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El guerrero sayajin

Sombras del Mañana: El Bioandroide y el Despertar de un Vínculo

El entrenamiento en las montañas había fortalecido el cuerpo de los miembros del Clan Gremory, pero la paz fue un espejismo que se desvaneció con un estruendo metálico. En un claro cercano a la academia, una estructura metálica con forma de cápsula aterrizó, levantando una nube de polvo. De su interior emergió un joven de cabello lila, con una espada a la espalda y una mirada cargada de una tristeza que no pertenecía a su edad.

—¿Quién eres tú? —preguntó Goku, poniéndose en guardia junto a Gohan.

—Mi nombre es Trunks —respondió el joven, envainando su espada—. Vengo de un futuro donde la esperanza ha muerto. He viajado hasta aquí para advertirles sobre una amenaza que hace que Freezer parezca un juego de niños.

Akeno, que observaba desde atrás, sintió un escalofrío recorrer su espalda. No era miedo, sino una extraña fascinación por la intensidad que desprendía aquel guerrero solitario. Rias, por su parte, se acercó a Gohan, notando cómo el pequeño Sayayin apretaba los puños.

—¿Una amenaza mayor que Freezer? —preguntó Rias, incrédula—. Gohan nos contó lo que ese monstruo le hizo a su gente. ¿Qué podría ser peor?

—Cell —sentenció Trunks—. Es un bioandroide creado por el Dr. Gero a partir de las células de los guerreros más poderosos de la historia: Goku, Vegeta, Piccolo... e incluso Freezer. En mi tiempo, él lo absorbió todo. No quedan ciudades, no quedan guerreros. Vine porque este es el único punto temporal donde aún hay una oportunidad.

Goku, aunque sentía una punzada de pánico por la descripción, no pudo evitar que una chispa de emoción cruzara su rostro.

—Así que tiene mis células... —murmuró Goku—. Debe ser increíblemente fuerte.

—No se confundan —advirtió Trunks con severidad—. Ni siquiera en su forma de Supersayayin actual podrán derrotarlo si alcanza su forma perfecta. Él ya está aquí, en algún lugar de la tierra, absorbiendo la energía vital de miles de personas para evolucionar. Deben prepararse.

Tras entregar un dispositivo con datos técnicos, Trunks se despidió, perdiéndose en el flujo del tiempo. El silencio que dejó fue sepulcral.

—Gohan, no quiero que te acerques a esa cosa —dijo Rias, tomándolo de los hombros con una fuerza inusual—. Si es tan peligroso como dice ese chico, no dejaré que arriesgues tu vida.

—Rias-san, si no lo detengo yo, ¿quién lo hará? —respondió Gohan con voz firme—. Tengo el poder para protegerlos, y no voy a esconderme.

Akeno intervino, notando la chispa en los ojos de su presidenta.

—Rias, admite que no es solo por el peligro. Te aterra que algo le pase a "tu" adorable Gohan, ¿verdad?

Rias se sonrojó violentamente, pero no lo negó.

—¡Es una chatarra biológica! No permitiré que lastime a nadie de mi territorio —declaró Rias, intentando sonar autoritaria mientras su corazón latía por la preocupación hacia el híbrido.

Decidieron que la situación superaba las fronteras de las facciones. Rias escoltó a Goku y Gohan al Inframundo, donde se celebraba una reunión de emergencia entre Sirzechs Lucifer, Azazel y el Arcángel Michael.

—Hermano, la amenaza es real —dijo Rias frente a los líderes—. Cell no distingue entre demonios, ángeles o humanos. Es una máquina de destrucción total.

Goku dio un paso adelante, saludando a los líderes con su habitual informalidad, lo que hizo que Azazel soltara una carcajada.

—Siempre tan relajado, Son Goku —dijo Azazel, acariciando su barbilla—. Si tú dices que este Cell es un problema, entonces moveremos a nuestras tropas. Pero según los datos de Trunks, la fuerza bruta convencional no servirá. Necesitamos precisión.

—Uniremos fuerzas —declaró Sirzechs—. Pero mientras planeamos, Goku, Gohan, manténganse alerta. Si Cell aparece, no duden en llamarnos.

Al día siguiente, Goku partió temprano para buscar a Piccolo y Vegeta. Gohan se quedó en el salón del club con el resto del Clan Gremory. La tensión se palpaba en el aire. Asia, sintiéndose sofocada por el miedo, decidió salir al patio para tomar un poco de aire fresco.

—Todo estará bien, Asia-chan —se dijo a sí misma, pero un olor a azufre y muerte la detuvo.

Detrás de unos escombros, una figura verde e insectoide emergió. Tenía una cola larga terminada en un aguijón que, en ese preciso momento, estaba succionando la vida de un desafortunado ciudadano hasta dejarlo reducido a ropa vacía.

—Qué energía tan débil —siseó Cell, volviendo sus ojos amarillos hacia la aterrada Asia—. Pero tú... hueles diferente. Tienes una pureza que me dará un sabor exquisito.

Dentro del club, Gohan se puso en pie de un salto, su Ki estallando por un segundo.

—¡Es él! ¡Está afuera! —gritó, saliendo disparado por la ventana.

Rias y los demás lo siguieron justo a tiempo para ver a Cell alzando su cola hacia Asia. En un parpadeo, Gohan se interpuso, recibiendo el impacto del aguijón en su brazo para proteger a la chica.

—¡Gohan-kun! —gritó Asia, rompiendo en llanto.

Gohan se arrancó el aguijón del brazo, su sangre Sayayin hirviendo.

—Así que tú eres Cell —dijo Gohan, transformándose instantáneamente en Supersayayin. El aura dorada iluminó el patio, pero Cell ni siquiera se inmutó.

—Vaya, el hijo de Son Goku —dijo Cell con una sonrisa retorcida—. Tus células son las que más deseo.

La batalla comenzó con una violencia inaudita. Gohan lanzaba ráfagas de golpes, pero Cell era astuto. Cada vez que Gohan lograba una ventaja, el bioandroide lanzaba un ataque hacia Rias o Akeno, obligando a Gohan a abandonar su ofensiva para actuar como escudo humano.

—¡Deja de usarlos a ellos! —rugió Gohan, mientras recibía un codazo en las costillas que lo mandó contra el suelo.

—¿Por qué? Son una debilidad excelente —se burló Cell—. Mira cómo sufren al verte sangrar. Es delicioso.

Rias intentaba lanzar su Poder de la Destrucción, pero Cell se movía demasiado rápido. Ver a Gohan cubierto de moretones y cortes, sacrificándose una y otra vez por ellos, rompió algo dentro de la heredera Gremory.

—¡Basta! ¡No lo toques más! —gritó Rias, sus lágrimas mezclándose con su aura carmesí.

Cuando Cell se preparaba para atravesar el pecho de un Gohan exhausto con un rayo de energía, un grito ensordecedor cruzó el cielo.

—¡ALEJA TUS SUCIAS MANOS DE MI HIJO!

Goku aterrizó con un impacto que agrietó el pavimento, seguido por un Piccolo de mirada severa y un Vegeta que observaba a Cell con profundo asco.

—Se acabó el juego, insecto —escupió Vegeta.

Rias corrió hacia Gohan, envolviéndolo en sus brazos mientras usaba sus conocimientos básicos de curación, aunque sus manos temblaban de rabia y alivio.

—Estás a salvo, Gohan... estoy aquí —susurró ella, apretándolo contra su pecho.

Goku y Cell intercambiaron un par de golpes de prueba, una danza de poder que hizo temblar los cimientos de la academia. Cell, dándose cuenta de que enfrentaba a todos los guerreros a la vez, retrocedió y se elevó en el aire.

—Veo que han traído refuerzos —dijo Cell, limpiándose un rastro de sangre azul—. Hagamos esto de forma civilizada. En cinco días, organizaré un torneo. Los "Juegos de Cell". Si ganan, me iré. Si pierden, absorberé a cada ser vivo de este planeta, incluyendo a sus preciosos demonios.

Goku, con esa lógica Sayayin que a veces exasperaba a Rias, asintió.

—Acepto. Nos dará tiempo para entrenar y darte una pelea de verdad.

Cell desapareció en un estallido de velocidad, dejando tras de sí una estela de terror.

Gohan despertó horas después en una de las camas de la enfermería del club. Lo primero que vio fue el techo de madera y, a su lado, a Rias Gremory. Ella tenía los ojos rojos de tanto llorar y sostenía su mano con una fuerza desesperada.

—Rias-san... —susurró Gohan con dificultad.

—No hables, tonto —dijo ella, secándose una lágrima—. Nos asustaste a todos. ¿Por qué siempre tienes que cargar con todo el peso?

—Porque son mis amigos —respondió Gohan, dedicándole una sonrisa débil—. Y porque te prometí que te protegería.

Rias se inclinó y apoyó su frente contra la de él.

—Entonces prométeme algo más. Prométeme que derrotaremos a esa cosa juntos. No dejaré que pelees solo nunca más.

—Lo prometo, Rias.

Al día siguiente, la tensión mundial llegó a su clímax cuando el televisor del club se encendió solo. En la pantalla apareció Cell, pero ya no era el monstruo insectoide de antes. Ahora era más alto, con rasgos más humanos y una elegancia aterradora. Había alcanzado su Forma Perfecta.

—Habitantes de la Tierra y seres de las sombras —dijo Cell con una voz aterciopelada—. Los Juegos de Cell comenzarán en cuatro días. Prepárense para su extinción.

La transmisión se cortó. En la sala, no solo estaba el clan, sino también Azazel y Michael, quienes habían venido a coordinar la defensa.

—No tenemos oportunidad en nuestro estado actual —dijo Azazel con seriedad—. Ni siquiera con el poder de los líderes de las facciones.

Goku se cruzó de brazos, pensativo.

—Hay un lugar —dijo finalmente—. En el templo de Kami-sama. La Habitación del Tiempo. Un año de entrenamiento allí equivale a un solo día en el mundo exterior. Solo pueden entrar dos personas a la vez.

Tras una breve discusión, se decidió el orden. Vegeta y Trunks irían primero, seguidos por Piccolo. Pero la pareja que más sorprendió fue la última.

—Gohan irá con Rias —sentenció Goku.

—¿Yo? —preguntó Rias, sorprendida—. Pero Goku-sama, yo... mi poder es insignificante comparado con el de ustedes.

—No se trata solo de poder, Rias —explicó Goku—. Gohan necesita un ancla emocional para controlar el Supersayayin, y tú eres la persona en quien más confía en este mundo. Además, si tú aprendes a combinar tu Poder de la Destrucción con el Ki bajo su tutela, serás una aliada formidable.

Gohan asintió, extendiendo su mano hacia ella.

—¿Vienes conmigo, Rias-san?

Ella tomó su mano sin dudarlo.

—A donde sea, Gohan.

El viaje al templo de Kami-sama fue rápido. Al cruzar la puerta de la habitación, Rias se encontró en un vacío blanco infinito. El silencio era total, y la gravedad se sentía extraña.

—Aquí solo estamos nosotros, Rias —dijo Gohan, quitándose la chaqueta del uniforme—. Tenemos un año por delante.

Los primeros meses fueron brutales. Gohan le enseñó a Rias no solo a volar y lanzar ráfagas, sino a meditar. Durante las largas noches en la pequeña zona de vivienda de la habitación, compartieron historias. Rias le habló de las presiones de ser una Gremory, de su miedo a ser solo una pieza en el tablero de otros. Gohan le habló de su deseo de ser investigador y de cómo la lucha siempre parecía encontrarlo.

—Sabes, Gohan —dijo Rias una noche, mientras ambos descansaban tras una sesión de combate—, antes de que llegaras, mi vida era un camino trazado por otros. Pero estar aquí contigo... me hace sentir que yo soy la dueña de mi destino.

Gohan, que había crecido varios centímetros durante el entrenamiento y cuyo cabello ahora era permanentemente dorado por la técnica que su padre le sugirió, la miró con una profundidad nueva.

—Tú siempre fuiste dueña de tu destino, Rias. Solo necesitabas a alguien que te recordara lo fuerte que eres.

En un momento de vulnerabilidad, Rias se acercó y le dio un tierno beso en la mejilla. Gohan se sonrojó, pero no se apartó. El vínculo entre el Sayayin y la heredera del clan Gremory se había transformado en algo inquebrantable.

Al final del año (un día en el mundo exterior), la puerta se abrió. De ella salieron dos guerreros completamente diferentes. Gohan emanaba una calma gélida, envuelto en un aura dorada constante. Rias caminaba a su lado con una seguridad regia, sus ojos carmesí brillando con una mezcla de energía demoníaca y Ki plateado.

—Estamos listos —dijo Gohan, mirando a su padre.

Goku sonrió, notando el increíble aumento de poder en ambos.

—Entonces vamos. Cell nos está esperando.

El destino de las tres facciones y de la humanidad entera pendía de un hilo, pero mientras Gohan y Rias intercambiaban una mirada de complicidad, supieron que, pasara lo que pasara en el torneo, ya no había nada en el universo que pudiera separarlos. Los Juegos de Cell estaban a punto de comenzar, y el bioandroide no tenía idea de que no solo se enfrentaría a la fuerza de los Sayayines, sino al poder combinado del amor y la destrucción.