El antiheroe inmortal
Justicia entre Sombras y Ceniza
El aire gélido de la madrugada se filtraba por las rendijas de la zona de entrenamiento nocturno, pero para Nick Death, el frío era un viejo amigo. Se encontraba de pie en el centro del gimnasio, con sus dos guadañas desplegadas. Las hojas de metal oscuro no reflejaban la luz; la absorbían, como si estuvieran hechas de pedazos de noche sólida. Frente a él, Katsuki Bakugo recuperaba el aliento, con pequeñas chispas brotando de sus dedos y el sudor empapando su camiseta negra.
—¿Es todo lo que tienes, Katsuki? —preguntó Nick. Su voz, profunda y calmada, resonó en las paredes de concreto—. Me dijiste que querías ver la verdadera cara de mi poder. Pero si te cansas así de rápido, la muerte te alcanzará antes de que puedas entenderla.
Bakugo gruñó, lanzándose hacia adelante con una explosión coordinada que lo impulsó como un proyectil.
—¡Cierra la boca, perro sarnoso! —gritó, girando en el aire para lanzar una ráfaga ígnea—. ¡Apenas estoy calentando!
Nick no se movió hasta el último segundo. Con un movimiento fluido, casi coreografiado, clavó una de sus guadañas en el suelo y la utilizó como eje para pivotar, dejando que la explosión de Bakugo pasara de largo. Antes de que el rubio pudiera reaccionar, Nick lo sujetó de la parte trasera de su camiseta y, con una fuerza controlada pero imponente, lo presionó contra el suelo, inmovilizándolo.
—Punto para mí —susurró Nick, su pecho musculoso rozando la espalda de Bakugo.
Bakugo forcejeó un momento, pero luego se relajó, dejando caer la cabeza contra el suelo frío. No era una rendición por debilidad, sino una aceptación de la superioridad técnica de su pareja. Sentir el peso de Nick sobre él le provocaba una extraña mezcla de irritación y seguridad.
—Eres un tramposo —masculló Bakugo, girando el rostro para mirar de reojo los ojos carmesí del lobo—. Usas esa calma de mierda para sacarme de quicio.
—Uso tu propia arrogancia contra ti —respondió Nick, soltándolo y ofreciéndole la mano—. En una batalla real, un villano no esperará a que termines tu discurso de superioridad. Te matará mientras estás ocupado gritando.
Bakugo tomó su mano y se puso en pie de un salto, sacudiéndose el polvo. Se quedaron en silencio por un momento, la tensión del entrenamiento transformándose en algo más íntimo. El rubio se acercó a Nick, quitándole la capucha que se había deslizado sobre sus hombros.
—Dime una cosa, Nick —dijo Bakugo, su tono de voz bajando varios decibelios—. Ese día que hablaste con tu "padre"... mencionaste que no te consideras un héroe. ¿De verdad crees que la justicia solo puede ser "real" si se hace fuera de las reglas?
Nick suspiró, caminando hacia el borde del gimnasio para guardar sus guadañas en los arneses de su cintura.
—Mira a esta sociedad, Katsuki. Mira a personas como Shinso, de la clase B, o incluso a tipos que terminan en la Liga de Villanos. Muchos de ellos no nacieron malos. Fueron moldeados por el rechazo. Si tu don da miedo, eres un villano en potencia. Si no tienes don, eres un estorbo. Los héroes profesionales se han convertido en celebridades que solo rescatan a quienes se ven bien en las noticias.
Bakugo apretó los puños. Recordó a Izuku, el "Deku" al que tanto había atormentado por ser un sin-don. Recordó sus propios prejuicios hacia Nick cuando llegó.
—Yo era uno de esos idiotas —admitió Bakugo con amargura—. Pensaba que el poder lo era todo. Que ser el número uno significaba que nadie podía cuestionarme.
Nick se acercó a él y puso una mano pesada y cálida sobre su hombro.
—Por eso estoy aquí contigo. Porque tú tuviste la capacidad de cambiar. La mayoría de los "héroes" allá afuera son estatuas de sal; nunca cambian, solo se erosionan. Yo busco la justicia para aquellos a los que el sistema olvidó. Si eso me convierte en un antiheroe, que así sea.
—No te dejaré hacerlo solo —sentenció Bakugo, mirando a Nick a los ojos con una intensidad que podría derretir el acero—. Si vas a ser un antiheroe, yo seré el que se asegure de que no te pierdas en esa oscuridad. Seremos los mejores, pero bajo nuestros propios términos.
Al día siguiente, en la cafetería de la UA, el ambiente era inusualmente animado. Kirishima y Midoriya estaban sentados con Ochako, observando cómo Nick y Bakugo entraban juntos. Ya no era una sorpresa verlos caminar uno al lado del otro, pero la forma en que Bakugo caminaba —menos tenso, con la barbilla menos alzada defensivamente— era un cambio que todos notaban.
—¡Ey, chicos! ¡Aquí! —llamó Kirishima agitando un brazo.
Nick asintió y se sentó, mientras Bakugo soltaba un gruñido habitual pero se acomodaba a su lado sin protestar.
—Kacchan, Nick —saludó Midoriya con una sonrisa radiante—. Estábamos hablando sobre las pasantías de la próxima semana. ¿Han pensado a dónde irán?
—Yo no necesito que nadie me enseñe nada —respondió Bakugo, aunque empezó a comer el curry que Nick le había pasado silenciosamente—. Pero supongo que iré a algún lugar donde no me aburra.
—Yo he recibido una invitación especial —intervino Nick, su mirada perdiéndose en el vacío por un segundo—. Un sector en los suburbios del distrito Hosu. Es una zona donde los héroes de alto rango rara vez patrullan porque no hay cámaras ni prestigio.
Ochako ladeó la cabeza, curiosa.
—¿Por qué irías a un lugar así, Nick? Debe ser peligroso.
—Es donde la justicia es más necesaria —respondió el lobo con sencillez—. Donde los villanos son creados por el hambre y el abandono, no por la maldad.
Bakugo dejó los palillos sobre la mesa con un golpe seco.
—Yo voy contigo.
Todos en la mesa se quedaron en silencio. Midoriya abrió mucho los ojos.
—Pero Bakugo, las agencias de élite se están peleando por ti...
—¡Me importa un bledo la élite! —exclamó Bakugo, aunque sus mejillas se tiñeron de un leve carmesí—. Nick dice que ahí es donde está la acción de verdad, la que no sale en la televisión. Si quiero ser el mejor, tengo que entender todo el panorama, no solo la parte brillante.
Nick sonrió de lado, un gesto que solo Bakugo parecía capaz de provocar con tanta frecuencia.
—Será un entrenamiento duro, Katsuki. No habrá fans pidiendo autógrafos. Solo barro, sangre y decisiones difíciles.
—Es exactamente lo que necesito —respondió el rubio.
Más tarde, mientras caminaban hacia los dormitorios tras las clases, se encontraron con Shota Aizawa en el pasillo. El profesor los observó con sus ojos cansados, deteniéndose frente a ellos.
—Death, Bakugo. He visto sus solicitudes de pasantía. ¿Están seguros de esto? El distrito sur de Hosu no es un patio de recreos. Es territorio de nadie.
—Lo sabemos, profesor —dijo Nick, dando un paso al frente para proteger instintivamente el espacio de Bakugo—. Es el lugar perfecto para alguien como yo. Y Bakugo ha decidido que su camino hacia la cima requiere ver la realidad sin filtros.
Aizawa suspiró, rascándose la nuca.
—Bakugo, siempre pensé que tu ego te cegaría. Pero parece que este lobo te ha dado una perspectiva que yo no pude enseñarte. Solo tengan cuidado. Si mueren ahí fuera, tendré que llenar mucho papeleo.
—No voy a morir, profesor —dijo Nick con una ironía gélida—. La muerte y yo somos familia, ¿recuerda?
Cuando Aizawa se alejó, Bakugo soltó una carcajada corta.
—Ese tipo es un amargado. Pero tiene razón en algo. Me has cambiado, Nick. Y no sé si agradecerte o explotarte la cara por hacerme tan... blando.
Nick se detuvo y obligó a Bakugo a detenerse también, tomándolo por los brazos. Estaban en un rincón oscuro del campus, donde nadie los veía.
—No eres blando, Katsuki. Eres humano. Antes eras una bomba sin dirección. Ahora eres un incendio controlado. Y un incendio puede dar calor o destruir. Tú eliges.
Bakugo lo miró, perdiéndose en el rojo carmesí de sus ojos. Sin decir una palabra, se puso de puntillas y pasó sus brazos alrededor del cuello musculoso del lobo, escondiendo su rostro en el pelaje plateado de su cuello. Nick lo rodeó con sus brazos, sintiendo los latidos acelerados del corazón del rubio contra su pecho.
—A veces tengo miedo —susurró Bakugo, tan bajo que solo Nick pudo oírlo—. Miedo de que, si no soy el mejor, no sea nada.
—Para mí, ya eres todo lo que importa —respondió Nick, besando la coronilla de su cabeza—. No necesitas una corona para ser un rey en mi mundo.
Esa noche, Nick volvió a sentir la presencia gélida en su habitación. No encendió la luz. Sabía quién estaba allí.
—Padre —dijo Nick, sentado en el borde de su cama.
La figura de La Muerte se materializó junto a la ventana, su túnica ondeando sin que hubiera viento.
—Has elegido un camino peligroso, hijo mío. Llevar a un mortal a las sombras donde tú habitas... su luz podría apagarse.
—Su luz es más fuerte de lo que crees —replicó Nick con firmeza—. Él no es un mortal común. Es un guerrero que está aprendiendo a ver el alma de las cosas.
—La sociedad de los héroes no perdonará a un rebelde —advirtió la entidad—. Si desafías el orden establecido para buscar esa "justicia real" de la que hablas, te cazarán. A ambos.
Nick se puso de pie, su imponente figura recortada contra la luz de la luna.
—Que lo intenten. Yo puedo devolver la vida, Padre, pero también puedo quitarla si tocan lo que es mío. Bakugo es mi compañero, mi igual. Juntos, vamos a demostrarles que el mundo no es blanco o negro.
La Muerte guardó silencio durante un largo rato, antes de empezar a desvanecerse.
—Entonces prepárate. El distrito Hosu será la prueba de fuego. Veremos si su amor sobrevive a la verdadera cara de la humanidad.
Al día siguiente, los preparativos para las pasantías estaban listos. En la estación de tren, el grupo de la clase 1-A se despedía. Kirishima le dio un golpe amistoso en el hombro a Bakugo.
—¡Cuídate, hermano! ¡No dejes que Nick haga todo el trabajo sucio!
—¡Cierra la boca! ¡Seré yo quien lo rescate a él! —replicó Bakugo con su agresividad habitual, aunque había una chispa de diversión en sus ojos.
Midoriya se acercó a Nick, extendiendo una mano.
—Nick... gracias. Por cuidar de Kacchan. Sé que a veces es difícil, pero... él realmente te respeta.
Nick estrechó la mano del peliverde.
—Es un honor mutuo, Midoriya. Cuida de los demás. El mundo se va a volver un lugar muy oscuro pronto.
Cuando el tren hacia Hosu partió, Nick y Bakugo se sentaron uno al lado del otro en el último vagón, lejos de los demás pasajeros. Bakugo apoyó la cabeza en el hombro de Nick, cerrando los ojos.
—Oye, Nick —dijo Bakugo mientras el paisaje pasaba a toda velocidad—. Si las cosas se ponen feas allá... si de verdad descubrimos que el sistema está tan podrido como dices... ¿qué haremos?
Nick entrelazó sus dedos con los de Bakugo, sintiendo el calor de sus palmas que siempre olían a nitroglicerina.
—Haremos lo que mejor sabemos hacer, Katsuki. Sobrevivir. Y luego, reconstruir. No como héroes de cartón, sino como algo real.
Bakugo apretó su mano, sintiéndose más fuerte que nunca. No importaba si el mundo los llamaba villanos, antiheroes o fenómenos. Mientras estuvieran juntos, la muerte no era un final, sino simplemente el telón de fondo de su propia historia de justicia.
El tren se adentró en los túneles oscuros que llevaban a Hosu, dejando atrás la seguridad de la academia. Para Nick Death y Katsuki Bakugo, la verdadera prueba estaba por comenzar, y el fuego de su unión estaba listo para iluminar hasta el rincón más sombrío de la sociedad.