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El Abismo del Éxtasis Compartido

El aire en la habitación se había vuelto tan denso que cada bocanada se sentía como fuego en los pulmones de Juhoon. Sus sentidos estaban fragmentados, reducidos a la presión constante en su retaguardia y al roce eléctrico de Keonho contra su feminidad. El cuerpo del mayor era un mapa de temblores incontrolables, una cuerda tensada al máximo que vibraba con cada movimiento de los menores.

—¡Ah...! ¡Ya... ya no puedo más! —lloriqueó Juhoon, con la voz rota por el esfuerzo de no desmoronarse—. Me voy a... ¡me voy a correr! ¡Seonghyeon-ah, Keonho-ya!

Keonho, cuya mandíbula estaba apretada por la tensión de contener su propio clímax, fijó sus ojos grandes y brillantes en el rostro descompuesto de su hyung. Su mirada era una mezcla de adoración y una posesividad oscura que devoraba la vulnerabilidad de Juhoon.

—Hazlo, hyung —ordenó Keonho, su voz descendiendo a un registro tan bajo que hizo que la piel de Juhoon se erizara—. Suéltalo todo para nosotros. Mírame y ven de una vez.

Seonghyeon, pegado al otro lado, no perdió la oportunidad de inclinar su rostro hacia el oído de Juhoon. Su aliento caliente era una caricia pecaminosa mientras sus dedos daban un último y violento empuje dentro del canal anal del mayor.

—Eso es, mi pequeña princesa —susurró Seonghyeon con una malicia deliciosa—. Déjanos ver lo sucia que puedes ser. Empapa a Keonho con tus jugos, ensúcianos con tu placer.

Fue el golpe de gracia. Juhoon soltó un grito agudo que se transformó en un gemido ahogado mientras su cuerpo se arqueaba violentamente. Un chorro caliente y abundante brotó de su interior, un manantial de éxtasis que golpeó directamente el miembro de Keonho, empapando la carne palpitante del menor y resbalando por los muslos de Juhoon en un torrente descontrolado. El fluido, denso y transparente, goteó incluso sobre la alfombra bajo ellos, creando un charco que brillaba bajo la luz.

El movimiento de los tres se detuvo en seco. Solo se escuchaban las respiraciones agitadas y el sonido del líquido goteando. Seonghyeon dejó escapar un gemido de pura satisfacción, sintiendo cómo las paredes internas de Juhoon lo abrazaban en espasmos rítmicos.

—Joder, eso fue jodidamente bueno —jadeó Seonghyeon, con los ojos nublados—. Lo empapaste todo, hyung. Estás tan lleno de deseo que