Ángel en mis ojos
Entre acordes de seda y miradas de cristal
El estudio de grabación de la tercera planta se había convertido en el refugio personal de Nanon, pero últimamente, el ambiente cargado de cables y partituras se sentía diferente. Ya no era ese búnker de soledad donde se escondía del mundo; ahora, era el lugar donde esperaba que el reloj marcara las cinco para ver aparecer una silueta menuda por la puerta.
Habían pasado dos semanas desde la audición. Tata no solo había conseguido un papel secundario en la nueva serie, sino que, por obra del destino (y quizás por un par de llamadas discretas que Nanon nunca admitiría haber hecho), ahora compartía algunas clases de actuación en el mismo bloque horario que el trío de amigos.
Esa tarde, el aire estaba impregnado del aroma a café que Krist siempre derramaba y del sonido de las risas. Tata estaba sentado en un puff de cuero, abrazando sus rodillas, mientras Paul, a su lado, revisaba unos guiones.
—¿Entonces me estás diciendo que Nanon se quedó dormido en medio de la grabación de su primer video musical? —preguntó Tata, abriendo mucho sus ojos brillantes, incrédulo ante la historia que Krist le contaba.
—¡Como un tronco! —exclamó Krist, gesticulando de forma exagerada—. Tuvieron que despertarlo con un altavoz. Es un oso, Tata, no te dejes engañar por esa cara de chico serio y misterioso. En realidad, es solo un perezoso con mucho dinero.
Nanon, que estaba sentado al piano intentando afinar una melodía, sintió cómo el calor subía a sus mejillas. No levantó la vista de las teclas, pero sus labios se curvaron en una sonrisa involuntaria al escuchar la risa cristalina de Tata. Era una risa pura, sin pretensiones, que llenaba los huecos vacíos de su pecho.
—No le hagas caso, Tata —intervino Mark, que estaba apoyado en la pared, observando la escena con una mirada analítica—. Krist solo está celoso porque Nanon tiene el récord de más horas de sueño productivo. Pero dime algo, ahora que ya llevas unos días aquí... ¿qué te parece nuestro querido Nanon?
La pregunta de Mark hizo que el silencio cayera sobre el estudio como una manta pesada. Nanon dejó de tocar el piano. Sus dedos quedaron suspendidos sobre el marfil, su corazón latiendo con una fuerza que le resultaba casi dolorosa.
Tata se removió en su asiento, visiblemente nervioso. Se ajustó las mangas de su sudadera, una prenda sencilla y algo grande que lo hacía ver aún más pequeño y vulnerable.
—Él... él es muy amable —susurró Tata, mirando de reojo hacia el piano—. Es mucho más bueno de lo que dicen las revistas. Me ayuda con los diálogos y... no me hace sentir menos por no tener experiencia. Es una gran persona.
Krist, que siempre tenía el radar encendido para las travesuras, notó el brillo en los ojos de Tata y la tensión en los hombros de Nanon. Con una sonrisa maliciosa, decidió que era hora de intervenir. Se levantó de un salto y se sentó justo al lado de Tata, invadiendo su espacio personal de esa manera ruidosa y juguetona que lo caracterizaba.
—¿Solo amable? —Krist le pasó un brazo por los hombros a Tata, apretándolo en un medio abrazo—. Vamos, pequeño ángel, no seas tímido. Nanon es un soltero de oro, millonario, talentoso... aunque sea un poco aburrido. ¿No te llama la atención ni un poquito? ¿O es que ya tienes a alguien especial esperándote en casa?
Tata se puso tan rojo que Paul tuvo que darle un poco de agua. El chico bajó la mirada, jugueteando con los hilos sueltos de su pantalón.
—No tengo a nadie —respondió Tata con voz casi inaudible—. Y... P'Nanon es inalcanzable. Es como una estrella en el cielo. Yo solo soy alguien que acaba de llegar.
Nanon no pudo evitarlo más. Se giró en el taburete del piano, clavando su mirada intensa y profunda en el chico. La timidez de Tata le resultaba tan conmovedora que sentía una necesidad física de protegerlo de todo, incluso de las bromas pesadas de sus propios amigos.
—No digas eso, Tata —dijo Nanon, su voz sonando más grave y firme de lo habitual—. Nadie en este lugar es inalcanzable. Y tú no eres "alguien que acaba de llegar". Eres tú. Eso es suficiente.
Krist soltó una carcajada y le dio un apretón cariñoso a Tata en el hombro.
—¡Vaya! El poeta ha hablado —se burló Krist, pero luego su expresión se suavizó—. ¿Sabes qué, Tata? Me caes bien. Eres demasiado tierno para este nido de víboras que es la industria. He decidido que a partir de hoy, eres mi nuevo protegido. Si alguien se mete contigo, tendrá que vérselas con Krist Perawat.
—Y conmigo —añadió Mark, acercándose también—. Aunque yo seré el que te enseñe a identificar cuándo Nanon está intentando ser romántico, porque a veces es tan sutil que parece que tiene un dolor de estómago.
Tata rió, esta vez más relajado. La calidez con la que el grupo lo había integrado era algo que nunca esperó. En su mente, las estrellas de la GMMTV eran seres distantes, pero allí estaba él, siendo "adoptado" por el trío más famoso de la empresa.
—Gracias, P'Krist, P'Mark —dijo Tata con una reverencia—. Prometo esforzarme mucho.
—Menos charla y más acción —dijo Mark, sentándose en el suelo frente a Tata con una expresión más seria—. Antes de que Nanon nos eche del estudio por interrumpir su "proceso creativo", tengo curiosidad por algo. Tata, ¿qué es lo que más te gusta de una persona? ¿Te atraen los chicos tranquilos o los que son un terremoto como Krist?
Tata se quedó pensativo. Sus ojos de ángel se perdieron por un momento en el ventanal que mostraba el atardecer de Bangkok.
—Me gusta la gente que sabe escuchar —respondió finalmente—. Alguien que no necesite hablar todo el tiempo para decir algo importante. Alguien que sea honesto, aunque sea callado.
Mark lanzó una mirada de triunfo hacia Nanon, quien intentaba fingir que estaba muy interesado en una partitura que tenía al revés.
—Vaya, vaya... —murmuró Mark—. Parece que alguien describió exactamente a nuestro Nanon sin saberlo.
—¡Ya basta, Mark! —Nanon se levantó, intentando recuperar la compostura—. Tata tiene que ir a su clase de expresión corporal en diez minutos. No lo distraigas con tus tonterías.
—¡Oh, es verdad! —Paul saltó de su asiento—. Vamos, Tata, si llegamos tarde el profesor nos hará hacer sentadillas otra vez.
Tata se puso de pie rápidamente, recogiendo su mochila gastada. Antes de salir, se detuvo frente a Nanon. El contraste entre ambos era evidente: Nanon vestía una sudadera de marca y un reloj que costaba más que el alquiler de Tata por un año, pero cuando sus miradas se cruzaron, nada de eso importaba. Eran solo dos jóvenes introvertidos tratando de entender un sentimiento nuevo.
—Gracias por dejarme estar aquí, P'Nanon —dijo Tata con una sonrisa dulce—. Tu música es hermosa. Me ayuda a no tener tanto miedo.
—Cuando quieras, Tata —respondió Nanon, suavizando su voz—. El estudio siempre está abierto para ti. Si necesitas ayuda con el guion más tarde, envíame un mensaje.
Tata asintió con entusiasmo y salió casi corriendo junto a Paul, con las mejillas todavía teñidas de rosa.
En cuanto la puerta se cerró, Krist y Mark se abalanzaron sobre Nanon como leones sobre su presa.
—¡Admítelo ya! —gritó Krist, saltando sobre el sofá—. ¡Estás perdidito por él! ¡"El estudio siempre está abierto para ti"! ¡Ni a nosotros nos dejas entrar a veces sin avisar!
—Es un buen chico —dijo Nanon, tratando de caminar hacia la salida para escapar, pero Mark le bloqueó el paso.
—Es más que eso, Nanon —dijo Mark con una sonrisa cómplice—. Es la primera vez en años que te veo mirar a alguien sin evaluar su estatus o su utilidad profesional. Te gusta porque es real. Te gusta porque no tiene idea de cuánto dinero tienes en el banco y aun así piensa que eres una estrella.
Nanon suspiró, dejándose caer en el taburete del piano. Se pasó una mano por el cabello, rindiéndose ante la evidencia.
—Sí —confesó en voz baja—. Me gusta. Me gusta tanto que me asusta. No quiero arruinarlo. Mírenlo... es tan inocente, tan transparente. Yo he estado en este negocio demasiado tiempo, tengo cicatrices que él ni siquiera imagina. ¿Y si mi mundo termina rompiendo el suyo?
Krist se acercó y, por una vez, dejó de lado las bromas. Puso una mano firme en el hombro de su amigo.
—Nanon, tú no vas a romper su mundo. Vas a ser el que lo cuide. Ya viste cómo lo miraste hoy; parecías un guardaespaldas personal. Y además, ahora me tiene a mí. Si tú metes la pata, yo te daré un puñetazo, pero a él lo protegeré. Es como un hermano pequeño que no sabía que necesitaba.
Nanon miró a Krist y luego a Mark. A pesar de sus bromas y su constante acoso, sabía que tenía a los mejores amigos del mundo.
—Gracias, chicos. Pero, ¿cómo me acerco más? Él piensa que soy "inalcanzable". Odio esa palabra.
—Bueno —dijo Mark, rascándose la barbilla—, para empezar, podrías dejar de vestir como si fueras a una gala de premios cada vez que sabes que él va a venir. Y segundo, deja de ser tan "P'Nanon" y empieza a ser solo Nanon. Invítalo a comer algo sencillo. No lo lleves a un restaurante de cinco estrellas donde los camareros usan guantes blancos. Llévalo a comer fideos en la esquina.
—¿Fideos en la esquina? —Nanon arrugó el entrecejo—. ¿Y si nos fotografían?
—¡Que nos fotografíen! —exclamó Krist—. Eres Nanon Korapat, no un fugitivo. Si te ven comiendo fideos con un novato lindo, dirán que eres un mentor increíble. Y si te ven tomándole la mano... bueno, ya nos encargaremos de eso cuando pase.
Nanon se quedó pensando. La idea de una cita normal, lejos de los lujos y las cámaras, le resultaba extrañamente atractiva. Quería conocer al Tata que amaba a su madre, al Tata que se ponía nervioso con las luces, al Tata que veía el mundo con ojos de ángel.
—Mañana —dijo Nanon con determinación—. Mañana lo invitaré a cenar después de los ensayos.
—¡Ese es mi chico! —gritó Krist, dándole una palmada en la espalda que casi lo tira del taburete.
—Pero —añadió Nanon señalándolos con el dedo—, si alguno de los dos aparece de incógnito para espiarnos, juro que los borraré de los créditos de mi próximo álbum.
Mark y Krist se miraron fingiendo indignación.
—¿Nosotros? ¿Espiar? —dijo Mark con una mano en el pecho—. Ofendes nuestra integridad profesional.
—Solo llevaremos binoculares de alta potencia —susurró Krist, pero Nanon ya no lo escuchaba.
Su mente ya estaba volando hacia el día siguiente. Se imaginaba a Tata sentado frente a él, sin el ruido del estudio, sin las bromas de sus amigos. Solo ellos dos. Nanon volvió a poner las manos sobre el piano y, esta vez, la melodía que surgió fue clara, dulce y llena de esperanza.
El millonario que no creía en el amor estaba componiendo su obra maestra, y cada nota llevaba el nombre de un chico que vestía ropa barata pero que tenía el alma más rica que Nanon había conocido jamás.
Mientras tanto, en la sala de expresión corporal, Tata intentaba concentrarse en los ejercicios de respiración, pero su mente volvía una y otra vez a la mirada de Nanon. Paul lo observaba desde el otro lado de la sala, dándole ánimos con el pulgar hacia arriba.
—P'Nanon... —susurró Tata para sí mismo, sintiendo un cosquilleo en el estómago que no tenía nada que ver con los nervios del debut.
En el gran edificio de la GMMTV, donde los sueños se fabricaban en serie, algo muy real y muy humano estaba empezando a florecer entre las sombras de los pasillos y los ecos de los estudios de grabación. Y aunque Nanon todavía tenía miedo, sabía que por esos ojos brillantes, valía la pena arriesgarlo todo.