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El guerrero sayajin

Lazos de Poder y Sombras en el Patio

La mañana en la Academia Kuoh transcurría con una normalidad aparente, pero para los miembros del Club de Investigación de lo Oculto, el aire se sentía cargado de una electricidad invisible. Rias Gremory, sentada en su sillón de cuero carmesí dentro del antiguo edificio escolar, mantenía la mirada fija en un tablero de ajedrez, aunque sus pensamientos estaban a kilómetros de distancia.

—Es el momento —sentenció Rias, rompiendo el silencio sepulcral de la sala—. No podemos permitir que un individuo con tal magnitud de poder deambule por nuestro territorio sin una presentación formal. Su sola presencia está alterando el equilibrio del flujo espiritual de la academia.

Akeno, que servía té con su elegancia habitual, asintió con una sonrisa que no llegaba a ocultar su preocupación.

—Es cierto, Presidenta. Pero si nos acercamos todos a la vez, podríamos asustarlo. Después de todo, aunque su energía sea la de un titán, no deja de tener la apariencia de un niño de doce años.

Rias miró a la joven rubia que estaba sentada tímidamente a un lado.

—Asia, querida, tú eres la más cercana a él en clase. Además, posees un aura pura que no resulta amenazante. ¿Podrías ir a buscar a Son Gohan y pedirle que nos acompañe? Dile que la presidenta del Consejo Estudiantil, o mejor dicho, la encargada de este club, desea darle la bienvenida oficial.

Asia Argento se levantó de un salto, un poco nerviosa pero decidida a ayudar.

—¡Claro, Rias-sama! Gohan-san parece una persona muy buena. No creo que se niegue.

Minutos después, en el patio de la academia, Gohan se encontraba sentado en un banco, leyendo un libro de física avanzada para intentar cumplir con las expectativas de su madre. De repente, sintió una presencia amable acercándose.

—¡Gohan-san! —exclamó Asia, agitando la mano mientras corría hacia él.

Gohan cerró el libro y le dedicó una sonrisa cálida.

—Hola, Asia. ¿Pasa algo? Te ves un poco agitada.

—No es nada grave —dijo ella, recuperando el aliento—. Es solo que la presidenta de mi club, Rias Gremory, ha oído mucho sobre ti y le encantaría conocerte formalmente. Está en el antiguo edificio escolar. ¿Tendrías un momento?

Gohan rascó su nuca, un gesto heredado de su padre. "Siento muchas energías poderosas en ese edificio", pensó. "Si no voy, quizás piensen que soy maleducado, y mamá me regañaría por eso".

—Está bien, Asia. Guíame, por favor.

Al entrar al Club de Investigación de lo Oculto, Gohan notó de inmediato la opulencia del lugar y la intensidad de las miradas. Rias Gremory se levantó para recibirlo.

—Bienvenido, Son Gohan. Soy Rias Gremory. Es un honor tenerte aquí.

—Mucho gusto, señorita Gremory —respondió Gohan con una reverencia perfecta—. Siento si he causado algún inconveniente desde mi llegada.

—Para nada —dijo Rias, invitándolo a sentarse—. Solo tenemos curiosidad. Eres un estudiante excepcional y... bueno, diferente. Dime, Gohan, ¿de dónde vienes exactamente? La logística de tu ingreso fue algo inusual.

Gohan sintió una gota de sudor frío bajar por su sien. Recordó las advertencias de su madre sobre ser discreto.

—Oh, bueno... yo vivo con mi familia. Mi madre es muy estricta con mis estudios y pensó que esta academia sería la mejor opción —respondió Gohan, tratando de sonar natural.

—Pero la Montaña Paoz está a una distancia increíble de aquí —intervino Kiba, cruzado de brazos cerca de la ventana—. Incluso con los trenes bala más rápidos, el trayecto sería de horas. ¿Cómo llegas tan temprano cada día?

—Yo... ¡camino mucho! —mintió Gohan, riendo nerviosamente—. ¡Y corro! Sí, me gusta mucho el ejercicio matutino. Mi papá dice que correr fortalece las piernas.

Issei Hyoudou, que había estado observando en silencio desde un rincón, no pudo aguantar más. La presencia de Gohan lo hacía sentir pequeño, y la forma en que el niño intentaba ocultar lo obvio le resultaba frustrante.

—¡Ya basta de rodeos! —exclamó Issei, poniéndose de pie y señalando a Gohan—. Gohan, no somos tontos. Yo soy un demonio, Rias es una alta noble del inframundo, y Asia es una poseedora de un Sacred Gear. ¡Sentimos tu energía a kilómetros! Ese "vibrar" que emanas no es humano. ¡Dinos la verdad! ¿Quién eres realmente?

Rias fulminó a Issei con la mirada.

—¡Issei! ¡Te pedí que fueras paciente! Estás arruinando la diplomacia de esta reunión.

—¡Pero Presidenta, es absurdo! —replicó Issei—. ¡Es como si un volcán intentara convencernos de que es un encendedor de cigarrillos!

Rias suspiró, visiblemente irritada.

—Issei, sal a tomar aire. Ahora mismo. Tu falta de tacto está entorpeciendo las cosas.

—¡Pero...! —Issei vio la chispa de poder destructivo en los ojos de Rias y decidió que era mejor retirarse—. Está bien, me voy. De todas formas, tengo que ir a la tienda por unas... revistas especiales. ¡Nos vemos luego!

Cuando Issei salió dando un portazo, el ambiente se relajó un poco, aunque la tensión de la pregunta permanecía. Gohan suspiró, bajando los hombros. Ya no tenía sentido mentir; estas personas no eran humanos normales y ya sabían demasiado.

—Supongo que Issei tiene razón —dijo Gohan, su voz volviéndose más madura y seria—. No soy un humano común. Soy un híbrido. Mi padre es un Sayayin, una raza de guerreros de otro planeta, y mi madre es humana. Mi nombre completo es Son Gohan.

Rias abrió los ojos de par en par. La confirmación oficial era mucho más impactante que la leyenda.

—Entonces es verdad... —murmuró Akeno, dejando la tetera sobre la mesa—. La estirpe de los guerreros dorados existe.

—¿Qué es exactamente ese poder que sentimos? —preguntó Kiba, genuinamente interesado—. No se siente como magia, ni como energía demoníaca.

—Se llama Ki —explicó Gohan, extendiendo su mano para mostrar una pequeña esfera de energía blanca y pura que iluminó toda la habitación—. Es la energía vital que reside en todos los seres vivos. Nosotros aprendemos a controlarla, a concentrarla y a usarla para volar o pelear. Mi padre me enseñó desde muy pequeño.

—¿Desde muy pequeño? —preguntó Asia con tristeza—. Pareces tan joven, Gohan-san.

Gohan bajó la mirada, y por un momento, su rostro reflejó una melancolía impropia de un niño de doce años.

—Mi vida no ha sido muy normal. Cuando tenía cuatro años, mi tío Raditz vino a la Tierra con intenciones de destruirla. Secuestró a mi padre y a mí. Para detenerlo, mi padre tuvo que sacrificar su propia vida... murió frente a mis ojos para que yo pudiera vivir.

Un silencio pesado cayó sobre el club. Asia se llevó las manos a la boca, conteniendo un sollozo.

—Después de eso —continuó Gohan—, un amigo de mi padre, el señor Piccolo, me llevó a una isla desierta. Tuve que sobrevivir solo durante meses, luchando contra dinosaurios y aprendiendo a pelear. He tenido que enfrentarme a seres terribles como Freezer o los androides. A veces... a veces desearía simplemente ser un niño que estudia, pero mi poder parece atraer los problemas.

Rias se acercó a él y puso una mano sobre su hombro. Sentía una profunda empatía por el niño. Ella también cargaba con el peso de un linaje y de expectativas inmensas.

—Gohan, has pasado por cosas que ningún ser, demonio o humano, debería soportar a tu edad. Eres increíblemente fuerte, no solo de cuerpo, sino de espíritu. Por eso, me gustaría hacerte una propuesta.

Gohan la miró con curiosidad.

—Me gustaría que te unieras a mi familia. Podrías convertirte en parte de mi clan, como uno de mis siervos. Tendrías la protección de la casa Gremory y nunca más tendrías que luchar solo.

Gohan procesó las palabras de Rias. Sabía que ella tenía buenas intenciones, pero su instinto y su orgullo sayayin, aunque fuera poco comparado con el de Vegeta, le daban una respuesta clara.

—Señorita Rias, agradezco mucho su oferta —dijo Gohan con firmeza pero con amabilidad—. Pero no quiero dejar de ser quien soy. No quiero convertirme en demonio. Mi padre me enseñó que nuestra fuerza proviene de nuestra propia voluntad y entrenamiento. Sin embargo... me gustaría que fuéramos amigos. Si alguna vez necesitan ayuda, o si este mundo corre peligro, pueden contar conmigo como un aliado.

Rias sonrió, un poco decepcionada por no poder tenerlo en su clan, pero aliviada de tener su amistad.

—Acepto tus términos, Gohan. Ser aliados es más de lo que podría haber pedido.

De repente, un estallido de energía oscura sacudió las ventanas del edificio. Gohan se puso de pie al instante, sus sentidos en alerta máxima.

—¡Es Issei! —exclamó Asia—. ¡Su energía está flaqueando!

—¡Y hay ángeles caídos cerca! —añadió Kiba, desenvainando su espada.

El grupo salió corriendo hacia el patio trasero, cerca de la fuente. Allí, Issei estaba acorralado por un grupo de cinco ángeles caídos, liderados por un hombre de mirada sádica que sostenía una lanza de luz purpúrea.

—Vaya, vaya... el portador del Dragón Galés es solo un juguete —se mofó el ángel caído—. Acabemos con esto.

Rias se preparó para lanzar su Poder de la Destrucción, pero Gohan se adelantó un paso.

—Esperen —dijo Gohan, y su voz resonó con una autoridad que hizo que los demonios se detuvieran en seco—. Issei es mi amigo. Yo me encargaré de esto.

—¡Gohan, ten cuidado! —gritó Asia—. ¡Esas lanzas son peligrosas!

Gohan no respondió. En un parpadeo, desapareció de la vista de todos. Ni siquiera Rias pudo seguir su rastro. Lo siguiente que escucharon fue el sonido seco de impactos a gran velocidad.

—¿Qué...? —el líder de los ángeles caídos no pudo terminar la frase.

Gohan apareció frente a él, moviéndose tan rápido que parecía haber multiplicado su cuerpo. Con movimientos precisos y sin desperdiciar ni un ápice de energía innecesaria, Gohan golpeó los puntos vitales de los ángeles caídos. No los mató, pero los dejó inconscientes antes de que pudieran siquiera reaccionar.

En menos de tres segundos, los cinco ángeles caídos estaban en el suelo, derrotados. Gohan estaba de pie en medio de ellos, con la respiración tranquila y ni un solo cabello fuera de lugar. Su uniforme escolar estaba impecable.

Issei, que estaba en el suelo, miraba a Gohan con la boca abierta.

—¿Pero qué... qué demonios fue eso? —balbuceó Issei—. ¡Ni siquiera los vi caer!

Rias, Akeno y Kiba se acercaron, completamente atónitos. Sabían que Gohan era fuerte, pero ver esa superioridad física absoluta era algo que desafiaba toda lógica.

—Ni siquiera usó su Ki —susurró Kiba, mirando sus propias manos—. Fue pura velocidad y fuerza física. Es... es un monstruo de combate.

Gohan se giró hacia ellos y les tendió la mano a Issei para ayudarlo a levantarse.

—¿Estás bien, Issei? —preguntó con su habitual tono dulce, como si no acabara de derrotar a un escuadrón de élite.

—Sí... sí, gracias, Gohan —respondió Issei, todavía en shock—. Eres... eres increíble, viejo.

Rias se acercó a Gohan, mirando a los ángeles caídos en el suelo.

—Gohan, esto va a causar un gran revuelo entre las facciones. Has derrotado a soldados de Grigori como si fueran niños.

—Solo protegía a un amigo —dijo Gohan con una sonrisa sencilla—. Bueno, creo que ya es tarde. Mi mamá se va a enojar si no llego pronto para cenar y luego entrenar con mi papá.

Se despidió de todos con una mano y caminó hacia la salida de la academia. Una vez que estuvo fuera de la vista de los humanos normales, se elevó en el aire y salió disparado como un proyectil hacia la Montaña Paoz.

Al llegar a casa, el olor a comida casera lo recibió. Goku estaba sentado a la mesa, esperándolo.

—¡Hola, Gohan! ¿Cómo te fue hoy en la escuela? —preguntó Goku con su característica alegría.

Gohan se sentó y empezó a servirse un tazón gigante de arroz.

—Fue un día muy interesante, papá. Hice nuevos amigos. Resulta que son demonios, y hay ángeles caídos también.

Goku se detuvo con un trozo de carne a medio camino de la boca.

—¿Demonios? ¿Son fuertes? —preguntó con los ojos brillando de curiosidad.

—Son buenas personas, papá. Bueno, excepto los que intentaron atacar a Issei —respondió Gohan—. Pero creo que me gustará estar allí. Es un mundo muy diferente al nuestro, pero creo que puedo aprender mucho de ellos.

Milk entró en la cocina con más platos, sonriendo al ver a su hijo tan animado.

—Me alegra que te lleves bien con tus compañeros, Gohan. ¡Pero no olvides que mañana tienes examen de matemáticas!

Gohan rió, sintiéndose feliz. A pesar de los peligros y de las revelaciones, sabía que había encontrado un lugar donde su fuerza y su deseo de una vida normal podían coexistir. Sin embargo, en las sombras de Kuoh, otras fuerzas empezaban a moverse, intrigadas por el niño que podía derrotar ángeles sin despeinarse. La aventura de Gohan en este nuevo mundo apenas estaba comenzando.