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Sinfonía de Posesión y Delirio
Keonho no se detuvo ahí. Con la respiración volviéndose pesada y errática, bajó su boca en un recorrido húmedo y baboso por la piel pálida de Juhoon, dejando un rastro de saliva que brillaba bajo la tenue luz de la habitación. Sus labios buscaron con avidez el otro pezón de Juhoon, aquel que Seonghyeon había dejado momentáneamente libre. Lo succionó con fuerza, usando su lengua para rodear la pequeña protuberancia antes de morderla con una presión justa, provocando que Juhoon soltara un chillido que rebotó en las paredes.
—Mírate, hyung —gruñó Keonho contra su piel, enviando una vibración profunda que hizo que el cuerpo del mayor vibrara de pies a cabeza—. Estás tan jodidamente sensible. ¿Te gusta que te usemos así?
Juhoon se sentía al límite, su mente era un caos de sensaciones contradictorias. El placer era tan intenso que bordeaba el dolor, una sobrecarga sensorial que lo hacía sentir pequeño y vulnerable entre los dos menores. Sus piernas temblaban sin control, y los fluidos que su vagina seguía secretando en abundancia resbalaban por sus muslos, manchando las sábanas con el rastro de su excitación. En un gesto desesperado por aferrarse a algo, por encontrar un ancla en medio de esa tormenta, alzó un brazo y lo enganchó hacia atrás, enterrando sus dedos en el cabello de la nuca de Seonghyeon.
Seonghyeon, al sentir el tirón, se separó del beso húmedo que compartían. Una sonrisa ladeada y cargada de una malicia electrizante apareció en su rostro. Observó la expresión de Juhoon: los ojos en blanco, las mejillas encendidas y las lágrimas que comenzaban a brotar de las esquinas de sus párpados, deslizándose por sus sienes. Con una lentitud exasperante, Seonghyeon pasó su lengua por la mejilla mojada de Juhoon, lamiendo el rastro salado con una devoción casi religiosa.
—Lloras como una verdadera princesa, Juhoon-ah —susurró Seonghyeon cerca de su oído, mientras sus dedos dentro del ano del mayor aumentaban el ritmo, martilleando con una precisión cruel—. Pero eres una perra muy sucia, ¿verdad? Mira cuánto líquido estás soltando. Estás empapando a Keonho solo con rozarte.
—No... ah... detente... —sollozó Juhoon, aunque sus caderas lo traicionaban, moviéndose por instinto para buscar más contacto contra el miembro de Keonho y la mano invasora de Seonghyeon.
—¿Que me detenga? —Seonghyeon soltó una risa baja, un sonido oscuro que hizo que Juhoon se estremeciera—. Si te encanta que te llenemos todos tus agujeros. Eres nuestro juguete, hyung. Nuestra pequeña princesa cachonda que no puede evitar abrirse para nosotros.
Juhoon intentó negar con la cabeza, pero un nuevo gemido desgarrador escapó de sus labios cuando Keonho succionó su pezón con renovado vigor, tirando de él con los dientes. El sonido de la succión se mezclaba con el *chapoteo* rítmico de los dedos de Seonghyeon entrando y saliendo, un sonido húmedo y obsceno que llenaba el aire.
—¡Ah! ¡Seonghyeon-ah, por favor! —chilló Juhoon, arqueando la pelvis hacia atrás, frotando su clítoris hinchado contra la dureza de Keonho.
—Dilo otra vez —ordenó Seonghyeon, su voz volviéndose más autoritaria—. Dime lo sucia que eres, Juhoon-ah. Dime que necesitas que te jodamos hasta que no puedas caminar.
—Soy... soy sucia... —repitió Juhoon entre hipos y jadeos, rindiéndose finalmente a la humillación que alimentaba su deseo—. ¡Soy una perra sucia! ¡Ahhh!
Keonho se separó del pecho de Juhoon, dejando la piel roja y marcada. Sus ojos estaban inyectados en sangre, nublados por la lujuria más pura. Subió la mano que mantenía en la cintura de Juhoon y, con un movimiento posesivo, le agarró la mandíbula, obligándolo a girar el rostro hacia él.
—Mírame a mí —sentenció Keonho antes de estrellar sus labios contra los de Juhoon en un beso cargado de urgencia y hambre.
Juhoon gimió contra su boca, saboreando el presem de Keonho que el menor había esparcido en sus propios dedos antes de acariciarlo. Entre el beso, Keonho lanzó una mirada cargada de advertencia a Seonghyeon, un recordatorio silencioso de que Juhoon también era suyo. Seonghyeon simplemente se rió, sin detener el movimiento de sus dedos que ahora buscaban el punto exacto dentro de Juhoon para hacerlo delirar.
—No pongas esa cara, Keonho-ya —se burló Seonghyeon, moviendo su mano libre para acariciar el muslo tembloroso de Juhoon—. Hay suficiente de nuestro hyung para los dos. Aunque parece que hoy está especialmente ansioso por ti.
Keonho gruñó internamente y aumentó la velocidad de sus caderas. Ya no era un simple roce; estaba maltratando deliberadamente la vulva de Juhoon, aplastando su miembro grueso contra el clítoris hipersensible. El roce de la carne contra la carne, lubricado por una mezcla de jugos naturales y presem, creaba un sonido de fricción mojada que era música para sus oídos.
Los dedos de Seonghyeon se sincronizaron perfectamente con los embates de Keonho. Cada vez que Keonho empujaba hacia adelante, Seonghyeon hundía sus dedos más profundamente, creando una presión interna y externa que estaba llevando a Juhoon al borde del colapso.
—¡No más! ¡Me voy a... ahh! ¡Keonho! ¡Seonghyeon! —Juhoon soltaba gritos desarticulados, sus manos ahora intentando apartar débilmente el pecho de Keonho, pero sus dedos solo lograban arañar la piel del menor.
El cuerpo de Juhoon comenzó a convulsionar, los músculos de sus muslos se tensaron hasta el punto de doler y su espalda se arqueó en un ángulo imposible. Keonho, sintiendo las contracciones internas que comenzaban a apretar su propio miembro a través de la piel, se separó del beso, observando con fascinación cómo el rostro de su hyung se transformaba en una máscara de puro éxtasis y agonía.
—Eso es, princesa —susurró Keonho, su propia respiración saliendo en jadeos pesados—. Derrítete para nosotros. Suéltalo todo.
Seonghyeon no se detuvo, sus dedos continuaron su labor implacable, disfrutando de cómo las paredes internas de Juhoon se cerraban alrededor de él en espasmos violentos. La habitación parecía haberse quedado sin oxígeno, solo existía el calor de sus cuerpos, el olor a sexo y el sonido de Juhoon rompiéndose de placer entre las manos de los dos chicos que juraban protegerlo, pero que en ese momento solo querían consumirlo por completo.