Amor de universidad
Marcas, Secretos y el Rugido de las Gradas
La victoria de la Universidad de Busán no solo se celebró en el marcador del estadio, sino en cada rincón del campus donde el chisme era la moneda de cambio. El beso público entre Jeon Jungkook y Park Jimin había sido la declaración de guerra definitiva contra las convenciones y, sobre todo, contra quienes creían que el capitán era un trofeo inalcanzable.
Sin embargo, para Jungkook, el ruido del mundo exterior se apagaba en el momento en que cerraba la puerta de su casillero. El vestuario estaba casi vacío, impregnado del olor a césped y sudor victorioso. Solo quedaba él, tratando de procesar la adrenalina que aún corría por sus venas.
—Sabes que mi hermano no hace nada a medias, ¿verdad? —La voz de Yoongi resonó contra los azulejos mientras salía de las duchas con una toalla al cuello.
Jungkook se giró, esbozando una sonrisa cansada pero satisfecha.
—Lo sé. Me quedó claro cuando me agarró de la camiseta frente a cinco mil personas.
Yoongi se detuvo frente a él, su expresión felina volviéndose inusualmente seria.
—Jimin ha tenido que ser fuerte desde que papá murió. Siempre se pone esa armadura de "chico malo" y "dueño del mundo" porque no quiere que nadie vea que, a veces, también tiene miedo. Si lo vas a querer, Jeon, quiérelo con todo. No le gustan las tintas medias.
—No soy de los que juegan, Yoongi —respondió Jungkook, poniéndose su sudadera negra—. Lo que siento por él es más real que cualquier partido que hayamos ganado.
—Más te vale —concluyó el portero, dándole un golpe amistoso en el hombro—. Por cierto, Taehyung me está esperando fuera. Dice que hay una fiesta en la casa de los de artes. Jimin ya está allí.
Jungkook asintió, sintiendo un cosquilleo de anticipación. Sabía que las fiestas universitarias eran el terreno donde los rumores se transformaban en leyendas o en desastres.
***
La casa estaba a reventar. La música retumbaba en las paredes y el olor a alcohol y perfume barato llenaba el aire. Jungkook entró con paso firme, atrayendo miradas de inmediato. Ya no era solo el capitán estrella; era el hombre que había domado —o sido domado por— el rubio más peligroso de la facultad.
No tardó mucho en encontrarlo. Jimin estaba sentado en el respaldo de un sofá, con una bebida en la mano y rodeado de gente que colgaba de cada una de sus palabras. Llevaba unos pantalones de cuero ajustados y una camisa de seda azul que resaltaba sus ojos. Cuando vio a Jungkook, sus labios se curvaron en una sonrisa depredadora.
—¡El héroe de la jornada ha llegado! —exclamó Jimin, saltando del sofá con una agilidad que recordaba a sus rutinas de porrista.
Se abrió paso entre la multitud y se colgó del cuello de Jungkook, sin importarle las cámaras de los teléfonos que comenzaban a grabar la escena.
—Pensé que te habías quedado dormido en las duchas, Kookie —susurró Jimin cerca de su oído, su aliento caliente enviando escalofríos por la espalda del pelinegro.
—Tenía que asegurarme de que mi portero no se perdiera de camino —respondió Jungkook, rodeando la cintura de Jimin con sus brazos musculosos—. Estás muy solicitado esta noche.
Jimin soltó una risa melodiosa y arrogante.
—Siempre lo estoy. Pero solo uno tiene el pase VIP.
A pocos metros, Lee Soe observaba la escena con las uñas clavadas en las palmas de sus manos. A su lado, Kim Leendo compartía su miseria.
—Míralos —masculló Leendo—. Se creen los dueños de la universidad. Ese rubio es un manipulador, tiene a Jungkook comiendo de su mano.
—No por mucho tiempo —respondió Soe, sus ojos fijos en la marca que Jungkook había dejado en el cuello de Jimin, ahora parcialmente oculta por el collar de seda—. Jungkook odia el drama y las complicaciones. Solo necesito un desliz, una grieta en esa fachada de perfección que tiene Jimin.
Soe se acercó al grupo, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—¡Felicidades por el partido, Jungkook! —dijo ella, ignorando deliberadamente a Jimin—. Estuviste increíble. El entrenador dice que los reclutadores de la liga nacional estaban impresionados.
Jungkook asintió cortésmente, intentando mantener la distancia.
—Gracias, Soe. Fue un trabajo de equipo.
—Claro, pero todos sabemos quién es el corazón del equipo —continuó ella, dando un paso más hacia el espacio personal de Jungkook—. Estábamos pensando en organizar una cena de celebración solo para los capitanes. Ya sabes, para hablar de la estrategia de la próxima temporada sin... distracciones.
Jimin, que había estado observando la interacción con una calma engañosa, dio un paso al frente. Se colocó justo entre Jungkook y Soe, su baja estatura no restándole ni un ápice de autoridad.
—Qué buena idea, Soe —dijo Jimin, su voz dulce pero cargada de veneno—. Pero me temo que el capitán ya tiene la agenda llena. Y en cuanto a las "distracciones", creo que Jungkook nunca ha estado más enfocado. ¿Verdad, amor?
Jimin se giró hacia Jungkook, pasando una mano por su pecho, rozando el tejido de la sudadera con una lentitud tortuosa.
—Totalmente enfocado —confirmó Jungkook, mirando a Jimin con una adoración que hizo que Soe retrocediera como si la hubieran abofeteado.
—No sé qué le has hecho —soltó Soe, perdiendo los estribos—, pero esto no es amor, Jimin. Es una obsesión. Eres un caprichoso que siempre consigue lo que quiere, pero Jungkook no es un trofeo de porrismo.
Jimin soltó una carcajada seca, sus ojos azules brillando con una intensidad gélida.
—Tienes razón, Soe. No es un trofeo. Es mi hombre. Y si tienes algún problema con eso, puedes escribirlo en un papel, doblarlo bien pequeño y guardártelo donde no te dé el sol. Ahora, si nos disculpas, tenemos mejores cosas que hacer que escuchar tus quejas de perdedora.
Jimin tomó a Jungkook de la mano y lo arrastró hacia la parte trasera de la casa, donde el jardín ofrecía un poco más de privacidad.
***
El aire nocturno estaba fresco, pero la tensión entre ellos mantenía la temperatura alta. Jungkook detuvo a Jimin cerca de un gran árbol de cerezo, obligándolo a girarse.
—Eres un caso perdido, Park Jimin —dijo Jungkook, aunque su tono era de absoluta fascinación.
—Ella te estaba tocando con la mirada, Jungkook. No soporto que la gente crea que tiene una oportunidad contigo —respondió Jimin, cruzándose de brazos, su pecho subiendo y bajando por la agitación—. Soy celoso. Te lo advertí. Lo que es mío, es mío.
Jungkook lo acorraló contra el tronco del árbol, colocando sus manos a ambos lados de su cabeza.
—Nadie tiene una oportunidad, Jimin. ¿No lo viste en el campo? ¿No lo viste en las duchas cuando solo pensaba en salir para verte?
Jimin suavizó su expresión, sus ojos buscando los de Jungkook en la penumbra.
—A veces me cuesta creerlo —confesó Jimin en un susurro vulnerable—. En Seúl, la gente se acercaba a mí por mi apariencia o por lo que podía hacer por ellos. Tú... tú me miras como si fuera lo único que importa en este mundo.
—Porque lo eres —sentenció Jungkook antes de capturar sus labios en un beso profundo.
A diferencia del beso del estadio, este no tenía nada de espectáculo. Era crudo, necesitado, una mezcla de la posesividad de Jimin y la devoción de Jungkook. Las manos de Jungkook bajaron a las caderas de Jimin, apretándolas con fuerza, mientras el rubio soltaba un gemido que se perdió en la boca del pelinegro.
—Vámonos de aquí —jadeó Jimin contra sus labios—. Quiero estar a solas contigo. Sin cámaras, sin Soe, sin nadie.
***
Regresaron al dormitorio de Jungkook, que esa noche estaba vacío ya que su compañero de cuarto se había quedado en la fiesta. En cuanto cerraron la puerta, la urgencia se apoderó de ellos. No hubo palabras dulces, solo el sonido de la respiración agitada y el roce de la ropa siendo quitada con desesperación.
Jungkook empujó a Jimin sobre la cama, cubriendo su cuerpo con el suyo. La luz de la luna entraba por la ventana, iluminando la piel de Jimin como si fuera de mármol.
—Eres tan hermoso que duele —murmuró Jungkook, trazando con sus dedos las marcas que él mismo había dejado en el cuello del rubio.
—Hazme más —pidió Jimin, arqueando la espalda—. Quiero que mañana, cuando me vea al espejo, solo vea rastros de ti. Quiero que todos sepan a quién pertenezco.
Jungkook no necesitó que se lo dijeran dos veces. Sus labios bajaron por el torso de Jimin, dejando un rastro de fuego. Se tomó su tiempo, saboreando cada centímetro de piel, cada reacción del rubio. Jimin era como un instrumento afinado; cada vez que Jungkook lo tocaba, emitía sonidos que volvían loco al capitán.
Cuando finalmente se unieron, fue una explosión de sensaciones. Jungkook se movía con una mezcla de fuerza y ternura, manteniendo sus ojos fijos en los de Jimin. Quería ver cada destello de placer, cada sombra de deseo.
—Jungkook... Jeon Jungkook... —susurraba Jimin, con su cabello rubio desordenado sobre la almohada y sus dedos enterrados en los hombros del pelinegro.
En ese momento, no eran el capitán y el porrista. Eran simplemente dos chicos encontrando un refugio el uno en el otro, construyendo un mundo donde los rumores no podían entrar.
***
A la mañana siguiente, el sol de Busán entró tímidamente por la ventana. Jungkook se despertó con el peso cálido de Jimin sobre su pecho. El rubio dormía plácidamente, con una expresión de paz que rara vez mostraba en público.
Jungkook se quedó observándolo, sintiendo una plenitud que nunca había experimentado en un campo de soccer. Sin embargo, su teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa de noche. Era un mensaje de Yoongi.
"Tenemos un problema. Alguien grabó la discusión con Soe en la fiesta y la subió al foro de la universidad. Soe está diciendo que Jimin la amenazó físicamente. El decano quiere verlos a ambos el lunes."
Jungkook apretó la mandíbula. Sabía que Soe no se quedaría de brazos cruzados, pero no esperaba que jugara tan sucio. Miró a Jimin, que comenzaba a removerse entre sus brazos, abriendo esos ojos azules que tanto lo cautivaban.
—Buenos días, Capitán —dijo Jimin con voz ronca, estirándose como un gato.
—Buenos días, Minnie —respondió Jungkook, besando su frente—. Tenemos que hablar.
Jimin notó de inmediato la tensión en los hombros de Jungkook. Se incorporó, dejando que la sábana cayera hasta su cintura, revelando las marcas de la noche anterior.
—¿Es Soe, verdad? —preguntó Jimin, su voz volviéndose afilada de nuevo.
Jungkook le mostró el mensaje. Jimin leyó rápidamente y, en lugar de preocuparse, soltó una risa fría.
—Esa chica no sabe con quién se está metiendo. Cree que puede usar el sistema para sacarme del camino.
—Jimin, esto es serio. Si el decano cree que eres violento, podrían quitarte la beca de intercambio —dijo Jungkook, preocupado.
Jimin se levantó de la cama, caminando hacia su ropa con una confianza absoluta. Se puso la camisa de seda, pero dejó los primeros botones abiertos, dejando ver claramente los "recuerdos" de Jungkook.
—Escúchame, Jeon. He lidiado con tipos como Leendo y chicas como Soe toda mi vida. No voy a dejar que arruinen lo que tenemos ni mi carrera. Si quieren drama, les daré una función que nunca olvidarán.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Jungkook, levantándose también.
—Voy a hacer lo que mejor sé hacer: decir la verdad, pero a mi manera —dijo Jimin, acercándose a Jungkook y ajustándole el cuello de la camiseta—. Pero necesito que confíes en mí. No importa lo que digan, no importa lo que veas. Tú y yo somos un equipo, ¿recuerdas?
Jungkook lo tomó por la cintura, atrayéndolo hacia sí.
—Siempre, Jimin. Pero no dejaré que te enfrentes a esto solo.
***
El lunes por la mañana, el edificio de administración de la Universidad de Busán estaba rodeado de estudiantes curiosos. El video de la fiesta se había vuelto viral, y las opiniones estaban divididas. Algunos defendían a Jimin, cansados de la actitud arrogante de Soe, mientras otros veían al rubio como una influencia peligrosa para el capitán estrella.
Jungkook y Jimin caminaron por el pasillo principal tomados de la mano. No bajaron la cabeza ante los susurros. Jimin llevaba su uniforme de porrista, impecable, y Jungkook vestía la chaqueta oficial del equipo de soccer.
Al llegar a la oficina del decano, se encontraron con Soe y sus padres. Ella tenía una expresión de víctima perfecta, con los ojos ligeramente enrojecidos.
—Pasen, por favor —dijo el decano, un hombre mayor de mirada severa—. Esto es una situación muy delicada. La universidad no tolera el acoso ni las amenazas físicas.
Soe comenzó su relato, exagerando cada palabra, asegurando que Jimin la había acorralado y amenazado con "destruirla" si se acercaba a Jungkook. Sus padres exigían una sanción ejemplar.
Cuando fue el turno de Jimin, él se mantuvo en calma.
—Señor decano —empezó Jimin, su voz clara y firme—, admito que mis palabras fueron duras. No soy una persona que se guarde lo que piensa. Pero no hubo ninguna amenaza física. Lo que hubo fue una defensa de mi privacidad y de mi relación con Jeon Jungkook.
—El video muestra una actitud agresiva, joven Park —señaló el decano.
—El video está cortado, señor —intervino Jungkook—. Yo estaba allí. Lo que el video no muestra es que la señorita Lee ha estado acosándome durante meses, ignorando mis negativas, y esa noche insultó a Jimin de forma personal y despectiva.
Jimin sacó su teléfono y lo colocó sobre el escritorio.
—Y ya que hablamos de acoso... aquí tengo una serie de mensajes que la señorita Lee me envió desde cuentas anónimas antes de que llegara a Busán, intentando intimidarme para que no aceptara el intercambio. Parece que ella tiene una obsesión con el capitán que va más allá de lo saludable.
El rostro de Soe se puso pálido. No esperaba que Jimin hubiera rastreado los mensajes.
—Eso es mentira... —balbuceó ella.
—Tengo los registros de IP, cortesía de un amigo en el departamento de informática —mintió Jimin con una sonrisa angelical (en realidad, Taehyung había pasado toda la noche hackeando con ayuda de un contacto en Seúl)—. Así que, si vamos a hablar de quién es el peligro aquí, quizás deberíamos revisar el historial de la capitana de porristas.
El decano revisó los mensajes. Su expresión cambió de la severidad a la decepción.
—Señorita Lee, esto es muy grave. El acoso cibernético es un delito.
La reunión terminó con Soe recibiendo una suspensión y una advertencia formal, mientras que Jimin y Jungkook salieron de la oficina con la frente en alto.
Al salir al campus, el sol brillaba con fuerza. Los estudiantes los observaban, pero esta vez el silencio era de respeto.
—Te dije que tenía un plan —dijo Jimin, deteniéndose en medio de la plaza—. Nunca subestimes a un Park.
Jungkook soltó una carcajada, sintiendo que un peso inmenso se levantaba de sus hombros. Tomó a Jimin por la cintura y lo levantó en el aire, dándole vueltas mientras el rubio reía con ganas.
—Eres increíble, Jimin. Absolutamente increíble.
—Lo sé —respondió el rubio cuando sus pies tocaron el suelo—. Y ahora que el drama terminó... creo que tenemos un entrenamiento que interrumpir.
—¿Ah, sí? —preguntó Jungkook con una ceja levantada.
—Sí. Porque el capitán de soccer me debe una recompensa por haber salvado su reputación de "chico perfecto".
Caminaron hacia el campo de entrenamiento, donde Yoongi y Taehyung los esperaban con pulgares arriba. Los rumores seguirían existiendo, porque así era la vida universitaria, pero ahora todos sabían una cosa con certeza: Jeon Jungkook y Park Jimin eran una fuerza de la naturaleza.
Y en la Universidad de Busán, entre el rugido de las gradas y el vuelo de los pompones, su amor ya no era un secreto, sino el gol más espectacular de la temporada. Un amor que, al igual que ellos, no aceptaba derrotas.