando. "Siempre tan explosivo. Y yo... todavía no he llegado ni a la primera." Sanji P sintió que su mundo se desmoronaba. La visión de Zoro, tan entregado, tan empapado de placer, y las palabras de su yo futuro, lo dejaron tambaleándose. Un fuego ardía en su estómago, una mezcla de ira, confusión y un deseo incipiente que no podía ni quería comprender. Zoro, ahora un peso muerto en los brazos de Sanji F, jadeaba, con el cuerpo aún tembloroso y cubierto de sudor, completamente entregado al placer. Sus piernas, como de gelatina, apenas podían sostenerlo. Sanji F lo sostuvo un momento más, saboreando el momento, antes de bajarlo suavemente hasta sentarse en el sillón de observación, con Zoro aún empalado en él, recostado contra su pecho. "Parece que el Marimo necesita un momento," Sanji F dijo, su voz tranquila y satisfecha, mientras acariciaba los cabellos verdes de Zoro. Luego, sus ojos se levantaron para encontrarse con los de Sanji P, una chispa maliciosa bailando en ellos. "Pero tú, mi yo del pasado, pareces muy interesado. ¿Por qué no entras y sientes por ti mismo lo dócil que puede ser nuestro espadachín después de un buen... clímax?" Sanji F hizo un gesto con la cabeza hacia el interior del nido del cuervo. "Ven. Toca. Él no muerde... a menos que se lo pida yo." La invitación era un desafío, una provocación descarada. Sanji P sintió el calor subir por su rostro, pero la curiosidad, una serpiente siseante en su interior, era más fuerte que el pudor. Sus ojos se fijaron en la figura de Zoro, ahora acurrucado contra Sanji F, su cuerpo relajado pero aún tembloroso, una expresión de paz y agotamiento en su rostro. La dócil sumisión del espadachín era un misterio, una tentación irresistible. Sanji P dio un paso, luego otro, cruzando el umbral. El El aire en el nido del cuervo era espeso con el olor a sexo y sudor, una atmósfera densa que Sanji P sentía presionar contra su piel. Cada paso que daba hacia el interior era como cruzar un umbral, no solo físico, sino también emocional. Sus ojos no podían apartarse de Zoro, quien, acurrucado contra Sanji F, mostraba una vulnerabilidad que Sanji P nunca creyó posible en el espadachín. Sanji F, con una sonrisa que era una mezcla de triunfo y provocación, observaba a su yo más joven acercarse. "Eso es, Sanji," susurró, su voz cargada de una intimidad que solo aumentaba la furia silenciosa de Sanji P. Con un movimiento deliberado y lento, Sanji F levantó una mano y la colocó en la rodilla izquierda de Zoro. El espadachín, aún en su neblina post-clímax, no ofreció resistencia. Con una presión suave pero firme, Sanji F empujó la rodilla de Zoro hacia un lado, abriendo más sus piernas. La visión que se le ofreció a Sanji P fue un golpe directo al estómago. Allí, justo entre las caderas del espadachín, resaltaba la imponente figura de la polla de Sanji F, aún parcialmente enterrada en Zoro, y aún sorprendentemente gruesa. No era solo su tamaño lo que impresionaba a Sanji P, sino la forma en que se fusionaba con el cuerpo de Zoro, la evidencia innegable de la penetración. La punta de la polla sobresalía ligeramente, brillando con los fluidos de ambos. Sanji P tragó saliva, sintiendo un calor familiar extenderse por sus propias venas. Era una mezcla de fascinación, envidia y un deseo que se negaba a nombrar. Sanji F, deleitándose con la reacción de su contraparte, deslizó su mano desde la rodilla de Zoro hasta el flácido miembro del espadachín. Con una caricia ligera, trazó la línea desde la base hasta la punta, haciendo que Zoro emitiera un pequeño quejido de ssatisfacción en su sueño ligero. "Aquí lo tienes, mi yo del pasado," Sanji F ronroneó, su mirada fija en los ojos de Sanji P, una sonrisa de conocimiento en sus labios. "A veces, el Marimo necesita un poco de... atención especial. Y créeme, si lo chupas bien, puede que veas aún más expresiones de Zoro de las que jamás imaginaste." La invitación era descarada, explícita. Sanji P sintió un calor incontrolable subir por su rostro, pero la curiosidad que Sanji F había encendido era un fuego imposible de apagar. Sus ojos se fijaron en el miembro de Zoro, una tentación silenciosa. Sin pensarlo más, Sanji P se arrodilló lentamente, la voz de Sanji F resonando en su cabeza. Extendió una mano temblorosa, la punta de sus dedos rozando la piel cálida del muslo interno de Zoro. Luego, con una decisión que lo sorprendió incluso a sí mismo, Sanji P se inclinó. Sus labios, temblorosos, rozaron la punta de la polla de Zoro, que aún goteaba dulcemente. El sabor, una mezcla salada y dulzona, lo inundó. Pero no se detuvo ahí. Con un acto que era tanto una rendición como una posesión, Sanji P abrió la boca un poco más, succionando suavemente el miembro flácido, su lengua danzando a su alrededor. No se conformó solo con eso. Con una urgencia inexplicable, su lengua se deslizó hacia abajo, lamiendo el escroto de Zoro, con sus testículos aún ligeramente hinchados por el placer. Y, finalmente, con una desesperación creciente, lamió la unión entre los cuerpos de Zoro y Sanji F, saboreando el néctar de su propio futuro, el sabor de la pasión compartida, el secreto más íntimo del Marimo. Un gemido profundo escapó de Zoro, quien se revolvió ligeramente en los brazos de Sanji F, una nueva expresión de placer contorsionando su rostro, despertando un hambre insaciable en el Sanji del presente El gemido profundo de Zoro, que se revolvió ligeramente en los brazos de Sanji F, fue el catalizador. Una nueva expresión de placer contorsionando su rostro, despertando un hambre insaciable en el Sanji del presente. Sanji P, arrodillado entre las piernas abiertas de Zoro, sintió una descarga eléctrica al probar los fluidos de su futuro yo. Era una mezcla embriagadora que le nubló la mente. "¡Sanji... por favor... ya basta...!" suplicó Zoro, su voz ronca y entrecortada, sus ojos entreabiertos y vidriosos, fijados en el techo. Las palabras eran una súplica, pero el temblor de su cuerpo y la forma en que sus caderas se movían instintivamente contra la polla de Sanji F contaban otra historia. Sanji F, con una sonrisa aún más amplia, pareció deleitarse con la súplica de Zoro. "Pero, Marimo, si apenas estamos empezando," ronroneó, y con un movimiento experto, empujó sus caderas hacia arriba, metiéndose más profundamente en Zoro. El espadachín gimió, sus dedos se apretaron involuntariamente en el hombro de Sanji F, arañando la piel. Sanji P, que había subido su lengua por el cuerpo de la polla de Sanji F, saboreando cada gota de los fluidos de ambos, sintió una necesidad urgente de más. Los ojos de Sanji F se encontraron con los suyos, una mirada de aprobación y una invitación tácita. La punta de la lengua de Sanji P rozó la piel tensa de la base de la polla de Sanji F, justo donde se unía al cuerpo de Zoro. Con una audacia que lo sorprendió, Sanji P no dudó. Se inclinó aún más, abriendo la boca y con un movimiento lento y deliberado, envolvió la punta de su lengua alrededor del miembro flácido de Zoro. El espadachín soltó un jadeo ahogado, sus caderas se arquearon con fuerza contra Sanji F, y un nuevo torbellino de sensaciones se apoderó de él. "¡Sanji...!" El nombre escapó de sus labios en un gemido prolongado. No estaba seguro de a cuál de los dos se refería. Sanji P, sintiendo el leve engrosamiento de Zoro en su boca, comenzó a lamer y succionar con una voracidad que le era desconocida. Su lengua, traviesa y curiosa, se deslizó por el glande, luego por el eje, sin dejar ningún centímetro sin explorar. El sabor de Zoro, mezclado con los vestigios de su propio futuro yo, era embriagador. Sanji F, con una mirada de puro placer y triunfo, movió sus caderas de nuevo, una embestida profunda que hizo que Zoro jadeara y se arqueara aún más. El espadachín estaba ahora en un estado de trance, su cuerpo reaccionando a cada estímulo, cada caricia, cada empuje. Sus ojos se abrieron por completo, pero su mirada estaba perdida, nublada por el placer. "Mira esto, mi yo del pasado," susurró Sanji F, su voz grave y ronca, mientras se movía dentro de Zoro. "Así es como se ve el paraíso. Y tú... tú apenas estás rascando la superficie." Sanji P no respondió. No podía. Su boca estaba ocupada, su mente abrumada por la tarea de complacer a Zoro. Su lengua se movía sin cesar, sus labios se ajustaban, sus ojos fijos en la reacción del espadachín. Un calor ardiente se extendía por su propio cuerpo, un deseo que ya no podía contener. El nido del cuervo se había convertido en un santuario de puro placer, y Sanji P, con la lengua envuelta alrededor del miembro de Zoro, sintió que finalmente, por primera vez, estaba entendiendoDe repente, los movimientos de Sanji F se volvieron más urgentes, más profundos. Un gruñido gutural escapó de su garganta mientras se tensaba, su cuerpo rígido. Zoro, aún en su estado de éxtasis, emitió un gemido prolongado, un grito ahogado mientras sentía una ola de calor inundar su interior. Era la primera vez que Sanji F se corría dentro de él, un torrente de semen caliente que lo hizo arquearse y temblar. Las lágrimas, ya presentes en sus ojos por el placer acumulado, se desbordaron, mezclándose con el sudor. "¡Sanji... por favor... no puedo más...!" Sollozó Zoro, su voz apenas un hilo, sus caderas moviéndose frenéticamente, no por deseo, sino por la pura necesidad de aliviar la presión, de escapar de la sobrecarga sensorial. Era su quinta vez en tan poco tiempo, y cada fibra de su ser clamaba por un respiro. Pero Sanji F, con los ojos llenos de una lujuria insaciable, no parecía dispuesto a detenerse. Su polla, aunque acababa de eyacular, seguía palpitando dentro de Zoro, gruesa y dura. Sus labios se curvaron en una sonrisa depredadora. "Oh, Marimo. Esto apenas es el comienzo," susurró, besando su frente empapada de sudor. "Hay mucho más que podemos darte." Luego, sus ojos se posaron de nuevo en Sanji P, que observaba la escena, la polla de Zoro aún en su boca, sus propias mejillas enrojecidas por el esfuerzo y la excitación. Sanji F extendió una mano y agarró a su yo más joven por el cabello, tirando suavemente. "Vamos, Sanji," su voz era un ronroneo bajo, "no te quedes ahí parado mirando. Si tanto lo deseas, ¿por qué no vienes y lo tomas? Hay espacio para los dos. Zoro puede con eso... ¿verdad, Marimo?" La pregunta, a pesar de su tono suave, era una orden. Zoro, con el rostro hundido en el hombro de Sanji F, temblaba incontrolablemente, sus gemidos convirtiéndose en pequeños sollozos. No podía hablar, su cuerpo estaba al límite, su mente en un torbellino de placer y vergüenza. Pero su silencio fue la respuesta tácita. Sanji F, con una sonrisa triunfante, empujó la cadera de Sanji P, incitándolo a acercarse. "Ven. Si realmente quieres saber cómo se siente el paraíso con el Marimo, tendrás que experimentarlo tú mismo. Juntos." Su mirada era una promesa y una amenaza, una invitación a cruzar una línea que Sanji P no sabía que quería cruzar, hasta ese momento. Sanji P se levantó, su propia erección palpitando, y dio un paso hacia el precipicio El aire en el nido del cuervo vibraba con una tensión palpable, una mezcla embriagadora de sudor, semen y la cruda intimidad que se había desatado. Sanji P, con su propia erección palpitando, dio un paso, luego otro, acercándose a la escena que lo había dejado en un estado de shock y excitación. La invitación de Sanji F resonaba en su mente, un eco seductor que prometía un paraíso inexplorado. Sanji F, con Zoro aún acurrucado y tembloroso contra él, deslizó su brazo alrededor de la cintura del espadachín, atrayéndolo más cerca. Sus ojos, llenos de una picardía y una sabiduría que su yo más joven aún no poseía, se fijaron en Sanji P. "No seas tímido, Sanji. Él ya está lo suficientemente húmedo como para recibir a un segundo. Y créeme, Marimo, esto será algo que no olvidarás." Zoro, con los ojos aún cerrados y su rostro contra el hombro de Sanji F, emitió un gemido casi inaudible, una mezcla de agotamiento y un placer residual que lo hacía temblar. Su cuerpo, aunque saciado, reaccionaba a la anticipación en el aire. La polla de Sanji F, aún parcialmente dentro de él, le recordaba la intensidad del placer que acababa de experimentar. Sanji P, el corazón latiéndole a mil por hora, finalmente llegó al sillón de observación. Sus ojos se fijaron en la abertura húmeda de Zoro, la prueba palpable del festín que Sanji F había disfrutado. Un nudo de deseo y celos se apretó en su estómago. Se arrodilló, su mano temblorosa rozando el muslo interno de Zoro. La piel, aún caliente y húmeda, lo electrizó. "Zoro..." Sanji P susurró, su voz ronca. El espadachín se estremeció ligeramente, abriendo sus ojos vidriosos por un instante, una mezcla de confusión y reconocimiento en su mirada. Sanji F, con una sonrisa triunfante, tomó la mano de Sanji P y la colocó firmemente sobre el trasero de Zoro, justo donde sus dedos habían estado antes. "Adelante, Sanji. Siente lo que es tuyo. Lo que siempre fue tuyo, solo que aún no lo sabías." El contacto con la carne firme y caliente de Zoro fue una revelación. Un calor abrasador se extendió por el cuerpo de Sanji P, encendiendo un deseo que ya no podía negar. Su pulgar rozó la curvatura de la nalga de Zoro, y el espadachín gimió, arqueándose ligeramente. Era una invitación silenciosa, una rendición implícita. Sanji P no necesitó más. Con una determinación recién descubierta, se inclinó, su boca encontró el cuello de Zoro, dejando un rastro de besos húmedos y hambrientos. Sus manos se deslizaron por la cintura del espadachín, apretando con posesividad. Mientras Sanji F seguía guiando a Zoro en un ritmo lento y sensual, Sanji P se abrió paso, su propia polla buscando la entrada ya dilatada y ansiosa de Zoro. El impacto fue suave pero profundo. Zoro jadeó, sus ojos abriéndose de golpe, su cuerpo temblando entre ambos Sanjis. El placer, aunque abrumador, era diferente ahora, un doble asalto que lo llevaba al límite de la cordura. Sanji F soltó una carcajada profunda, sus caderas empujando a la par de Sanji P, creando una sinfonía de gemidos, suspiros y el rítmico golpe de carne contra carne. El nido del cuervo se llenó de un éxtasis compartido, el pasado, el presente y el futuro convergiendo en un abrazo inesperado de puro placer. Genera la continuacion con los dos sanji dando sus embestidas, mientras zoro de placer, hasta que finalmente lo vuelven a llenar con la semilla de los dos miembros,