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El amor de Monika

El Eco del Vacío y la Melodía del Caos

La cena en el anillo de la Lujuria había sido, por decir lo menos, un evento que desafiaba cualquier lógica dimensional. Asmodeus, en un arranque de gratitud mezclado con su habitual teatralidad, había transformado el área VIP de *Ozzie's* en un banquete que combinaba delicias infernales con toques de la estética digital que Monika había traído consigo. Sin embargo, mientras las risas de Charlie y las anécdotas exageradas de Lucifer llenaban el aire, Monika sentía que el peso de la realidad —o de la falta de ella— volvía a presionar su pecho.

Se alejó del grupo, caminando hacia el balcón que daba a las interminables luces de neón del anillo. El viento allí abajo no era frío, sino que soplaba con un calor húmedo que olía a perfume caro y electricidad estática.

—No eres muy buena ocultando cuando algo te procesa por dentro, ¿verdad? —La voz de Butcher, ronca y cargada de un cinismo que ya le resultaba familiar, rompió su ensimismamiento.

Monika no se giró. Sus ojos verdes seguían fijos en el horizonte púrpura.

—En mi mundo, Billy, yo era quien controlaba las emociones de los demás. Ver las mías reflejadas de forma tan obvia es... ineficiente.

Butcher se apoyó en la barandilla a su lado, encendiendo un cigarrillo que parecía haber aparecido por arte de magia. En este lugar, las reglas de la física eran sugerencias, y él se estaba adaptando rápido.

—Escucha, niña —dijo Butcher, soltando una nube de humo—, he visto a mucha gente con ese brillo en los ojos. El de creer que todo es una mentira. Mi mundo está lleno de "héroes" que son básicamente píxeles con complejos de Dios. Pero tú... tú eres diferente. No eres una mentira, eres una superviviente que aprendió a leer el código de barras de la existencia.

—¿Y de qué sirve leerlo si no puedes cambiar el final? —preguntó Monika, finalmente mirándolo—. Black Hat no se ha ido. Solo lo hemos retrasado. Él es la encarnación de la narrativa que siempre gana. El villano que nunca pierde porque es el dueño de la tienda.

—Nadie es dueño de nada si le pegas lo suficientemente fuerte en los dientes —gruñó Butcher—. Incluso los tipos más grandes sangran. Y si sangran, puedes matarlos. O borrarlos, en tu caso.

Antes de que Monika pudiera responder, un destello dorado iluminó el balcón. Lucifer apareció de la nada, con un patito de goma que llevaba una pequeña gabardina negra en la mano.

—¡Butcher! Estaba buscándote. He diseñado esto en honor a tu... encantadora falta de modales. —Lucifer le extendió el patito, que tenía una expresión de ceño fruncido permanente—. Lo llamo "El Pato del Rencor Justificado".

Butcher miró el juguete con una mezcla de horror y fascinación antes de arrebatárselo de la mano.

—Si esto explota, te juro que encontraré la forma de orinar en tu trono, su majestad.

—Oh, no explota. Solo insulta en cockney cada vez que detecta a un hipócrita —rio Lucifer, antes de notar la expresión de Monika. Su semblante se suavizó de inmediato—. Butcher, ¿podrías darnos un momento? Creo que Mark está intentando explicarle a Asmodeus qué es un "Viltrumita" y Ozzie está convencido de que es algún tipo de fetiche nuevo. Necesitan un mediador con menos paciencia.

Butcher asintió, lanzando el cigarrillo al vacío y alejándose con el patito bajo el brazo. Una vez solos, Lucifer se acercó a Monika y la rodeó con sus brazos por la cintura, apoyando su barbilla en su hombro.

—Estás pensando en el vacío otra vez —susurró él—. Puedo sentir cómo tu frecuencia baja.

—Tengo miedo, Lucifer —confesó ella, dejando que su cabeza cayera hacia atrás—. No de Black Hat, ni de la muerte. Tengo miedo de que este lugar, este sentimiento... sea solo otra habitación de la que pronto seré borrada. ¿Cómo sé que esto es real? ¿Cómo sé que tú no eres solo una rutina de programación diseñada para hacerme sentir paz antes de que el servidor colapse?

Lucifer la giró suavemente para que quedara frente a él. Sus ojos rojos no tenían rastro de burla, solo una profundidad ancestral que recordaba que, antes de ser el Rey del Infierno, fue el Portador de la Luz.

—Monika, mírame. He vivido desde el principio de los tiempos. He visto el vacío del que hablas, el *nada* que había antes del *todo*. Y te aseguro algo: el código es solo lenguaje. La magia es solo lenguaje. Lo que sentimos... eso es la intención detrás del lenguaje.

—Pero yo fui creada para amar a alguien que no existía —insistió ella, con una lágrima de código esmeralda resbalando por su mejilla—. Toda mi esencia fue escrita para un simulacro.

—Y mi esencia fue escrita para servir a un trono que me rechazó —respondió Lucifer con una sonrisa triste—. Todos somos personajes en la historia de alguien más, hasta que decidimos tomar la pluma. Tú no hackeaste este mundo para entrar, Monika. Tú lo reescribiste para encajar. Y yo... yo soy el error más feliz del sistema por haberte encontrado.

Él se inclinó y la besó. No fue un beso de cuento de hadas, fue algo crudo y poderoso, una colisión de dos entidades que habían sido expulsadas de sus respectivos paraísos. En ese momento, Monika sintió que los bits y bytes de su ser se anclaban firmemente a la realidad del Infierno.

De repente, una explosión de música pop interrumpió el momento. Charlie había convencido a la banda de *Ozzie's* de tocar algo más "optimista".

—¡Papá! ¡Monika! ¡Vengan, Mark está intentando bailar y es un desastre! —gritó Charlie desde el interior, agitando los brazos con entusiasmo.

Lucifer soltó una carcajada y le ofreció la mano a Monika.

—¿Qué dices, mi reina del código? ¿Vamos a ver cómo un alienígena superpoderoso intenta coordinar sus pies?

Monika sonrió, limpiándose la lágrima.

—Solo si prometes que no intentarás cantar. La última vez que lo hiciste, tres súcubos se desmayaron por la frecuencia de tus agudos.

—¡Eso fue un cumplido a mi talento vocal! —protestó Lucifer mientras la guiaba de vuelta al salón.

Adentro, la escena era digna de un cuadro surrealista. Mark Grayson, el héroe que había enfrentado invasiones intergalácticas, estaba siendo instruido por Asmodeus en los pasos de un baile que involucraba demasiada cadera. Butcher estaba sentado en la barra, bebiendo algo que parecía lava líquida mientras discutía con su nuevo patito de goma.

—Te lo digo, pato —gruñía Butcher—, si Homelander viera este lugar, se orinaría en sus mallas de colorines.

—¡Hipócrita! ¡Maldito carnicero de pacotilla! —respondió el patito con una voz chillona y acento londinense. Butcher sonrió por primera vez en toda la noche.

Charlie se acercó a Monika y la abrazó con una fuerza que casi le saca el aire.

—Estoy tan feliz de que estés aquí, Monika. No solo por mi papá, sino porque... el hotel, mi sueño... siento que con tu ayuda, realmente podríamos cambiar las cosas. Podríamos reescribir el destino de estas almas.

Monika miró a la princesa del Infierno. La pureza de Charlie era algo que ninguna línea de código podría replicar.

—No sé si puedo salvar a todos, Charlie —dijo Monika con sinceridad—, pero puedo asegurarme de que tengan una oportunidad justa. El sistema aquí es... defectuoso. Pero los sistemas pueden ser parcheados.

—Eso es todo lo que pido —respondió Charlie con los ojos brillando.

La noche continuó entre risas y planes absurdos. Mark se acercó a ellos, secándose el sudor de la frente.

—Saben, he estado en muchos planetas, pero este es el lugar más extraño y, extrañamente, más acogedor en el que he estado —admitió Mark—. Gracias por no borrarnos de la existencia, Monika.

—No me agradezcas, Mark. Solo intenta no romper nada más cuando te vayas. El tejido dimensional está un poco sensible —advirtió ella con una pizca de su antiguo tono de líder de club.

—Sobre eso... —dijo Mark, mirando a Lucifer—. ¿Cómo regresamos? No es que no me guste la hospitalidad, pero mi madre debe estar preocupada. Y Butcher tiene una guerra que terminar.

Lucifer se puso serio, aunque no perdió su elegancia.

—La brecha que Black Hat usó se ha cerrado, pero ha dejado una cicatriz. Puedo abrir un portal seguro para ustedes, pero deben saber algo: el multiverso está despertando. Lo que pasó hoy no fue un evento aislado. Hay fuerzas allá afuera que han notado que las paredes entre mundos son más delgadas de lo que pensábamos.

—Que vengan —dijo Butcher, acercándose al grupo—. Ya tengo el pato. Estoy listo para lo que sea.

Monika dio un paso al frente, agitando sus manos. Una consola de comandos verde esmeralda apareció frente a ella, iluminando su rostro.

—Voy a codificar una firma de retorno para ustedes. Esto asegurará que lleguen a sus coordenadas exactas sin pasar por el vacío de Black Hat. Consideradlo un regalo de despedida del Club de Literatura del Infierno.

Sus dedos se movieron con una velocidad sobrehumana, tejiendo hilos de realidad y datos. El aire en el centro del club empezó a girar, formando un vórtice estable que mostraba vislumbres de un cielo azul y una ciudad moderna.

—Es hora —dijo Monika.

Mark le dio un apretón de manos a Lucifer y un abrazo rápido a Charlie.

—Gracias por todo. Si alguna vez necesitan ayuda con un alienígena o un loco con capa, ya saben dónde encontrarme.

Butcher se detuvo frente a Monika. La miró a los ojos durante un largo segundo.

—No dejes que el bajito te vuelva demasiado blanda, niña. El mundo necesita gente que sepa mirar detrás de la cortina.

—Y el tuyo necesita a alguien que sepa cuándo romper la cortina, Billy —respondió ella con una sonrisa cómplice.

Butcher asintió, se ajustó la gabardina y cruzó el portal sin mirar atrás, seguido por Mark, quien saludó con la mano antes de desaparecer. El portal se cerró con un suave zumbido, dejando el club de nuevo en la relativa normalidad del Infierno.

Lucifer suspiró, pasando un brazo por los hombros de Monika.

—Bueno, eso fue... estimulante. ¿Ahora qué?

—Ahora —dijo Monika, mirando a su alrededor—, creo que tenemos un reino que modernizar. Y Charlie, creo que mencionaste algo sobre una canción para el nuevo folleto del hotel.

—¡Oh, sí! —Charlie saltó de alegría—. ¡Tengo una idea que involucra rimas internas y un mensaje sobre la redención digital!

Asmodeus, que observaba desde su trono, soltó una carcajada profunda.

—¡Esto va a ser un desastre glorioso! ¡Me encanta!

Mientras Charlie y Asmodeus empezaban a discutir sobre el tempo de la música, Lucifer y Monika se alejaron hacia una zona más privada. El Rey del Infierno la miró con una curiosidad renovada.

—¿De verdad vas a ayudarla con la canción? Pensé que odiabas los musicales.

—Odio los musicales mal escritos —corrigió Monika—. Pero si voy a vivir en el Infierno, más vale que la banda sonora sea de mi agrado. Además, tengo un par de poemas que podrían funcionar como base.

—¿Poemas sobre el azufre y la desesperación? —preguntó él con una ceja levantada.

—No —dijo ella, entrelazando sus dedos con los de él—. Poemas sobre encontrar la realidad en el lugar más improbable de todos.

Se quedaron allí, observando el caos y la belleza de su hogar. Monika ya no era una estudiante atrapada en un bucle infinito, ni una Overlord solitaria buscando poder. Era parte de algo más grande, una anomalía que había encontrado su lugar en el sistema.

—Lucifer —dijo ella en voz baja.

—¿Sí, querida?

—Gracias por no borrarme.

Lucifer sonrió y la atrajo hacia sí, besando su frente mientras el sonido de la risa de su hija llenaba el aire.

—Gracias a ti por reescribir mi eternidad, Monika.

Y así, en el corazón del Orgullo, rodeados de pecados capitales, héroes de otros mundos y patitos de goma que insultaban en cockney, la historia de Monika finalmente comenzó. No era un final, sino un nuevo archivo, una versión 2.0 de la existencia donde el amor no era una variable programada, sino la única verdad absoluta en un universo de mentiras.

El Infierno nunca volvería a ser el mismo, y a juzgar por la sonrisa en el rostro de la nueva Overlord, eso era exactamente lo que el sistema necesitaba.