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El Indicado

Protocolos de Contención de Amenazas Concurrentes

El mundo, para Yu Ishigami, se había vuelto un lugar extrañamente brillante. Durante las últimas semanas, había vivido en un estado de pánico de bajo grado, una niebla de confusión y terror inducida por la atención concentrada y depredadora de Kaguya Shinomiya. Pero desde su encuentro con Tsubame Koyasu en la biblioteca, algo había cambiado. Era como si un sol inesperado hubiera perforado las nubes de tormenta.

Tsubame-senpai parecía aparecer en todas partes. Se lo encontraba en el pasillo y lo saludaba con una sonrisa que le hacía olvidar su propio nombre. Aparecía en el patio durante el almuerzo y le preguntaba sobre el último capítulo de su manga favorito, demostrando que realmente lo había leído. Se unió temporalmente al club de voluntariado solo para pedirle consejo sobre cómo organizar una colecta de fondos, llamándolo «el genio oculto de la logística».

Cada interacción era un pequeño y brillante estallido de felicidad en el sombrío universo de Ishigami. Con ella, su tartamudeo no era de pánico, sino de un adorable nerviosismo. Su sonrojo no era de terror, sino de un genuino y abrumador deleite. Se sentía… visto. No como un proyecto a mejorar, no como un objetivo a conquistar, sino como una persona interesante por derecho propio.

Kaguya Shinomiya observaba todo esto con la fría y desapasionada furia de una deidad cuyo sacrificio ha sido robado del altar.

Cada sonrisa de Tsubame a Ishigami era una aguja de hielo en su corazón. Cada risa compartida era una bofetada a su meticuloso plan. Había pasado meses arando la tierra yerma del alma de Ishigami, fertilizándola con tés caros, validación intelectual y contacto físico calculado, solo para que esta… esta intrusa con sobredosis de sol llegara y plantara sus alegres y estúpidas flores en su campo de batalla.

La «Operación: Tutoría Táctica» se había vuelto una pesadilla logística. La sesión en su casa había sido un éxito parcial. Logró mantener a Ishigami concentrado durante tres horas seguidas, un récord histórico. Pero a la mañana siguiente, Tsubame lo interceptó en la puerta de la escuela con una caja de galletas caseras para «darle energía para los exámenes». El progreso de Kaguya fue contrarrestado por un ataque de carbohidratos y amabilidad.

Era exasperante. Tsubame no jugaba al ajedrez. No tenía estrategia. Simplemente *era*. Era amable, era popular, era genuina. Y esa autenticidad era un arma contra la que Kaguya, la maestra del artificio, tenía pocas defensas. No podía competir en el campo de la sinceridad, porque la suya era una construcción, una fachada cuidadosamente diseñada.

Ese jueves por la tarde, en la sala del consejo, la situación alcanzó un punto crítico. La puerta se abrió y Tsubame asomó la cabeza, su rostro iluminado por su perpetua sonrisa.

—¡Perdón por interrumpir! Ishigami-kun, ¿tienes un segundo?

Ishigami, que estaba intentando descifrar el presupuesto del club de caligrafía, casi se cae de la silla.

—¡S-senpai! ¡Claro!

—Verás —dijo Tsubame, entrando en la habitación y acercándose a su escritorio, ignorando por completo la caída de temperatura que provocaba la mirada de Kaguya—. El comité del festival de verano está teniendo problemas con el sistema de asignación de puestos. Es un desastre. Y recordé que tú creaste una macro de Excel increíble para el festival cultural. Me preguntaba si podrías…

—¡Sí! —la interrumpió Ishigami, su entusiasmo era casi doloroso—. ¡Por supuesto! ¡Puedo echarle un vistazo ahora mismo!

En menos de treinta segundos, Ishigami estaba de pie junto a Tsubame, ambos inclinados sobre el portátil de ella, sus cabezas casi tocándose. Kaguya, desde su asiento, observaba la escena con una calma letal. Veía la forma en que el hombro de Ishigami rozaba el de Tsubame, la forma en que él le explicaba el código con una confianza que rara vez mostraba. La forma en que Tsubame lo escuchaba, sus ojos fijos en él, asintiendo con admiración.

Era una estampa de perfecta y armoniosa colaboración. Y Kaguya quería prenderle fuego.

Chika Fujiwara observaba el intercambio con una curiosidad infantil. Miyuki Shirogane, desde su trono de melancolía, ni siquiera levantó la vista. Pero había otra persona en la sala cuyos ojos no se perdían ni un solo detalle.

Miko Iino estaba sentada en su rincón, fingiendo organizar sus archivos, pero su mirada iba y venía entre la feliz pareja y el rostro glacial de Kaguya. Y en los labios de Miko, había el fantasma de una sonrisa. Una sonrisa pequeña, discreta y absolutamente venenosa.

—¡Eres un genio, Ishigami-kun! —exclamó Tsubame cuando él terminó—. ¡Lo has arreglado! ¡Nos has salvado! ¡Te debo una! ¿Qué tal un helado después de la escuela? ¡Invito yo!

—¿H-helado? —repitió Ishigami, su cerebro aparentemente incapaz de procesar tanta felicidad a la vez.

—¡Sí! ¡Mi sabor favorito es el de fresa! ¿Y el tuyo?

Mientras Ishigami balbuceaba algo sobre el té verde, Kaguya sintió que una vena en su sien comenzaba a palpitar peligrosamente. Esto era inaceptable. Estaba perdiendo el control. Estaba perdiendo terreno a una velocidad alarmante.

Cuando Tsubame finalmente se fue, arrastrando a un Ishigami flotante y eufórico con ella, un pesado silencio cayó sobre la sala. Kaguya se quedó mirando la puerta, sus nudillos blancos por la fuerza con que apretaba su pluma estilográfica.

Fue entonces cuando una voz suave y burlona rompió su concentración.

—Parece que está perdiendo terreno, Shinomiya-senpai.

Kaguya se giró lentamente. Miko Iino se había acercado y ahora estaba de pie junto a su escritorio, su rostro adornado con esa misma sonrisa de suficiencia que Kaguya había vislumbrado antes.

—No sé de qué estás hablando, Iino-san —respondió Kaguya, su voz un témpano.

—Oh, por favor —replicó Miko, su tono era una mezcla de falsa compasión y triunfo mal disimulado—. Es dolorosamente obvio. Toda su… campaña de seducción. Los tés, las tutorías, el contacto físico «accidental». Ha sido una exhibición fascinante de manipulación. Pero parece que ha encontrado un obstáculo insuperable: la amabilidad genuina.

Kaguya arqueó una ceja, su expresión volviéndose peligrosamente vacía.

—¿Y eso te hace feliz, Iino-san? ¿Ver cómo Ishigami es… distraído por alguien como Koyasu-senpai? Pensé que te preocupabas por su bienestar.

La sonrisa de Miko se ensanchó. Se inclinó ligeramente, bajando la voz a un susurro conspirador.

—Precisamente porque me preocupo, no estoy preocupada en absoluto. De hecho, estoy bastante entretenida.

Kaguya la miró, la confusión luchando con su ira. ¿Qué estaba diciendo?

—No se preocupe, senpai —continuó Miko, saboreando cada palabra—. Esto es solo una fase. Un capricho. Koyasu-senpai es como el sol. Es cálida y brillante y todo el mundo la admira desde lejos. Pero Ishigami está intentando acercarse demasiado. ¿Y sabe lo que les pasa a los que vuelan demasiado cerca del sol?

La metáfora era cruda, pero efectiva. Kaguya sintió un escalofrío.

—Ella no está en su liga —afirmó Miko, su voz ahora desprovista de toda burla, reemplazada por una certeza fría y calculadora—. Él es un chico sombrío, pesimista y socialmente torpe con un pasado complicado. Ella es la reina del baile, la chica dorada de Shuchiin. Es una dinámica insostenible. Por ahora, es una novedad para ella. «¡Miren, estoy siendo amable con el paria!». Le hace sentir virtuosa. Pero se cansará. Inevitablemente, se dará cuenta de que las conversaciones sobre videojuegos son aburridas y que el pesimismo crónico es agotador.

Miko se enderezó, su expresión ahora casi compasiva, lo que la hacía aún más monstruosa.

—Le romperá el corazón. Quizás no intencionadamente. Quizás con una frase amable como «Seamos solo amigos». Pero el resultado será el mismo. Lo destrozará. Lo devolverá a esa oscuridad en la que ha vivido durante tanto tiempo.

Hizo una pausa, dejando que el peso de sus palabras se asentara en la habitación silenciosa.

—Y cuando eso ocurra —concluyó, su sonrisa regresando, más afilada y depredadora que nunca—, alguien tendrá que estar allí para recoger los pedazos. Alguien que lo entienda de verdad. Alguien que siempre ha estado allí, en las sombras, esperando. Alguien que pueda decirle: «Te lo advertí. Ella no era para ti. Pero yo sí».

El aire abandonó los pulmones de Kaguya.

Se quedó mirando a Miko, realmente mirándola por primera vez. No como la molesta defensora de la moralidad, sino como lo que realmente era: una estratega. Una jugadora. Una rival.

El plan de Miko era diabólico. Era pasivo, cruel y absolutamente brillante. No requería ninguna acción, solo paciencia. Dejaría que Tsubame hiciera el trabajo sucio, que elevara las esperanzas de Ishigami a alturas estratosféricas solo para que la caída fuera más devastadora. Y entonces, en su momento de máxima vulnerabilidad, Miko se abalanzaría, no como una conquistadora, sino como una salvadora. La única que lo había «entendido» desde el principio.

Era un plan digno de la propia Kaguya. Y eso era lo que más la enfurecía.

—Eres… —comenzó Kaguya, su voz un siseo bajo y furioso.

—¿Realista? —terminó Miko por ella—. Simplemente entiendo la naturaleza humana, senpai. Algo que usted, con todo su dinero y poder, parece olvidar a veces. El mundo no se pliega a su voluntad solo porque lo desee.

Se encogió de hombros, un gesto de falsa inocencia.

—Pero, por favor, continúe con sus esfuerzos. Es divertido de ver. Luche contra Koyasu-senpai por su atención. Gástese una fortuna en tés y snacks. Yo esperaré. Tengo todo el tiempo del mundo.

Y con una última sonrisa triunfante, Miko se dio la vuelta y salió de la sala del consejo, dejando a Kaguya sola en un silencio que era más ensordecedor que una explosión.

Kaguya se quedó inmóvil durante un largo minuto, su mente procesando la enormidad de lo que acababa de ocurrir. El tablero de ajedrez se había vuelto infinitamente más complejo. Ya no era una carrera de dos caballos entre ella y los fantasmas del pasado de Ishigami. Ahora era una guerra en tres frentes.

Frente 1: Tsubame Koyasu. La amenaza activa. El sol brillante que amenazaba con incinerar a Ishigami con una amabilidad insostenible o, peor aún, llevárselo a su órbita dorada, fuera del alcance de Kaguya para siempre.

Frente 2: Miko Iino. La amenaza pasiva. La víbora en la hierba, esperando pacientemente a que la presa resultara herida para asestar el golpe final. Su victoria sería la más humillante de todas, construida sobre las ruinas del corazón de Ishigami.

Frente 3: El propio corazón de Ishigami. Un territorio frágil y volátil, ahora tironeado en tres direcciones diferentes.

El palacio mental de Kaguya era un caos.

—¡ESTO ES UN DESASTRE! —gritaba la Fiscal Kaguya, arrancándose el pelo—. ¡ESTAMOS FLANQUEADAS! ¡La Ofensiva de la Amabilidad por el frente, la Emboscada de la Angustia por la retaguardia! ¡Nuestras líneas de suministro de afecto calculado están siendo cortadas! ¡RETIRADA!

—¡Jamás! —rugió la Juez Kaguya, golpeando su mazo con tal fuerza que la madera se astilló—. ¡El pánico es el precursor de la derrota! ¡Análisis! ¡Ahora!

La Abogada Defensora Kaguya, pálida pero serena, se adelantó.

—Análisis de la situación: La estrategia de Iino es contingente. Depende del fracaso de la interacción entre Ishigami y Koyasu. Si Koyasu tiene éxito y se forma una relación estable, el plan de Iino se desmorona. Si nosotras tenemos éxito y conquistamos a Ishigami antes de que ocurra cualquiera de los dos escenarios, ambos planes fracasan.

—Entonces, ¿el objetivo sigue siendo el mismo? ¿Neutralizar a Koyasu? —preguntó la Fiscal.

—Incorrecto —dijo la Abogada, su voz volviéndose gélida—. El objetivo ha cambiado. Antes, buscábamos separar a Ishigami de Koyasu para eliminarla como rival. Ahora, debemos separarlos para *proteger* a Ishigami del plan de Iino. No podemos permitir que Koyasu le rompa el corazón. No porque la queramos ver triunfar, sino porque una victoria de Iino, construida sobre el sufrimiento de Ishigami, es el peor resultado posible. Es una derrota estratégica y moral.

La Juez Kaguya asintió, su rostro una máscara de determinación de acero.

—La lógica es impecable. Ya no estamos luchando solo por la conquista. Estamos luchando por la preservación. Debemos ganar, no solo para nosotras, sino para salvar a Ishigami de estas dos… buitres. Una que lo devorará con su luz, y la otra que esperará a que se desangre.

El tribunal quedó en silencio, la gravedad de la nueva misión asentándose sobre ellas.

—La «Operación: Inmersión Total» ya no es suficiente —declaró la Juez—. Las sesiones de estudio en casa son un entorno controlado, pero no abordan el problema central: la influencia externa. Necesitamos una maniobra que cambie el juego. Un evento que fuerce una elección. Un catalizador.

—El festival de verano —susurró la Abogada—. Los fuegos artificiales.

—Exacto —confirmó la Juez, una sonrisa depredadora volviendo a sus labios—. Es el escenario romántico por excelencia. Koyasu lo invitará. Iino probablemente acechará en las sombras. Debemos asegurarnos de que sea a nosotras a quien él elija para ver los fuegos artificiales. No como una amiga. No como una tutora. Como algo más. La estrategia de sedución lenta ha terminado. Es hora de una ofensiva relámpago.

En la sala del consejo del mundo real, Kaguya tomó su teléfono. Sus dedos se movieron con una velocidad y precisión inhumanas sobre la pantalla.

*A: Hayasaka* *Asunto: Protocolo de Contención de Amenazas Concurrentes. Nivel de prioridad: Máximo.*

*1. Adquirir dos (2) yukatas de la más alta calidad. Uno para mí, diseño tradicional de grullas sobre fondo índigo. Uno para el objetivo, diseño masculino sobrio, patrón de libélulas en azul oscuro. 2. Investigar los horarios y ubicaciones exactas de TODOS los festivales de fuegos artificiales en un radio de 100 km durante las próximas tres semanas. Identificar el evento con el punto de observación más exclusivo y romántico. Asegurar el acceso privado a dicho punto. 3. Iniciar vigilancia de Nivel 3 sobre Koyasu Tsubame. Necesito saber cada movimiento que haga, cada conversación que tenga con el objetivo. Anticipar su invitación al festival es crucial. Debemos adelantarnos. 4. Iniciar contramedidas sutiles contra Iino Miko. "Accidentes" que la mantengan ocupada. Errores en sus informes que requieran su atención inmediata. Quiero que esté tan enterrada en trabajo que no tenga tiempo ni de pensar en acechar a nadie. 5. Preparar la mansión para la «Operación: Fortaleza Shinomiya». La próxima sesión de estudio no será sobre literatura. Será sobre él. Sus miedos, sus sueños, sus debilidades. Necesito el informe completo que te pedí, incluyendo su historial de navegación y sus waifus. Es hora de hablar su idioma.*

Envió el mensaje. Una sensación de calma helada la invadió. La ira había sido reemplazada por un propósito puro y cristalino. La confusión, por una claridad absoluta.

Ya no se trataba solo de ganar. Se trataba de demostrar que ella era la única opción viable. La única que podía guiarlo, protegerlo y, en última instancia, poseerlo. Tsubame le ofrecía una felicidad superficial y pasajera. Miko le ofrecía consuelo a cambio de su alma rota. Ella, Kaguya Shinomiya, le ofrecería el mundo. Un mundo donde él sería el centro, protegido y adorado, siempre y cuando entendiera que ese mundo le pertenecía a ella.

Se levantó de su silla, su postura era la de una emperatriz a punto de dirigir a sus ejércitos. Tomó su bolso, lista para irse. Era hora de dejar de reaccionar y empezar a dictar los términos del combate.

La guerra por el corazón de Yu Ishigami había entrado en su fase más peligrosa. Una guerra contra la luz y contra la sombra. Y Kaguya Shinomiya estaba a punto de demostrar que, en el amor y en la guerra, ella no jugaba para participar.

Jugaba para aniquilar a la competencia.