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Artistas y fans

Sinfonía de Secretos y Paredes de Papel

El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de terciopelo de la suite presidencial del Hotel Shilla, pero para Jungkook y Lucía, el tiempo se había detenido hacía muchas horas. La habitación era un caos de sábanas de seda revueltas, ropa de diseñador esparcida por la alfombra y el eco de una pasión que parecía no tener fin.

Desde aquella noche en la terraza, el mundo se había vuelto un borroso segundo plano. Lucía, que inicialmente planeaba quedarse solo tres días en Seúl para las promociones, había extendido su estancia una semana más, alegando "reuniones de producción" con HYBE. La realidad era mucho más carnal y menos profesional. Se habían vuelto adictos el uno al otro; una colisión de dos estrellas que, al encontrarse, habían generado un calor capaz de quemarlo todo.

—Si no te levantas ahora, Namjoon va a venir a derribar la puerta con un hacha —susurró Lucía, con la voz ronca y el cabello desparramado sobre la almohada de Jungkook.

Jungkook, que tenía el rostro enterrado en el hueco de su cuello, soltó un gruñido de protesta y la apretó más contra su cuerpo desnudo.

—Que entre —murmuró él, dejando un rastro de besos húmedos por su clavícula—. Soy el Golden Maknae. Tengo inmunidad diplomática en este grupo.

—No creo que esa inmunidad cubra el hecho de que llevas tres días llegando tarde a los ensayos —rió ella, enredando sus dedos en el pelo azabache de él—. Además, tengo una entrevista en dos horas. Mi maquilladora va a tener que hacer milagros con estas marcas en mi cuello.

Jungkook se incorporó sobre sus codos, mirándola con una chispa de travesura y posesividad en los ojos. Sus tatuajes resaltaban contra la piel clara de las sábanas, y esa dualidad de chico tierno y hombre dominante estaba más presente que nunca.

—Me gusta que el mundo sepa que estuviste conmigo —dijo él, bajando la voz a ese tono grave que siempre la hacía estremecer—. Aunque sea un secreto a voces.

—Es un secreto muy ruidoso, Jeon Jungkook —respondió ella, dándole un golpecito juguetón en la nariz antes de levantarse, envuelta en la sábana como una diosa griega.

Media hora después, ambos intentaban parecer personas civilizadas y profesionales mientras caminaban por el pasillo del piso privado del hotel, donde el resto de BTS también se hospedaba. Jungkook llevaba su gorra de lana y una mascarilla negra, mientras que Lucía lucía unas gafas de sol de Chanel que ocultaban su cansancio feliz.

Al llegar a la zona común de la planta, donde se servía el desayuno privado para el grupo, el silencio cayó de repente. Los seis miembros restantes de BTS estaban sentados alrededor de una mesa larga, rodeados de platos de fruta, café y panqueques.

Jin fue el primero en romper el hielo, dejando su taza de café con una lentitud dramática.

—Oh, miren quién decidió unirse a los mortales —dijo Jin, con una sonrisa que era mitad amigable y mitad acusadora—. Buenos días, Jungkook. Buenos días, Lucía. Espero que hayan descansado... aunque las leyes de la física y la acústica sugieren lo contrario.

Jungkook sintió que sus orejas se volvían de un rojo brillante, un contraste total con la actitud segura que había tenido en la habitación.

—Buenos días, chicos —saludó Lucía, tratando de mantener la compostura mientras se sentaba en la silla que Jimin le ofrecía caballerosamente.

—Lucía, eres una artista increíble —comenzó Jimin, con esa sonrisa angelical que siempre precedía a un comentario devastador—. Tu rango vocal es impresionante. Especialmente cuando alcanzas esas notas altas a las tres de la mañana. ¿Era un Do sostenido o un Re lo que escuchamos anoche a través de la pared de mi suite?

Taehyung estalló en una carcajada, casi atragantándose con su jugo de naranja.

—¡Yo pensé que era una grabación de su nuevo álbum! —exclamó Taehyung, apoyando la barbilla en su mano y mirando a Jungkook con ojos brillantes de diversión—. Estaba a punto de llamar a Yoongi hyung para decirle: "Vaya, el nuevo single de Lucía suena muy... orgánico".

—¡Ya basta! —protestó Jungkook, cubriéndose la cara con las manos mientras se sentaba al lado de Lucía—. Las paredes de este hotel son supuestamente a prueba de sonido. Voy a poner una queja en la recepción.

—No es culpa del hotel, JK —intervino J-Hope, tratando de contener la risa pero fallando estrepitosamente—. Es que ustedes dos son como un concierto de rock sin amplificadores. Anoche, Namjoon estaba tratando de leer un libro sobre filosofía y terminó poniéndose los auriculares con cancelación de ruido al máximo.

Namjoon, que hasta ese momento había intentado mantenerse al margen por pura caballerosidad, levantó la vista de su iPad y carraspeó, un poco incómodo.

—Solo diré que... me alegra que se lleven tan bien —dijo el líder, con una sonrisa hoyuelada—. Pero, Jungkook, la próxima vez, quizás podrías recordar que no estás solo en el edificio. O al menos, podrías poner algo de música de fondo. Preferiblemente algo con mucho bajo para camuflar... otros sonidos.

Yoongi, que estaba terminando su tercer café negro, miró a la pareja con su habitual aura de calma inteligente.

—Desde un punto de vista puramente técnico —dijo Yoongi, haciendo que todos guardaran silencio—, el ritmo era constante. Tienen buen sentido del tempo. Podría samplear algunos de esos golpes en la cabecera para un beat de trap.

—¡Hyung! —gritó Jungkook, ahora completamente rojo, mientras Lucía escondía su risa detrás de su taza de té.

—Es broma, es broma —añadió Yoongi, aunque su mirada decía que realmente lo había considerado—. Pero hablando en serio, Lucía, te ves radiante. Se nota que Seúl te está sentando bien. O quizás es el "entrenamiento personal" que estás recibiendo.

Lucía, recuperando su carisma natural, dejó la taza y miró a los chicos con una sonrisa dulce pero audaz.

—Bueno, ya saben lo que dicen: la inspiración llega en los momentos más inesperados —dijo ella, guiñándole un ojo a Jungkook—. Y Jungkook es una fuente de inspiración... inagotable.

El grupo soltó un "¡Ooooooh!" colectivo, aplaudiendo la respuesta de Lucía. Jungkook, aunque avergonzado, no pudo evitar sentirse orgulloso. Ver a Lucía encajar tan bien con su "familia" era algo que nunca se había atrevido a soñar.

—Hablando de inspiración —dijo Jin, recuperando su tono de hermano mayor—, ¿cuándo van a salir de esa habitación para algo que no sea comer o ir al estudio? El mundo exterior los extraña. Hay paparazzi buscándolos por todas partes.

—Estamos siendo cuidadosos —aseguró Jungkook, recuperando un poco de seriedad—. Usamos las salidas de servicio y coches diferentes.

—Sí, pero el olor a "recién enamorados" se siente a kilómetros —bromeó Jimin, robándole una uva al plato de Jungkook—. Además, JK, tienes un brillo en los ojos que solo tienes cuando ganas en los videojuegos o cuando comes carne de alta calidad. Y ahora, ese brillo tiene nombre de estrella de pop latina.

—Es que ella es especial, Jimin —dijo Jungkook, mirando a Lucía con una ternura tan genuina que el resto de los chicos suavizó sus bromas por un momento—. Nunca había conectado con alguien así. No es solo el sexo, aunque... bueno, ya oyeron que es genial. Es todo lo demás.

Lucía le tomó la mano por debajo de la mesa, apretándola con fuerza.

—Siento lo mismo —confesó ella, dirigiéndose al grupo—. He estado en esta industria el tiempo suficiente para saber cuándo algo es real y cuándo es solo publicidad. Lo que tengo con Jungkook... es lo más real que he tenido en años. Gracias por aceptarme aquí, a pesar de los "ruidos molestos".

—Eres parte de la manada ahora —dijo J-Hope con calidez—. Si haces feliz a nuestro maknae, eres bienvenida. Pero en serio, Jungkook, cómprale unas pantuflas de goma o algo, porque esos tacones golpeando el suelo a las dos de la mañana son el terror de mi sueño reparador.

La conversación derivó en planes para el resto del día. Namjoon y Yoongi tenían una sesión de mezcla, mientras que los demás tenían prácticas de baile. Lucía tenía que cumplir con una agenda de prensa agotadora antes de volver a encontrarse con Jungkook por la noche.

—¿Te veo a las diez? —le susurró Jungkook a Lucía mientras el grupo empezaba a dispersarse.

—A las diez —confirmó ella, dándole un beso rápido en la mejilla, desafiando las miradas curiosas de los estilistas que empezaban a llegar al piso—. Y por favor, dile a los chicos que intentaré ser más... silenciosa.

—No les hagas caso —dijo él, rodeando su cintura con el brazo y atrayéndola para un último beso antes de separarse—. Me encanta que te escuchen. Me encanta que sepan que eres mía.

Lucía salió del hotel escoltada por su equipo, sintiéndose en la cima del mundo. A pesar de que su relación con Jacob Elordi había sido una montaña rusa de drama y desconfianza, Jungkook era como un puerto seguro en medio de la tormenta. Era dulce, era divertido, y en la cama, era una fuerza de la naturaleza que la hacía olvidar hasta su propio nombre.

Esa tarde, durante su entrevista con una importante revista de moda coreana, la periodista no pudo evitar notar su resplandor.

—Lucía, te ves más feliz que nunca. ¿Hay algún secreto en Seúl que quieras compartir con nosotros? —preguntó la entrevistadora con una sonrisa cómplice.

Lucía recordó las bromas de los chicos en el desayuno, el calor de las manos de Jungkook y la forma en que él la miraba como si fuera lo único importante en el universo.

—Digamos que he encontrado una nueva melodía —respondió ella, midiendo sus palabras con cuidado—. Una que tiene un ritmo muy fuerte y que me hace querer quedarme en esta ciudad para siempre.

Mientras tanto, en el estudio de baile de HYBE, Jungkook estaba dando el 110% en cada movimiento. Sus hyungs lo observaban desde los espejos, intercambiando miradas de complicidad.

—Está en otro nivel —comentó Jimin, secándose el sudor con una toalla—. El amor le sienta bien al Golden Maknae.

—El amor y la falta de sueño —añadió Yoongi, que estaba sentado en un rincón con su portátil—. Pero mientras siga bailando así y no me despierte esta noche, no me quejaré.

Sin embargo, la burbuja de felicidad estaba a punto de enfrentarse a su primera prueba. Al terminar el ensayo, Namjoon llamó a Jungkook a un lado, con una expresión más seria en el rostro.

—JK, tenemos un pequeño problema —dijo el líder, mostrándole la pantalla de su teléfono.

Era una foto borrosa, pero inconfundible. Lucía y Jungkook, captados por un teleobjetivo desde un edificio lejano, abrazados en el balcón de la suite la noche anterior. La imagen ya estaba empezando a circular en los foros de fans y en los sitios de chismes de celebridades.

—Maldición —masulló Jungkook, pasándose una mano por el pelo—. Fuimos cuidadosos.

—Nunca eres lo suficientemente cuidadoso cuando eres la persona más famosa del mundo, Jungkook —dijo Namjoon con simpatía—. La agencia ya está trabajando en un comunicado, pero esto va a estallar en cualquier momento. Tienes que hablar con ella.

Jungkook sintió un nudo en el estómago. No por él, sino por ella. Sabía lo mucho que Lucía valoraba su nueva libertad y lo mucho que había sufrido con el acoso mediático durante su ruptura anterior. No quería ser la causa de más estrés en su vida.

Salió del estudio y llamó a Lucía de inmediato. Ella contestó al segundo tono.

—¿Viste las fotos? —preguntó él, sin preámbulos.

Hubo un silencio al otro lado de la línea. Jungkook contuvo el aliento, esperando una reacción de pánico o de arrepentimiento.

—Las vi —respondió ella, y para su sorpresa, su voz sonaba tranquila, casi divertida—. Salgo un poco despeinada, pero tu perfil se ve increíble, Jeon. Deberías agradecerle al paparazzi por captar tu mejor ángulo.

Jungkook soltó una carcajada de puro alivio, apoyando la cabeza contra la pared del pasillo.

—¿No estás enojada? ¿No tienes miedo?

—Jungkook, he pasado años escondiéndome de cosas que no valían la pena —dijo ella, con una firmeza que lo enamoró aún más—. No voy a esconderme de algo que sí la vale. Si el mundo quiere saber que estoy con el hombre más talentoso y sexy de Corea, que lo sepa. Solo espero que estén preparados para el ruido.

—Los chicos dicen que no están preparados para el ruido, especialmente a las tres de la mañana —bromeó él, sintiendo que el peso del mundo se desvanecía.

—Bueno, entonces tendremos que darles algo más de qué hablar —respondió ella—. Te veo en el hotel. Y Jungkook... trae ese vino tinto que nos gusta. Vamos a celebrar que el secreto ha salido a la luz.

Esa noche, cuando Jungkook regresó al hotel, no hubo gorras ni mascarillas. Caminó por el vestíbulo con la cabeza alta, ignorando los flashes que empezaban a destellar en la distancia. Subió a la suite, donde Lucía lo esperaba con la música a todo volumen, una canción de BTS que él le había confesado que era su favorita.

Al entrar, la encontró bailando sola frente al ventanal, con la ciudad de Seúl a sus pies. Se acercó a ella, la tomó por la cintura y la besó con una intensidad que decía todo lo que las palabras no podían expresar.

—¿Sabes qué es lo mejor de que ya no sea un secreto? —susurró él contra sus labios.

—¿Qué? —preguntó ella, rodeando su cuello con los brazos.

—Que ahora no tengo que preocuparme por si los chicos nos escuchan —dijo él con una sonrisa depredadora—. Porque ahora, todo el mundo sabe que esta noche, y todas las que vengan, eres solo mía.

Lucía rió y lo atrajo hacia la cama, mientras en el piso de abajo, Jin suspiraba y se ponía sus tapones para los oídos, sabiendo que la sinfonía de Jungkook y Lucía acababa de empezar su movimiento más fuerte. El "Puppy boy" había crecido, y junto a la reina del pop, estaba listo para escribir una historia que ningún paparazzi, ningún contrato y ninguna pared de hotel podría jamás silenciar.