Amor?
Ecos de un estadio vacío
La luz del amanecer se filtraba por las rendijas de las cortinas, pero para Taehyung, el brillo del sol no traía consuelo. El calendario marcaba otro día de 2020, otro día de silencio, de conciertos cancelados y de la asfixiante distancia que lo separaba de la razón de su existencia artística: Army.
Se despertó con el pecho oprimido, una sensación que se había vuelto su compañera constante en las últimas semanas. A su lado, el lugar de Yoongi estaba vacío, aunque todavía conservaba el calor y ese aroma a sándalo que siempre lograba calmarlo. Taehyung se sentó en la cama, abrazando sus propias rodillas, y sintió cómo la primera ola de ansiedad del día comenzaba a lamer sus pies.
En la cocina, Yoongi preparaba café con movimientos lentos y precisos. No necesitaba mirar el reloj para saber que Taehyung ya estaba despierto; conocía el ritmo de su respiración incluso a través de las paredes. Sabía que los días "malos" estaban ganando terreno frente a los "regulares". Entró en la habitación con una taza de té de miel y limón, encontrando a Taehyung en la misma posición, con la mirada perdida en el edredón.
—Taehyung-ah —murmuró Yoongi, sentándose en el borde de la cama—. Te he traído algo caliente.
Taehyung no respondió de inmediato. Sus ojos estaban enrojecidos y su piel lucía más pálida de lo habitual. Cuando finalmente miró a Yoongi, este pudo ver el abismo de tristeza que se escondía tras sus pupilas.
—Hyung... he soñado con el estadio de Seúl —dijo Taehyung con la voz quebrada—. Estaba allí, en el centro, pero no había nadie. Solo estaban las luces encendidas y el viento soplaba tan fuerte que me borraba la voz. Intentaba cantar, pero no salía nada.
Yoongi dejó la taza en la mesilla de noche y se acercó para rodear a su novio con los brazos. Taehyung se dejó caer contra su pecho, aferrándose a la camiseta de Yoongi con una fuerza desesperada.
—Es solo un sueño, Tae. Solo un reflejo de lo mucho que los extrañas —trató de consolarlo Yoongi, aunque él mismo sentía un nudo en la garganta.
—No es solo un sueño —sollozó Taehyung, y las primeras lágrimas comenzaron a empapar la tela del hombro de Yoongi—. Es la realidad. Siento que me estoy apagando. Si no puedo verlos, si no puedo sentirlos... ¿quién soy yo? Siento que si paso un día más encerrado, voy a olvidar cómo se siente ser amado por ellos.
—Eso nunca pasará —sentenció Yoongi con firmeza, acariciando la espalda de Taehyung con movimientos circulares—. Army te ama tanto como tú a ellos. Este silencio es temporal, aunque parezca una eternidad.
Taehyung comenzó a temblar. El llanto, que había intentado contener durante días para no preocupar a los demás miembros, salió a borbotones. Era un llanto amargo, nacido del estrés acumulado, de la incertidumbre de un mundo que se había detenido de golpe y de la profunda soledad que sentía a pesar de estar rodeado de gente.
Yoongi no intentó callarlo. Sabía que Taehyung necesitaba purgar esa tristeza. Lo sostuvo con fuerza, permitiendo que el menor se desmoronara en sus brazos. Yoongi, que solía ser el pilar de granito del grupo, se permitía ser blando solo para Taehyung.
—Llora todo lo que necesites, pequeño —susurró Yoongi contra su oído—. Aquí estoy. No te vas a hundir.
Pasaron los minutos, o quizás horas, hasta que el llanto de Taehyung se convirtió en hipos erráticos. Estaba agotado, física y emocionalmente. Yoongi lo ayudó a recostarse de nuevo y le acercó el té, que ya estaba tibio.
—Tómalo —ordenó suavemente—. Necesitas hidratarte.
Taehyung obedeció con movimientos mecánicos. Su faceta "seca" y retraída aparecía cuando el dolor era demasiado, pero con Yoongi, siempre terminaba buscando el contacto físico. Una vez que terminó el té, buscó la mano de Yoongi y entrelazó sus dedos.
—No quiero ir a la práctica de hoy —confesó Taehyung en un susurro apenas audible—. Ver las salas de ensayo vacías, ensayar para una cámara... me duele el corazón, hyung. Me da ansiedad pensar en ponerme frente a la lente y fingir que todo está bien.
Yoongi suspiró. Él también sentía ese peso, pero su forma de lidiar con ello era el trabajo obsesivo, mientras que Taehyung se marchitaba sin el contacto humano.
—Hablé con Namjoon anoche —dijo Yoongi—. Hoy vamos a tener una sesión de fotos más relajada en el estudio de grabación. No habrá cámaras de televisión, solo nosotros. Si te sientes mal, puedes quedarte cerca de mí. No te obligaré a sonreír si no te sale.
—¿Te quedarás conmigo? —preguntó Taehyung, con esos ojos grandes y suplicantes que siempre lograban desarmar a Yoongi.
—Siempre —respondió el mayor, dándole un beso corto pero lleno de significado en los labios—. Ahora, vamos a ducharnos. Te ayudaré a vestirte.
El resto de la mañana transcurrió en una bruma de silencio compartido. Yoongi fue extremadamente atento; preparó el desayuno favorito de Taehyung, le eligió la ropa más cómoda de su armario y no se alejó de él ni un segundo. Taehyung, por su parte, se volvió una extensión de Yoongi. Si Yoongi iba a la cocina, Taehyung caminaba detrás de él, apoyando la barbilla en su hombro. Si Yoongi se sentaba a revisar correos, Taehyung se sentaba en el suelo, entre sus piernas, buscando el calor de su cuerpo.
Cuando llegaron a la empresa para la sesión de fotos de contenido para redes sociales, el ambiente era tranquilo, pero Taehyung sintió el ataque de pánico acechando en las sombras de los pasillos. El olor a desinfectante y las mascarillas que todos llevaban le recordaban constantemente la tragedia que vivía el mundo.
Se detuvo en seco antes de entrar al set. Su respiración comenzó a acelerarse y sus manos empezaron a sudar.
—Taehyung, mírame —dijo Yoongi, colocándose frente a él y bloqueando la vista del resto del personal—. Respira conmigo. Inhala... exhala.
—Hay demasiada gente, hyung —jadeó Taehyung, apretando los puños—. Siento que las paredes se cierran.
—No hay nadie que no conozcas —le aseguró Yoongi, tomando sus manos y apretándolas—. Mira a tu alrededor. Allí está Jimin discutiendo con Jin por un snack, y allá está Hobi riendo. Todo está bien. Yo estoy justo aquí, delante de ti. Si te sientes abrumado, solo cierra los ojos y busca mi mano.
Taehyung asintió, tratando de calmar los latidos de su corazón. Entraron al set y, tal como habían acordado, Taehyung se mantuvo pegado a Yoongi. Durante las fotos grupales, Taehyung se las ingenió para estar siempre detrás de él, usando la espalda del mayor como un escudo contra el mundo exterior. En las pausas, se refugiaba en el cuello de Yoongi, ignorando las miradas curiosas de algunos miembros del staff.
—Taehyung-ah, necesitamos una toma tuya individual mirando a la cámara con melancolía —pidió el fotógrafo.
Taehyung se tensó visiblemente. Yoongi, que estaba sentado en un taburete cercano, le dio un apretón en la muñeca antes de soltarlo.
—Tú puedes, Tae. Imagina que la cámara es un espejo donde solo me ves a mí —le susurró.
Taehyung se colocó en posición. Su expresión era seca, casi gélida, una máscara que usaba para proteger su vulnerabilidad. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de Yoongi detrás de las luces, algo cambió. La tristeza se transformó en una belleza cruda y honesta que dejó al fotógrafo sin aliento. Fue una sesión rápida, pero agotadora para el menor.
En cuanto terminó, Taehyung prácticamente corrió hacia Yoongi, envolviéndolo en un abrazo asfixiante.
—Ya está, ya pasó —dijo Yoongi, acariciando su nuca—. Lo hiciste increíble.
—Vámonos a casa, por favor —suplicó Taehyung contra su oído—. No quiero estar más aquí.
Yoongi asintió. Habló con el mánager, explicando que Taehyung no se sentía bien, y consiguieron permiso para retirarse antes. En el trayecto de vuelta, Taehyung no soltó la mano de Yoongi. Se veía exhausto, como si hubiera corrido un maratón.
—Siento ser tan difícil, hyung —dijo Taehyung mientras miraba por la ventana del coche el paisaje urbano de Seúl, ahora tan distinto—. Los demás también están tristes, pero yo... yo parezco un niño pequeño que no sabe estar solo.
—Cada uno procesa el dolor de forma distinta, Tae —respondió Yoongi con su tono más racional y amoroso—. Tú eres una persona que vive del afecto y de la conexión. Es normal que te sientas así cuando te quitan lo que más amas. No te compares con los demás. Para mí, eres perfecto incluso cuando estás roto.
Al llegar al apartamento, Taehyung se quitó los zapatos y se fue directo al sofá, arrastrando a Yoongi con él. Se tumbó y obligó al mayor a acostarse a su lado, enredando sus piernas con las de él.
—Eres tan empalagoso cuando estás triste —bromeó Yoongi, aunque sus ojos brillaban de ternura.
—Es tu culpa por ser tan cómodo —replicó Taehyung, esbozando una pequeña y débil sonrisa—. Eres mi lugar seguro, Yoongi-chi. Sin ti, creo que ya me habría desvanecido del todo.
Yoongi se quedó pensativo un momento. Odiaba ver a su novio así, pero también se sentía honrado de ser el único capaz de sostenerlo.
—¿Sabes qué vamos a hacer? —preguntó Yoongi—. Vamos a poner música, pero no de la nuestra. Vamos a poner ese jazz viejo que tanto te gusta. Voy a cocinar algo rico y vamos a apagar los teléfonos. Mañana no existe. Solo existe este salón y nosotros dos.
Taehyung asintió, sintiendo que la opresión en su pecho disminuía un poco.
—¿Me leerás algo? —pidió Taehyung—. Tu voz me ayuda a no pensar.
—Te leeré lo que quieras.
Esa tarde, el apartamento se llenó de la voz profunda de Yoongi leyendo poemas y pasajes de libros, mezclada con el sonido suave de las trompetas de jazz. Taehyung se mantuvo pegado a él, a veces llorando bajito cuando un pensamiento triste lo asaltaba, pero siempre encontrando la mano de Yoongi lista para secar sus lágrimas.
—Hyung —dijo Taehyung después de un largo silencio, cuando la noche ya había caído sobre la ciudad—. Gracias por no cansarte de mí. Sé que a veces soy seco con los demás y luego me vuelvo demasiado pegajoso contigo... es confuso.
—No es confuso para mí —respondió Yoongi, cerrando el libro y mirando a Taehyung con una intensidad que le erizó la piel—. Eres mi Taehyung. El que brilla en el escenario y el que llora en mi hombro. Amo a ambos. Y si necesitas esconderte detrás de mí durante todo el 2020, o durante el resto de tu vida, lo haré con gusto. Seré tu escudo, Tae. Siempre.
Taehyung se incorporó un poco y besó a Yoongi. Fue un beso lento, con sabor a té de miel y a promesas silenciosas. En ese momento, el estadio vacío ya no daba tanto miedo. Porque aunque el mundo exterior estuviera en pausa, el mundo que compartían ellos dos seguía girando, lleno de una calidez que ninguna pandemia podría apagar.
—Te amo, hyung —susurró Taehyung contra sus labios.
—Y yo a ti, Taehyungie. Más de lo que las palabras pueden explicar.
Se quedaron dormidos en el sofá, entrelazados de tal manera que era difícil saber dónde terminaba uno y empezaba el otro. En la quietud de la noche, Yoongi veló el sueño de su novio, prometiéndose a sí mismo que, sin importar cuántos días grises vinieran, él siempre sería la luz al final del túnel para Taehyung. Porque en la debilidad de uno, el otro encontraba su mayor fuerza. Y juntos, eran capaces de sobrevivir a cualquier invierno.