Amor?
Entre el guion y el olvido
El año 2022 trajo consigo una palabra que se convirtió en el veneno silencioso de su relación: fanservice. Lo que comenzó como una estrategia de marketing sugerida por la empresa para mantener el compromiso de los fans durante la pausa de los escenarios, terminó convirtiéndose en la soga que asfixiaría el amor entre Yoongi y Taehyung. El mundo quería ver a los "hermanos menores", el "Taekook", y la industria, siempre hambrienta de narrativa, alimentó ese fuego hasta que las llamas alcanzaron el dormitorio que Yoongi y Taehyung compartían.
Al principio, Taehyung se lo tomó como un juego, un reto actoral. Él siempre había sido un espíritu libre, alguien que disfrutaba de la atención y del contacto físico. Pero la inmadurez, alimentada por los constantes halagos y la adrenalina de ser el centro de atención, empezó a nublar su juicio. Para Taehyung, las caricias con Jungkook en los "Bangtan Bombs" o las miradas intensas en los conciertos online eran solo parte del trabajo, pero en casa, su actitud empezó a cambiar. Se volvió distante, casi arrogante, convencido de que su popularidad le daba el derecho de descuidar el corazón de Yoongi.
—Solo es trabajo, hyung. No seas tan amargado —dijo Taehyung una noche de invierno, mientras se miraba al espejo, retocándose el cabello tras regresar de una sesión de fotos donde él y Jungkook habían sido los protagonistas absolutos—. A las fans les encanta. Los números están subiendo más que nunca.
Yoongi, sentado en la cama con un libro que no había avanzado ni una página, levantó la vista. Sus ojos, antes llenos de una devoción incondicional, ahora reflejaban un cansancio profundo, una herida que no dejaba de sangrar.
—No me importan los números, Taehyung. Me importa que hoy, durante la entrevista, me empujaste para sentarte al lado de él. Me importa que cuando intenté tomar tu mano en el camerino, te alejaste como si mi tacto te quemara porque "alguien podía vernos" —la voz de Yoongi era un susurro roto, despojado de su habitual autoridad.
—¡Porque tenemos que ser cuidadosos! —exclamó Taehyung, girándose con brusquedad—. Si nos ven a nosotros, el concepto con Jungkook se arruina. ¿Es que no lo entiendes? Eres un profesional, Yoongi. Deberías saber cómo funciona esto.
—Lo que entiendo es que te estás perdiendo en un personaje —respondió Yoongi, cerrando el libro con un golpe seco—. Lo que entiendo es que ya no te refugias detrás de mí para protegerte del mundo, sino que te escondes de mí para que el mundo no vea quién eres realmente.
La brecha se ensanchó durante el resto de ese año y gran parte del siguiente. Taehyung, embriagado por la fama del ship y la energía incombustible de Jungkook, comenzó a tratar a Yoongi con una frialdad que rayaba en la crueldad. Las cenas románticas se convirtieron en silencios incómodos; los abrazos empalagosos de Taehyung, que antes eran el ancla de Yoongi, desaparecieron, reemplazados por una cortesía seca y profesional. Taehyung se volvió "seco" con la persona que más lo había cuidado en sus horas más bajas.
El punto de ruptura final llegó a principios de 2023. La atmósfera en el grupo era tensa, y los miembros evitaban intervenir en lo que era claramente una tragedia en cámara lenta. Una noche, tras una discusión trivial sobre una publicación en redes sociales, el hilo se rompió definitivamente.
—Ya no puedo hacer esto, Taehyung —dijo Yoongi, de pie en medio de la sala, rodeado de maletas a medio hacer—. No puedo ser el secreto que guardas mientras celebras tu "romance" de pantalla con alguien más. Me duele verte y no encontrarte.
Taehyung, en un arrebato de orgullo e inmadurez, se encogió de hombros, aunque por dentro sentía un vacío aterrador que se negaba a reconocer.
—Si te sientes así, quizás deberías irte. No voy a pedir perdón por tener éxito. Si no puedes soportar que el mundo me ame con Jungkook, entonces el problema eres tú, no yo.
Yoongi lo miró por última vez. No hubo gritos, solo el sonido del corazón de un hombre rompiéndose en mil pedazos.
—Algún día te darás cuenta de que el mundo ama la máscara, pero yo amaba al hombre que había detrás —dijo Yoongi antes de cruzar la puerta—. Adiós, Taehyung.
Pocas semanas después, la noticia que muchos esperaban —y que Yoongi temía— se hizo realidad en el círculo íntimo del grupo. Taehyung y Jungkook, tras meses de confundir la realidad con la ficción y de pasar cada minuto juntos, oficializaron su relación ante los miembros. El fanservice se había convertido en realidad. La energía vibrante de Jungkook y la nueva faceta audaz de Taehyung encajaban como dos piezas de un rompecabezas nuevo y brillante.
Para Yoongi, el 2023 se convirtió en un calvario de masoquismo involuntario. Tenía que ver a su exnovio, el hombre por el que habría dado la vida, siendo "empalagoso" y atento con Jungkook en cada ensayo, en cada cena grupal.
—¿Estás bien, hyung? —preguntó Jimin una tarde en el estudio, viendo cómo Yoongi miraba fijamente la pantalla de su computadora, donde una foto de Taehyung y Jungkook riendo en un programa de variedades decoraba un artículo de noticias.
—Estoy bien, Jimin. Solo es el cansancio —mintió Yoongi, aunque las ojeras bajo sus ojos y la pérdida de peso contaban una historia diferente.
Pero no estaba bien. Cada vez que veía a Taehyung buscar la mano de Jungkook, o cuando escuchaba las risas de ambos en el pasillo del dormitorio que ahora compartían ellos dos, Yoongi sentía que el aire le faltaba. Se refugiaba en su trabajo, produciendo canciones cargadas de una melancolía tan densa que incluso los ingenieros de sonido terminaban llorando.
Una noche de lluvia, Yoongi regresaba tarde del estudio cuando se encontró con Taehyung en la cocina común. Jungkook no estaba; había salido a visitar a su familia. Era la primera vez en meses que estaban solos en un espacio tan reducido.
Taehyung estaba de espaldas, bebiendo agua. Al escuchar los pasos de Yoongi, se tensó. Ya no era el chico tierno que se escondía tras él; ahora vestía ropa de diseñador y caminaba con una seguridad que parecía una armadura.
—Hola, hyung —dijo Taehyung, sin mirarlo directamente. Su tono era ese tono seco que antes reservaba para los extraños.
—Hola —respondió Yoongi, dirigiéndose a la nevera con la mirada baja.
El silencio era insoportable. Yoongi podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Taehyung, el mismo calor que tantas noches lo había mantenido cuerdo durante la pandemia. De repente, el dolor fue demasiado.
—¿Eres feliz, Taehyung? —preguntó Yoongi, su voz apenas un hilo.
Taehyung dejó el vaso sobre la mesa con un golpe un poco más fuerte de lo necesario.
—Lo soy. Jungkook me entiende. No me juzga por querer brillar. Con él, todo es... fácil. No hay sombras, no hay dramas.
Yoongi dejó escapar una risa amarga que sonó como un sollozo ahogado.
—Me alegra que sea fácil. Supongo que yo siempre fui la parte difícil, la que te recordaba quién eras cuando las cámaras se apagaban.
—No empieces, Yoongi. Eso ya pasó. Tú y yo... éramos de otra época. De una época en la que yo estaba roto. Ahora estoy bien.
Taehyung pasó por su lado para salir de la cocina, pero al hacerlo, su hombro rozó el de Yoongi. Por un microsegundo, Taehyung vaciló. Sus dedos temblaron, una sombra del chico que se aferraba a la chaqueta de Yoongi en las pasarelas de 2020 cruzó por su rostro. Pero fue solo un instante. Recuperó su compostura y salió de la habitación sin mirar atrás.
Yoongi se quedó allí, solo en la penumbra de la cocina. Se dejó caer en una silla y escondió el rostro entre las manos. Las lágrimas, que había intentado reprimir con tanto esfuerzo, finalmente fluyeron. Lloró por el chico que solía esconderse en su espalda, por las promesas hechas en la oscuridad de una cama que ahora estaba fría, y por la ironía cruel de que el hombre al que ayudó a sanar fuera el mismo que terminó por destruirlo.
Semanas después, durante una entrevista grupal para promocionar su nueva gira, la dinámica era evidente. Taehyung estaba sentado junto a Jungkook, bromeando, tocando su pierna, siendo el centro de atención. Yoongi estaba en el extremo opuesto, serio, cumpliendo con su papel de productor y rapero, manteniendo esa imagen imperturbable que el mundo conocía.
—Taehyung, pareces estar en tu mejor momento —dijo la entrevistadora con una sonrisa—. ¿Cuál es tu secreto?
Taehyung miró a Jungkook, quien le devolvió una mirada llena de adoración juvenil, y luego miró fugazmente hacia donde estaba Yoongi.
—Creo que finalmente he encontrado a alguien que camina a mi lado, no alguien detrás de quien tenga que esconderme —dijo Taehyung con una sonrisa radiante.
Las palabras golpearon a Yoongi como un mazo en el pecho. Recordó la noche en la camioneta en 2020, cuando Taehyung le había pedido que lo sacara si se hundía demasiado. Recordó cómo él le había prometido que nunca estaría solo. Ahora, Taehyung usaba esa misma protección como un arma para humillarlo.
Al terminar la entrevista, mientras el staff los felicitaba, Yoongi se escabulló hacia el baño. Necesitaba respirar. Se apoyó en el lavabo y se miró al espejo. Odiaba lo que veía: un hombre que seguía amando a un fantasma.
La puerta se abrió y Jungkook entró. Se detuvo al ver a Yoongi, y por un momento, la rivalidad silenciosa llenó el espacio. Jungkook ya no era el niño que buscaba aprobación; era el hombre que tenía lo que Yoongi había perdido.
—Hyung —dijo Jungkook, con un tono que pretendía ser respetuoso pero que destilaba triunfo—. Deberías intentar ser un poco más alegre en las entrevistas. Afectas el ánimo de Tae.
Yoongi se enderezó, recuperando una pizca de su antigua dignidad.
—Me alegra que te preocupes tanto por su ánimo, Jungkook. Solo asegúrate de estar ahí cuando las luces se apaguen y él ya no tenga ganas de sonreír. Porque ese Taehyung es el que realmente necesita a alguien.
—Yo puedo manejarlo mejor que tú —replicó Jungkook con arrogancia—. Él me eligió a mí.
—No te eligió a ti —dijo Yoongi, caminando hacia la puerta—. Eligió el reflejo que tú le devuelves. Espero que cuando ese reflejo se rompa, sepas qué hacer con los pedazos.
Yoongi salió del baño y caminó por el pasillo, pasando junto a Taehyung, que estaba riendo con un estilista. No se detuvo. No lo miró. Siguió caminando hasta salir del edificio, dejando atrás el ruido, las cámaras y el eco de un amor que se había convertido en su mayor condena.
Afuera, el aire de Seúl era frío, recordándole aquel invierno de 2020. Pero esta vez, no había nadie a quien proteger. No había nadie que se escondiera detrás de él. Yoongi subió el cuello de su abrigo, metió las manos en los bolsillos y comenzó a caminar solo, aceptando finalmente que su papel como refugio había terminado, dejando su corazón en las ruinas de una pasarela que ya nadie recordaba.
Mientras tanto, en el camerino, Taehyung dejó de reír por un segundo. Sintió un frío repentino en la espalda, una sensación de desprotección que no había sentido en mucho tiempo. Buscó instintivamente la figura de Yoongi entre la multitud, pero solo encontró el espacio vacío donde solía estar su sombra. Por un momento, la máscara de seguridad flaqueó, y el pequeño Taehyung, el que tenía miedo del mundo, quiso gritar el nombre de su hyung. Pero Jungkook puso una mano en su cintura, atrayéndolo hacia otra broma, y Taehyung volvió a sonreír, ignorando el vacío que comenzaba a crecer en su pecho, un vacío que ninguna fama ni ningún nuevo amor podría llenar jamás.