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a chaotic primeval loud situation

Sombras Metálicas y Secretos del Pasado

La oficina de Nick Cutter en la universidad era un caos de libros antiguos, mapas geológicos y fósiles que parecían observar desde sus estantes. Lincoln Loud, el jackalope de pelaje blanco, estaba sentado sobre un escritorio, balanceando sus pies mientras sus largas orejas se movían ocasionalmente, captando ruidos que ningún humano podría percibir.

—Entonces, ¿me estás diciendo que esa energía, Dark Gaia, es una entidad que habita en el núcleo de tu planeta? —preguntó Cutter, ajustándose las gafas mientras tomaba notas frenéticamente.

—Así es, profesor —respondió Lincoln, cruzándose de brazos—. Es una fuerza de destrucción pura que despierta cada millones de años. En mi mundo, el Dr. Eggman intentó usar su poder, lo que provocó que la tierra se fragmentara. Yo fui tocado por esa energía, al igual que mi hermana Lynn y Ronnie Anne. Por eso mutamos. Por eso puedo estirarme y por eso, cuando cae el sol, algo más fuerte toma el control.

Cutter dejó el bolígrafo, fascinado. Para un hombre que había dedicado su vida a estudiar el pasado de la Tierra, la idea de una biología alienígena moldeada por una energía mística era como descubrir un nuevo alfabeto.

—Es asombroso —murmuró Cutter—. Pero también aterrador. Si esa energía se está filtrando a través de las anomalías, no solo estamos lidiando con animales prehistóricos. Estamos lidiando con una infección interdimensional. ¿Dónde están los demás ahora?

—Nos dividimos para cubrir más terreno —explicó Lincoln—. Ronnie Anne fue con Abby. Querían asegurarse de que Ben y Rex estuvieran a salvo. Si hay otra anomalía cerca de esa casa, cualquier depredador olerá a Rex como si fuera un buffet libre. Clyde y Lynn Jr. se quedaron con Connor. Él insistió en "estudiar" su tecnología, aunque creo que Lynn solo aceptó porque Connor tiene una colección de videojuegos.

De repente, las orejas de Lincoln se irguieron por completo. Sus astas emitieron un leve brillo blanco.

—¿Lincoln? —preguntó Cutter, notando el cambio de postura del chico.

—Algo no está bien —susurró Lincoln—. Hay un zumbido... una frecuencia que conozco.

Cutter no llegó a responder. Un estallido metálico destrozó la puerta de la oficina contigua. Lincoln reaccionó por instinto, lanzándose a una velocidad que dejó una estela blanca en el aire, pero antes de que pudiera conectar un golpe, una ráfaga de energía azul lo golpeó de lleno en el pecho.

El jackalope salió despedido hacia atrás, atravesando una estantería de libros y chocando contra la pared. Cutter corrió hacia él, horrorizado.

—¡Lincoln!

En medio del humo y los escombros, una figura emergió de la habitación contigua. No era un animal, ni un humano. Era una máquina estilizada, de color azul cobalto, con ojos rojos que brillaban con un odio gélido y un motor en el pecho que rugía como una turbina.

—¿Metal Sonic? —jadeó Lincoln, intentando levantarse mientras su cuerpo soltaba chispas de energía estática—. ¿Cómo demonios llegó él aquí?

El robot ni siquiera se detuvo a pelear. Sus sistemas estaban enfocados en un objetivo diferente. Giró su cabeza mecánicamente hacia la ventana, donde una figura femenina aguardaba en las sombras del pasillo exterior.

—¡Helen! —gritó Cutter, reconociendo instantáneamente a la mujer que había perseguido durante ocho años.

Helen Cutter no dijo nada. Solo lanzó una mirada gélida a su marido antes de asentir hacia el robot. Metal Sonic activó sus propulsores, rompiendo el ventanal con un estruendo de cristales rotos, y cargó a Helen en pleno vuelo. En un parpadeo, ambos desaparecieron en la oscuridad de la noche universitaria, dejando tras de sí solo el olor a ozono y el eco de un motor a reacción.

***

A la mañana siguiente, la luz del sol entraba por las ventanas del apartamento de Abby Maitland. Ronnie Anne, con sus alas de nahual plegadas cómodamente, estaba sentada en el suelo jugando con Rex. El pequeño Coelurosauravus emitía graznidos de felicidad mientras la mobiana le ofrecía trozos de fruta.

—Es increíble cómo se lleva contigo —dijo Abby, saliendo de la cocina con dos tazas de café—. Normalmente Rex es muy selectivo con la gente.

—Supongo que reconoce a alguien que tampoco encaja en este mundo —respondió Ronnie Anne con una sonrisa de lado—. Además, después de lo del Bosque de Dean, sabe que soy la que espanta a los chicos malos.

Un golpe rítmico en la puerta interrumpió la paz. Ronnie Anne se puso en guardia al instante, sus plumas erizándose ligeramente, pero se relajó al oler el aroma familiar de Clyde.

Abby abrió la puerta y se encontró con una visión peculiar. Connor Temple estaba allí, pero detrás de él había dos figuras que intentaban pasar desapercibidas de la manera más torpe posible. Clyde, el rinoceronte mobiano, vestía una gabardina tres tallas más grande que apenas cubría su ancho torso, y un sombrero de ala ancha que ocultaba su cuerno. Lynn Jr., en su forma de were-rabbit, llevaba una sudadera con capucha gigante y gafas de sol, aunque sus orejas de conejo formaban dos bultos sospechosos en la parte superior de la capucha.

—¡Hola, Abby! —dijo Connor con un entusiasmo forzado—. Solo pasábamos por aquí... con mis amigos... que son humanos muy normales y altos.

—Connor, parecen sospechosos de un robo a un banco —dijo Abby, dejándolos pasar—. Entren antes de que los vecinos llamen a la policía.

Una vez dentro, Clyde se quitó la gabardina con un suspiro de alivio, haciendo que el sofá crujiera cuando se sentó.

—Esa ropa es una tortura —gruñó Clyde—. Siento que voy a romper las costuras cada vez que respiro.

—Agradece que no tienes que esconder estas orejas —añadió Lynn Jr., bajándose la capucha y estirando sus brazos elásticos hasta tocar el techo—. ¿Qué hay de nuevo, Connor? Dijiste que tenías algo importante.

Connor sacó un dispositivo que parecía una mezcla entre un GPS y un contador Geiger, algo que él mismo había ensamblado durante la noche.

—He estado monitoreando las fluctuaciones electromagnéticas que Lincoln describió —explicó Connor, señalando una señal intermitente en la pantalla—. Hay una anomalía abriéndose. Pero no es como la del Bosque de Dean. Esta es pequeña, inestable... y está en el metro de Londres.

—¿Por qué no le has dicho a Cutter? —preguntó Abby, cruzándose de brazos.

—Porque Cutter está... bueno, después de lo que pasó anoche en la universidad con Lincoln y ese robot azul, está obsesionado con encontrar a Helen —respondió Connor en voz baja—. Si le digo esto, Claudia Brown enviará a todo el ejército y cerrarán el lugar antes de que podamos ver qué hay allí. Quiero probar que mi rastreador funciona.

Ronnie Anne se levantó, sus ojos brillando con intensidad.

—Si hay una anomalía en el metro, habrá gente en peligro. No podemos esperar a que los humanos se pongan de acuerdo.

—Ronnie tiene razón —dijo Lynn Jr., golpeando su puño contra la palma de su mano—. Además, me vendría bien golpear algo después de estar encerrada en ese apartamento.

***

El grupo llegó a la estación de metro abandonada bajo el amparo de la tarde. La atmósfera era pesada, con el olor a humedad y hierro oxidado típico de los túneles londinenses. Connor lideraba el camino con su rastreador, mientras Clyde caminaba detrás, actuando como un escudo viviente.

—La señal es más fuerte aquí abajo —susurró Connor—. Estén alertas.

De repente, un grito desgarrador resonó a través de los túneles. No era un grito humano, sino algo más agudo, más salvaje.

—¡Lynn, por la izquierda! —ordenó Ronnie Anne, alzando el vuelo en el espacio confinado del túnel.

Lynn Jr. se estiró, usando las tuberías del techo para columpiarse y ganar velocidad. Al doblar una esquina, se encontraron con una escena de pesadilla. Una criatura masiva, con una piel que parecía cuero podrido y garras capaces de desgarrar el acero, estaba acorralando a un trabajador de mantenimiento. Era un depredador del futuro, una evolución ciega pero letal.

—¡Eh, tú, cara de pasa! —gritó Lynn, lanzando un golpe elástico que impactó directamente en el pecho de la criatura.

El depredador retrocedió, siseando con una furia primitiva. Clyde se interpuso entre el trabajador y la bestia, golpeando el suelo con sus puños y creando una onda de choque que hizo que el túnel vibrara.

—¡Saca al humano de aquí, Connor! —rugió Clyde—. ¡Nosotros nos encargamos!

Mientras Connor y Abby ayudaban al hombre a escapar, Ronnie Anne descendió en picada. Sus plumas brillaron con energía Chaos turquesa mientras las lanzaba como proyectiles. Las explosiones iluminaron el túnel, revelando que no había una, sino tres criaturas acechando en las sombras.

—Son rápidas —advirtió Ronnie, esquivando una dentellada por centímetros—. ¡Lynn, cuidado!

Lynn Jr. no se dejó intimidar. Entró en su estado de furia competitiva, sus ojos rojos brillando en la oscuridad.

—¡Es hora del juego rápido! —exclamó.

Se encogió en una bola, iniciando un *Spin Dash* que rebotó en las paredes del túnel, golpeando a los depredadores como una bala de cañón blanca. Clyde, por su parte, embistió a la criatura más grande, su fuerza de cien toneladas aplastando al monstruo contra la pared de ladrillos.

Sin embargo, en medio de la pelea, un sonido metálico familiar resonó detrás de ellos. Un destello azul cruzó el túnel a una velocidad cegadora.

—¡No puede ser! —gritó Ronnie Anne, deteniéndose en el aire.

Metal Sonic apareció de la nada, golpeando a Lynn Jr. en pleno vuelo y mandándola contra las vías del metro. El robot azul se detuvo frente a la anomalía, que palpitaba con una luz violeta al final del túnel.

—¿Qué hace él aquí? —preguntó Abby, protegiendo a Rex.

—Está recolectando datos —dijo una voz desde las sombras.

Helen Cutter salió de detrás de una columna, observando la carnicería con una curiosidad científica desapasionada.

—Las anomalías son impredecibles —dijo Helen, mirando a los mobianos—. Pero ustedes... ustedes son la clave para controlarlas. Metal, tráeme al pequeño.

Metal Sonic fijó sus ojos rojos en Rex.

—¡Sobre mi cadáver mecánico! —rugió Clyde, lanzándose contra el robot.

La pelea se convirtió en un caos de tres frentes: los depredadores del futuro intentando cazar, los mobianos protegiendo a sus amigos, y Metal Sonic operando con una eficiencia fría y calculadora.

Lincoln llegó en ese momento, deslizándose por el túnel a Mach 4, con Cutter pisándole los talones.

—¡Metal! —gritó Lincoln, sus manos brillando con energía blanca—. ¡Aléjate de ellos!

El jackalope saltó, sus brazos estirándose para atrapar al robot, pero Metal Sonic activó su escudo de energía, repeliendo el ataque. El choque de poderes creó una explosión sónica que hizo que parte del techo del túnel se derrumbara, separando a Helen y al robot del resto del grupo.

—¡Nick! —gritó Helen a través de la cortina de polvo—. ¡Aún no entiendes lo que está en juego! ¡Esto es más grande que tu pequeña ciencia!

Antes de que Cutter pudiera responder, Metal Sonic tomó a Helen y cruzó la anomalía, que se cerró instantáneamente tras ellos, dejando el túnel en un silencio sepulcral, solo interrumpido por los lamentos de los depredadores heridos.

Cutter se dejó caer contra la pared, con la cámara de Helen todavía apretada en su mano. Lincoln se acercó a él, dejando que sus orejas cayeran con pesar.

—Se fue otra vez, ¿verdad? —preguntó Lincoln suavemente.

—Se fue con esa cosa —respondió Cutter, su voz quebrada—. Ese robot... esa tecnología... no es de este mundo, ni del pasado.

—Es de mi mundo —dijo Lincoln, mirando hacia donde había estado el portal—. Eggman debe estar enviando a Metal para mapear las anomalías. Si logra controlarlas, podrá mover sus ejércitos a través del tiempo y el espacio.

Clyde ayudó a Lynn a levantarse, mientras Ronnie Anne aterrizaba junto a ellos, limpiándose el polvo de las alas.

—Esto ya no es solo una investigación científica, profesor —dijo Ronnie Anne seriamente—. Es una guerra. Y parece que su esposa ha elegido su bando.

Abby y Connor se acercaron, mirando el lugar donde la grieta había desaparecido. El trabajador del metro ya se había ido, corriendo por su vida, lo que significaba que el secreto no duraría mucho más.

—Tenemos que irnos antes de que llegue la policía —dijo Connor, mirando su rastreador roto—. Pero una cosa es segura: las anomalías están reaccionando a la presencia de ustedes. Es como si el tejido del espacio-tiempo estuviera tratando de unirse.

Lincoln miró a su equipo y luego a los humanos que se habían convertido en sus aliados inesperados.

—Entonces dejemos que se una —sentenció Lincoln—. Porque la próxima vez que ese robot aparezca, no solo vamos a defendernos. Vamos a llevar la pelea a donde sea que se escondan.

El grupo comenzó a caminar de regreso hacia la superficie, dejando atrás la oscuridad de los túneles. Londres seguía durmiendo, ignorante de que bajo sus pies, el destino de dos universos se estaba decidiendo en una danza de metal, garras y energía Chaos. La alianza entre el Equipo Loud y el equipo de Cutter era ahora más fuerte que nunca, forjada en el calor de una batalla que apenas era el preludio de lo que estaba por venir.