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El guerrero sayajin

El Despertar del Guerrero Definitivo: El Trueno de la Esperanza

El viento soplaba con una frialdad inusual sobre el yermo rocoso que Cell había elegido como escenario para su macabro torneo. El cielo, teñido de un gris plomizo, parecía presagiar el fin de una era. En el centro de una plataforma de piedra perfectamente tallada, el bioandroide permanecía inmóvil, con los brazos cruzados y una sonrisa de absoluta suficiencia grabada en su rostro perfecto.

A unos metros de distancia, el grupo de defensores de la Tierra se materializó. No solo estaban los Guerreros Z, con sus dogis desgastados y miradas de acero; esta vez, el destino del mundo contaba con aliados inesperados. Rias Gremory, vestida con su uniforme de combate carmesí, caminaba al lado de Gohan. Detrás de ellos, Issei, Akeno, Kiba, Asia y Koneko mantenían la guardia alta, flanqueados por la imponente presencia de Sirzechs Lucifer y Azazel, quienes habían decidido ser testigos directos del evento que decidiría el futuro de todas las facciones.

Gohan temblaba ligeramente. No era solo miedo, sino la abrumadora presión de saber que todo lo que amaba —su madre en la montaña Paoz, sus nuevos amigos en la Academia Kuoh y la chica que sostenía su mano en ese momento— dependía de lo que sucediera en esa plataforma.

—Gohan, mírame —dijo Rias en voz baja, obligándolo a girarse hacia ella. Sus ojos carmesí brillaban con una ternura que contrastaba con el entorno desolador—. Estás listo. Entrenamos un año entero en esa habitación. Confío en ti más que en nadie.

—Rias-san... por favor —suplicó Gohan, con la voz entrecortada—. Prométeme que no pelearán. Si Cell se pone serio, las ondas de choque podrían herirlos. No quiero que les pase nada.

—¡Ni hablar, Gohan! —exclamó Issei, activando su Boosted Gear con un estallido verde—. ¡Somos un equipo! No vamos a dejar que te lleves toda la gloria.

Gohan negó con la cabeza, mirando a Issei con una seriedad que lo hizo retroceder.

—Issei-kun, esto no es un juego de facciones. Ese monstruo tiene el poder de destruir el sistema solar entero. Si mueren, no podré perdonármelo. Rias-san, por favor... convéncelos.

Rias miró a Gohan a los ojos y comprendió la carga que llevaba. Colocó una mano en su mejilla y asintió lentamente.

—Está bien, Gohan. Nos mantendremos al margen a menos que sea estrictamente necesario. Pero no nos iremos. Estaremos aquí, apoyándote con nuestra energía y nuestro corazón.

Cell soltó una carcajada seca que resonó en todo el valle.

—Qué conmovedor —dijo el bioandroide, abriendo los ojos—. Los demonios y los Sayayines unidos por el sentimentalismo. ¿Podemos empezar ya? Me aburro de esperar mi victoria.

El primer combate fue una exhibición de poder que dejó a los líderes de las facciones sin palabras. Goku y Cell se lanzaron el uno contra el otro en una danza de destrucción. Los golpes eran tan rápidos que Issei y Asia solo veían destellos de luz y escuchaban explosiones que sacudían la tierra. Sirzechs observaba con una expresión sombría; el nivel de pelea de Goku superaba por mucho lo que cualquier demonio de clase suprema podría imaginar.

Sin embargo, tras un intercambio masivo de Kamehamehas, Goku aterrizó en el borde de la plataforma, jadeando, y para sorpresa de todos, levantó la mano.

—¡Me rindo! —gritó Goku con una sonrisa tranquila.

—¡¿Qué?! —Vegeta rugió desde la retaguardia—. ¡Kakarotto, no bromees! ¡Todavía puedes pelear!

—No, Vegeta. Cell es un poco más fuerte que yo —dijo Goku, bajando de la plataforma con calma—. Pero hay alguien que puede derrotarlo fácilmente. ¡Gohan, es tu turno!

El silencio que siguió fue sepulcral. Rias dio un paso al frente, con el rostro pálido de indignación.

—¡Goku-sama, es su hijo! —gritó Rias, su aura carmesí estallando de rabia—. ¡Apenas tiene doce años! ¿Cómo puede pedirle que cargue con esto después de lo que acaba de ver?

—Rias, tranquila —dijo Goku, mirándola con una sabiduría que la desarmó—. Gohan tiene un poder oculto que ni siquiera él comprende del todo. Pero para que salga, necesita enfrentar este desafío. Confía en él, igual que yo.

Gohan subió a la plataforma con pasos pesados. Cell lo recibió con una mirada de desprecio.

—¿Un niño? Goku, esperaba más de ti. Pero supongo que absorber el Ki de un híbrido será un postre interesante.

La pelea comenzó, pero fue una masacre unilateral. Cell no tenía piedad. Golpeó a Gohan en el estómago, lo lanzó contra las rocas y lo bombardeó con ráfagas de energía que el joven Sayayin apenas podía bloquear.

—¡Gohan! —Rias intentó lanzarse a la plataforma, pero Piccolo la detuvo con un brazo firme.

—No vayas, Rias. Si interfieres ahora, Cell los matará a todos en un segundo. Goku tiene un plan, aunque sea cruel. Gohan necesita enfadarse.

—¡¿Enfadarse?! —Akeno apretó los dientes, sus rayos saltando involuntariamente—. ¡Lo está matando!

Cell, aburrido de la falta de respuesta de Gohan, fijó su vista en los espectadores.

—Ya veo... te importa este grupo de seres inferiores. Especialmente esa chica de cabello rojo y la pequeña de blanco.

En un movimiento fulminante, Cell extendió su mano y lanzó una ráfaga de energía hacia Koneko. La pequeña nekomata no tuvo tiempo de reaccionar; el impacto la mandó a volar contra una montaña, dejándola inconsciente y herida.

—¡Koneko-chan! —gritó Asia, corriendo hacia ella.

Issei, enfurecido, activó su Balance Breaker y se lanzó contra Cell.

—¡Maldito seas! —rugió el Dragón Rojo.

Cell ni siquiera lo miró. De una patada lateral, desintegró la armadura de Issei y lo mandó a volar junto a Koneko como si fuera un simple insecto.

—¿Ves, Gohan? —siseó Cell, volviendo a pisar el pecho del niño—. Tus amigos están muriendo por tu debilidad. Voy a matarlos a todos, uno por uno. Empezaré con Rias Gremory. Ella parece ser muy importante para ti, ¿no?

Gohan, tendido en el suelo, sintió un cambio en el aire. Las palabras de Cell empezaron a eco en su mente, mezclándose con los recuerdos del entrenamiento, las risas en el club y el beso en la mejilla de Rias. Una presión insoportable empezó a crecer en su pecho. El suelo bajo él comenzó a vibrar, y pequeñas piedras empezaron a elevarse, desafiando la gravedad.

Goku sonrió desde la distancia.

—Eso es, Gohan... suéltalo todo.

Rias sintió un escalofrío. El Ki de Gohan, que antes era como un río tranquilo, se había convertido de repente en un océano en plena tormenta.

—¡AAAAAAHHHHHHHHHH! —el grito de Gohan no fue el de un niño; fue el rugido de una fuerza primordial.

De repente, una columna de luz blanca y dorada perforó las nubes, iluminando todo el campo de batalla. Un aura aterradora, cargada de rayos azules, envolvió a Gohan. El cielo se oscureció por completo y relámpagos reales empezaron a caer del firmamento, respondiendo al llamado del joven guerrero. Azazel y Sirzechs tuvieron que usar sus alas para mantenerse en pie ante la presión física que emanaba del chico.

Cuando la luz se disipó, Gohan ya no era el mismo. Su cabello dorado estaba más erizado, con un solo mechón cayendo sobre su frente. Sus ojos turquesa eran ahora pozos de una frialdad absoluta, y chispas eléctricas recorrían su cuerpo de forma constante. Había nacido el Supersayayin Fase 2.

—Increíble... —susurró Sirzechs, con los ojos muy abiertos—. Su poder... ha sobrepasado cualquier escala conocida en el Inframundo. Es... es un monstruo de luz.

Cell, por primera vez, retrocedió. El sudor resbalaba por su frente perfecta.

—¿Qué... qué es esta transformación? —tartamudeó el bioandroide.

Gohan no respondió con palabras. En un parpadeo, apareció frente a Cell. El bioandroide ni siquiera pudo ver el movimiento. Gohan le propinó un golpe en el estómago que le hizo escupir una sustancia purpúrea y lo mandó a volar fuera de la plataforma.

—No te perdonaré —dijo Gohan, y su voz resonaba con el eco de mil tormentas—. Has lastimado a mi familia.

La paliza que siguió fue brutal. Gohan se movía como un rayo, golpeando a Cell desde todos los ángulos. El bioandroide, desesperado, lanzó un Kamehameha con todo su poder, pero Gohan lo desvió con un simple movimiento de su mano, como si fuera una molestia insignificante.

—¡Rias-san! —gritó Gohan, sin apartar la vista de su enemigo—. ¡Ahora!

Rias, comprendiendo que este era el momento que habían practicado en la Habitación del Tiempo, voló hacia el lado de Gohan. Su aura carmesí se mezcló con el Ki dorado del Sayayin, creando un espectáculo de luces nunca antes visto.

—¡Hagámoslo, Gohan-kun! —exclamó Rias, concentrando todo su Poder de la Destrucción en sus manos.

Cell, en un acto de demencia final, se infló y empezó a acumular energía para autodestruirse y llevarse el planeta consigo.

—¡Si muero yo, todos morirán conmigo! —gritó Cell.

—No lo permitiré —dijo Gohan, colocando sus manos en posición.

—¡KAMEHAMEHA! —rugió Gohan, lanzando un torrente de energía azul colosal.

—¡EXTINCIÓN CARMESÍ! —gritó Rias, lanzando una esfera masiva de poder de la destrucción que se fusionó con el ataque de Gohan.

El ataque combinado fue devastador. La energía de Gohan desintegraba las células de Cell, mientras que el poder de Rias borraba su existencia misma del plano espiritual. El bioandroide no tuvo tiempo ni de gritar; en un estallido de luz blanca que se vio desde todos los rincones del mundo, Cell fue exterminado por completo, sin dejar ni un solo rastro de su ADN.

El silencio volvió al valle. El cielo empezó a aclararse y el aura dorada de Gohan desapareció. El joven Sayayin tambaleó, sus ojos perdieron el brillo de combate y empezó a caer hacia atrás, completamente agotado.

Rias voló hacia él y lo atrapó antes de que tocara el suelo. Lo abrazó contra su pecho, llorando de alivio mientras el resto de los Guerreros Z y el Clan Gremory se acercaban.

—Lo hiciste, Gohan... lo hiciste —susurró Rias, besando su frente ensangrentada.

Gohan solo pudo sonreír débilmente antes de cerrar los ojos y quedar profundamente dormido en sus brazos.

Horas más tarde, la calma había regresado a la ciudad de Kuoh. En la enfermería del antiguo edificio escolar, Gohan descansaba en una cama amplia. Las heridas físicas habían sido curadas por Asia, pero el agotamiento mental era profundo.

Rias no se había separado de su lado ni un segundo. Se había quitado su uniforme de combate y ahora vestía una camisa ligera. Al ver que Gohan empezaba a moverse, le acarició el cabello suavemente.

—¿Rias-san? —preguntó Gohan, abriendo los ojos lentamente.

—Shh, descansa —dijo ella con una sonrisa dulce—. Cell se ha ido. Todos están a salvo. Koneko e Issei se están recuperando bien.

Gohan suspiró, sintiendo el calor de la habitación y la presencia reconfortante de Rias.

—Gracias por estar conmigo en la plataforma —dijo Gohan—. No creo que hubiera podido controlarlo sin ti.

—Siempre estaré contigo, mi pequeño guerrero —respondió Rias.

Se acomodó en la cama al lado de él, permitiendo que Gohan apoyara su cabeza en su hombro. El joven Sayayin, sintiéndose por fin seguro y en paz, se quedó dormido de nuevo, esta vez con una sonrisa tranquila. Rias lo rodeó con su brazo y, poco después, ella también se sumió en un sueño profundo.

En el pasillo, Goku y Sirzechs observaban la escena a través de la rendija de la puerta.

—Parece que mi hermana ha encontrado a alguien muy especial —dijo Sirzechs con una sonrisa de orgullo.

—Y mi hijo ha encontrado una razón más fuerte que el entrenamiento para volverse poderoso —respondió Goku, rascándose la nuca—. El amor de una Gremory... quién lo hubiera dicho.

Los dos líderes se alejaron en silencio, dejando que los dos jóvenes descansaran. La amenaza de Cell había pasado, pero una nueva historia, forjada entre el Ki de los Sayayines y la magia de los demonios, apenas estaba comenzando a escribirse en los libros del destino.