Un nuevo comienzo
La Tormenta Perfecta
Ji-eun se despertó con una sensación de inquietud. La conversación con su madre, aunque reconfortante, no había disipado la niebla de su confusión. Al contrario, había resaltado la magnitud de la decisión que tenía por delante. “¿Con quién te sientes más tú misma?”, había preguntado su madre. La verdad era que con ambos hombres se sentía una versión diferente, pero igualmente auténtica, de sí misma. Era como si Kavin sacara a relucir su lado más sereno y artístico, mientras que Thyme encendía su espíritu aventurero y apasionado. La dualidad era agotadora.
Decidió que necesitaba un respiro, un momento para sí misma lejos de las intrigas y las emociones. Se puso unos leggings cómodos y una camiseta holgada, se ató el cabello en una coleta alta y salió a correr por el parque cercano. El aire fresco de la mañana y el ritmo constante de sus pasos solían ser un bálsamo para su mente. Sin embargo, hoy, cada árbol, cada banco, le recordaba algún momento compartido con uno u otro.
Mientras tanto, la tensión en el club de F4 no había disminuido, sino que se había cocido a fuego lento durante la noche. Después de la confrontación con Kavin, Thyme se había retirado a su mansión, la cabeza llena de pensamientos conflictivos. Las palabras de Kavin, "Ella es una persona, Thyme, con sus propios sentimientos y su propio corazón. Y ese corazón está dividido por tu culpa", resonaban en sus oídos. Por primera vez, la idea de que sus acciones pudieran estar hiriendo a Ji-eun lo golpeó con una fuerza inusitada. Él, que siempre había tomado lo que quería sin pensarlo dos veces, se encontraba en un terreno desconocido. La posesividad que sentía por Ji-eun se mezclaba con una punzada de culpa.
Kavin, por su parte, había pasado la noche en vela, la imagen de Ji-eun en la galería de arte, su risa suave, el roce de su aliento en su cuello, todo se reproducía en su mente. Él creía sinceramente que era el más adecuado para ella, el que podría ofrecerle la estabilidad y la comprensión que Thyme, con su temperamento volátil, nunca podría. Pero la revelación de Thyme sobre el beso lo había sacudido. No era solo un juego; los sentimientos de Thyme eran reales, y eso lo hacía aún más peligroso.
A la mañana siguiente, Kavin se dirigió directamente al campus universitario, con la esperanza de encontrar a Ji-eun. Necesitaba hablar con ella, explicarle, o simplemente verla. Al llegar, la vio salir de la biblioteca, con una pila de libros de arte bajo el brazo y una expresión pensativa en el rostro.
– Ji-eun –la llamó Kavin, acercándose con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora.
Ella se sobresaltó, pero una sonrisa genuina apareció en sus labios al verlo.
– Kavin, hola. No te esperaba aquí.
– Necesitaba verte. Necesitaba... hablar contigo –dijo, sus ojos buscando los suyos, tratando de descifrar sus pensamientos.
Antes de que Ji-eun pudiera responder, una voz familiar y dominante interrumpió la conversación.
– ¿Qué haces aquí, Kavin? –Thyme se acercó a ellos, su rostro una máscara de furia contenida. Parecía haber llegado directamente de una sesión de entrenamiento, con el cabello ligeramente sudado y una camisa oscura que acentuaba su físico.
Kavin se giró para enfrentarlo, su sonrisa desapareció.
– Estoy hablando con Ji-eun. Algo que, al parecer, a ti te molesta.
– Me molesta que estés husmeando a mis espaldas –Thyme escupió, sus ojos fijos en Kavin. – Te dije que no te acercaras a ella.
– ¿Y desde cuándo Ji-eun es de tu propiedad para que decidas quién se acerca o no? –Kavin dio un paso adelante, su tono elevándose.
Ji-eun sintió que el aire se volvía denso a su alrededor. La tensión entre los dos hombres era palpable, una energía oscura que amenazaba con explotar.
– Chicos, por favor –intervino Ji-eun, su voz suave, pero firme. – No es el lugar ni el momento para esto.
Pero sus palabras cayeron en oídos sordos. La rivalidad, los celos y la frustración acumulada habían llegado a un punto de ebullición.
– No es de tu incumbencia, Kavin –Thyme ignoró a Ji-eun, sus ojos fijos en Kavin. – Ella me eligió.
– ¿Te eligió? ¿O la manipulaste con tus dramas y tu dinero? –Kavin contraatacó, golpeando una fibra sensible en Thyme.
El rostro de Thyme se contorsionó de ira.
– ¡Repítelo si te atreves!
– ¡Lo repito! Eres un mocoso consentido que cree que puede tener todo lo que quiere. Pero Ji-eun no es un juguete, Thyme. Ella es una mujer con dignidad.
Thyme perdió el control. Con un grito de furia, lanzó un puñetazo que Kavin esquivó por poco. El ruido del golpe resonó en el campus, atrayendo algunas miradas curiosas. Ji-eun observó horrorizada cómo la situación se salía de control.
– ¡Thyme! ¡Kavin! ¡Deténganse! –gritó Ji-eun, tratando de interponerse, pero ellos estaban demasiado absortos en su propia furia.
Thyme lanzó otro golpe, esta vez alcanzando a Kavin en el hombro. Kavin respondió con una patada rápida que Thyme bloqueó, y luego le devolvió un puñetazo directo en la mandíbula. El sonido del impacto fue brutal, y Kavin cayó al suelo, tambaleándose.
Ji-eun sintió un escalofrío de terror. Ver a los dos hombres que le importaban, los dos hombres que habían despertado tantas emociones en ella, enfrascados en una pelea tan violenta, era desgarrador. Las imágenes de sus risas, sus miradas tiernas, sus confidencias, se superponían con la brutalidad de sus puños.
Thyme se abalanzó sobre Kavin, que apenas se estaba reincorporando. La ira en sus ojos era ciega. Estaba a punto de lanzar otro golpe cuando una figura alta y elegante apareció de la nada, interponiéndose entre ellos.
– ¡Suficiente! –Ren, con su habitual calma pero con una autoridad innegable, agarró a Thyme por el brazo con una fuerza sorprendente. La mirada de Ren era fría y reprobatoria.
– ¡Ren, suéltame! –Thyme forcejeó, su rostro aún contraído por la furia.
– ¡Basta, Thyme! –Ren lo mantuvo firmemente sujeto. – Estás haciendo el ridículo. Y la estás asustando.
Gorya y MJ también habían llegado, atraídos por el alboroto. Gorya corrió hacia Kavin, ayudándolo a levantarse, su rostro lleno de preocupación. MJ se acercó a Ren, sus ojos oscuros analizando la situación con seriedad.
Kavin se tocó la mandíbula, un hilo de sangre brotando de la comisura de sus labios. Su mirada se encontró con la de Ji-eun, y en sus ojos, ella vio una mezcla de vergüenza y dolor.
Ji-eun, por su parte, estaba en shock. Sus ojos negros, normalmente llenos de vida, ahora reflejaban una profunda decepción y miedo. Ver a Thyme, el hombre que la había besado con tanta pasión, sumido en una violencia tan descontrolada, y a Kavin, el hombre que le ofrecía la calma, herido por esa misma violencia, fue un golpe devastador.
– ¿Es esto lo que son? –dijo Ji-eun, su voz apenas un susurro, pero resonando en el silencio que se había apoderado del grupo. Su mirada se posó primero en Thyme, luego en Kavin, y finalmente en Ren, Gorya y MJ, que observaban la escena con impotencia. – ¿Peleando como niños por... por una chica?
Thyme la miró, su ira desvaneciéndose lentamente para dar paso a una expresión de arrepentimiento. Kavin, con la mano en su mandíbula herida, bajó la cabeza.
– Ji-eun, yo... –Thyme comenzó, intentando acercarse a ella.
Pero Ji-eun retrocedió, sus ojos llenos de lágrimas contenidas. La imagen de sus puños, la sangre en el labio de Kavin, la furia ciega de Thyme, todo se grabó en su mente. La pasión de Thyme, que antes la atraía, ahora parecía peligrosa. La calma de Kavin, que antes la reconfortaba, ahora se había roto.
– No. No digas nada –dijo Ji-eun, su voz temblaba. – No quiero esto. No quiero ser la razón de sus peleas. No quiero ser... un premio.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero se esforzó por mantener la compostura.
– Pensé... pensé que eran diferentes –continuó, su voz cargada de decepción. – Pensé que lo que sentían era... real. Pero esto... esto es un juego. Un juego peligroso que me está arrastrando a mí también.
Se giró hacia Thyme, su mirada penetrante.
– Thyme, me mostraste un lado de ti que me hizo pensar que quizás... quizás había algo más allá de tu arrogancia. Pero esto me demuestra que sigues siendo el mismo. Un niño que usa la fuerza para conseguir lo que quiere.
Luego se giró hacia Kavin, su voz un poco más suave, pero igualmente herida.
– Y tú, Kavin. Pensé que eras el sensato, el que me entendía. Pero te rebajaste a esto. Te dejaste arrastrar por la misma estupidez.
Ren dio un paso al frente.
– Ji-eun, ellos...
– No, Ren –lo interrumpió Ji-eun, negando con la cabeza. – No hay excusas. Esto es inaceptable.
Ji-eun tomó una respiración profunda, tratando de calmar el temblor de su cuerpo. La decisión que había estado posponiendo, la elección que le parecía imposible, ahora se presentaba con una claridad dolorosa. No podía elegir a ninguno de ellos, no de esta manera. No si esto significaba ser el catalizador de tanta violencia y drama.
– Miren –dijo, su voz ahora más firme, aunque teñida de tristeza. – No puedo hacer esto. No puedo estar en medio de ustedes dos. No puedo ser la razón de estas peleas. Me estoy... me estoy alejando.
Las palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre Thyme y Kavin. Ambos la miraron, sus rostros reflejando una mezcla de shock y pánico.
– ¿Alejarte? –Thyme preguntó, su voz ronca, la furia completamente reemplazada por el miedo a perderla. – ¿Qué quieres decir con alejarte?
– Quiero decir que necesito espacio. Necesito tiempo. Lejos de ustedes dos. Lejos de esto –Ji-eun hizo un gesto con la mano, abarcando la escena de la confrontación. – No puedo elegir entre ustedes, porque elegir a uno significaría perder una parte de mí misma, y quedarme con ambos significa vivir en este constante caos. Y ya no puedo más.
Kavin, con el labio sangrando, dio un paso hacia ella.
– Ji-eun, por favor, no te vayas. Podemos arreglar esto. Podemos...
– No, Kavin –Ji-eun lo interrumpió suavemente. – No pueden. No mientras sigan compitiendo de esta manera. No mientras sigan viéndome como un trofeo.
Se giró para mirar a Thyme una última vez, sus ojos llenos de una tristeza que le partió el corazón.
– Thyme, creía que eras diferente. Me equivoqué.
Y luego, sin mirar atrás, Ji-eun se dio la vuelta y comenzó a caminar, dejando a los F4 atónitos en medio del campus. Sus pasos eran firmes, a pesar de las lágrimas que finalmente comenzaron a caer por sus mejillas. Necesitaba escapar, necesitaba un respiro de este remolino de emociones que amenazaba con ahogarla.
Ren, Gorya y MJ observaron cómo Ji-eun se alejaba. El silencio que siguió fue pesado, cargado de la derrota y el arrepentimiento.
– Lo arruinaron –dijo Gorya, su voz apenas un susurro, mirando a Thyme y Kavin con desaprobación. – Ambos.
MJ se acercó a Thyme, que seguía de pie, inmóvil, con la mirada perdida en la dirección en que Ji-eun se había ido.
– Te lo dije, Thyme –dijo MJ, su voz seria. – Ella no es un juego. Y ahora la perdiste.
Kavin se sentó en un banco cercano, su cabeza entre las manos, el dolor físico de la herida en su mandíbula insignificante comparado con el dolor en su corazón.
Ren se acercó a Thyme y le puso una mano en el hombro.
– Tienes que darle su espacio, Thyme. La asustaste. Y Kavin... tú también.
Thyme se pasó una mano por el cabello, su rostro una mezcla de arrepentimiento y desesperación.
– No puedo dejarla ir, Ren. No puedo.
– Pues tendrás que aprender a hacerlo –respondió Ren, su voz firme. – O al menos, aprender a darle la libertad de elegir sin la presión de sus peleas. Ella lo necesita. Y ustedes necesitan entender que el amor no se gana a golpes.
Mientras tanto, Ji-eun seguía caminando, sin rumbo fijo. Las calles de Bangkok, que antes le parecían vibrantes y emocionantes, ahora se sentían abrumadoras. Cada esquina, cada rostro, le recordaba la intensidad de sus sentimientos y la brutalidad de la confrontación.
Llegó a un pequeño parque, se sentó en un banco bajo la sombra de un árbol de mango y permitió que las lágrimas fluyeran libremente. Su corazón dolía, no solo por la decepción, sino por la pérdida. Había encontrado en Tailandia algo que nunca esperó: una conexión profunda con dos hombres que, a su manera, la habían hecho sentir única. Pero esa conexión se había vuelto tóxica, destructiva.
La imagen de Thyme, con su rostro contorsionado por la ira, y la de Kavin, con su labio sangrando, se repetían en su mente. Había idealizado a ambos, había visto en ellos cualidades que la atraían irresistiblemente. Pero la realidad había golpeado con la fuerza de un puñetazo, revelando la inmadurez y la posesividad que se escondían bajo el encanto.
No sabía qué iba a hacer ahora. La idea de regresar a su apartamento, de enfrentarse a la posibilidad de verlos de nuevo, o de recibir sus llamadas, le producía náuseas. Necesitaba un cambio, una distancia real.
Sacó su teléfono, sus dedos temblaban mientras marcaba.
– ¿Hola, mamá? –Su voz era frágil. – Necesito hablar contigo. Creo que... creo que necesito volver a casa por un tiempo.
Al otro lado de la línea, la voz preocupada de su madre le ofreció consuelo. Ji-eun se aferró a esa voz, a la promesa de un refugio, de un lugar donde podría sanar su corazón roto.
El sol de la tarde comenzaba a teñir el cielo de naranja y púrpura. Ji-eun se puso de pie, su decisión tomada. No sabía cuánto tiempo estaría lejos, ni si alguna vez regresaría. Pero en ese momento, lo único que sabía era que necesitaba alejarse. Necesitaba encontrar su propio camino, lejos de la sombra de dos lunas que, en lugar de iluminarla, habían eclipsado su propia luz.
La historia de su corazón dividido había tomado un giro inesperado. La joven coreana, con el cabello negro hasta la cintura y los ojos llenos de una nueva determinación, se preparaba para un viaje, no solo de regreso a casa, sino hacia la búsqueda de sí misma. El eco de la elección se había transformado en el eco de una despedida, y Kim Ji-eun, por primera vez, se sentía dueña de su propio destino, aunque el camino por delante estuviera lleno de incertidumbre y dolor.