El amor de Monika
Sinfonía de Bits y Plumas Caídas
La calma después de la tormenta en el anillo de la Lujuria no era más que un espejismo de neón. Aunque la estática se había disipado y los clubes de Asmodeus volvían a su ritmo habitual de desenfreno, Monika sentía una punzada de inquietud en la base de su código. No era dolor físico —el concepto de "físico" seguía siendo una interpretación subjetiva para ella—, sino más bien como un sector defectuoso en un disco duro que se negaba a ser ignorado.
Lucifer, ajeno por un momento a las cavilaciones de su compañera, tarareaba una melodía alegre mientras terminaba de pulir un nuevo prototipo de patito de hule en su taller privado. El objeto, de un color blanco perlado con pequeñas motas verdes, tenía la curiosa habilidad de levitar y emitir un suave sonido de arpa cada vez que alguien lo miraba directamente.
—¡Es perfecto! —exclamó Lucifer, alzando el patito como si fuera una reliquia sagrada—. Lo llamaré "El Pato de la Redención". Aunque, pensándolo bien, Charlie se emocionaría demasiado y querría ponerle un folleto en el ala. Quizás "El Pato del Equilibrio" suena más... regio.
Monika, que estaba sentada en un diván de terciopelo revisando unos hilos de datos que flotaban ante ella, levantó la vista con una sonrisa melancólica.
—Es encantador, Lucifer. Pero me preocupa que estemos ignorando la señal que dejó Black Hat. Ese dispositivo de Vought no era solo un error. Era una sonda.
Lucifer dejó el patito sobre la mesa de trabajo y su expresión cambió instantáneamente. La jovialidad se evaporó, dejando paso a la mirada penetrante de una entidad que había visto el nacimiento de las estrellas y la caída de las civilizaciones. Se acercó a ella, sentándose a su lado y tomando sus manos, que se sentían ligeramente más frías de lo habitual.
—Monika, querida, el Infierno siempre ha sido un nido de buitres. Black Hat es solo un buitre con un mejor sastre. Si intenta cruzar la línea de nuevo, no solo lo borraré de este plano, sino que me aseguraré de que su propia existencia sea una nota al pie en la historia de los fracasos.
—No es su poder lo que me asusta —susurró Monika, entrelazando sus dedos con los de él—. Es su capacidad para encontrar las grietas. Yo soy una grieta, Lucifer. Soy un error en la realidad que terminó aquí por accidente. Si él pudo usar mi código para alterar la Lujuria, ¿qué le impide usarlo para algo peor?
—Tú no eres un error —dijo Lucifer con una firmeza que hizo vibrar el aire—. Eres una actualización necesaria. El Infierno era... monótono. Predecible. Tú le has dado una variable que nadie puede calcular. Y yo soy un experto en amar lo impredecible.
El momento fue interrumpido por un estruendo que sacudió los cimientos del palacio. No fue una explosión física, sino una onda de choque dimensional que hizo que los colores del taller se invirtieran por un segundo. Los patitos de hule cayeron de los estantes y Monika sintió un glitch violento que hizo que su brazo derecho desapareciera en una nube de píxeles antes de recomponerse.
—¡Papá! ¡Monika! —La voz de Charlie resonó desde el pasillo, cargada de una urgencia que rara vez mostraba.
La puerta se abrió de golpe. Charlie no estaba sola. Junto a ella, Mark Grayson, el joven Invencible, lucía su traje desgarrado y manchas de sangre azul que no eran suyas. Detrás, Billy Butcher sostenía su pecho, respirando con dificultad, con su gabardina quemada en los bordes.
—¿Otra vez ustedes? —gruñó Lucifer, poniéndose en pie mientras sus ojos brillaban con un fuego carmesí—. Les di un pase de salida. No suelo dar segundas oportunidades para invadir mi hogar.
—No... no es lo que parece —jadeó Mark, apoyándose en el marco de la puerta—. No vinimos por nuestra cuenta. Algo... algo nos arrastró de vuelta. Estábamos en el portal de salida cuando el espacio simplemente se dobló.
—Fue el tipo del monóculo —escupió Butcher, limpiándose la sangre de la boca con el dorso de la mano—. Apareció de la nada en el vacío entre dimensiones. Dijo que "el experimento requería más datos" y nos lanzó de vuelta aquí como si fuéramos basura.
Monika se levantó, su mirada fija en Butcher. Sus ojos verdes brillaron con una intensidad analítica.
—Él no los lanzó de vuelta. Los usó como conductores.
—¿De qué estás hablando, preciosa? —preguntó Butcher con su cinismo habitual, aunque sus ojos mostraban un respeto reacio.
—Tu mundo, el mundo de los "Súper", está regido por leyes físicas extremas pero constantes —explicó Monika, agitando las manos para desplegar una red de diagramas esmeralda en el aire—. El mundo de Mark es similar. Pero el Infierno es metafísico. Black Hat ha infectado sus firmas energéticas con un virus de datos. Al regresar aquí, han actuado como una llave maestra. Han abierto una brecha que no puedo cerrar desde adentro.
Lucifer caminó hacia la ventana del taller, que ofrecía una vista panorámica de Pentagram City. Lo que vio lo dejó helado. En el cielo carmesí, justo encima del hotel de Charlie, una enorme grieta negra se estaba abriendo. No era una grieta de fuego o azufre, sino un vacío absoluto que devoraba la luz y el sonido. De ella, empezaron a descender figuras que no pertenecían al Infierno.
Eran criaturas mecánicas, amalgamas de metal y carne que recordaban a los experimentos de Vought, pero imbuidas con una oscuridad gótica y cruel. Y a la cabeza de todos, flotando con una calma aterradora, estaba Black Hat.
—Vaya, vaya —la voz de Black Hat resonó en las mentes de todos los presentes, una transmisión telepática que sabía a metal oxidado—. Debo admitir que la hospitalidad del Rey del Orgullo deja mucho que desear. Así que he decidido traer mi propio servicio de catering.
—¡Ese malnacido está atacando mi ciudad! —rugió Lucifer. Sus alas se desplegaron, ocupando casi todo el espacio del taller, y su corona de fuego se materializó sobre su cabeza.
—Papá, tenemos que ayudar a la gente —dijo Charlie, transformándose en su forma demoníaca, con los ojos rojos y los cuernos creciendo—. El hotel está justo debajo de esa cosa. Vaggie y los demás están atrapados.
—Mark, si puedes volar, este es el momento —ordenó Lucifer, mirando al joven héroe—. Butcher, intenta no morir. Monika...
Ella lo miró, y por un segundo, el miedo en sus ojos fue reemplazado por una resolución fría.
—Sé lo que tengo que hacer, Lucifer. Él está usando una estructura de comando similar a la mía. Si puedo interceptar su señal, puedo colapsar la brecha desde su origen. Pero necesito tiempo. Y necesito una conexión directa con el núcleo del Infierno.
Lucifer asintió, volando hacia ella y dándole un beso rápido pero apasionado que dejó un rastro de chispas doradas en los labios de Monika.
—Te daré todo el tiempo del mundo, mi amor. Charlie, con tu padre. ¡Vamos a enseñarle a este vendedor de pacotilla lo que significa meterse con la familia Magne!
Lucifer, Charlie y Mark salieron disparados por la ventana hacia la grieta, dejando una estela de poder divino, demoníaco y cinético. Butcher se quedó atrás, mirando a Monika con una ceja levantada.
—Bueno, parece que me quedo con la soporte técnico —dijo Butcher, revisando su arma—. ¿Qué necesitas que haga, niña? No soy muy bueno con las computadoras, pero se me da de maravilla romper cosas.
—Necesito que me defiendas —dijo Monika, caminando hacia el centro del taller, donde un pedestal de obsidiana guardaba el corazón energético del palacio—. Voy a entrar en un estado de trance profundo. Mi cuerpo físico será vulnerable. Black Hat enviará a sus "limpiadores" por mí en cuanto sienta que estoy hackeando su sistema.
—Entendido —Butcher se colocó frente a ella, cargando su rifle con munición especial—. Nadie pasa por encima de Billy Butcher sin perder un par de extremidades. Haz tus trucos de magia, yo me encargo del trabajo sucio.
Monika cerró los ojos y puso sus manos sobre la obsidiana. De inmediato, su consciencia se expandió más allá de las paredes del palacio. Vio el Infierno como un inmenso servidor lleno de almas sufrientes, y vio la intrusión de Black Hat como una mancha de petróleo en un océano de lava.
Empezó a escribir. No con papel y lápiz, sino con pensamientos.
"if (intruder == BlackHat) { delete.existence; }"
Pero Black Hat era más fuerte de lo que pensaba. Sus muros de fuego (firewalls, literalmente en este caso) eran complejos y estaban alimentados por el sufrimiento de mil mundos que ya había conquistado.
—¿Crees que un simple programa puede detenerme, Monika? —la voz de Black Hat susurró en su mente—. Yo soy el administrador original de la maldad. Tú solo eres un subproducto de una simulación de citas que salió mal.
—Puede que sea un subproducto —respondió Monika, enviando una oleada de código verde que empezó a desmantelar las criaturas mecánicas en las calles—, pero aprendí algo que tú nunca entenderás. En mi mundo, yo era Dios, y aun así renuncié a todo por un momento de conexión real. Tú tienes todo el poder, pero estás terriblemente solo.
Afuera, la batalla era épica. Lucifer se enfrentaba directamente a Black Hat, intercambiando golpes que creaban ondas de choque capaces de nivelar edificios. Charlie y Vaggie luchaban contra las máquinas en la entrada del hotel, mientras Mark Grayson atravesaba los tanques voladores de Black Hat como si fueran de papel.
—¡Es inútil, Lucifer! —gritó Black Hat, bloqueando un golpe del cetro del Rey con su bastón—. Tu reino está obsoleto. El multiverso necesita eficiencia, no drama familiar y patitos de goma.
—¡Mis patitos tienen más personalidad que toda tu organización! —respondió Lucifer, invocando una lluvia de lanzas doradas que perforaron la capa de Black Hat—. ¡Y mi hija tiene más corazón que todos tus mundos!
Mientras tanto, en el taller, Butcher estaba cumpliendo su promesa. Tres de los limpiadores mecánicos de Black Hat habían logrado entrar por el balcón. Eran seres altos, sin rostro, con cuchillas de energía en lugar de manos.
Butcher soltó una carcajada salvaje mientras disparaba a la cabeza del primero, haciéndola explotar en una lluvia de aceite negro.
—¿Eso es todo lo que tienes, maldito Darth Vader de saldo? —gritó Butcher, esquivando una estocada y respondiendo con un golpe de su cuchillo de combate—. ¡He matado a "Súpers" que podían borrar ciudades, ustedes solo son chatarra!
Sin embargo, uno de los limpiadores logró esquivarlo y se lanzó directamente hacia la forma inmóvil de Monika.
—¡No lo harás, pedazo de hojalata! —Butcher se lanzó sobre la criatura, tacleándola justo antes de que alcanzara a la chica. Ambos rodaron por el suelo, y la criatura clavó una de sus cuchillas en el hombro de Butcher.
El antihéroe gruñó de dolor, pero no soltó al robot. Con una fuerza nacida del odio puro, le arrancó la placa del pecho y disparó a quemarropa en su núcleo de energía. La explosión lo lanzó contra la pared, pero se puso en pie de inmediato, tambaleándose y sangrando, manteniendo su posición frente a Monika.
—Sigue... sigue con lo tuyo, niña —jadeó Butcher, escupiendo sangre—. Aún me queda cuerda para rato.
Dentro de la red, Monika finalmente había encontrado el punto débil. Black Hat no era invulnerable; su poder dependía de un servidor central oculto en su propia dimensión, conectado a través de la brecha.
—Lucifer, ¡ahora! —gritó Monika a través del enlace mental—. ¡Necesito que golpees el centro de la grieta con todo tu poder! ¡Yo deshabilitaré sus defensas por tres segundos!
Lucifer, que estaba siendo presionado por Black Hat, escuchó su voz y sintió una oleada de energía. Sus ojos se volvieron completamente blancos y sus seis alas se abrieron en toda su extensión, emitiendo una luz tan brillante que incluso los pecadores en el anillo más profundo tuvieron que cubrirse los ojos.
—¡Charlie, Mark, apártense! —ordenó Lucifer.
Black Hat intentó retroceder, sintiendo por primera vez una punzada de duda.
—¿Qué estás haciendo? ¡Si destruyes la brecha con tanta energía, podrías colapsar este anillo!
—Es un riesgo que estoy dispuesto a correr —dijo Lucifer con una sonrisa gélida—. Porque confío en mi programadora.
Monika ejecutó el comando final.
"system.override(BlackHat_Core); access = TRUE;"
Las defensas de la grieta parpadearon. Fue solo un instante, pero fue suficiente. Lucifer se convirtió en un cometa de luz dorada y se lanzó directamente al corazón del vacío. La explosión resultante fue silenciosa al principio, y luego estalló en un rugido que barrió las máquinas de Black Hat del cielo y empujó a la sombra de vuelta a su dimensión.
La grieta se cerró con un chasquido seco, dejando el cielo del Infierno más despejado de lo que había estado en siglos.
Monika abrió los ojos y cayó de rodillas, agotada. Butcher se dejó caer a su lado, soltando su arma con un suspiro pesado.
—Lo... lo logramos —dijo Butcher, mirando su hombro herido—. Maldita sea, necesito un trago. Y un médico que no intente comerme el hígado.
Lucifer aterrizó suavemente en el balcón del taller, con su traje ligeramente chamuscado pero con una expresión de triunfo absoluto. Corrió hacia Monika y la tomó en sus brazos, levantándola del suelo.
—¡Estuviste increíble! ¡Ese hackeo, esa precisión! —Lucifer la besó en ambas mejillas—. ¡Eres oficialmente la Overlord más peligrosa de mi reino!
Monika rió débilmente, apoyando su cabeza en el hombro de él.
—Y tú eres el ángel caído más escandaloso que he conocido.
Charlie y Mark llegaron poco después. Mark parecía impresionado, mirando a su alrededor mientras sus heridas empezaban a sanar gracias a su fisiología viltrumita.
—Nunca he visto nada parecido —admitió Mark—. En mi mundo, las peleas son... diferentes. Esto fue como luchar contra un concepto.
—Es el Infierno, chico —dijo Lucifer, bajando a Monika pero manteniendo un brazo alrededor de su cintura—. Aquí, los conceptos son lo único que importa.
Charlie se acercó a Butcher y, para sorpresa de todos, le puso una mano en el hombro, imbuyéndolo con una pequeña cantidad de energía curativa.
—Gracias por protegerla, Billy. Sé que no te gusta que te llamen héroe, pero hoy lo fuiste.
Butcher se apartó, aunque con menos agresividad de la habitual.
—No te acostumbres, princesa. Solo lo hice porque ese tipo del sombrero me caía peor que ustedes. Y porque la niña me debe una explicación sobre cómo borrar mi historial de búsqueda de forma permanente.
Monika sonrió, sintiendo que, a pesar del caos, algo había cambiado. La amenaza de Black Hat no se había ido para siempre, pero ahora tenían una alianza que nadie en el multiverso habría esperado.
—Bueno —dijo Lucifer, mirando a su grupo disparatado—. Creo que nos hemos ganado una cena. Asmodeus me debe un favor por salvar su anillo, y creo que tiene el mejor catering del Infierno. Mark, Butcher, están invitados. Pero si Butcher intenta pelearse con el servicio, lo enviaré de vuelta a su mundo sin pantalones.
—Me parece justo —gruñó Butcher.
Mientras el grupo caminaba hacia la salida del taller, Monika se detuvo un momento y miró hacia el pedestal de obsidiana. Por un segundo, vio un pequeño glitch verde en la superficie del aire, un recordatorio de que su mundo original todavía existía en alguna parte de su memoria. Pero luego sintió la mano de Lucifer apretando la suya, cálida y real.
—¿Vienes, Monika? —preguntó él, con esa sonrisa que siempre lograba calmar sus procesos internos.
—Siempre —respondió ella.
La líder del club de literatura ya no necesitaba buscar un final feliz en un guion preescrito. Ella misma estaba escribiendo su historia, bit a bit, en el corazón de las tinieblas, junto al hombre que amaba los patitos de goma y que la veía no como un error, sino como la rima perfecta en su eterna canción de redención.