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Amigos con Derechos

Fricción y Flashback

El set de fotografía para las promociones de *DUN DUN* era un caos controlado de cables, luces de neón amarillas y el zumbido constante de los ventiladores industriales. La estética "bad boy" estaba en su apogeo: cuero negro, arneses, cadenas pesadas y ese aire de peligro que YG Entertainment sabía vender tan bien. Los seis integrantes de S—SIDE se movían con la precisión de máquinas bien aceitadas, pero el cansancio empezaba a hacer mella tras ocho horas bajo los focos.

Li Zhanwei, con su llamativo cabello rojo sangre peinado hacia atrás y un delineado oscuro que resaltaba sus ojos felinos, aprovechó un cambio de iluminación para dejarse caer en un sofá de cuero sintético en la esquina del estudio. Exhaló un suspiro largo, sintiendo el peso del arnés que cruzaba su pecho. Sacó su teléfono y, con la parsimonia que lo caracterizaba, comenzó a deslizarse por TikTok, buscando una distracción momentánea del ruido del staff.

A unos metros, Choi Joonho estaba siendo retocado por una maquilladora. Su cabello platinado brillaba intensamente y su figura de 1.90 metros, enfundada en unos pantalones de cuero ajustados y una camiseta sin mangas que dejaba ver sus hombros anchos, atraía todas las miradas. Pero Joon no estaba prestando atención a los elogios de la estilista. Sus ojos estaban fijos en Zhanwei.

Joon sacó su propio teléfono del bolsillo trasero y, con una sonrisa ladina que prometía problemas, tecleó rápidamente.

El teléfono de Zhanwei vibró en su mano. Un mensaje de KakaoTalk.

*Joon: Te ves jodidamente bien con ese rojo. Me dan ganas de morderte hasta que ese lunar de tu nariz desaparezca.*

Zhanwei ni siquiera parpadeó. Sus dedos continuaron deslizándose por la pantalla, ignorando la notificación. Conocía demasiado bien a Joon; si le daba cuerda, el líder no se detendría.

*Joon: No me ignores, Zhanwei-ah. Sé que lo leíste. Vamos al baño. Ahora. Quiero ver si debajo de ese arnés sigues estando tan caliente como anoche. Tengo la polla tan dura que me duele contra el cuero.*

Zhanwei bloqueó el teléfono con un chasquido seco y lo dejó sobre el sofá. Levantó la vista y encontró la mirada de Joon a través del estudio. El rubio le guiñó un ojo, una provocación descarada que nadie más pareció notar en medio del ajetreo. Zhanwei simplemente arqueó una ceja, su rostro volviendo a esa máscara de frialdad y sarcasmo que tanto desesperaba y excitaba a Joon.

—Cinco minutos para las fotos grupales —anunció el fotógrafo.

Joonho decidió que ya era suficiente de juegos a distancia. Se apartó de la maquilladora con una excusa rápida y caminó hacia Zhanwei, exagerando un poco el paso, llevándose una mano a la sien.

—¡Ah, Zhanwei! —exclamó Joon en voz alta, captando la atención de un par de asistentes—. Bam, me duele mucho la cabeza, creo que es por las luces. Acompáñame al baño a mojarme la cara, por favor. Siento que me voy a desmayar aquí mismo.

Zhanwei lo miró con una mezcla de incredulidad y diversión contenida. El talento actoral de Joonho era mediocre en el mejor de los casos, pero su energía era tan desbordante que la gente solía creerle por inercia.

—Eres un dramático, Joonho —respondió Zhanwei con su voz grave y rasposa, levantándose lentamente—. Vamos, antes de que montes una escena mayor.

Caminaron por el pasillo del estudio en silencio. Joon iba un paso por delante, su espalda ancha bloqueando la vista de cualquiera que pudiera seguirlos. En cuanto cruzaron el umbral del baño y la puerta se cerró tras ellos, la fachada de "dolor de cabeza" desapareció. Joon giró el pestillo con un movimiento rápido y, sin mediar palabra, empujó a Zhanwei contra la pared de azulejos fríos.

—Me dejaste en visto —gruñó Joon, su aliento caliente chocando contra los labios de Zhanwei.

—Estaba ocupado viendo videos de gatitos, era mucho más interesante que tus mensajes explícitos —respondió Zhanwei, aunque sus manos ya estaban buscando el borde de la camiseta de Joon.

—Mentiroso.

Joon lo besó con una urgencia violenta, una lucha de lenguas que sabía a la cafeína que ambos habían estado consumiendo todo el día. Zhanwei respondió con la misma intensidad, sus dedos enredándose en el cabello platinado de Joon, tirando con fuerza. El sonido de sus labios separándose y volviéndose a unir llenó el pequeño espacio.

—Al cubículo, ahora —ordenó Joon entre jadeos.

Se metieron en el último cubículo, el más alejado de la puerta. Joon bajó la tapa del inodoro y empujó a Zhanwei para que se sentara. Inmediatamente después, el rubio se sentó a horcajadas sobre el regazo del pelirrojo, sus largas piernas rodeando la cintura de Zhanwei. El espacio era minúsculo, obligándolos a estar pegados piel con piel, cuero contra cuero.

—Estás loco, nos van a llamar en cualquier momento —susurró Zhanwei, aunque su mano ya estaba bajando por la espalda de Joon, apretando con fuerza.

—Que nos llamen. Que esperen —Joon se inclinó y mordió el cuello de Zhanwei, justo donde el pulso latía con fuerza—. Me vuelves loco, Li Zhanwei. Ese aire de que nada te importa... me dan ganas de deshacerte por completo.

Joon comenzó a frotarse contra él, el roce del cuero de sus pantalones creando una fricción insoportable. Zhanwei soltó un gruñido bajo, su cabeza cayendo hacia atrás contra la pared del cubículo. La voz de Joon, usualmente enérgica, se había vuelto un susurro ronco y cargado de deseo.

—¿Sientes eso? —preguntó Joon, moviendo sus caderas en un ritmo lento y tortuoso—. Es por ti. Todo este desastre es por ti.

Zhanwei no aguantó más. Con movimientos torpes por la falta de espacio, desabrochó el cinturón de Joon y bajó la cremallera de sus pantalones. Joon hizo lo mismo con los de Zhanwei. Cuando la piel finalmente hizo contacto, ambos soltaron un suspiro de alivio que rozó el gemido.

Joon se lamió la palma de la mano derecha, una acción lenta y deliberada que hizo que los ojos de Zhanwei se oscurecieran aún más. Empezó a masturbar a Zhanwei, sus dedos largos y adornados con anillos moviéndose con una destreza que delataba cuántas veces habían hecho esto en las sombras de los dormitorios de YG.

—Maldita sea, Joon... —jadeó Zhanwei, sus dedos clavándose en los muslos del líder.

—Dime qué tan rico se siente —provocó Joon, aumentando la velocidad—. Dime que nadie te toca como yo.

—Cierra la boca y sigue —respondió Zhanwei, su voz rompiéndose.

Joon sonrió, esa sonrisa de galán que Zhanwei tanto odiaba amar, y se deslizó hacia abajo. Se arrodilló en el estrecho espacio entre las piernas de Zhanwei y el inodoro. A pesar de la incomodidad, lo tomó en su boca con una avidez que dejó a Zhanwei sin aliento. El contraste entre la frialdad de los azulejos y el calor de la boca de Joon era demasiado. Zhanwei cerró los ojos, viendo estrellas detrás de sus párpados, su mano derecha apretando el cabello rojo sangre de su propia cabeza mientras la otra guiaba a Joon.

—Joonho... para... voy a... —Zhanwei intentó articular, pero el placer era una ola que lo arrastraba.

Joon no se detuvo hasta que Zhanwei se tensó por completo, soltando un gemido ahogado contra su mano para no ser escuchado fuera del baño. Cuando el rubio se incorporó, limpiándose la comisura de los labios con el pulgar, sus ojos brillaban con un triunfo salvaje.

—Qué rica leche, Bam-ah —susurró Joon, volviendo a subir a su regazo—. Pero no creas que ya terminamos.

Joon se acomodó, guiándose con la mano, y se bajó sobre Zhanwei. El gemido que escapó de ambos fue una mezcla de dolor y placer absoluto. Joon apoyó sus manos en los hombros de Zhanwei, moviéndose con una urgencia que amenazaba con romper el equilibrio del inodoro.

—Mírame —ordenó Joon, tal como Zhanwei había hecho la noche anterior—. Mira lo que me haces.

Zhanwei abrió los ojos, empañados por la lujuria. El lunar en su nariz parecía resaltar más ahora que su piel estaba sonrosada por el esfuerzo.

—Eres un jodido animal, Choi Joonho —logró decir Zhanwei, agarrando a Joon por la cintura para ayudarlo con el ritmo.

—Y tú eres el único que puede domarme —respondió el rubio, besándolo de nuevo, un beso que sabía a ellos dos, a secreto y a una conexión que iba mucho más allá de un simple acuerdo de "amigos con derechos".

El ritmo en el cubículo se volvió frenético. El sonido de la carne chocando y los jadeos contenidos era lo único que existía en ese pequeño universo de azulejos blancos. Joon sentía que el corazón le iba a estallar; no sabía si era por el esfuerzo físico o por la intensidad de lo que sentía por el chico que tenía debajo. Zhanwei, por su parte, había perdido toda su serenidad. Su rostro era un mapa de placer puro, sus ojos fijos en los de Joon como si buscara respuestas a preguntas que aún no se atrevía a formular.

Cuando ambos llegaron al límite, el silencio que siguió fue sepulcral, solo roto por sus respiraciones agitadas. Joon se hundió en el hombro de Zhanwei, escondiendo el rostro en su cuello.

—Tenemos que volver —susurró Zhanwei después de unos minutos, aunque no hizo ningún movimiento para apartar a Joon.

—Un minuto más —pidió el líder, su voz volviendo a ser suave—. Solo un minuto más antes de volver a ser los "bad boys" de la nación.

Zhanwei suspiró, pasando una mano por el cabello platinado de Joon, ahora desordenado y sudado.

—Nos van a matar por el maquillaje —dijo Zhanwei con un asomo de su sarcasmo habitual—. Y tu estilista va a notar que te falta un anillo.

Joon se separó y miró su mano. Efectivamente, uno de sus anillos de plata se había caído en algún momento del frenesí. Lo buscó en el suelo del cubículo y se lo puso de nuevo con una sonrisa.

—Valió la pena. Cada maldito segundo.

Se arreglaron la ropa lo mejor que pudieron. Zhanwei usó un pañuelo para limpiar cualquier rastro delator, mientras Joon intentaba domar su cabello frente al espejo del baño. Se miraron a través del reflejo, compartiendo un entendimiento silencioso.

—¿Listo, visual? —preguntó Joon, recuperando su postura erguida y su aire de confianza.

—Listo, líder —respondió Zhanwei, su rostro volviendo a ser la máscara gélida y perfecta de siempre—. Pero la próxima vez, elige un lugar con aire acondicionado.

Salieron del baño con un intervalo de treinta segundos. Cuando llegaron al set, el fotógrafo ya estaba gritando sus nombres.

—¡Joonho, Zhanwei! ¿Dónde estaban? —preguntó el mánager, visiblemente estresado.

—Le dolía la cabeza, ya te lo dije —respondió Joon con una sonrisa encantadora, pasando un brazo por los hombros de Zhanwei en un gesto de aparente camaradería—. Pero ya le di un masaje y se siente mejor. ¿Verdad, Bam?

Zhanwei lo miró de reojo, sus ojos brillando con una chispa de peligro que solo Joon sabía interpretar.

—Mucho mejor, Joonho. Mucho mejor.

Se posicionaron para la foto grupal. Joon en el centro, con esa aura dominante, y Zhanwei a su lado, con su elegancia fría y distante. Para las Navy y para el resto del mundo, eran simplemente dos compañeros de grupo con una química increíble en pantalla. Pero mientras el flash de la cámara los cegaba, Joon deslizó su mano por detrás de la espalda de Zhanwei, rozando apenas la piel desnuda que quedaba entre el pantalón y el arnés.

Era su pequeño secreto, una historia escrita en los baños de los estudios y en las habitaciones compartidas durante una pandemia que les había robado el mundo, pero les había dado el uno al otro. Y mientras la era de *DUN DUN* continuaba, la tensión entre ellos solo prometía arder con más fuerza, hasta que no quedara nada más que las cenizas de lo que solían llamar "solo amigos".